¿Qué tan lejos podés ir?

10 ago. 2011


NOS QUEJAMOS



¿Qué hacés para alcanzar eso que perseguís? Llevate la bruma de tu mirada cansada, tu cuerpo encorvado, tu grito de guerra que en realidad pide piedad, tus ideales y tus ganas, que son un berrinche, un escándalo, el último manotazo de ahogado, rebeldía de salón. No querés ganar: querés que te castiguen, para sentirte bien, para sentir que no tranzaste. Van a a pegarte fuerte, pero con delicadeza, porque están entrenados para eso, porque tu escena les pertenece, porque sos predecible hasta el hastío. Van a dejarte las piernas sanas, para que sigas caminando, para que corrás un poco cuando entres en caos... Total, ¿qué tan lejos podés ir? Sos una suma, una ecuación, un ciclo, mientras el cerebro se marchita... Y pensar que algunos números, bien puestos, pueden resultar en una bomba. Pero el estruendo te aterra, porque precisas una hora, aunque sea una hora, para poder dormir, para poder descansar, para recargarte, para volver a malgastar tu lucidez, para nada.
¿Qué hacés para alcanzar eso que perseguís?

***

Llego tarde, casi siempre despeinado, y escucho la historia, que ya es pretérito, mito, leyenda… Y lo conozco todo, mucho más de lo que vos podrías asimilar, pero lo conozco de oído, en susurros, y las versiones me aseguran que mi realidad nunca podrá ser sólida, porque el misterio va a reinar, en un castillo de paranoia infantil y genuina. Enfermo, pero bien.
¿Bien?
Llego tarde, y siempre soy testigo del asombro, de la obsesión, de la manipulación, de la indiferencia, así que eso me hace un tipo que se asombra, que se obsesiona, que manipula, que es indiferente. Bien, pero mal.
Llego tarde y el Fin del Mundo no me va a esperar: voy a encontrarme con las cenizas, con las ruinas y los cadáveres no se van a reír. Voy a llegar tarde a la muerte, voy a quedarme solo, con los cielos de infinito, la constelación ardiendo, los planetas, lejanos, brillando de consciencia oscura, sin sospechar mi demencia. Voy a contemplar las calles, los fósiles, voy a ser dueño, señor Destino, fiebre de génesis… Cerrar los ojos y empezar de nuevo, hacerlo otra vez, intentarlo, hundirme sin fondo en el mar de la posibilidad, certera por vez primera. El Eterno.
O podría ya no parpadear.
Podría quedarme quieto, entonces llegar tarde dejaría de existir.
Podría ser la última línea, la definitiva, la que no tiene discusión.
Sostener una realidad es más difícil que cambiarla… Y a veces nos quejamos.

***

Yo pago, tu pagas, él paga, nosotros... nos podemos ir a la reputa madre que nos parió. Y nos cabe.

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