una de Romero, pero no

9 oct. 2012


UNA VEZ ME PARECIÓ GRACIOSO


No voy a confundir las cosas,
y no pretendo hacer amigos, escribiendo lo que escribo,
si cada verso es la confirmación de la certeza que nos separa, 
siempre en la oscuridad, 
con una linterna despuntando el final,
buscando la pregunta que desencadene la orgía definitiva,
cuando nos podamos mirar a los ojos, ya cansados, pero ansiosos por luchar, 
como si todo lo de la espalda se fuera
pero no te fueras vos,
como si de pronto pudiera borrar, 
rehacer,
fumar en tu cuarto cuando duermas,
y tirarte el humo en la cara, tosiendo,
para que mañana digas que no entendés,
y no te sorprenda
que no haya excusa
y grites cuando te quieran encerrar:
“¡Estoy sobria, déjenme en paz!”
y te llevan por el pasillo,
que se achica,
como tu corazón, 
cuando te preguntás a dónde van a ir a morir tus planes para el fin de semana,
pensando, de verdad,
en si alguien lo va a notar;
no pretendo hacer amigos, escribiendo lo que escribo, 
si quisiera hacer amigos mandaba fotos tuyas entangada,
el día que el vodka te bailó un malambo en el marote,
cuando te maquillaste de zombie
cuando me asustaste triunfal,
creo que Romero hubiera estado orgulloso y hubieras revolucionado todo,
si la vergüenza no te hubiera hecho llorar,
tirada, 
enredada, 
y a punto de vomitar:
“¿Por qué hice estas cosas?
¡Vos no me tenés que dejar!”
y te hundías en el delirio,
que se agranda,
como el agujero negro en tu alma,
cuando con un telescopio de segunda
sin conocerte
te pude espiar;
no pretendo hacer amigos, escribiendo lo que escribo,
si estoy a un “casi” de ser un asesino-ritual,
y sino decime cómo lo podemos disfrazar,
porque por mucho que finja que el cristal está sano 
es obvio que ya no está,
y el frío que golpea los domingos me deja los labios morados,
pero no mata la curiosidad,
como cuando rompí la vidriera esperando que el maniquí pudiera saltar:
“Es que sos tan parecida…
Yo diría que estás igual”
y se estancan tus pasos,
te quedás en el lugar,
como ese pedazo de plástico que sin decir gracias
me enseñó lo que es traicionar;
no pretendo hacer amigos, escribiendo lo que escribo,
confundirme estaría tan mal,
pero a veces me pregunto si quedarse solo y sin testigos
no es sinónimo de confesar
que sos mi mayor crimen:
la locura de la que no pude 
ni puedo
escapar.

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