chau

28 jun. 2012


TODO DEPENDE DE LA PARED DE ATRÁS


Caigo, con los colores abrazando, 
con las notas musicales estallando en burbujas,
entre nubes de humo,
que se desdibujan cuando las atravieso:
se ven caras,
parques,
calles,
todo en un gris de extinción,
en segundos brillantes,
que se apagan, 
como la ilusión, 
y sólo caigo,
perdido
(perdidísimo)
y nada tiene tanta emoción, 
no hay aventura,
magia,
una misión, sólo una ruta obligatoria,
atractiva pero falsa,
un efecto del corazón,
que bombea 
y es motor,
por eso entramos en sintonía con el mundo,
con la pasión,
de ser parte de algo tan enorme, 
que, pareciera, no encaja,
un juego, con trampa, 
el chiste del que nadie se quiere hacer cargo, 
así que nos quedamos todos en el salón,
castigados,
para aprender la lección,
para saber que la historia existe,
y no importa ,
en realidad, 
quién la escribió; 
las letras acumuladas,
son la cascada de las líneas, 
de los versos, 
que caen
como caigo yo,
arañando las paredes 
para que el paisaje deje de ser
y se transforme la caída 
en salubridad,
estática,
ni vertical
ni horizontal,
porque sin una proyección de fondo
ninguno de nuestros actos significaría más que una danza
ofrecida 
al 
dios
del caos,
para poder decir “chau” en todos los niveles posibles,
salir
sin un portazo
y susurrar:
bienvenidos
nuevos mundos;
bienvenida
eternidad.

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