despelotedepersona

21 oct. 2012


NUNCA ESTUVE EN ESE EDIFICIO
y juro que nunca volvería a estar


Desde los balcones de otras dimensiones me saludo, y me grito en la noche, que se lleva las palabras, con ráfagas lentas, para enmudecerme, mientras bosteza, cansada de que yo vuelva a insistir, acostumbrada en el drama y la pretensión, en el capricho acrecentado por el alcohol y su furia, que se hace estímulo y certeza,
que se hace confusión,
cuando el boomerang me trae mis sílabas y me hacen girar, el tiempo suficiente para distraerme y perderme de vista: uno más entre un montón,
muchos de los cuales se podrían enterar de mi muerte
si prestaran
atención, 
pero no escuchan
ni llaman
o eso ocurre en un idioma que se hace invisible, porque los idiomas se inventan y se destruyen, a cada segundo y en cada nueva intención y sólo sobrevive lo que queda memorizado, la convivencia, el reloj, siempre para adelante, demarcando la rutina y cada línea del conjuro que corresponda,
el resto es una burbuja que se eleva, 
en la grandeza de la libertad
predecible en su final
pero única en su modo de reflejar, en sus curvas
telarañas de luz,
a veces captando la mancha de colores
en la paleta del pintor,
una porción despintada
del cuadro 
del hoy
(me voy),
y sin perder el tiempo, bajo las escaleras, colisionando con todo el escenario, de frente al show, a punto de levantar sospechas, de incomodar al espectador, que mira asustado, se aleja, se pega a la pared, pone una mano, para cubrirse,
con asco,
repulsión,
y caigo en la cuenta de que hubiera sido mejor
quedarme en el lugar,
porque es fácil confundir el arrojo
con cobardía, 
y casi podría volver, pero volver a chocar rostros tan desconocidos sería horrible
y dejaría yo de ser un misterio
para ser un despelote de persona
y no es que tanto me importe
pero me parece un garrón,
así que corro, 
hasta salir,
hasta acercarme a la multitud,
meterme
aguantar la respiración
la luz de la luna creando un extraño resplandor, como si cada persona fuera su copia en un blanco y negro extraño, casi sensual, de pose, de corazones altaneros, esperando que alguien los reconozca, con un abrazo, que no puedan ver venir,
y casi les aviso que es difícil hacerse escuchar, 
que es la noche a la que le gusta jugar, con trucos sencillos, 
nada 
(o todo)
personal,
pero en vez de dar mi mensaje aprieto los dientes
y, antes de perderme,
por supuesto,
me olvido de mirar al balcón,
casi a propósito
casi 
con 
humor.

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