histeriquita

29 oct. 2012


MÁS VALE LÁPIDA EN MANO QUE CEMENTERIO VOLANDO
(400 besos en cuenta regresiva)


Voy a citar a mi personaje favorito, que es uno al que vomité en un éxtasis de inmadurez, cuando supe que las cosas iban a cambiar demasiado rápido; por eso lo hice así de pelotudo y romántico, así de rock, así de suicida, así de vivo, así de “¿y qué pasará con él?”, así de libre, porque le pinté una puerta, y la destejí en todos los detalles posibles, en conjuros enfermizos que hoy son mi karma de mal escritor, de escritor maldito, de escritor forro y snob, de tipo sensible que se agarra cuebrilla cuando le bajan las defensas, de boludo que pasea por infiernos y se trae una bicha de souvenir, porque la historia se lleva en la piel, y si estuviera hablando de tatuajes esto sería mucho más pelotudo de lo que es: estoy hablando de las mordeduras, porque a veces los ángeles tienen rabia, todo por culpa de que todos los perros van al cielo, o capaz son los besos, porque dios está en todos lados, pero a veces no está allá arriba (si tiene novia o novio fija que lo abandonan), y por eso me secuestran los extraterrestres alados, que me emborrachan, que me tientan con la idea de inventar drogas, ponerles nombres raros, efectos inservibles, contraindicaciones peligrosas, letras chicas, trampas, trampas y más trampas, y te juro que la paso tan bien que si la inconsciencia son horas de endoscopías me importa un carajo: ser un experimento no puede ser tan malo, más si puedo levantarme con esa sensación de haber planeado, y aunque el calendario se mueve sin velocidad mi barba está crecida de un modo que me empieza a asustar, y la ropa tampoco me resulta conocida, ni la casa, ni la ventana que no sé a dónde da, porque podría estar en la misma ciudad que vos o en cualquier otro lugar, si las ventanas fueran miradas daría lo mismo estar acá o estar allá, siempre y cuando no nos veamos seguimos haciendo equilibrio en la cornisa de cada mentira, que no son sino el átomo del big-bang, esa explosión que cada día demoro más, porque si mis planes no fallan voy a saltar para lo que viene antes del cero y sería una decepción encontrarme el futuro o encontrar (ese cuento lo estoy escribiendo en otra realidad) otra explosión, sería menos decepcionante verme a punto de saltar y sería mucho más reconfortante poder tener tres segundos para mirarlo todo, desde afuera, desde atrás… Y no hablo de cada acto, sino de ver el resultado final, como cuando te desahogaste lo suficiente o se te cortó el polvo con la inspiración y ves lo que quedó, entre agotado, asqueado, fascinado, dándote unas palmadas de felicitaciones, negando con la cabeza, guiñando un ojo, enamorado. Sos una histeriquita, la mayor parte del tiempo no sos más que eso. Y no podríamos ni acordarnos si ya hicimos lo que queríamos hacer, pero seguro que se guarda en algún lado.
Como las mordeduras.
O los besos.
O las endoscopías.
O las palabras de mi personaje favorito, cuando, parado ante lo inevitable, se quedó callado y rió, culpa de mi falta de imaginación, o culpa de su valentía rotunda.
O al revés.
Siempre
al
revés-

fuegoenmicorazón


YO ERA UNA CARTA DE TAROT DADA VUELTA
(o una botella para destapar)


Materializo encendedores en mi pantalón
hay un futuro esperando por mi
pero no lo puedo recordar
no quiero ni pensar en las cosas que voy a hacer
no pienso hacer
esas cosas que pensaré
porque creo en tu poder de voluntad,
en tu odio
y en todo lo demás
pero no confío
en 
mi
estabilidad
y que se cuente la historia
en copas levantadas
del pibe que la quebró
sin mística
por puro
ERROR
porque
niño,
comprende,
no jugás con la tragedia
la tragedia juega con vos
mientras todos los conjuros se vuelven fantasmas
pegados en tus ojos que se esconden
que no soportan
que piden más
que podrían ser el espejo
que quieren el extremo 
todo lo que el infinito podría ofrecer
y eso ya no sé si será más
o menos
que lo que sentiste
cuando aún no había abierto la boca
y era la carta del tarot de tu bruja de turno
una mina que te aseguro que nunca me hubiera previsto
porque siempre paso desapercibido
y te engaño
para no engañarte
porque prendiste fuego mi cerebro
y no me interesa que te revuelques en mis cenizas
porque esa fiesta me la guardo para mi
y es mi mejor show.

[el truco
del
encendedor]

¿quévasainventar?


ALGUNAS PALABRAS SÓLO RIMAN CON PALABRAS INVENTADAS


La fatalidad de que alguien te hable de LA realidad, justo cuando el mito se hace real, cuando todo lo que buscaste te mira a la cara y te dice: “te estuve buscando, la historia es mía”, entonces, ¿qué vas a decir?
¿qué vas a inventar?
¿qué son las mentiras si llegan hasta acá?
¿qué es la verdad?
¿y ahora?
se paralizan las palabras, que dejan de ser diálogo, 
para ser ritual, 
y no sabés cuánto extraño ese disco
que ya no volví a escuchar
a veces es preferible recordar
y después recordar
que recordaste
hasta
olvidar;
y creo que la mejor historia se la estoy dando al entorno
que no teme
ni tiene problemas
en protagonizar,
mientras yo prefiero mirar las maderas llenas de manchas
entender cada acto
cada acción
cada diálogo, tan perfecto
cada poesía
que es conjuro,
cada cara que se deforma por el dolor
cada sonrisa en lugares extraños
(cuando menos lo esperás)
cada todo
cada lugar,
y dormirme para soñar
que en determinado momento deja de ser “soñar”, 
para ser
algo más:
los discos que ayer eran tu banda sonora
y que hoy te sacan una sonrisa
mientras los parlantes dicen cosas nuevas
siempre tan viejas
pero remarcando el ciclo
contándote un chiste que ya no da gracia
pero que entendés
y después del asentimiento cordial te vas
con las manos en los bolsillos
a caminar por ahí
a pensar en las otras formas
y en las formas que serán;
¿qué cuatros estrofas
más estribillo
(tres veces repetido)
soy?
¿qué melodía se convirtió en las cuatro paredes
de mi recuerdo
de mi yo
con vos
de tu vos
sin
mi,
que ya nunca
rima
con 
hoy?

novedad

24 oct. 2012

(des)APARECIDA EN UN BONDI
 

Llego tarde al trabajo 
y el recorrido habitual 
para un recorrido que podría haber realizado con los ojos cerrados
corta mis pensamientos
y cada parte cobra vida
se van
se alejan
multiplicados
tan fascinados
que casi están ausentes
y El Siempreeterno estalla en mi cerebro
diciendo que esta raza nunca sintió amor
y aunque sé que eso debería significar muchas otras cosas
hoy quisiera ser literal
y responder
aunque nadie espere mi respuesta
que todo es real
incluso el sol que se esconde
como un perfecto franco-tirador
destrozando corazones
con la certeza del espejismo:
la ilusión:
puente
río
puerto
contenedor/
contenedores
¿qué esconden?
imagino sirenas acribilladas
por el miedo a la locura
a no regresar
¿entiendo algo si digo que nadie entiende nada?
las excusas no son libertad
y la cordura no está en excusar
quisiera ver sangre en mis manos
o un melodrama
abrigarme con alguna esperanza
ser un asesino
o un fantasma
así podría narrarte
en una estructura conocida
que te permita predecir:
todos sabemos que el culpable
siempre es el primero en morir
pero para mi sorpresa
(¡sorpresa!)
estoy rígido
los dedos fríos
sobre el asiento en el que una minita duerme
de muy pasada
o mucha responsabilidad
y me agita saber que está soñando
y que podría desaparecer
al despertar
frente a mi vista
frente a los demás
como si los misterios no fueran misterios
sólo una ceguera temporal
tanto que me da naúseas
hasta otra calle
que no conozco
“coronel suárez”
y es una invocación
para que Rosario se haga cargo del show
unificando los detalles
sopas de crucigramas
inventando definiciones
para palabras que no existen
o que van a existir
cuando abandone el traje de Sherlock berreta
y me vuelva otra pista
para un yo futuro descolocado
que, de seguro,
va a llegar tarde al trabajo.

dedicatoria

22 oct. 2012

"PARA QUIEN SE ANIME"


Arma el círculo, para intentar encontrar la tragedia de la que tanto le hablaron, los amantes que alguna vez existieron sólo para dejar de existir en una perfecta comunión, que dejó paredes en carmesí y un suelo de última cena, con copas rotas y botellas estáticas, vulnerables, asustadas, violadas, tristes testigos de una fiesta feliz, con lágrimas y fatalidad, con el buen humor necesario para escapar, para ser el mito, el beso suspendido, la única verdad, el corazón de un mundo distraído y drogado, acostumbrado a girar, detrás de las normas científicas y la especulación racional, de pronto sorprendido al poder detenerse y observar: todo el paisaje sigue pasando, pero las miradas, clavadas, a modo de ritual, nunca se van, y son las marcas con colores, en un mapa gris y viejo, 
mágico por herencia, 
aburrido por experiencia,
“¿Qué ves en el techo?”
“Veo cosas que mañana no voy a ver…”
“¿Importa eso?”
“Importa si mirar el techo se convierte en mi rutina… Claro que importa.”
“Entonces que no importe.”
Prende velas, para que cualquier silueta pueda confundirse con lo que no es (y sea), alquimia que encuentra su soporte en la corriente que entra por la ventana, ya sin cristal, que crea la danza, tan tímida y segura de si misma, tan ajena y personal, como si fueran los pasos escondidos en algún lugar, muy adentro, porque capaz que no tenemos alma, pero seguro tenemos fuego, y el aire siempre se va a filtrar, para marcar el ritmo y abrazar, como abrazan los fantasmas, cuando tienen miedo de lo que vendrá, que quizás sea otra-vida/otra-muerte/otra-eternidad,
“¿Y si rompemos los vidrios? Podríamos inundar las calles de sangre… a las calles le falta sangre de verdad… SANGRE VIVA”
“No hace falta…”
“Hace falta… se están muriendo… todos, allá afuera…”
“No hace falta romper los vidrios.”
“…¿cómo?”
“Van a romperse. Creéme que van a romperse.”
Pronuncia líneas memorizadas de cuadernos que nunca existieron, con las palabras que se escurrieron en sueños, que se borraron al terminar la carta en un sucio inodoro de bar, que se hicieron cenizas, cuando el pucho se transformo en la antorcha de la inquisición, de ese vos que tapa su rostro con una capucha y que no cree en nada, haciendo religión de su escepticismo, fiel, insoportable, golpeando puertas sin golpear; palabras que se desprendieron de un viaje en bondi y se estrellaron contra la calle, en una muerte intensa y violenta, cargadas de pisadas un minuto después, porque a nadie le interesan las víctimas o la piedad; palabras congeladas, por apretar mal un botón, que quedaron alimentándose de lo que existe antes de la magia, que es la duda y la adicción, tan enfermiza, a la paz, como valor supremo, para engañar, palabras borradas, con la misma tecla con la que muere el héroe, atragantado, asqueado,
(sabelo)
por vos,
“¿qué dijiste?”
“no dije nada…”
“pero te escuché…”
“¿y qué decía?”
“no sé.”
Se sienta en el centro de la habitación, respira profundo, para llenarse de los restos de la gran explosión, y la pólvora prehistórica se inyecta en su cerebro, a la velocidad de la luz, expandiendo sus garras, como cables, como la maquinaria más perfecta de todas, con la memoria absoluta, que es suficiente para saber lo que pasará, o lo que podría pasar, pero siempre insuficiente o cohesionada, porque los detalles tientan y es imposible ver más de una realidad, pero las conexiones traen la electricidad, el latido del más allá, del que somos otro más allá, en una cadena siempre construida sobre los cimientos de la lógica del hogar, porque dejamos de ser nómades cuando dejamos de transitar los tiempos,
los universos,
y
todo 
portal,
“En algún lugar sos la historia que le estoy contando a mi tatara-tatara-nieta, en el lecho de muerte…”
“En algún lugar sos la razón por la que toco una guitarra desafinada, sin recordar mi nombre, para un público que podría existir o ser una ilusión…”
“En algún lugar me estás llamando por teléfono y yo sé que sos vos… pero no voy a contestar…”
“En algún lugar me mataste
de
modo
literal…”
Cierra los ojos y se imagina
imaginando una historia de amor
donde no es el protagonista
pero si el narrador,
que se pregunta, con temblor
(tres voces,
en eco,
multiplicadas tres veces más):
“¿qué recuerdos guardaba ésta habitación antes de ser cuna y féretro de la ficción?”


elairedeestelugar


ALICIA EN EL PAÍS DE LAS POESÍAS


Se pierde otro conejo en mi biblioteca y me pregunto cómo debe ser llevar siempre una máscara o qué pasa cuando te olvidás y los pasillos me guían, porque un libro me llama, haciendo que sienta cosquillas en la frente, lo que enreda colores en mis piernas, y los pasos se vuelven torpes y no pueden ser idénticos, uno tras otro: se achican, se hacen gigantes, se hacen para adelante y en retroceso, de costado, veloces o casi imperceptibles. Y pienso en alguien decodificando mi existir, aún cuando no existía, en conjuros, en fórmulas perfectas, en un laboratorio de locura, en el sótano
o más abajo
o peor.
Me acerco de modo uniforme, navegando en las estadísticas, presintiendo el error antes de la victoria, la explosión, ¿cuántas vidas se llevó?
¿cuántas posibles vidas?
¿cuántas no-vidas?
¿cuántas preguntas
sepultan el misterio
de lo que “realmente” pasó,
antes de que luego
el mundo
se empezara a narrar?
Si los fantasmas respiraran no alcanzaría el aire en éste lugar,
en donde los cuerpos se dibujan en los párpados cuando dejás de buscar,
la mano estirada, 
sin pasión
rumbo a un estante cualquiera,
sin siquiera disfrutar del suceso
que significa 
el azar,
que es el dios-mentira
o el dios-verdad
depende de lo que hayas sentido el día en que supiste 
que tenías un pasado
y, de modo inevitable,
un espectador.
El techo es un mar,
si es que un mar pudiera ser un techo,
y capaz que yo soy el cielo
y todo tiene tanto sentido que no entiendo nada,
y me doy cuenta de que crecen árboles
en los rincones,
cerca de las mesas de madera gruesa,
con terminaciones en cabezas de lobo, 
minuciosamente talladas,
tanto que me asusta
y me molesta que “el artista” nunca se entere
de esta sensación,
de esta metáfora que cierra y le da poesía
a mi desestabilizaba comprensión.
Y el libro-conejo me busca con tanto énfasis que los pasillos se mueven
creando el desfasaje
la paradoja
de no encontrar
por
buscar,
y no me cuesta imaginar a todos los escritores del mundo (quizás 9… quizás 10) reunidos, inventando los títulos de libros que saben que nunca nadie va a comprar, pero que tienen que conformar el decorado de esta dimensión donde el símbolo vale más que la idea, porque la representa 
y eso es más seguro:
“amen y paz”,
a menos que prefieras perder la noción de continuidad y hacer de tu cabeza la fiesta de despedida,
dejando que termine
cuando tenga que terminar,
con la promesa de que nunca sea aburrido,
que no se pierda el instinto
que sea digno
de contar,
y entrando en mis párrafos más borrachos encuentro la clave, camuflada, en un dibujo que hice una noche, cuando las palabras se habían organizado en huelga, ante la tiranía de las lágrimas, de la dominatriz que pega pero sólo quiere un poco
un poco
(un poco)
de amor
(amar),
y entiendo que la bala fue disparada, que me está persiguiendo,
que me alcanza
se clava
y toda la biblioteca se desintegra
como una fotografía, que se quema,
y detrás está lo mismo
pero en movimiento
y sólo resta pisar con fuerza
para que las huellas sigan creando pistas
en clave de ficción
sobre la nieve de la creación
y te disponés a leer otro libro
que no existió:
soy yo, entre tus manos, 
esperando que me veas
o me empieces
a 
matar.

unaenotra

21 oct. 2012


FUCK TO THE FUTURE


Canta una canción que no conoce, sin saber que la letra la escribió un rockero del futuro, uno que se comió el cuento de estrella y se pasó de falopa para matarse de una vez, sólo para terminar perdido 16 horas en un túnel temporal, de atrás para adelante
de adelante para atrás
“¿estoy muerto?”
“se le dice mal viaje, papá…”
y recibió los abrazos que lo terminaron de consagrar, el héroe generacional, el de la portada con lentes rotos, mirada triste y mucho brillar, en la epifanía de sentirse solo, porque a veces querés ser un no-comprendido, porque no sos un pichi que le tenga miedo a la soledad, pero los traidores no perdonan y terminan entendiendo todo mal,
y eso siempre sirve
para 
justificar;
y se muere de viejo, cantando en un bar,
olvidando al niño que saltaba frente a un espejo y que soñaba con saltar
hacia la multitud
hacia el más allá,
y le dice al público,
una juventud a la que nunca podría representar
(¡qué alegría la tristeza! ¡cuánta felicidad!)
que una vez viajó en el tiempo
que fue tan hermoso el desapego
que ya no pudo regresar,
“¿a qué se refiere con regresar?”
“no regresar es eso… ni acá ni allá”
pero al mito se le ven las arrugas 
y hablar de locura asusta
pero escuchan
con infinita morbosidad,
hasta que explota su corazón
y el último fuck you se gasta en la cara de un doctor
que no entiende
pero que nunca lo va olvidar
(“volví a tener pesadillas… 
ese viejo de mierda me va a matar”);
y ella sigue cantando, sorprendida por la inspiración,
rumbo a la sala de ensayo,
al grito de: “tengo una nueva canción…”,
y así se esconde cada historia
una en otra
cazando
al 
cazador.

despelotedepersona


NUNCA ESTUVE EN ESE EDIFICIO
y juro que nunca volvería a estar


Desde los balcones de otras dimensiones me saludo, y me grito en la noche, que se lleva las palabras, con ráfagas lentas, para enmudecerme, mientras bosteza, cansada de que yo vuelva a insistir, acostumbrada en el drama y la pretensión, en el capricho acrecentado por el alcohol y su furia, que se hace estímulo y certeza,
que se hace confusión,
cuando el boomerang me trae mis sílabas y me hacen girar, el tiempo suficiente para distraerme y perderme de vista: uno más entre un montón,
muchos de los cuales se podrían enterar de mi muerte
si prestaran
atención, 
pero no escuchan
ni llaman
o eso ocurre en un idioma que se hace invisible, porque los idiomas se inventan y se destruyen, a cada segundo y en cada nueva intención y sólo sobrevive lo que queda memorizado, la convivencia, el reloj, siempre para adelante, demarcando la rutina y cada línea del conjuro que corresponda,
el resto es una burbuja que se eleva, 
en la grandeza de la libertad
predecible en su final
pero única en su modo de reflejar, en sus curvas
telarañas de luz,
a veces captando la mancha de colores
en la paleta del pintor,
una porción despintada
del cuadro 
del hoy
(me voy),
y sin perder el tiempo, bajo las escaleras, colisionando con todo el escenario, de frente al show, a punto de levantar sospechas, de incomodar al espectador, que mira asustado, se aleja, se pega a la pared, pone una mano, para cubrirse,
con asco,
repulsión,
y caigo en la cuenta de que hubiera sido mejor
quedarme en el lugar,
porque es fácil confundir el arrojo
con cobardía, 
y casi podría volver, pero volver a chocar rostros tan desconocidos sería horrible
y dejaría yo de ser un misterio
para ser un despelote de persona
y no es que tanto me importe
pero me parece un garrón,
así que corro, 
hasta salir,
hasta acercarme a la multitud,
meterme
aguantar la respiración
la luz de la luna creando un extraño resplandor, como si cada persona fuera su copia en un blanco y negro extraño, casi sensual, de pose, de corazones altaneros, esperando que alguien los reconozca, con un abrazo, que no puedan ver venir,
y casi les aviso que es difícil hacerse escuchar, 
que es la noche a la que le gusta jugar, con trucos sencillos, 
nada 
(o todo)
personal,
pero en vez de dar mi mensaje aprieto los dientes
y, antes de perderme,
por supuesto,
me olvido de mirar al balcón,
casi a propósito
casi 
con 
humor.

hacemucho


21 DE DICIEMBRE TODOS LOS DÍAS


Dejé de correr y descubrí, de pronto, que el mundo había terminado hace mucho
pero mucho mucho,
mucho adelante
mucho atrás,
dejándome el embriagador consuelo de entender que nunca llegamos a mirarnos con los ojos desorbitados, carcomidos por la ansiedad, en oposición directa a todos los abrazos que de jóvenes (y fuertes) pudimos regalar, en la rebeldía más tonta,
inocente
causal;
entender que nunca se gastaron las palabras y siempre persistió el instante previo, cuando ensayábamos los chistes, desafiando los límites de la cordura-locura, entre la carcajada y el berrinche, en el exceso de la sanidad; 
entender que nunca estuvimos en la misma habitación sin sentirnos de verdad, como si cada uno fuera la resaca del otro y no esa empatía desbocada de tomar licor y fumar sentados en la ventana, imaginando todo, 
sin imaginar más;
entender que nunca quedé suspendido en el abismo, con vos aferrada a una de mis manos y la magia prendida de la otra, ya sin poder soportar, ya sin ser el héroe que alguna vez, sin esfuerzo, te llevó de vacaciones a la más infinita y hermosa profundidad,
sin linternas,
sin amuletos,
sin un plan;
entender que nunca llegamos a tomarnos en serio las noticias para dejar de llorar de risa en cada madrugada, con dibujos animados, con pelis y personajes, que seguro nos amaron, tanto como pudimos amar;
entender que nunca nos sumamos a la moda de los grandes auriculares desapasionados, abandonando la danza torpe, la excitación del martilleo en el cerebro, en las bolas, en el corazón, 
la única melodía
que aprendí
a
bailar:
entender que nunca dejamos de tener el poder para controlar el clima, porque en los pequeños detalles se esconde la epifanía, y teníamos la valiente cobardía del que cree sin haberse propuesto creer, y nunca precisamos abrir un diario
con los dedos cruzados,
para ver si iba a llover;
entender que nunca nos transformamos en el ejército de caridad que rescata certezas desnutridas con ese resignado/tonto/hipócrita sentido de la solidaridad, habiendo guardado el traje de Godzilla con el que supimos destruir la ciudad;
entender que nunca me resultó insoportable el insomnio, que nunca se fueron las historias que se tejían en el techo, frente a mis fascinadas pupilas, 
tan acostumbradas, 
a la oscuridad,
con tu respiración marcando el ritmo de mi próxima obsesión,
el humo
ya sin paz;
entender que nos desintegró toda la intensidad y el resto fue la pesadilla de un cuerpo sin vida
que no pudo evitar avanzar
por inercia
o morbosa
-bendita-
curiosidad.

primeralínea

20 oct. 2012


LAS COSAS QUE NO NOS ACORDAMOS HABER OLVIDADO
(y ahí te quiero ver)


“Siempre pienso que mis manos se van a romper”
era la primer línea
de un poema que perdí
y que hablaba de perder,
como si de tanto intentarlo alguien quisiera darme una pista
o quizás me están buscando
con el mismo énfasis que yo uso
para
buscar,
que se traduce en palabras que siempre intentan rimar
con “libertad”,
en una perfecta caligrafía 
que dibuja una jaula
y se ríe,
prisionera,
de la trampa,
de creer en mentirte,
porque cuando te miento me creés
y haces que cambie la realidad,
y es la magia que te puedo brindar,
al mejor (im)postor,
para sentir que no fue un accidente
sino que un atentado
el sueño de un verano
sin noche,
porque la luna se vino con nosotros 
y nos regaló un motor,
para volar entre los mapas de lo que no será, 
y llegar al mismo callejón,
el mismo en el que hubiéramos muerto 
confirmando las pesadillas y los presagios
de la imaginación
si en realidad fuéramos héroes 
y no espectadores,
tan enfermos
y 
fascinados,
¿vos también ves los grafittis de la pared?
¿serán las memorias de un yo
o una vos?
¿habrá en el final una dedicatoria, que diga, 
“con amor”?
porque es difícil recordar lo que no pasó,
pero más difícil es escapar de la tentación
del nuevo libro
de las viejas revelaciones,
solitario en una habitación,
mientras una sombra de largas garras se cierne sobre mí, 
contándome en algún idioma ancestral,
que el futuro es real
y que el palacio, centro de cualquier ciudad,
a veces se convierte en la casa embrujada
de la montaña,
esa de la que hablan los chicos, 
cuando mamá y papá no pueden escuchar,
porque mamá y papá perdieron algo
a costa de no perder algo más,
en el filo de la cordura,
de la que me sostengo,
sin saber si salté o fue un chiste de pésimo humor,
y me quedo de frente a la ventana
del hogar de mi alma,
para ver si bajo de la terraza
o si nunca voy a regresar,
esperando que en algún momento
mis dedos
dejen de esperar
para despertar en un cuerpo afiebrado
o en un cadáver
que ya no pueda actuar 
y se pierda todo
como decía el poema que perdí
el que empezaba diciendo:
“siempre pienso que mis manos 
se van 
a 
romper”

gravitar


CUALQUIER UNIVERSO IMPOSIBLE


Si me entrego a pensar que tus ojos son de verdad, que en serio caminás con una banda sonora distinta, que supiste aguantar la respiración, hasta llevarte la realidad, ahogarla y salir pura de toda la tempestad,
si suspiro,
dispuesto a ya no respirar,
espero que no digas nada más,
no quiero tu aprobación de último momento,
porque podría desconfiar,
pero si fuiste un señuelo 
tampoco quiero saberlo,
matame
y que la fracción de mi ilusión sea el génesis
del mundo en el que te intuí,
y aunque es probable que me pierda
el olfato no me dejó de funcionar
así que matame
pero no me quites la motivación,
porque es absurdo luchar contra un dios
que construye
sin preguntarse
la veracidad,
entregado al trance
de hacer gravitar
cualquier
posible 
universo
o cualquier
posible
final
estimulantes escalofríos
entre la paranoia
y
el 
amar.

lomismo


ESTRELLARSE SOBRE UN PARABRISAS


-Para escribir tenés que tener un pasado y para tener un pasado tenés que cambiar…
Se giró como en cámara lenta, mientras la ciudad sucedía a sus pies, a catorce pisos de distancia: una maqueta llena de fiestas, hambre, paranoia, delirios, fiebre, risas, ganas de morir, ganas de no tener más, ambición, 
frustración,
vehículos como bestias, 
como si fueran lo más normal de mundo,
sin nadie imaginando al automovilista del costado lustrando sus vidrios, encendiendo el motor temprano, para que el frío no boicotee la salida de casa, tirando desodorante, para ocultar los restos de algo que, de tanto no ser pensado, empezó a desaparecer, llorando sobre el volante,
por el co-piloto
mejor amigo
amor
que de pronto es otro automovilista
al que cuesta ver
lustrando vidrios
encendiendo el motor temprano
tirando desodorante
llorando sobre el volante.
-Me gustaría volver al día antes de emborracharme por primera vez, para ver cómo era pensar en una vida sin estar borracho.
-Te gustaría volver al día antes de emborracharte para volver a emborracharte por primera vez…
-No, no sé si es eso…
-Es eso. Fija.
Se inclinó. Me dio vértigo.
Ahogué el grito llevándome la botella a los labios. 
Tres tragos largos.
De agua mineral.
-Puede que de algún modo u otro tengas razón… Si no fuera un borracho no te conocería… además… Bah, nada… dejá.
-No, dale, decime…
-No te inclines tanto… Te vas a caer…
-¿Eso ibas a decirme?
-No.
-Dale, decime…
-No te inclines tanto… 
-No cambiés de tema…
Suspiré, sin poder despegar mis ojos de sus manos, aferradas con indiferencia a la cornisa. 
-Nada, que pensaba que… Bueno, me rompe las pelotas pensar que si no sería un borracho no te hubieras enamorado de mi.
De pronto todos los ruidos corrieron una carrera hasta la luna. Nos dejaron solos con el viento, sin poder mirarnos a los ojos. Volvieron 14 segundos después.
Un bocinazo se llevó el primer puesto,
después el rugir,
un tren, lejano,
gritos
(siempre hay gritos).
-Hablaste como si nunca en tu vida te hubieras puesto en pedo… Dijiste algo… Hablaste como… sonaste como la persona más sobria del mundo. 
Se me puso la piel de gallina.
Quise mirarla.
Perdí el equilibrio.
Caí.

tachardías


ABIERTO POR DUELO 


El funeral nos dejó boquiabiertos, casi nos volvemos de piedra,
pero supiste decir las palabras adecuadas,
para que nadie notara
que había más de un muerto
que se nos iba una porción de algo,
por abajo del pantalón
o por sobre el sombrero
que oculta esas canas que aún están escondidas
que se desenredan de mi cerebro,
porque nos destejemos
para afuera,
desde el centro,
expulsando las arrugas que el corazón aún no planchó
en esas galerías de cómics
en la que una vez
casi
casi
nos besamos
y por eso se vuelven vidrio los labios
que empiezan a cortar
que se llenan de sangre
que también quiere escapar
para darle más rojo al atardecer
que sólo es uno
y algún día llega,
con sol y lluvia
con paraguas y chicos correteando
felices
de no ir a estudiar
por el duelo
que para ellos
es la ruptura de una rutina
y no el calendario de tachar días,
ese que se sentó en el otro lado del tobogán
cuando te escapaste a jugar con la vida
en la plaza inmortal
de la que volviste con fotos de animalitos tiernos
de minas en bolas
de santos gastados
y empezaste a coleccionar
en un acto involuntario
como para encajar,
suplicando que nadie haya notado 
la ausencia,
porque te das cuenta de que hay peguntas
que ya
no podés contestar
porque viste demasiado
o porque ya no podés mirar
como se llena de ojos el cajón
que se lleva a la muerte
mientras no dejamos de tartamudear
cuando nos preguntan desde el mundo
si conocíamos a la víctima 
que se acaban de llevar
y en lugar de contestar nos vamos
y recorremos las calles nunca vistas
de la eternidad
corriendo, ansiosos, sin tener a dónde llegar,
con la certeza de la sabiduría
que nos deja adivinar
que lo eterno es una sensación
que también puede
(debe)
terminar.

paseVIPparteII

17 oct. 2012


CIRCO ONIRIA


Mis payasos se pelearon con los tuyos, usando pistolas con mensajes, que en lugar de “PUM!” decían “de tanto extrañarte me pasó algo raro” y se debatieron a duelo con una coreografía demasiado bien pensaba, tanto que les creías que se odiaban, de otro modo era imposible que bailaran tan bien: y se pisaban los zapatos sin preocuparse por disimular, porque calculo que habían firmado un contrato, pero todavía creían en el show, en poder salir a escena y hacer todo mal, que es cuando alguien se queda pensando, con un miedo muy interior,
dicen
los que saben,
(que no saben,
porque los que no saben,
saben)
que el terror es descubrir la ficción, después llega el momento de correr hacía un destino incierto que cuando más se aleja más se limita (alguien no puede imaginarlo todo sin antes imaginar la nada) o correr hacia la hoja, que de cerca, cada vez más, lo abarca todo, creciendo, mutando en el horrible y seductor abismo, que lejos de ser la nada es la constante posibilidad (una vida para podar).
Mi mago desafió al tuyo, montado cada uno en la paloma que el otro sacó, en un cielo de alfombras voladoras, que son todos esos pañuelos tirados al aire, sin preocupación, como si fuera lo más fácil del mundo y no una embustera ilusión,
y sobre las alfombras, las cartas, 
algunas asustadas y otras un poco acostumbradas, incluso brindando, como si no fuera tan grave el probable adiós, porque la suerte, a veces, se toma vacaciones y se entrega a la suerte de esperar, sin suerte a la que poderle rezar, prender una vela y asumir que en cada casino te van a engañar sin preguntarte nunca (jamás) por qué te vas.
Mis equilibristas se fueron a dar la vuelta al mundo de la mano de los tuyos, con la tentación del suicidio en esos días en los que se hace insoportable entender que el otro, de puro tirano, puede querer tirarse, suponiendo que nosotros nos podríamos tirar… y se enroscan y no se entienden y pasan meses sin hablar, pero a veces dejan de mirarse los pies y si no se matan es casualidad.
Mis trapecistas agarran a los tuyos, en el aire, porque no se permitirían verlos morir… a menos que sea matándolos…
…y los arrojan…
…así…
…y los tuyos hacen igual, el ida y vuelta que conforma el péndulo de lo que acontecerá, un reloj que funciona en la lógica de sus engranajes, pero en ningún otro lugar.
Los domadores se olvidaron de los látigos y se sentaron a tomar un té, entre confesiones temblorosas, con el temor palpitante de seguir despertando sin tener el control, sin poder decir que sí o que no, sin si quiera escuchar la pregunta intuída, tácita, esa cuyos signos de interrogación tientan al olfato, esa que se sigue escapando, sin mucho esfuerzo (un desvelo de mil respuestas), intentando de-construir, ignorando el drama implícito que debería significar estar vivo,
vivos,
todos
nosotros.
Mis bestias y las tuyas olvidaron la rutina, de pronto, y son el deseo puro que nunca vamos a poder experimentar sin antes intentar decodificar, en un espiral que está destinado a terminar mal, porque, tarde o temprano, llega el momento frente al espejo y la pregunta, precoz, pero adulta en esencia:
“¿qué mierda quería? ¿qué iba a pasar?”,
pero el canguro boxeador, el oso bailarín y el león de traje ni siquiera luchan por no ser un personaje, 
un rol,
un prototipo,
simplemente no son
que es SER.
Mi malabarista tomó los versos de tu canción preferida, los mezcló, rompió un par que aterrizaron en el piso y dejó una poesía bastante aterradora, de esas que hacen que pienses en dibujos animados siniestros, con muchos planos en contra-picada. Tu malabarista agarró mi discurso con más certezas, el génesis de cada despertar, la declaración de principios, que es una declaración de finales, pero lookeada para no asustar a nadie y, si bien cuidó de que nada le sucediera, la convirtió en un chiste. En uno bueno. MUY BUENO. De esos que no hacen reír a nadie y te pueden arruinar una tarde… un día. 
Una vida 
(imposible medirla).
Ambos contorsionistas se metieron en la casa embrujada, la que está dibujada en lo que fue el pupitre de una escuela, hoy un pedazo de madera en el basurero de la ciudad, el mismo que enloquece a los niños que viven a su alrededor, con los humos de la pudrición y los bellos presagios,
tan de fuego,
de rostros tapados,
de cielos sin estrellas
sin nubes, 
aislados:
“todo fue mentira, 
menos el terror”.
El presentador de mi circo, pelado y de barba, destruido en convicciones, con cara de dulce perdedor, me asegura que mi futuro soy yo, y levanta la copa para brindar con algún otro presentador, pero se descubre solo, con una luz que le da directo-directo en los ojos,
hasta que arde llorar,
encerrado en una carpa de ensueños,
en cualquier barrio-ciudad,
preguntándose si los aplausos
fueron
(alguna vez)
de
verdad.

paseVIP


MUSEO TERRÍCOLA


No formo parte de nada,
SOY todo lo que me rodea
y te dejo las entradas, para que recorras mi cabeza, 
con un pase VIP para que destruyas todos mis escenarios,
pero seguís pagando
para la exposición de la sin-pasión,
porque las cifras construyen el nuevo templo
de arquitectura rebuscada
como si no hubieras pasado la mejor tarde
en una caja de cartón,
tratando de no dejar
nunca
de tener miedo,
en la fantasía de una mirada de fuego,
un monstruo,
un enemigo derrotado,
un atardecer lleno de nombres
que se deslicen
como los créditos, que siempre ascienden,
porque todos los personajes van al cielo,
que es tu mente
con tanto hipócrita
vacío
juicio de valor,
traicionando cada lágrima nocturna,
tanto pensar
y pensar
en revivir a alguien
que nunca estuvo vivo
quizás;
¿vas a dejar que el invierno seque las hojas,
que la tormenta traiga el fuego,
que las cenizas sean mi nuevo hogar?
podés dejarme una puteada en el “libro de quejas”,
podés romper la carta que nunca me escribiste,
tirarla por ahí,
antes de salir,
dejar el cine abandonado
y pensar en las historias
que alguna vez van a decir
o si se van a olvidar de la calle
el barrio
la ciudad
el mapa,
porque,
quizás,
me lleve todo
incluyendo ese museo del caretaje
por el que me cambias,
creyendo que soy tan distinto
pero,
¿no soy
tan
horrible
hermoso
igual?

no 
pudiste
escapar.

montañarusa

15 oct. 2012


VIAJANDO EN UN ENCENDEDOR BLANCO


Espero que nadie pueda leer mis pensamientos,
porque podría terminar preso,
todo bondi es una montaña rusa 
si te sabés reír,
y te desdoblás, 
en otro año que se va,
casi quebrado,
tanto que ya casi no me sorprende
que nadie 
sienta 
nada:
hay cosas por las que sólo puedo suspirar,
dejar fluir
y que todo vuelva al centro
igual
porque gravito en las palabras que se dicen de mi
una historia sin continuidad
en pedazos de amnesia
que es la fuerza
para retomar
la referencia directa
de un capítulo anterior
que podría haber existido
o no,
un mapa que es de todos 
-nos toca avanzar-
el inevitable paso del sueño
al madrugar
y ni siquiera tengo un bar que me tenga de cliente habitué
borracho conocido
anécdota para olvidar
ni siquiera estoy lejos de casa
ni siquiera cerca
la conspiración acusa cuarenta millones
y esa es una noticia
que nunca 
va
a
cambiar,
aún soy inocente
de antecedentes
sin manchar,
hasta que conozca al héroe,
lo mire a los ojos
y 
pueda 
disparar:
robar la máscara, la capa, el traje, 
el atuendo de chamán,
ser el espíritu invocado 
gritar/
despertar
de tu pesadilla
o la mía
porque el caos no se define por oposición
crear
en el nuevo orden establecido
el 
cortocircuito
que se lleve éstas líneas,
la superstición:

basta con no ser yo
para que tiembles
de
la 
emoción:
seguí las paredes rotas,
vamos directo
al
corazón.

¿teimaginás?


DOS MINUTOS EN LA PLAZA DE MI BARRIO
(el cadáver de algo que nunca existió)


Alguien se lleva un libro que ya leí, mientras una señora muy bien vestida sonríe diciendo que un dios salvó su vida, levantando una foto demasiado borrosa en la que asegura que se puede ver
el milagro

en el momento exacto
de suceder,
y alguien viste esa remera tan careta de esa banda tan muerta,
la misma que yo lucía,
cuando no era careta
ni estaba muerto,
y no puedo menos que preguntarme,
qué tan quebrado sigo,
qué tan vivo me encuentro,
y alguien pasa con el celular pegado al oído, los ojos saltones, transpiración roja
en todo su ser,
escuchando una voz familiar
que no puede reconocer
que le dice que recibirá una inesperada visita
un fantasma
por la madrugada,
tanta risa contenida
que podría ser una broma
o la única cosa real,
mientras un flaco pasa con una guitarra desafinada, tocando un tema que va a quedarte grabado,
justo para que lo tararees el día de tu muerte
porque hay una única historia
detrás de toda historia
y es la que no se puede predecir,
que son las predicciones por venir,
las que nunca alcanzamos,
las que nos dejan afuera,
sin mediar,
ni siquiera intuídas,
mucho más allá,
¿te imaginás?
como si tuvieras que asumir que todo lo que pasa a tu alrededor es un potencial espectador, 
pensando en como sería todo si tuviera que asumir
que todo a su alrededor
es 
siempre
potencial,
y alguien tropieza con el fósil que asoma,
el cadáver de algo que nunca existió,
y pierde el hilo de sus pensamientos,
justo cuando podría haberlo cambiado todo
con una idea revolucionaria,
una tesis
sobre
la evolución,
porque somos futuros dinosaurios
libres
con el final cantado
hermoso
y 
universal,
mientras un niño escucha la voz de un extraterrestre, que rebota en su cabeza y empieza a asustarse al comprobar que su amigo imaginario está a su lado, tan sorprendido como él,
porque las naves espaciales son pequeñas-pequeñas
y están a dentro de nuestras cabezas,
en una fiesta-invasión
que comenzó con el primer ideograma,
el mismo que luego representó al pasado
para matarlo
y ganarlo todo
porque IMAGINAR es el único verbo,
conjugado
en 
una 
infinidad;
alguien sufre una epifanía camino al hospital, llevando consigo una radiografía,
mapa conceptual de sus capítulos venideros
como si fuera una de esas pelis de la tarde
que no te gustan ver,
¿por qué?
¿por qué?
¿POR QUÉ?
mientras un asesino acaricia a un perro moribundo, con lágrimas en los ojos, sin entender, sintiendo que un orden tácito se pierde y sólo él puede hacer que el mundo sobreviva otro día,
“tenés que salir
a
matar”;
como si tuvieras que asumir que todo lo que pasa a tu alrededor es un potencial espectador, 
pensando en como sería todo si tuviera que asumir
que todo a su alrededor
es 
siempre
potencial,
¿te imaginás?
un poco más acá,
porque sos la conciencia que te contiene
y te vuelve más,
porque hay miles de historias,
detrás de cada historia
que ocurre
a tu alrededor:
que ocurre
en
vos.

mecruzodevereda

14 oct. 2012


HOLA, GIL


Hasta el momento exacto en el que alguien crea que soy un impostor, y haga una denuncia, colgándole el cartel de “mentira” a cada una de mis verdades, tan frágiles por ser del aire,
del show,
de todo,
de vos,
sacando la foto para dejar una fotocopia, 
en cada corazón,
crear el antecedente y archivar,
en la memoria de los embusteros,
que un día empiezan a escapar,
eternos,
abandonando el mundo,
el amor,
el dolor,
para llevarse el presente de siempre recordar,
aún en rutas vacías,
porque la paranoia no se negocia,
es un regalo
una broma
de mal gusto
una promesa
en la oscuridad,
“siempre voy a amarte”
“te voy a matar”,
en un eco,
cuando ya no quedan más alternativas
o existe la posibilidad
de que no queden alternativas,
para variar,
acelerar
sumar velocidad
no-alejar
estar más cerca
chocar:
hasta el momento exacto en que alguien crea que soy una figurita para recortar, y me exponga en clase, con total claridad, desnudando los prejuicios
que me vuelven predecible,
que anticipan mi convicción
haciendo que sea lotería
mi destino
mi negativa
al 
azar,
a las estrellas,
la entrega,
el terror,
con las rodillas sosteniendo el alma,
las manos en la nuca
y temblar,
porque sin miedo no hay héroes,
y sin héroes no hay verdad:
todo el chamuyo de los poderes,
para poderte encarar:
hasta el momento exacto en que mi golpe más certero se estrelle en mi nariz, masacrando el aire, que sin motivos me inspira,
me hace,
me libra,
de la sombra de la muerte,
que se relame,
del arma que apunta,
brillante,
del segundo de fuga
redoblada
que termina
en un inesperado
final,
imposible
de 
memorizar:
hasta el momento exacto 
de
mirar,
y verme
mirando:
saludar.

unagujeroentupecho

13 oct. 2012


VALENTÍA ES IMAGINAR


Un amigo imaginario ajeno tomó de rehén a mis mejores ideas, se escondió en el bosque del que nunca quise salir y prendió fuego la cabaña que siempre juré que no existía, sólo para reírme de los ojos fascinados que no entendían mis desventuras, cada vez más retorcidas, 
esas que cada vez me devolvían más quebrado, pero con la mirada más viva, porque no importa lo que digas, yo pude verme en vos, y casi me enamoro,
pero también vi el fuego,
y mi sueño suicida aún quiere vivir 
un rato más,
alimentado de todas las certezas que llenan la distancia, en el instante en que una hoja en blanco se llena con mi nombre, que a veces no es el que yo recuerdo, que a veces, incluso, ni siquiera es un nombre: una ecuación, de las que buscan paz y terminan por arruinar,
como las amenazas de mi nuevo intruso, tan desgastado y perdido, tan desafiante que me da ganas de gritar, de apuntar con mis dedos, fingiendo un arma, disparar,
crear una herida que no existe,
y que se muera la soledad,
agonizando,
“qué inmensa es la ciudad”
“andate a cagar”.
Un amigo imaginario ajeno rompió mis botellas vacías, se quiso cortar las venas, pero se emborrachó; intentó recordar el camino de regreso, ensayando un inútil perdón,
se vio acorralado,
y me apuntó:
sus garras formando un arma,
todo un universo se congeló:
nos miramos, un poco temblando
el resto fue explosión:
su cabeza y mi cabeza,
en expansión,
mi amigo imaginario en su tumba,
el suyo en otra dimensión,
pienso en las flores que no dejamos,
en el silencio que tuvo que ser adiós,
pienso que quizás no sea tarde
para,
de nuevo,
ser dos.

surdelsur


BRÚJULA-BURBUJA


El golpe que desembocó en el primer ritual, cuando la herida ardía demasiado, cuando no podías asegurar, por nada del mundo, si estabas despierto o desmayado en alguna otra vida, si eras, quizás, el fantasma de vos, mirando con algo de resaca tu cuerpo, al tiempo que retrocedías, hacia el abismo… y caíste tanto que te olvidaste que eras un fantasma, y empezaste a creer que tenías un cuerpo, porque es imposible imaginarte vivo sin imaginar el dolor, y todo debe tener un precio, repetís, de cara al piso, que es un lugar para imaginar, que es una meta presentida, pero de la que nadie trajo pruebas, jamás:
tu piso es mi más allá,
y empezaste a creer en fantasmas, de tanto quedarte solo, y en el fantasma de tu fantasma, llegada la oportunidad
la vulnerabilidad que te volvió violento, en pesadillas que te hicieron llorar,
sollozos que helaron la sangre de los que prendieron las velas,
(aún escupiendo sangre)
dispuestos a comprobar
que toda existencia 
carece
de punto cardinal,
y seguís sin saber si acudís al llamado 
o si sólo
te
alejás.

póster


ÉL DIJO: "I WANT TO BELIEVE"
yo dije sí.


Es un recuerdo, que persiste, cuando las paredes temblaban, bajo el rigor de las nuevas pesadillas, armadas con taladros cósmicos y un colorido arsenal de visiones filosas, de circos oxidados y todo un mal dejá vù, donde si fallás se corta el hilo y en vez de despertar te encontrás llorando, en lo que sigue después del golpe, en lo que sigue después de haber perdido la consciencia, después de nunca más recuperar
“nunca 
más”,
Es una erección, que perdura, cuando me daban la corona, la reina de la soledad, el manifiesto andante para que las largas madrugadas fueran de verdad, como cuando no era importante decirlo, porque la oscuridad era sustento de locura, de incertidumbre, de promesas: hogar de todo lo que guardo en el rincón mas fiestero de mi corazón, la casa del árbol a la que subo, a escabiar, a fumar como un animal; hacer equilibrio, perderlo, que me llames y no poder saltar, porque el vértigo es absoluto:
“nunca estamos quietos,
si te lo ponés a pensar”,
Es un cuetazo, que nunca me pegué, porque le falta rock a mi fantasía de misterios, porque es reírse, unos cuantos años después, sin entender en vez de fingir, en vez de alargar las manos y arruinarlo, como si hiciera falta que nos hiciéramos eco de la trampa, como si nunca hubiéramos estado ahí:
vos me veías,
yo me caí,
yo caía
y
era
feliz,
Es el avión, ya estrellado, al que se subieron las historias que nunca voy a escribir, las que se cargaron la mochila y se fueron sin saludar, con la soberbia bien puesta y anteojos para el sol, como si de pronto todas las palabras fueran “yo”, llegando tarde para jugar al héroe de ficción, solitario en una terminal, con el resto de los que fueron abandonados por aquello que alguna vez los hizo vomitar; casi una biblioteca, esperando que la salida nos encuentre
o encontrar
un 
final,
“no se llevaron paracaídas,
eso 
es 
amar”,
Es un cielo estrellado, que se aproxima,
porque nunca desperté
o reboté
y subir es una caída que sucede al revés,
como se invierte todo
cuando es dios 
el que necesita 
creer.