negar

5 ene. 2012


LAS GUERRAS QUE SE DESATAN EN ALGÚN LUGAR


La consciencia que sin dudas gobierna el porcentaje mayor de las horas de consciencia lúcida, entiéndase la consciencia dominante, ejerce una gran opresión sobre el resto de las consciencias, dado que el equilibrio nunca es equilibrio. 
Es violencia, siempre algo se pierde.
Siempre.
Debería ser la regla máxima para cualquier doctrina mágic(k)a. 
Siempre 
algo 
se pierde.
La consciencia en sintonía con lo aparente, con la ilusión mayor, la consciencia que rige los rituales de la comunicación y los modos de confluencias, esa consciencia, desaprueba ese estado de consciencia no primordial (primordial) que estoy sufriendo. Mi consciencia deja de pertenecer al orden y la siento en el plano de lo eterno, mientras soy consciente, significativamente, de que estoy siendo desaprobado y castigado con la peor de las armas: la ausencia de empatía. Negué lo que es de todos. Negué a todos. Me negué. 
No está permitido negar.
Estaba en las letras chiquitas. 
(En realidad eran letras enormes. Gigantes… Pero en un recuadro pequeño de la pantalla había un culo. 
Y nos distrajimos.)
Así que acá estoy, a sabiendas de que estoy quebrando un lazo de supervivencia, pero tentado, porque pareciera que el cordón umbilical del Universo quiere que trepe por él, para volver a las entrañas de lo que éramos cuando nadie nos había pensado.
No jodamos, no hay forma de que no haya empezado con una hoja en blanco...
¿Entendés por qué me toca escribir?
Bueno, yo lo entiendo. Y tiene sentido. 
Pero mientras más hago lo que más me gusta más grande es la certeza de que estoy haciendo algo muy malo, que estoy traicionando, que estoy siendo inevitable.
Si estiro los brazos ya nadie me alcanza… Si pierdo el equilibrio cagué.
¿Te acordás? El equilibrio NUNCA es equilibrio.
Depende todo de mi.
Todo de vos.
Nada más.
Y, finalmente, cuando la no-empatía sea comprendida como lo que es, un cielo hermoso, entonces vamos a empatizar.
De modo diferente.
Único.
Por una vez.

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