histeriquita

29 oct. 2012


MÁS VALE LÁPIDA EN MANO QUE CEMENTERIO VOLANDO
(400 besos en cuenta regresiva)


Voy a citar a mi personaje favorito, que es uno al que vomité en un éxtasis de inmadurez, cuando supe que las cosas iban a cambiar demasiado rápido; por eso lo hice así de pelotudo y romántico, así de rock, así de suicida, así de vivo, así de “¿y qué pasará con él?”, así de libre, porque le pinté una puerta, y la destejí en todos los detalles posibles, en conjuros enfermizos que hoy son mi karma de mal escritor, de escritor maldito, de escritor forro y snob, de tipo sensible que se agarra cuebrilla cuando le bajan las defensas, de boludo que pasea por infiernos y se trae una bicha de souvenir, porque la historia se lleva en la piel, y si estuviera hablando de tatuajes esto sería mucho más pelotudo de lo que es: estoy hablando de las mordeduras, porque a veces los ángeles tienen rabia, todo por culpa de que todos los perros van al cielo, o capaz son los besos, porque dios está en todos lados, pero a veces no está allá arriba (si tiene novia o novio fija que lo abandonan), y por eso me secuestran los extraterrestres alados, que me emborrachan, que me tientan con la idea de inventar drogas, ponerles nombres raros, efectos inservibles, contraindicaciones peligrosas, letras chicas, trampas, trampas y más trampas, y te juro que la paso tan bien que si la inconsciencia son horas de endoscopías me importa un carajo: ser un experimento no puede ser tan malo, más si puedo levantarme con esa sensación de haber planeado, y aunque el calendario se mueve sin velocidad mi barba está crecida de un modo que me empieza a asustar, y la ropa tampoco me resulta conocida, ni la casa, ni la ventana que no sé a dónde da, porque podría estar en la misma ciudad que vos o en cualquier otro lugar, si las ventanas fueran miradas daría lo mismo estar acá o estar allá, siempre y cuando no nos veamos seguimos haciendo equilibrio en la cornisa de cada mentira, que no son sino el átomo del big-bang, esa explosión que cada día demoro más, porque si mis planes no fallan voy a saltar para lo que viene antes del cero y sería una decepción encontrarme el futuro o encontrar (ese cuento lo estoy escribiendo en otra realidad) otra explosión, sería menos decepcionante verme a punto de saltar y sería mucho más reconfortante poder tener tres segundos para mirarlo todo, desde afuera, desde atrás… Y no hablo de cada acto, sino de ver el resultado final, como cuando te desahogaste lo suficiente o se te cortó el polvo con la inspiración y ves lo que quedó, entre agotado, asqueado, fascinado, dándote unas palmadas de felicitaciones, negando con la cabeza, guiñando un ojo, enamorado. Sos una histeriquita, la mayor parte del tiempo no sos más que eso. Y no podríamos ni acordarnos si ya hicimos lo que queríamos hacer, pero seguro que se guarda en algún lado.
Como las mordeduras.
O los besos.
O las endoscopías.
O las palabras de mi personaje favorito, cuando, parado ante lo inevitable, se quedó callado y rió, culpa de mi falta de imaginación, o culpa de su valentía rotunda.
O al revés.
Siempre
al
revés-

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