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26 ago. 2012


A VECES LEO COSAS QUE NO RECUERDO HABER ESCRITO


Un indio nativo maneja una Ferrari, mientras sonríe, cruza en rojo, toma un speed, inclinando la lata, zapatos caros; traje de marca y bardeado con manchas: restos de comida, labial, semen, sangre, transpiración; cierra los ojos, satisfecho, al tiempo que su dios pierde un partido de play con otro dios, mucho más viejo, tanto que es joven, porque va a vivir mucho más, aprietan “restart”, y aparezco en medio de una ciudad congelada, y algo en mi interior grita, con furia: debería romper, quemar, robar, romper lo robado; un temblor y los colmillos que crecen, junto a las garras, y descubro que soy un virus, dentro de las venas de un enfermo terminal, un pelotudo optimista, que sigue leyendo, como si eso pudiera salvarlo, como si eso pudiera remediar algo, tanto que lo odio, porque necesito que me explique, que me diga, mirándome, qué estoy buscando, y justo cuando inclino el brazo, dispuesto a deshacerme de los vidrios de una escuela, llegan las pastillas, gigantes, azuladas, reptantes: tienen tentáculos y una sustancia viscosa se desprende de ellos; estoy seguro de que no pueden sentir compasión por mi, las pastillas no tuvieron infancia imaginando monstruos, así que corro, hasta que una pared de 27 metros de alto (llena de graffitis con el nombre de bandas que ya no existen) detiene mi marcha: “hola, soy un callejón sin salida”; “hola, yo soy una salida, sin callejón, y por mucho que no tenga sentido vas a amarme, como hacen todos”, le susurró ella al oído, mientras él le escribía cada una de las líneas, esforzándose por no perder la visión, por ser contado así como se encontraba: contando, y escribió que dejaba de escribir, para mirarla a los ojos,
entonces:
¿qué vio?
“¿esa línea también le pertenece?”, pregunta el detective, encendiendo hongos en su pipa, girándose, para cerciorarse de que nadie lo espía; vuelve su atención hacia vos, que estás inclinado/a sobre la hoja: las palabras se vuelven un remolino y son absorbidas por enormes pupilas que muerden tu cerebro, destrozándolo, liberándolo de sí y abrís la boca, porque estuviste los últimos tres meses masticando esos conceptos, danzando con ellos, jugando un pésimo partido de tetris, 
desencajando, 
hablás, 
solo, delante de una computadora, o con un libro, 
hablás,
y puedo robarte el alma, secarte, descuartizar tu cordura, pero no puedo escucharte, no podría adivinar, porque sos infinito, y te elevás, o yo me alejo, sin vuelo, que es lo mismo: 
uno 
de
cada
lado;
una chica, sentada en una plaza, a medianoche, levanta la vista, ve una estrella fugaz, o podría ser un cometa, o un meteorito, sea como sea, pedir un deseo nunca está de más, y pide que se mueran todos, porque necesita pruebas y sonríe, imaginándose en su cama, tapada, protegida, dulce, con mamá y papá a unos metros, también tapados, serenos, se preguntá si ya no estarán muertos después de todo, se ofende con si misma, por haber desperdiciado el deseo, se promete pedir una noche con Cobain la próxima vez; suspira, y, en la otra parte del no-mundo, un huracán se lleva la prisión de un extraterrestre que llevaba desde 1947 sin ver el exterior: se le ocurre la palabra “milagro”, porque la escuchó por ahí, porque la aprendió de tanto entrar en las mentes humanas, se le pegó, como una maldición, una fiebre, una plaga, 
“¿cuándo fue que dejé mi planeta? ¿cuándo fue que todos se volvieron desconocidos? ¿cuándo…?” 
bocinazo, interrumpe,
de pronto, en el desierto, se dibujan dos soles bajos
(el tiempo y el espacio están perdidos, tratando de no llegar tarde),
frenada,
que nunca es suficiente: 
llora,
lloro, 
llorás,
nube de polvo, 
se aleja otra buena idea, 
que seguro no es mía, ni de nadie:
estaba 
de 
paso.
Y pasará
sin disminuir,
por nada, ni por nadie,
la velociad.

laporcióndeotrocielo


LOS JARDINES QUE NUNCA VAS A CONOCER
~y florecen por vos~


Arranca el fruto, el regalo, el guiño oculto, o la pérdida, de algún despistado, la erupción de una tierra que no existe más que en el imaginario colectivo, fuerte, como las raíces que se estiran, se resisten, antes de partirse, en una explosión, como la cuerda de un instrumento desafinado, maltratado, con amor: son los ecos de la muerte, la inspiración; 
muerde, y entonces lo arrancan, para devorarlo, para convertirlo en la aventura, la anécdota, la persecución, el guardián de los monstruos, el eterno enamorado, con un arma en la mano y una lapicera en la otra, disparando con ambas, hasta caer herido, y bañar el suelo con sangre, que es savia, que llueve, que golpea tu ventana, con un ritmo desconcertante, en un código que casi entendés, que casi predecís, que casi… pero no;
y te quedas despierto, llorando sobre hojas inconclusas, sobre paisajes de mentira, y, sólo porque la naturaleza no es lo único sabio, las flores (carnívoras) aniquilan la paz de tu control, y devoran a los transeúntes que nunca describiste, se pelean con los perros que te olvidaste de mencionar y se garchan a todos esos detalles acartonados, ese decorado mediocre, esas paredes que tejiste, para jugar al científico demente, adicto a las trampas; 
se hinchan las plantas, se forma la cárcel, el vientre, el hogar, y vuelve, bañado en savia, que es sangre, y es escupido, del centro al exterior, que es el interior, 
que no es:
se abre el cielo, y se ve la porción de otro cielo, mientras se marchita la noche y el amanecer viola los pétalos, abriéndolos, con furia,
para arrancarte,
rumbo a la próxima tempestad.

profanía

20 ago. 2012


HOLA, DRAMA...


Van a profanar mi tumba, cuando sólo sea huesos, y van a usar mi calavera para invocar a ese personaje que creé borracho, el mismo que me mató, para dejar de existir, para detener el tiempo, para ganar una batalla que nadie había desatado, pero que se comía los segundos, los pasos, los mundos, por la inercia de exigirle palabras a la nada, de seguir contando, un poco más, lo suficiente, como para 
ir a dormir con una pregunta, un latido, un poco de vida, un pulso de paz. 
Mis cuencas vacías serán la cuna de papeles arrugados, de bollos inciertos, de posibilidades muertas, de universos estallados, de Apocalipsis en miniatura o infinitos, envoltorios 
(¿cuánto vamos a tardar en destruirnos, sin querer, al borrar la línea incorrecta?);
mis dientes van a ser arrancados, para dibujar la inicial del asesino, para representar el grito, el llamado, la obediencia primordial: obra/autor (y viceversa); 
van a dibujar conejos en mi cráneo, con pinceles gastados, sabios, soberanos: voy a conocer el mundo, desde cero, intuyendo el conocimiento previo, en dos niveles activado, brillante,
oscuro,
poeta,
maldito:
van a golpear la puerta y el viento va a enfriar las telas, las luces van a opacarse, como queriendo esconderse, los sonidos van a estallar, convirtiéndose en el eco de lo que representaban, hasta empezar a perderse, hasta quedar diseccionados, hasta unirse, hasta que las sílabas se escalonen y suenen en secuencia:
y quizás diga: “abrí la puerta”, 
o “yo te escribí todo este tiempo”/
“no soy real”/
“mañana todo esto será un error”/
“mañana no existe”/
“¿quién cuenta la historia de los nombres borrados?”;
vas a vengarme, y vas a ser yo, en esa noche de fuego, bautismo-chamán, cuando desperté temblando, con los ojos ya nunca iguales, desdoblados, para siempre, ciegos y expectantes, el día que descubrí la pesadilla, o la pesadilla me descubrió, cuando nos sentamos, con una hoguera separándonos, en un desierto del pasado, del futuro, interminable:
“hola, esto es el Drama”
“hola, Drama, éste soy yo”;
vas a estar en mis zapatos el día que corrí feliz, porque había dicho una mentira, porque nadie era cómplice, porque era libre, porque tenía un secreto; del mismo modo que vas a estar en mis zapatos, el séptimo día, cuando la ficción se hizo real:
“la profesora tuvo un accidente, no tenés clases”,
y vas a tener que explicar por qué no salís a festejar, por qué se te pone la piel con escamas, por qué pierden color tus mejillas, tus dientes, tu pelo, tus pupilas,
lavadas,
descubiertas,
culpable de sentirte culpable, inocente en la búsqueda de ser el perfecto espectador: 
poder comprar golosinas, disfrutarlo, tensionarme y entender, sentir una brutal empatía, reír y llorar, nunca poder predecir, aún prediciéndolo, el épico final;
vas a ser mi reflejo el día que me miré en un espejo y supe que si quería conocer lo que había a mi espalda tenía que correr, y ya no verme… Vi (vas a ver) mis dudas, genuinas, puras, de verdad: ¿y si cuando me giro mi reflejo no se gira y me ve mientras me alejo? ¿y si intenta saludarme y nunca me doy cuenta del corazón partido, los sueños frustrados?;
vas a estar sentado en ese bar, esa noche, en aquel barrio (todo lo que debería quedarse se va), y vas a mirar los rostros en las otras mesas, o en la barra, y vas a darte cuenta de que en definitiva todos podemos sentir al otro y es lo único que nos hace iguales, enteros en cada fracción de la maqueta rota, aplastada, por un capricho, pero con pasión
“Todos podemos sentirnos”,
una buena historia para contar, en tercera persona del singular, a veces disfrazada, de primera del plural;
vas a entender la importancia que tiene pararse entre mi futuro y mi perdición, vas a entender que girar el picaporte puede significar una revelación;
vas a entender que quizás sólo fui un señuelo, 
que el asesino me escribió,
para encontrarte,
y decirte
que va a dejar de escribir,
para que nadie presencie el crimen,
el más efectivo,
Vivir
Con fuerza
VIVIR.

entiendo

15 ago. 2012


Y la madrugada gana por goleada. 
Pero a mi me basta con un Sol



Llenó la copa y la deslizó por la mesa, con una sonrisa entre estúpida y sensual.
-Y pensar que en algún lugar, en alguna sesión de espiritismo, la copa está pasando de letra a letra…
La idea me resultó atractiva. Más atractiva que sus ojos, que bailaban con violencia, imposibles de seguir. Se escapaba, otra vez.
Brindamos. 
-Es injusto –dije, después de pensarlo un rato- Si no puedo ver de qué le
tra a qué letra muevo mi copa es injusto. Nunca podría saber lo que estoy diciendo… 
-Lo que vas a decir…
-Bueno, sí, eso: lo que voy a decir… ¿Qué voy a decir?
Se aproximó un poco, estudiándome, entrecerrando los ojos de pronto, como si dejara de conocerme.
-Nunca vas a saber lo que dijiste… 
-Lo que voy a decir –corregí.
-No. Ya lo dijiste. Lo dijiste mañana, cuando estés muerto… que es estar vivo, pero diferente.
-¿Diferente?
-Claro. Es estar vivo, sabiendo que dejaste de estar vivo.
Bajé la vista y jugué con mi copa, moviéndola de un lado a otro.
-Nadie nunca te puede entender, es eso, ¿no? 
-No. Siempre vas a estar emborrachándote. Como cuando te quisiste comunicar con espíritus la primera vez… ¿Te divertiste?
Recordé el temor, la euforia, la noche, las ganas de que algo se rompiera, se quebrara; de que todo, por fin, resultara contundente: el fantasma liberado.
-Sí. Fue divertido.
-¿Y cuál fue el mensaje?
Tragué saliva, pensando, con algo de punzante dolor, que yo, alguna vez, había tenia la mejor-peor idea de todas. 
-Nunca me imaginé que todo iba a cambiar…
-Pero lo sabías, ¿no?
Temblé. El vino se derramó. Me llevé el cristal a los labios, para disimular. Mi estómago se anudó, con un raro eco de felicidad.
-Sí. 
-¿Y cuál fue el mensaje? –repitió, implacable. Vació su copa. La giró: boca abajo, sobre el mantel.
(Las sombras. ¿Te diste cuenta de que las sombras son iguales en todos los hogares? Podría haber estado en cualquier lugar. Estaba en cualquier lugar)
-No sé. No tuvo sentido. Fueron letras, al azar.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, se detuvieron, por unos segundos. Mis pupilas se reflejaron en las suyas. Me hundí en mi yo reflejado y, luego de apurar el último trago, también giré mi copa. La deslicé hacia ella. 
-Nunca entendemos porque los muertos no quieren hablar con nosotros. No les interesa. Hablan entre ellos… se sienten solos.
Su copa terminó en mis manos. 
-Entonces, ¿qué dije? ¿qué digo? ¿qué voy a decir?
-Que no entendés. 
-Pero… No entiendo.
Dejamos de mirarnos. Su dedo sobre mi copa. El mío sobre la suya. 
Cerré los ojos (más sombras), respiré profundo, y, de pronto, lo sentí.
Alguien me tocaba, me empujaba, 
haciendo trampa…
Haciendo que todo, y nada, tuviera sentido.
“Entiendo…
Que no entiendo…”
Luego me preparé
para
estallar-
vaciarme-
quebrar.

dos psicóticos

13 ago. 2012


LA OLVIDADA MUERTE DEL RECUERDO
(y otros títulos pretenciosos)


El eclipse lo llenó todo, y envejecimos, tan rápido como las calles, que no tardaron en volverse una versión post-apocalíptica de si mismas. El silencio y la quietud, rostros anaranjados, saliendo de sus vehículos, deteniendo la marcha constante y circular; todas las melodías sincronizadas en un murmullo distorsionado: fragmentos de un diálogo que nunca existió, que siempre rebotó, que se destejió en las ventanillas del bondi, mientras, afuera, todo se movía, y nos movíamos, tan quietos… diálogos, que gotearon del techo, convirtiendo en pantano tu habitación, ¿recordás tu primera muerte y el vital dolor?
Y siempre fue una contraposición, como el eclipse, que todo lo llenó:
se incendió la casa del árbol, la última, y nadie escribió sobre su extinción, no hubo homenajes, llantos, emoción; la fábrica abandonada cayó, sepultando las historias de terror, ¿a cuántos fantasmas traicionamos al no entender que sólo buscaban amor? 
Los libros se fueron volando y dibujaron sombras aterradoras, sin olvidar la diversión; las botellas estallaron y el cristal dibujó las cicatrices sobre las que mentiste, alguna vez, sin sospechar que estabas roto, que eras mortal, que los héroes no mueren pero presencian muertes, lo que casi es igual; las plazas se congelaron para sobrevivir a otro final, preservando tus pasos, para que sólo perdure la curiosidad; los suicidas quedaron suspendidos, en el segundo preciso, activando la memoria del mañana, que ya no llegaría,
nunca más.
Mirar a los ojos, enfrentados, y temblar,
como si nunca hubiéramos sido más que las hormonas alteradas de dos psicóticos de buen corazón, enamorados,
como la luna
y el sol.

ouija acoplada


NO ES CASUALIDAD QUE SI  LLAMÁS A TU PROPIO TELÉFONO TE DE OCUPADO


Todos los fantasmas son yo,
expandiéndome,
desenfocado,
un poco envejecido, 
con el rostro duro y cadavérico,
la barba en amenaza,
pequeñas antenas,
susceptibles,
nervios,
atravesando mi piel,
queriendo tocar,
romper,
más,
o brillante,
como la primera vez,
con el sudor del génesis,
la sensación en las pupilas,
el grito contenido,
la furia,
feroz,
contenida:
enamorado/ afónico/ alcohol:
drogas-
saturar;
¿culpa?
¿curiosidad?
estoy agonizando, 
mientras me veo temblar,
después de la pesadilla en la que me intuí,
parado en la puerta,
con algo para decir,
demasiado emocionado como para hablar:
¿recordás el miedo 
y
la ansiedad?
empiezo a buscar,
al tiempo que me inclino sobre mi reflejo,
para susurrar
que valió la pena
y lo volvería
a
intentar:
todos mis yo son fantasmas,
el grito de otro
en
la oscuridad.

dos soles


EN EL DESIERTO NOS LLEVAMOS MEJOR 


Nos morimos 17 veces,
resucitamos, siempre sentados al Sol,
con los ojos cerrados,
pero con lentes,
para poder llevarnos algo,
un secreto que nos de ganas de compartir todo lo demás,
y nos haga sentir solos,
reflejados, 
en el cristal del otro:
¿quién nos mira,
tan unidos,
rebotando? 
¿qué bellas pupilas ríen 
en cada
funeral?

que no quede nada-


LA TRIPULACIÓN CADAVÉRICA DEL APOLO 11


Risas se escapan, 
hacia el espacio exterior, 
para bailar con asteroides,
hacerle cosquillas a las estrellas muertas que ya no brillan,
interferir los satélites,
pedirle autógrafos a los fantasmas perdidos,
saludar a la tripulación cadavérica del Apolo 11,
sorprender a la nave extraterrestre que controla nuestros sueños
y, finalmente, hacer negocios con el meteorito más viejo del lugar:
“Dale duro, y que no quede nada”.
después, como siempre,
las risas siguen su camino,
sin agotarse jamás,
encontrándose, de vez en cuando,
con risas que vienen de otros mundos, 
igual de condenados,
disfrutando de los fuegos no-artificiales,
sin conciencias que las regulen,
ni pensamientos que las aten a algún recuerdo en particular,
como si fueran la amnesia suprema,
persistente
(presente),
la prueba, irrefutable, 
de que fuimos 
(somos/seremos)
bestias libres,
resonando, 
cabalgando 
el 
infinito.

los que se murieron


INVENTAMOS CANCIONES YA ESCRITAS


Mis músicos favoritos están muertos,
pero incansablemente lúcidos,
como si nunca hubieran podido escapar de la primer lluvia que los agarró por sorpresa,
como si nunca hubieran podido rearmar el corazón,
y hubieran decidido colgar las partes,
para decorar el hogar,
y recordar,
por siempre
(eco/
eco/
eco)
que vivís donde querés vivir;
como si nunca hubieran podido desprenderse de la fascinación,
de las pupilas ajenas,
que se llenan de lágrimas,
de convicción,
de temblor,
¿a dónde van a parar las melodías desafinadas,
cuando cantas,
a los gritos,
ocultando cualquier otra voz?
¿a dónde van a parar las fantasías sonrientes,
cuando viajas,
en un bondi,
imaginando el escenario mejor?
¿nunca te pusiste a pensar que tu tema favorito no existió hasta que te quedaste afónico,
repitiéndolo?
¿cuántas veces habremos cantado lo mismo,
sin siquiera conocernos,
destruidos
en la entereza
de la pasión,
bajo un cielo nublado,
cagados de miedo
por sentir
tanto
tanto
tanto amor?
“mis músicos favoritos están muertos”,
seguro que pensaron mis músicos favoritos,
los que se murieron,
¿nunca te pusiste a pensar que lo que sigue vivo está siendo infinitamente reinventado?
así que si están realmente muertos,
¿cómo es que todavía se despiertan fascinados por la revelación,
de haber escuchado en sueños
una hermosa canción?
¿quién hace de antena?
¿quién es el transmisor?
¿y si vos y yo también estamos muertos,
suspendidos en la vibración,
(crece,
se modifica,
vuelve)
que siguió al único sonido que alguna vez existió?
“una explosión”
dice un mito,
“un grito”
digo yo,
y el silencio violento
que resultó,
ensordeciendo,
con su dolor:
mis músicos favoritos están muertos,
para poder seguir siendo el detonador
y la tentación
de matarme
cuando la sangre
se vuelve
distorsión.

big crunch

9 ago. 2012


EL PROBLEMA ES QUE MI ALMA SIEMPRE SE EQUIVOCA DE CUERPO
-resurreción tras resurección-


Me veo, 
en mi propio vómito,
salgo, 
de un salto, 
me paro frente a mi, 
me estudio con precisión,
para no olvidarme,
marearme,
ver mis ojos orbitar,
en un espacio infinito,
que me habita, sin piedad,
con violencia,
queriendo llenar,
desesperado,
quizás preguntándose cuán lejos podrá llegar,
¿hay infinito más allá del infinito?
destroza,
se hunde
¿de quién querés escapar?
¿y si sólo salieras de mi corazón
para entrar en mi corazón?
¿y si de tanto alejarte
sólo entrás?
más
más 
más
late,
en un lugar,
sin lugar,
¿cómo no perderme
si no te puedo encontrar?
soy todo:
estar
es
no-estar:
mis rutas/abismos/agujeros negros
a toda velocidad,
el camino al encuentro es el beso de bienvenida,
y la despedida final,
transcurriendo al mismo tiempo,
atrás-adelante
adelante-atrás
se quiebran los límites,
se rompen barreras, 
antes de que se puedan levantar,
el objetivo es ese punto:
vos, lejos,
un átomo de mi espiritualidad,
(una bomba
por estallar
una semilla,
por germinar)
rápido, antes de que sea tarde,
Big Bang
Big Crunch
accidente: 
¿nos vimos por casualidad?
¿habrá otra mirada
que devuelva el horror
que refleje la fatalidad?
supernova
desintegrarme
armarte en el caos
brillar
¿señala alguien hacia el cielo?
¿alguien muere en una cama de hospital?
Salgo, 
por mis ojos,
y vuelvo a vomitar.

(no del todo)

6 ago. 2012


DICEN QUE TAMPOCO VA A DURAR PARA SIEMPRE


El sol
es el ojo de la pitonisa
o la bola de cristal,
el futuro escrito,
o el futuro para adivinar, 
mintiendo, 
tratando de complacer,
“sí/ no/ claro,
disfrutá tu libertad”,
como tantas oras frase hechas,
dedicadas a cada despertar,
porque el poeta 
(brujo)
no le canta a la vida,
sino a la suerte de no haber muerto
y poder durar,
lo que dure otra jornada,
derrochando palabras:
llenarse
de
soledad,
como el sol,
que mira,
distinto,
sin poder igualar a sus hermanos,
que no tienen templos,
ni leyendas en su honor,
¿qué son para mi el resto de las estrellas?
“No sería un buen marinero, señor”
pero conozco todos los monstruos del mar,
y ellos me conocen más:
salimos a recorrer bares,
los que no quedan,
ni acá, ni allá,
los que están brillando,
para no apagar
¿voy a verte desde esas ventanas?
¿te voy a intentar saludar?
¿voy a desearte suerte
o voy a insultar?
“amo el odio que siento,
pero jamás odiaría al amor”, 
voy a cambiar la hoja, 
dibujar,
quizás un paisaje,
quizás tu andar,
quizás la peripecia,
de llegar a viejo 
y nunca parar
(¿escribe él que yo escribo
sobre su posibilidad?)
¿son los rayos
o las sombras?
¿dónde te puedo encontrar?
nos están arrebatando las pesadillas, 
mi sangre haciendo brotar,
un jardín lleno de horrores
y una hermosa
vulnerabilidad,
que parpadea trescientas veces
y nunca entiende
(no del todo)
dónde está,
enamorada del presagio más atractivo:
la historia
sin
edad.

cañerias

2 ago. 2012


UN TRIBUTO PUNK A PINK FLOYD


Dejaste,
dejamos,
de dejar,
tan absurdo como un tributo punk
a Pink Floyd,
tan enamorado, 
como para masturbarme escuchando canciones tristes,
sentir que mi esencia sale disparada,
en un violento aborto, para estrellarse, 
volverse una mancha en tu habitación:
“la casa se la dejamos barata… 
por esa mancha de ahí, ¿vió?”
ahora no vas a poder lucrar,
o vas a insultarme por el chiste,
por mi estúpida ambición
(¿hiciste todo esto… 
por esto?)
y te va a parecer tan absurdo como las promesas de no quedarme encerrado,
de salir al sol,
de encontrarme con amigos,
de hablar de modo amistoso, sin emborracharme,
de hacer buena vida,
de planificar un futuro, 
de acariciar lo que tengo sin ver un muerto
(dos,
tres,
cien):
es una mentira más,
voy a abrir las persianas, sólo para despegar,
porque si recorro los mapas,
siento que nunca estuvimos lejos,
pero olvidate de que te busqué,
busco un lugar,
que habla de los misterios,
que esconde el portal,
y quizás lo haya encontrado,
por eso busco otro,
y el túnel, 
del túnel
(del túnel)
me aleja de la superficie,
de tu punto cardinal,
como cuando en el Mario Bros te metías por las cañerías, 
¿te acordás?
¿nunca sentiste la desolación,
la nostalgia,
el horror?
“los video juegos me hacen mal”,
y vos dijiste que estaba exagerando todo, 
otra vez,
pensando en una estrategia,
una fatal combinación
(equis, círculo, cuadrado,
arriba, 
abajo)
para destruirte
y preferiste cubrirte
(siempre te cubrís apretando “atrás”)
dejando que el tiempo se agotara entre los dos,
¿en serio es tan importante ganar,
o perder,
pasar a la siguiente ronda?
¿y si te dijera que hay un modo de detener el reloj?
¿por qué no golpearnos para siempre
(que tampoco es para tanto)
en una danza ritual?
¿no te gustaría ver cómo cambian mis pasos?
¿no te gustaría verme envejecer,
pegando con menos fuerza,
más convicción,
siempre “más”,
siempre peor?
¿no te gustaría conocer mis trucos, 
cada vez más ilegales,
menos válidos,
más tontos,
como para hacerte llorar?
¿podrías morirte de risa por mí?
¿podrías
morirte
sin
preguntarte
qué te falta preguntar?

“¿qué nos falta dejar?”