que no quede nada-

13 ago. 2012


LA TRIPULACIÓN CADAVÉRICA DEL APOLO 11


Risas se escapan, 
hacia el espacio exterior, 
para bailar con asteroides,
hacerle cosquillas a las estrellas muertas que ya no brillan,
interferir los satélites,
pedirle autógrafos a los fantasmas perdidos,
saludar a la tripulación cadavérica del Apolo 11,
sorprender a la nave extraterrestre que controla nuestros sueños
y, finalmente, hacer negocios con el meteorito más viejo del lugar:
“Dale duro, y que no quede nada”.
después, como siempre,
las risas siguen su camino,
sin agotarse jamás,
encontrándose, de vez en cuando,
con risas que vienen de otros mundos, 
igual de condenados,
disfrutando de los fuegos no-artificiales,
sin conciencias que las regulen,
ni pensamientos que las aten a algún recuerdo en particular,
como si fueran la amnesia suprema,
persistente
(presente),
la prueba, irrefutable, 
de que fuimos 
(somos/seremos)
bestias libres,
resonando, 
cabalgando 
el 
infinito.

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