radiografía

30 jun. 2012


LAS TORMENTAS SE LLEVAN LOS NIDOS
JAMÁS LOS PÁJAROS


Las ramas finas,
desnudas,
agujas,
como terminaciones nerviosas,
que palpitan,
con furia y dolor
logrando que mis dedos se estimulen,
sean garras,
filosas,
agudas,
esqueleto,
y el aire se corte,
con tu forma
creando el paisaje de la desolación, 
del abandono,
la tristeza,
y todo lo que tiene sabor,
lo que se conoce en intervalos,
arrastrado por el viento,
la tentación, 
la oscuridad, 
y la furiosa intuición,
de las sombras que proyectadas bailan,
de esa telaraña
de sensación,
que atrapa,
envuelve,
asfixia,
mata,
otorgando la posibilidad de sonreír,
de sobrevivir,
de ser mil vidas,
o sólo un árbol
que 
se 
ra mi fi ca,
estirando,
hacia las estrellas,
estirando
hacia el interior,
abriendo los brazos
de 
la 
percepción.

chau

28 jun. 2012


TODO DEPENDE DE LA PARED DE ATRÁS


Caigo, con los colores abrazando, 
con las notas musicales estallando en burbujas,
entre nubes de humo,
que se desdibujan cuando las atravieso:
se ven caras,
parques,
calles,
todo en un gris de extinción,
en segundos brillantes,
que se apagan, 
como la ilusión, 
y sólo caigo,
perdido
(perdidísimo)
y nada tiene tanta emoción, 
no hay aventura,
magia,
una misión, sólo una ruta obligatoria,
atractiva pero falsa,
un efecto del corazón,
que bombea 
y es motor,
por eso entramos en sintonía con el mundo,
con la pasión,
de ser parte de algo tan enorme, 
que, pareciera, no encaja,
un juego, con trampa, 
el chiste del que nadie se quiere hacer cargo, 
así que nos quedamos todos en el salón,
castigados,
para aprender la lección,
para saber que la historia existe,
y no importa ,
en realidad, 
quién la escribió; 
las letras acumuladas,
son la cascada de las líneas, 
de los versos, 
que caen
como caigo yo,
arañando las paredes 
para que el paisaje deje de ser
y se transforme la caída 
en salubridad,
estática,
ni vertical
ni horizontal,
porque sin una proyección de fondo
ninguno de nuestros actos significaría más que una danza
ofrecida 
al 
dios
del caos,
para poder decir “chau” en todos los niveles posibles,
salir
sin un portazo
y susurrar:
bienvenidos
nuevos mundos;
bienvenida
eternidad.

místico y paranoide

25 jun. 2012


HUMO DE BIBLIOTECA


Queda el disfraz de mortal,
tirado en una calle aún mojada por la lluvia de la noche anterior,
con los destellos pertinentes al amanecer,
que, por primera vez, parece sorprendido, 
como si hubiera mantenido los ojos cerrados, demasiado tiempo, 
(“-¿por qué cambiamos los dientes, nunca la mirada?”)
y todo comienza a continuar,
con la sospecha de que el segundo anterior fue la pausa,
sólo que la ausencia de continuidad se percibe en el futuro,
nunca en el presente,
que siempre se vuelca al pasado,
anulando la realidad,
por la ilusión,
creando chispas,
destellos,
fuegos artificiales;
una maquinaria perfecta,
silenciosa,
hecha con los fósiles de los juguetes que aún no se inventaron,
con las cenizas de las plazas que aún no se quemaron,
con el suspiro de amor de todas esas botellas que aún no destapamos,
(y todas dicen: “fue lo más especial…”,
repitiendo,
en espiral)

Así que queda mi disfraz de mortal, 
para que un perro de la calle lo robe, riendo como hacen los perros, 
se lo ponga en una noche de luna llena y cuente la historia de todo lo que será,
a una audiencia de perros fascinados,
y el mito se propague,
en aullidos de tempestad,
para que la ciudad tenga una nueva era para recordar:
el antes y el después del día
que los tímpanos estallaron,
creando el sonido, 
y todo lo demás.

Y ahí está,
mi disfraz de mortal,
porque tarde o temprano llega el segundo, 
en el que te tenés que volver a ver:
¿cuáles mentiras valen más?
¿en pos de qué verdad vas a enloquecer?
buscar,
fallecer,
renacer; 
decidir, también
cuál será el camino,
después del “había una vez”,

a sabiendas de que una porción de espectadores se irán de la sala,
puteando
o muy tristes;
a sabiendas de que hay una actriz a la que jamás vas a conocer,
una princesa por la que no vas a correr, 
un monstruo que jamás tocará tu corazón
¿cuántas bellas lágrimas vas a desterrar?

un guardia, un tótem sentado en la línea divisoria,
que de pronto es una ruta,
y el accidente,
ocurre, 
antes de que puedas
par/
padear.
¿qué rostro tenía la divinidad contra la que estrellaste el auto, 
(es un cine que se incendia,
una biblioteca de la que sale humo)?
¿es ese el rostro de tu mejor amigo,
el de la chica que se drogó con vos la primera vez que lo hiciste,
el del hombre tan lejano, ahora susurrante, y vulnerable, al que llamaste “papá”,
el del animal que viste morir, un día en el que el sol sonreía y el espíritu de todos deslumbraba,
feliz?
¿qué divinidad perforó tus pupilas,
se adentró en vos
y creó un universo para jugar,
cuando el otro dejó de ser sorpresivo, 
en un 
infinito
fractal?

Adios, 
disfraz de mortal,
tengo que viajar, 
en una dirección que no aprobarías,
y no soportaría tratarte mal,
tuvimos una buena relación mientras duró:
nunca voy a olvidar todos los miedos que me causaste,
hermosa,
querida,
amada
mortalidad.

Voy a extrañarte, 
disfraz de mortal,
por todas los instantes que me obligaste a recolectar, desesperado,
echando mano de todo color,
detalle,
eco
emoción…
voy a extrañarte pero tengo que cumplir un plan;

todos van a morir, conmigo, 
lo que me hará eternizar,
este sueño, a veces tan extraño,
tan simple
tan fácil,
-como respirar-
y vamos a esperar en la colina
(¿quién se acuerda de la ciudad?)
la llegada de la libertad,
o la de algún asesino serial,
místico 
y paranoide,
que haya encontrado,
un punto de fuga eficaz.

[Olvido
mi disfraz de mortal,
y me propongo subir el volumen,
acto seguido:
acelerar,
despegar,
quemar,
matar,
marchitar
.
.
.
dejar, 
finalmente,
el hogar]

casi un punk rock


TO BE CONTINUED…


Toda la inmensidad,
reducida,
una simple lectura, 
carente de pasión
todo el dolor,
la posibilidad de salvación,
en una carta
de despedida,
de resignación,
para asesinar lo sin nombre,
lo que pudiera haber sido algo para temblar,
¿será que sólo es el capítulo que precede al reecontrar?
¿será quizás?
¿será?

chatarra

19 jun. 2012


[Éramos niños]


…poner un titulo evocativo,
luego divagar, 
pensar en las tardes soleadas mirando por una ventana, 
un mundo en cámara lenta,
un lente de colores brillantes,
toda la belleza
de un lugar sin mal,
que no podrá cambiar,
porque todo lo benigno está en tu corazón,
el resto será la guerra de avanzar,
de entender que no estás,
en ninguna cabeza que no sea la tuya,
que todos somos vecinos,
sin ventanas,
sin espiar,
un barrio del que nadie conoce el mapa,
un plano que no existe,
que flota en la inmensidad,
sin estar contenido,
pintado desprolijo,
con ganas genuinas de sonreír,
mirar a mamá y decirle que hicimos todo lo que pudimos,
casi a sabiendas,
en ese instante donde la duda se hace real,
de que alguien lo hizo mejor,
de que podríamos mejorar,
de que hay un mito,
de que estamos en la sombra de un atardecer ya contado,
sin posibilidades para la novedad,
atrapados en un mamarracho
pegado en un refrigerador,
que envejece, 
se oxida,
y se transforma en lo que siempre fue:
un pedazo de chatarra,
con un souvenir,
con el misterio,
con la frágil intención de engañar,
de volver mágica la anécdota,
desprovisto de memoria y ambición,
centro de todo 
lo que le sucede,
ídolo profano,
divinidad, 
como devoto me entrego,
en la búsqueda del conjuro y el ritual,
las dos palabras unidas que amplifiquen la sensación,
de que todo lo que fui, 
es lo que soy;
de que lo que fui,
será.

clásico

18 jun. 2012


ME VEO LA ESPALDA


Soy lo clásico de mañana,
cuando se cree la escenografía
nueva,
diferente
siempre igual,
de la nostalgia y la tristeza,
el lugar sin lugar,
la esperanza en el horizonte,
la fatalidad;
el decorado que se estanca,
que muere sin mutar, 
la reliquia de un cadáver,
la más pura necesidad,
a pesar de la consciencia clara,
de que todo termina mal,
de que los viejos no nacen viejos,
de que todo es funeral,
una despedida desapasionada,
un constante despertar,
la ilusión de la que no podes ser dueño,
a la que sólo podés decorar,
para asustar a los futuros niños,
con poesías para armar,
evocando un pasado perfecto,
parecido a lo que será,
cuando el “había una vez” se borre del mapa
y ya no quiera regresar.

o está escondida

16 jun. 2012


EL MELODRAMA DE ROMPER CENICEROS CONTRA LA PARED


Cae la pared que sostiene la integridad,
el diálogo,
la sonrisa ingenua,
para que las ruinas brillen, con fuerza, 
una noche de tormenta,
con truenos que juegan a ser el eco del último portazo,
que fue silencioso,
infimo,
tímido 
e íntimo,
pero que crece, con paso firme, seguro de si mismo,
“¿qué querés ser cuando seas grande, pequeño golpe?”
“quiero ser el había una vez, de otro hogar…”
Y aplaudo la respuesta, tirándole con todo lo que me rodea, porque si se van los cuadros no me sirven los adornos; 
sin los adornos las cortinas no combinan, 
como deja de combinar la lámpara, los discos, los libros, la tele… 
¿para qué mierda quiero un florero?
Entra el viento,
los sonidos, 
el aullido de rituales lejanos, 
el resplandor que seguro alguien pintó para una escena que no me pertenece,
porque el rebote es lo único que persiste,
mientras mi escenografía se degrada,
se vuelve ficción,
inhabitable,
un lindo sitio
para recordar:
“¿te acordás cuándo jugábamos a romper, 
a gritar hasta doler?”
“sí… me acuerdo
de cada
rincón”
Y levanto el piso de la cocina, buscando los fósiles,
buscando la vida anterior,
deseoso de entender que ya estuve
y que voy a volver a estar,
ansioso por olvidar,
por correr los muebles de lugar,
para que la función no se repita,
para que no me reconozcas,
para decirte, al llegar el momento, 
que los marcos de las ventanas, 
los azulejos,
los zócalos,
son un reciclaje, 
porque de eso trabaja la gente que no ves:
construir a tu alrededor, 
todas las sorpresas
y la pronta,
inevitable,
decepción,
que se esconde
(o está escondida)
en la fascinación,
por la hermosa,
pura,
fresca,
destrucción.

re-estructuración

14 jun. 2012


[PROHIBIDO DETENER LA CAÍDA]


En una época, y sin querer, me cagué tanto en todo que cuando terminaba de leer un libro me tomaba una semana para empezar el siguiente. Hoy, la fascinación post dar vuelta la última página, continúa… En realidad, para ser justos, creció, porque el abanico de posibilidades dentro de esa fascinación se nutre con el paso de los años, tanto como para entender, en primera instancia, que la fascinación no siempre es felicidad, y que la felicidad no siempre es sonreír. Lo que se entiende en segundo lugar es que la conciencia sobre determinadas cosas ya estaba en uno desde el génesis mismo (nacer = big bang), implantada de un modo práctico y natural, con el correr de los días, los avances del reloj, las carreras en el ajetreo cotidiano y los ojos sabios de determinadas personas, esas que por lo general aman, pero porque aman lo que pasará… esa conciencia incluye, por ejemplo, la conciencia sobre la incapacidad de detenernos sin que eso signifique una pérdida vital (la vitalidad del existir jamás entra en tela de juicio aunque su naturaleza sea debatible y filosóficamente negada), o la conciencia sobre la indiferencia del mundo (que no se detiene) ante el detenimiento (pérdida vital) de uno mismo. Inmediatamente, y por un mecanismo de defensa sobornado y castigado, queremos ganar tiempo, perdiéndolo: empezamos a anular, a negar espacios, para tomar el control en actos que serían el equivalente a girar la llave sobre los grilletes de nuestras propias cadenas. 
Descubrirse (descubrir a la sociedad, que está en uno aún antes de la asimilación del “ser social”, justamente porque hasta su modo de “no ser” se da en contraparte de lo que “es”) es limitarse, es elegir ir a un parque de diversiones con un grupo del colegio en lugar de robar plata de la billetera de mamá y conocer la montaña rusa a escondidas de todos, riendo a carcajadas: es la esencial diferencia entre un suceso y una anécdota… y lo que sucede es poco digno de ser contado, si no se cuenta no puede ser imaginado, si no es imaginado no se vuelve ajeno, si no se vuelve ajeno no es ganancia, libre, situada en la atemporalidad.
Hay que perderse, para encontrarse, reconstruirse, para que las cosas realmente sucedan y para que cada conjuro pueda actuar y no se vea tapado por otro en el momento de estirar sus tentáculos… Hay que abolir al coleccionista interno, en pos de la intuición, elegir lo único que nos haga únicos;
retomar, para ser nuevos,
poder,
sin querer,
cagarnos tanto en todo:
pero mejor,
sin necesidad
de mencionarlo,
porque no se escribe sobre vivir, sino sobre lo que pasa si realmente estás vivo,
entre un libro, 
y el que le sigue.


La era del pez

13 jun. 2012


sos todas las veces que mirabas hacia abajo


Retumba en la penumbra
el color del arco-iris,
reflejado en la lágrima que cae,
rumbo a la colisión,
al evento que va a derivar
en una onda expansiva,
silenciosa,
letal,
cuando, de pronto, la habitación sea un mar:
agitado, rabioso y sin piedad;
la misma sin-piedad de cada lluvia apasionada,
que corrió a besarte,
cada vez que despertaste temblando,
preguntando a la oscuridad si los cuentos de terror se habían acabado,
si eras capaz de volver a asustarte,
si podías enamorarte de un personaje,
si aún serías capaz de morir en cada final,
en la entrega absoluta,
en el sacrificio definitivo,
culposo, por no intervenir
(¿podría hacer algo para evitar ésta caída libre, para mutar el último capítulo y salvarte, salvarme, salvarnos? ¿hubo alguna vez otro escritor que no fuera yo? ¿hubo alguna vez otro deseo, que no fuera el mío?)
inocente y en paz, renacido en la pérdida
y en la gratitud:
“¿podré volver a dar las gracias con tanta sinceridad?”
Y entonces, el cristal, 
con el principio de la tempestad:
“todo lo horrible que da belleza
nunca
nunca
se irá”;
la misma sin-piedad de la zanja que mil veces
supo mostrar tu rostro,
rumbo al colegio, 
al trabajo,
rumbo a deambular,
como un espejo mágico,
que a diferencia de otros espejos,
no puede olvidar:
incorpora,
te suma,
te hace más:
sos todas las veces que mirabas hacia abajo,
sos la mirada del otro lado,
y ya no importa quién llora para quebrar la paz,
el portal se alimenta,
devora,
no te pertenece y es tu parte vital:
el remolino en la pecera,
inofensivo,
pero real,
más peligroso que las mentiras,
que hablan de la eternidad,
las aguas que fluyen,
que vienen 
y que van,
hundido y ahogado:
¿llegado al fondo,
invertido,
seré un huracán?
¿qué tierra inexplorada me sorprenderá?
¿qué destruiré?
¿qué ilusión daré?
Romper el vidrio no es necesario,
si sabés ir más allá.

200 a 0

12 jun. 2012


ÚLTIMA MADRUGADA


Las persecuciones se suceden,
veloces,
una tras otra,
como si se persiguieran,
como si el concepto de bien y mal 
(cazador y presa)
hubiese quedado truncado,
por una mentira más sana,
donde un grupo de sinceros farsantes
elude a otro grupo
de sinceros farsantes,
como si la ruta fueran los sueños,
que son uno solo,
y siempre se reducen a escapar,
con heroísmo, 
cobardes,
intrépidos,
sonriendo ante la posibilidad de una medalla,
o la paz de un hogar,
sin los números quemando,
gastando la integridad,
prendidos al volante,
con la fascinación de imaginar lo peor,
mientras el mundo es esa mancha borrosa
(siempre borrosa)
detrás del cristal,
que se abre camino, entre kilómetros de nada,
levantando por el aire a la quietud,
que antes de estrellarse vuela,
para convertirse en el eterno pájaro
de lo que no será, 
jamás;
¿qué son esas lágrimas en tus ojos,
ansioso viajante?
¿quién cometió el delito,
dulce suicida?
¿qué sucedería si por fin la aguja diera la vuelta completa,
para volver a empezar? 
¿podemos pasar de 200 a 0 en un abrir y cerrar de ojos?
¿podría soportarlo tu vehículo?
Las persecuciones se suceden,
veloces,
tejiendo el entramado,
la telaraña de los pasos a seguir,
de la moraleja soberbia,
cuidadosa,
frágil,
que se aburre y pide perdón,
deseándote buena suerte,
a los gritos,
mientras te alejás; 
como gritamos nosotros, 
desde la tribuna,
desvelados por ver al vencedor,
sabiendo qué mensaje es el que triunfa,
pero con la esperanza puesta en el Sol,
que va a huir de la Luna,
para detonarla después,
regalándonos el choque
de un nuevo amanecer,
¿y si te mintiera en la tregua,
cuando intentemos respirar?
¿y si en lugar de darte la mano te empujara,
para volver a correr?
¿y si corriera para el otro lado, 
encontrándote de frente esta vez?

antes.que.siga

10 jun. 2012


SI NUNCA ME VES ES POSIBLE...


No voy a correr, así que si querés, dispará, hacelo: 
acá, en el pecho,
en la cabeza, 
en una pierna, si querés escucharme gritar,
dale el suspenso final, sostenido en una nota que desafine,
que entorpezca al espectador a la hora de sacar conclusiones,
que altere el orden natural,
dale fuerzas, magia, 
y un esplendoroso “hasta siempre”,
con cara de que ganaste,
con la juventud en su último día de vida,
cuando, 
después,
empezás a ser lo que serás.

apretá el gatillo de una vez,
antes de que siga,
antes de que sea demasiado tarde,
antes de que pronuncie la palabra visagra,
el conjuro completo,
y suceda, 
lo que tanto temés,
que sucedan tus dudas,
el abismo,
el lobo soplando, detrás del hogar:
“Me construí de ladrillo,
para no dejarte pasar”,
sólo que no pretendo golpear,
ni soplar,
ni solplar,
ni soplar y soplar…
vengo a susurrarte, por la cerradura,
“Hey, vos,
dejame entrar”.

¿cuándo dejás de hacer lo que querés hacer para empezar a hacer lo que alguien espera que hagas?

No voy a emocionarme,
lo que no significa que vaya a arruinarte la escena:
podemos fingir que lloro, 
que esto es demasiado importante,
que me destrozo,
que ya
no 
doy
más, 
así que no te desveles,
que el aplauso te pertenece,
mucho más a vos, 
que a mi,
que siempre aplaudo,
demasiado convencido,
cada vez más de verdad.
No voy a derramar una lágrima, no,
pero voy a suspirar lo suficientemente fuerte, como para que pienses que no soy uno,
que soy otro,
o todos,
o vos,
como un monstruo hambriento
devora
sin 
piedad.

¿cuándo dejás de desear que la puerta del armario se abra para empezar a rezar, por un futuro, por un poco de insulsa continuidad?

No voy a decir tu nombre, antes de caer,
no voy a seguir la tradición, el paso que se supone,
el equlibrio,
entre asesino
y 
asesinado.
Voy a inflar el silencio,
para que sea una burbuja,
y te lleve, muy lejos,
aunque nunca te vayas de acá, 
como despegada queda la realidad,
dividida,
por un antes
y un
después,
por una mirada,
sin amar,
como la máscara, que siempre resultó perfecta,
para salir
a matar.
“Si nunca me ves es posible que nunca notes, que, 
al matarme, te matás”.

¿cuándo dejás de leer para conocer mundos nuevos para empezar a leer con el fin de conocer lo que en tu interior no deja de crecer?

No voy a creer,
ni un poco,
en tu pólvora, 
en tu inútil salvación:
voy a quebrar tu cordura
y
sobrevivir,
sin vos.

romper hoteles


PONÉ CARA DE QUE NO TE IMPORTA


Me imagino en ese momento,
justo cuando dicen;
“no mires a la cámara”
y no lo puedo evitar, 
y lo arruino, 
una vez más,
para que todo el tiempo
(el día/ la tarde/ la noche)
se suceda en una repetición de tomas y nunca en un drama,
con asesinatos, héroes
y una gran batalla final,
con la frase reveladora,
que se desprende en el segundo de victoria,
aunque todo haya salido mal.
MAL.
Y los gritos,
el infinito enojo,
del que empeña su vida,
en negociar,
mis manos en alto,
acusando piedad,
con las risas,
salidas,
el no-me-importa estallando
y un poco de frialdad,
para ser serio, 
único,
de verdad,
cuando vivir sea con las cámaras apagadas, 
cuando no exista la idea,
unilateral,
de un espectador,
aburrido, 
un domingo,
perpetuo,
en soledad,
quizás el actor con capricho,
con ansias
de triunfar,
en un juego de mesa
berreta,
pero 
un poco
tentador,
arruinando un buen comienzo en pos de terminar,
con medallas,
en el mito,
de la estrella
y 
la 
eternidad,
romper hoteles,
amar, con soberbia
odiar, con seriedad
y decir lo que primero salga,
que valga
la pena decir,
ser perfecto
y nunca
un inmortal:
pero fallar es humano,
y no paramos
de 
perseverar.

cada fantasma

9 jun. 2012


EL BOLSO VIAJA CONMIGO, 
no insistan


Los paisajes, diferentes, inventados, 
como todo lo que alguna vez vi, 
en las fotos, 
que se desparraman, 
que nunca saqué,
que se guardan en un álbum
mucho más sincero
y universal,
“mirá, 
qué raro,
en esta no saliste mal”;
las montañas, el precipicio, 
el salto, sin paracaídas,
la sonrisa estúpida, 
de caer,
tus labios de reproche,
de negación,
“si podés mirarme a los ojos,
estás cayendo,
conmigo,
y más”;
las nubes, dibujando las caras, 
con las que invento historias,
promesas,
aventuras,
amantes,
con las que juego a conocerme,
divertirte,
y doler,
como duele tu conclusión:
“tus historias las desarma el viento…
el viento te desarma
a vos”;
los árboles, de misterios,
de monstruos,
de invocación,
para arruinar algo,
para escuchar la leyenda,
fascinarme, 
llorar:
“no puedo creer 
que tanta belleza
sea de verdad”;
las iglesias,
casas,
comercios,
todo abandonado,
como una metáfora,
de mi cuerpo, 
estupefacto, 
cuando mi alma se va:
“de arriba, para abajo,
cada fantasma
es una eternidad”;
los ríos, como espejos,
para responderme,
responder,
decirte, muy seguro:
“no estás adentro tuyo,
te tenés que salir a buscar”;
cuánto bar, 
para olvidar
/recordar,
escribir, imaginar,
hasta enredar el ovillo,
y por fin entrar,
en la forma que lo contiene todo,
en el laberinto
del 
ser,
donde un colectivo rebota,
se pierde,
lo intenta
y vuelve a empezar,
mientras la ventanilla te muestra
lo que siempre
quisiste encontrar.

terrorista

7 jun. 2012


SUPONIENDO QUE LLEGUE A VIEJO


Manejar, con los ojos cerrados,
memorizando cada una de las palabras,
llegar, demasiado envejecido y chocar la puerta de tu casa
(arruinarte el jardín delantero, con los duendes, las flores violetas, las mariposas eternas y todo el cotillón,
arruinar la ilusión,
de un edén),
gritar tu nombre hasta perder la razón, descubrirte agonizante, 
preguntarme cuáles preguntas debí haber hecho,
en lugar de contestar, tan convencido,
convencerme de todas las certezas 
en lugar de cuestionar, tan dudoso;
exigirte explicaciones,
morirme en tus huesos, 
pensar que siempre fuiste así,
que los huesos siempre estuvieron en vos,
pero más ocultos,
entender que estás más desnuda que antes,
que nunca,
(más aún que esa vez en calle Corrientes, entre las plantas de una galería oxidada, cegada, domesticada con el tiempo, 
inmortal, 
de tanto funeral)
que jamás. 
Memorizarte, para verme,
reflejando cada una de mis miserias,
olvidar, cargado de ficción, 
un pasado que pudo haber sido, 
que quizás fue,
que quizás será,
recordando lo imposible,
la dificultad de volver a pensar,
con furia,
en toda la enorme posibilidad,
volver a enojarme
y citar cada una de las borracheras,
de los cigarros,
de las lluvias,
del frío, 
de las lágrimas con noche, 
en desgarros,
temblores,
fiebres,
pedirte, resignado,
ofendido,
ofuscado,
que me vengas a visitar,
“que, usted, venga a visitarme, señora”,
y maldecir tu templo, 
al ver las retinas, tan vacías de consuelo,
de tragedía, 
de poesía, 
de vos
tan vacías de mi,
tanto como para dibujarme
(llenarme)
un preciso final:
“¿quién soy
y qué
mierda
hago
acá?”

elsol

5 jun. 2012

NO TENDRÍA QUE HABER DICHO TODO LO QUE DIJE


[El Sol, llenándonos, 
cubriendo de formas,
dándonos la libertad, 
de ser cualquier otra cosa, 
en las sombras,
ser la sombra del otro, 
sin sonrisa, sin ojos, sin el guiño revelador, 
sin el atuendo indicado y sin voz.
Unirse, confundirse, 
y crear un monstruo mayor:
si corrés a ocultarte estás a salvo,
si te quedás,
empieza lo mejor.]

elcorazóndelmundo

4 jun. 2012


El universo no es épico,

sólo es ese lugar con el que a veces siento empatía. 



Sobrevuelo mi cuerpo, que se escurre, que finge poses de muerte, que se imagina a si mismo, luego de una brutal caída,
caigo de la terraza del edificio más alto que conocí, dónde vivía mi abuela, cargada de misterios y con una receta para la libertad,
caigo por la ventana, escapando de mis persecutores, luego de asesinar a esa parte de mi que quería mantener en orden el cuarto,
caigo, soltándome de tu mano, que acaricia, por última vez,
caigo de una nube pintada, al quedar fuera del cuadro, el día que descubrí la firma del autor, abajo, en chiquito, disimulada, como queriéndose confundir con el paisaje,
(a mi no me engañas, hijo de puta);
caigo, perforando convicciones, teorías, mapas,
perforando, veloz, los días de enseñanza, que me ven pasar y sueñan con el meteorito, con el fin del mundo;
perforando el sermón, para que señalen el milagro, 
perforando el techo de tu habitación, para que veas las estrellas, para que sepas que vengo de lejos, para que sepas que nunca me fui,
perforando los cristales de tantas mañanas de expectación, esperando que la lluvia traiga algo mejor,
perforando cada calle que transité, para crear el accidente, la desorientación, 
perforando, aún más profundo, las raíces, los nervios vivos y estimular más
(y más)
perforando el corazón del Mundo, para que todo se contraiga,
se paralice,
quede bien quieto,
para que nos miremos a los ojos 
en la blanca consciencia de la inmovilidad,
en lo eterno, 
y respiremos, vivos, 
por primera vez,
cuando reciba el balazo certero,
y deje de sobrevolar,
para aterrizar,
como siempre, 
en el mismo lugar.

¿cuántas?

3 jun. 2012


ALGUNAS COSAS PASAN


¿Quién le cortó la oreja a ese conejo?
¿Quién mutiló el acto, arruinando el show, dejando al mago sin palabras, ante un público consternado y con aires de furia?
(¿por qué el público siempre se enfurece?)
¿Siempre estuvo tenue el escenario o es que las luces comenzaron a morir? ¿Hace cuánto que la escena se detuvo en esta horrible fotografía que no se mueve pero envejece? ¿Por qué nadie cambia de lugar? ¿Por qué es tan perfecta la conjunción de rostros? ¿En serio estuvieron todos ellos reunidos en una noche especial? 
¿Cuál fue el anzuelo?
¿Quién preparó la trampa?
¿Cuántas expectativas confluyeron en esas cuatro paredes?
(esa jaula)
(esa prisión)
(esa galera)
¿Cuántos sueños premonitorios 
(lágrimas, fascinación, terror) 
antecedieron a esa velada?
¿Cuántas sonrisas quedaron inmortalizadas?
¿Cuánta confusión?
¿Cuánta indignación?
¿Siempre me quedó así de chico el traje? ¿Hace cuánto que mis manos, enormes, adultas, se ven tan ridículas tomando ésta vara mágica? ¿Por qué me dejaron salir así, tan vulnerable? ¿Por qué no estoy abajo, borracho, haciendo reír a mis amigos? ¿Por qué subí?
¿Recordás mis convicciones?
¿Recordás lo que te conté del gran cierre final?
¿Recordás lo que te conté del mejor truco del mundo?
¿Recordás tus ganas de seguirme, tus palmadas, tus ansías rotundas y únicas de verme triunfar? 
¿Recordás tu palabra susurrada, cuando no deseabas suerte y sabías conjurar la atemporalidad?
¿Recordás qué perfecto era en mi habitación?
¿Recordás el sol?
(y no tanta osuridad)
¿Recordás mi atuendo perfecto? 
(¿era una capa de súper-héroe?)
¿Siempre existieron las preguntas? ¿Hace cuánto que torcí la exclamación? ¿Lo hice con paz, casi sin querer? ¿Fui inconsciente y furioso? ¿Fui buen público? 
¿Quién le cortó la oreja a ese conejo?
¿Cómo es posible que a veces me imagine que el conejo nunca tuvo esa oreja? 
¿Cómo es posible que al mirar hacia arriba vea un gran agujero negro?
¿Cuántas realidades están terminando?
¿Cuántas manos van a quedar vacías, apretando en el aire, en un puño? 
¿Y por qué, ese puño, tiene esa extraña 
e inusual 
aura de triunfo?