retrovisor

2 sept. 2012


ESTAMOS LLEGANDO TARDE


Hay un bus fantasma en la puerta de casa,
tocando bocina, esperando que salga,
y cada bocinazo cuenta una historia,
atraviesa la noche y rebota en mis cuatro paredes,
haciendo que me pregunte dónde compré ese adorno,
o quién es el de esa foto,
¿quién me regaló ese conejo mutilado con el cartel de “TE AMO”?
y quizás sea hora de ir a la escuela, otra vez,
o hacer una excursión al cementerio,
quizás no sea nada tan temerario y se trate de dar una vuelta,
para recorrer los secretos,
lo que se esconde de la luz de la luna,
lo que despierta con la luz de la luna,
lo que muere con la luz de la luna;
quizás viaje solo
y ni siquiera haya un conductor:
un espejo retrovisor, 
que me devuelva la mirada;
quizás debería haber aprendido a manejar,
y no ser tan propenso a los accidentes,
quizás están esperando que salga a buscar pasajeros,
quizás soy un señuelo.
Hay un bus fantasma en la puerta de casa,
y su motor hace que me tiemble la letra,
que no se entiendan mis palabras,
que queden olvidadas mis últimas palabras,
seguro sepultadas,
porque si me voy,
todo va a derrumbarse,
¿soy el único sostén? 
¿o esa es otra de las trampas?
o quizás mi casa quede abandonada,
embrujada,
y los viejos van a reírse de la historia,
para contársela a sus nietos,
para dormirse pensando en que si hay fantasmas, entonces no están tan perdidos,
del mismo modo que los niños tendrán pesadillas,
y una nueva razón para desconfiar
de todos
y de todo:
la paranoia y la libertad.
Hay un bus fantasma en la puerta de casa,
mohoso,
cubierto de niebla,
antiguo,
pero familiar,
quizá, nada más que quizás,
sólo se trate de retomar un viaje que empecé hace tiempo
un viaje que,
por alguna razón,
ya no recuerdo.
Un viaje
Para 
Olvidar.

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