límite-jugar

24 sept. 2012


HISTORIAS QUE SE SOLÍAN CONTAR
-yo vivo atrás de un tobogán-


Plazas embrujadas, 
que cuentan chistes al viento, entre chirridos oxidados, para fomentar las carcajadas de perros abandonados, que aúllan al eclipse del final,
que sueñan con niños muertos, porque nadie sobrevive a la infancia, al resplandor rojizo de la libertad, porque el accidente ocurre, tarde o temprano, despellejando las rodillas de la incertidumbre, que se pasó de vodka, por pura curiosid
ad, 
cuando el corazón aún era una promesa o una metáfora sin formular, mal vestida, bastante pelotuda
errónea
sin necesidad,
cuando la ambición no era despecho sino ganas de visitar por la noche hamacas que de día precisaban que alguien las quisiera empujar,
que de noche danzaban, vivas, solas, según las historias que se solían contar,
que aún se cuentan
que siempre se contaran:
plazas embrujadas,
en el límite,
jugar.

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