insecta

16 jul. 2012


MUCHO DE LO MISMO
(un algo hecho de algos)


La sinfonía de los insectos que habitan en la noche de tus pupilas;
noche dinámica, de estrellas fugaces,
cometas perdidos,
fuegos en el horizonte,
humo que se mezcla con las nubes,
monstruos,
expectantes,
que se inclinan y observan,
por unos pocos segundos
(los segundos suficientes para que entiendas 
que esas formas son dientes, 
sin dudas,
antenas,
viscosidad),
ésta alucinación,
que tiembla, 
difusa,
furiosa,
letal,
como los sueños en sutil parodia,
proyectados en la bola de cristal de una bruja,
ancestral,
única y eterna,
invertebrada y atrofiada,
sobreviviente del tiempo sin tiempo,
una casa abandonada,
en un barrio perdido,
en un mundo muerto,
aniquilado,
sin hechizos,
con unas copas de más
(cóctel de mariposas,
moscas,
escarabajos,
mantis religiosa, en su plegaria infernal)
en una vorágine que entierra,
y transforma la revelación en perla,
escondida y
preciosa,
ahora sí:
dos veces letal,
como la música que no se detiene,
y refleja los colores que faltan conocer,
en tu mirada de euforia,
justo donde lo puedo ver:
cargas con la canción mas horrible de todas,
la que nunca dejó de sonar,
el chirrido insoportable,
la musa de todas las demás,
¿cómo podrías descifrarlo si no es con un espejo?
¿cómo podrías no enloquecer ante tanta divinidad?
y aunque nunca te sospechaste 
tan llena de agujeros negros,
geométrica en el mirar
(¿cuántos rostros ves cuando me mirás?)
ahí estás, 
sin poder evitarlo,
en los ojos de otro,
que no te conoce,
pero te presiente igual,
en los dibujos que dejan las hormigas, 
en el desierto que fue
(será)
larva 
y
ciudad:
fruta podrida,
maravillosa,
de tanta vitalidad.

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