todo este tiempo

2 sept. 2012


LA PRIMER MUERTE DEL SEÑOR RESURRECCIÓN


Asegurarse de que nada esté prohibido,
prohibir que todo esté asegurado;
y pintamos el slogan de la revolución por venir, 
sin más intenciones que poder reírnos, extasiados, 
un rato más
y de todo
en un abismo donde los malos no son tan malos,
pero siempre son peores,
un villano que valga la pena,
una muerte donde el paisaje sea importante,
donde la mirada esté cargada 
con munición pesada,
donde alguien diga, al momento de disparar:
“te estuve esperando,
todo este tiempo”,
donde el desenlace sea el portal y no la sorpresa,
el chiste que todos se pierden,
la ausencia,
la soledad;
nos entregamos, 
en calles que sólo existieron una noche,
que luego comenzaron a formar parte de un museo,
porque nunca volvieron a ser iguales, 
porque nunca brillaron tanto,
como brillaron los miles de ojos,
que de pronto nos espiaban,
con miedo,
curiosos,
como curiosos fuimos al espiar,
al robar,
al preguntarnos qué hubiera sucedido si el auto hubiera chocado,
esa madrugada,
cuando esquivamos una muerte segura,
cuando murió una parte,
cuando la infección se desató,
tan pura,
como todo el amor,
que nos sostuvo despiertos,
aguantando,
soportando,
con entereza:
¿estábamos resquebrajándonos? 
¿estaba brotando algo del interior?
¿ignoramos las cicatrices?
¿o sólo explotamos,
el día después,
cuando intentamos explicarnos?
¿te lo preguntaste 
alguna 
vez?
Y no puedo recordar más que los discos prendidos fuegos,
las letras que alguien escribió 
al sentirse como me siento,
un paso después,
aunque esa es una trampa,
muy mala leche,
pero perfecta y feliz,
como toda traición que valga la pena:
el paradigma atravesado,
desde lejos,
como si nada fuera nuevo,
pero siempre estuviera visto, 
por 
primera 
vez:
“Asegurarse de que nada esté prohibido,
prohibir que todo esté asegurado”,
por favor,
no te alejes tanto,
dejame encontrarte
y verme
como siempre
me quise ver:
vulnerable
y
valiente;
amar 
y 
destruir.

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