Entra y Sale

31 dic. 2010

EL "PUNTO G" DE LAS MADRUGADAS SIN DORMIR


[Me sentí orgulloso y guardé las armas en la mochila, seguro, convencido. Casi invencible.
Me enfrenté al resplandor, para nada oportuno, y declaré guerra, con una sonrisa sobradora.
El Sol ni se inmutó. Después de que me quedé ciego, de tanto mirarlo, me recordó que yo, vos, él, todos, sólo somos prisioneros de una guerra mucho más grande pero de la que nadie sabe nada. Somos parte de la negociación, somos el chantaje, la trola de turno para soldados cansados.
Descubrí que todo lo que tenía eran armas de agua y granadas de plástico, llenas de confites. 
No hay caso, cada vez que como helado en Navidad se muere una parte de mi. 
Quiero ser nieve.]



[Me persiguen los muertos de las navidades ausentes, de las tragedias absurdas, de los suicidios que no pretendían ser suicidios, porque a veces eso pasa. Me persiguen para gritarme en el oído y darme una jaqueca horrenda, porque ningún muerto necesita ayuda, todos quieren llamar la atención, romper las pelotas, no dejar ninguna enseñanza, dar un buen susto, emborracharse y que pague otro, fastidiar por pura envidia.
No se detienen JAMÁS.
Los muertos no son tan distintos de los vivos.
Y me estoy cansando.]



‎[Lo único que importa es eso que nunca te enseñaron, eso que nunca heredaste, eso que encontraste debajo de la cama, todo arrugado, feo. Eso que capaz ni siquiera es tuyo. 
Lo único que importa es ese instante chiquito, cuando las ventanas abiertas de ayer y las puertas cerradas de mañana te importaron un huevo.
Lo único que importa es la sonrisa que nadie pudo sacarte jamás, ni siquiera esa piba de remera de los Ramones que tampoco pudo causarte, cuando le metió el dedo en el culo a tu corazón, esas incontrolables ganas de llorar.
Todo lo que importa es la soledad, la madrugada, la Nada.
La Nada hablándote. 
Primero aprendés a escucharla, después encontrás el modo de comunicarte. 
Finalmente la comunicación se hace fluida.
Que se curtan todos.]

***

[Que no se vaya lo lejano, que necesito estar lejos.]





[Cerca, de lejos]

28 dic. 2010

LO PRIMERO QUE SE TE VENGA A LA MENTE
(Fragmento de LOS MÚSICOS MUEREN SIN QUERER)



Ningún momento es el momento y ningún lugar es el lugar, porque todo momento es el momento y todo lugar es el lugar y lo único que se necesita es un poco de convicción: el resto es perdida en abundancia.
Ahora, ya, acá.
Y tu cara que se derrite, porque lo único que me acuerdo es de vos quemando unas fotos y mi cara es igual de terrible, porque mis ojos no tienen sentido y no hay coherencia en la distribución de mi rostro. Somos muy extraños cuando no estamos engañados, pero al pedo que intente decírtelo.
Las canciones se repiten y hoy me río, después me deprimo, después ya no quiero escuchar y prefiero dejar de sentir, porque si acumulo sería una cosa triste… quisiera no tener que ahorrar para seguir. Vivir de lo que hay en mis manos, por una vez. Y para siempre. Para Nunca.
Y todo lo que está cerca se aleja, porque cualquier contacto sería una farsa, es la hora de entender que nada es transmisible, solo el sentimiento de incompatibilidad, que se reproduce y es la constante, porque no hay enlace posible, somos errores, sin una tecla que diga “Hogar”, sólo la creencia virtual de la independencia.
Y todo lo que está lejos, más cerca. Vomito sobre mis zapatillas gastadas. Me como el vómito. Es una rueda, en algún punto dejamos de subir… Después el dejá vù de seguir viviendo.
Y yo, que siempre sentí tanto miedo, ahora estoy en medio de una luz demasiado oscura, con huevos; me la banco, sin tener ganas de bancarla, deseando que alguien me recompense, sabiendo que lo hago por las pocas personas que jamás me recompensarían. Estoy solo.
Una y otra vez.
Distante de algo que parece que fue hace un minuto, porque hay cosas que siempre son un minuto atrás. Pero el espejo se empeña en romper, en cortar, en lastimarme, porque si mi cara es otra ellos son otros.
¿Ellos se miran al espejo?
Me desarmé de nostalgia, no puedo ser nada, sólo palabras que hablen de mi. La metáfora no puede existir en un corazón que hierve de poesía, sería abusivo.
El teléfono.
Sería fácil, rompería el hechizo, me sacaría de la tristeza absoluta, pero volvería soportable mi vida. Volverse soportable es girar, nunca avanzar.
Necesito avanzar, quiero ver un poco más allá.
Y llegué hasta acá por traicionar las razones que me dieron impulso, porque era lo apropiado, porque todo lo que es sano y sincero debería abogar por su autodestrucción.
Pero… ¿Y ahora? ¿El puntapié?
Tengo ganas de desmayarme… En el vértigo del espacio sin tiempo.
Bienvenidos.
Mi personaje va a llamarse como yo.

Literatura Matemática

24 dic. 2010

CUANDO SE ABURRE, SOPLA


Es una tarde ventosa… Seguro debes conocer alguna… Esas tardes tan grises que duele mirar y que todo es un video clip, en cámara lenta, con el flashback constante quemando el cerebro en intermitencias que son balas en la cien de la cordura, que se enferma, se abraza las rodillas y pide basta, pide no más nostalgia.
Una tarde así dicen que los animales enterrados aúllan, en alguna danza ritual que ninguno de nosotros nunca jamás va a descifrar. Hay tantas cosas que jamás vamos a saber, que estamos destinados a ignorar: tanto instinto desperdiciado por morder el anzuelo. Que trampa tan horrible y genial (como tus palabras sobre una vida mejor, ¿te acordás?).
Es una tarde ventosa y con eso deberías entender todo. No me tendría que molestar en decirte lo demás, en mentirte con metáforas que yo no siento, que sólo son el reflejo de lo que querría decir, y lo que quiero decir sólo tiene una ecuación posible: Es una tarde ventosa.
([ES] + [UNA] + [TARDE] + [VENTOSA]
Las matemáticas de la literatura, porque la literatura no es perfecta y exige una respuesta que se traduce en un intento más, fallido, de tratar de decir lo que no es en si, para arruinarlo un poco, volverlo inconcluso, exigente en consecuencia, parte de la cadena… Quitamos libertad a la realidad. Somos los represores innatos del Universo. Nacimos policías, castradores, villanos.
-Rati puto… -te gritan.
BANCATELA.
Es una tarde ventosa, lo que significa que todo se mueve, que todo se quiere ir, que todo se va. Todo menos yo, que me aferro a algo, que no sé si es un recuerdo o una esperanza de futuro. Pero el viento dice que el futuro es el presente, que lo único venidero son los días que pasaron, porque para adelante no va nadie, excepto esos que no vuelven, porque todo tiene un precio y a veces te venden caro el medicamento.
-¿Querés la inyección? Empezá a hurgar en tus bolsillos.
Es una tarde ventosa y yo me acuerdo de algo que seguro no es lo que te acordás vos, pero que seguro es lo mismo, porque cada segundo es parte de la misma historia y cambiamos los personajes para jugar a la diversidad y no entendernos nunca (nunca, nunca) y perdernos en senderos que ni escribimos… Y acribillarnos el alma, por un reproche que no tiene sentido porque el bosque va a ser siempre bosque y tarde o temprano uno de los dos se iba a distraer lo suficiente como para distanciarse del otro, porque necesitamos que sea especial y lo dividimos, lo rompemos, arruinando de por vida la Sincronía Eterna, la Empatía por excelencia. El salto iniciático al Gran Error, a lo mejor de  lo peor: la horrible inestabilidad de estallar en sentimientos encontrados, una y otra vez.
Sé tu fisura o no seas (serás) nada.
Es una tarde ventosa y no puedo pensar en nada pero me estoy hundiendo como nunca y no pienso en todo eso que nunca pienso, para negarme dos veces y aceptar algo en el camino, de puro rebote: “A la persona que más extraño, cada día tengo menos ganas de verla…”
Es una tarde ventosa y no sé si le pifié de disco o puse el tema correcto, si lo premedité, si lo sabía o si me salió sin querer. El viento nos está quitando algo. Nos está dejando piel y huesos, fósiles de esta farsa de Mundo, resortes, pedacitos insípidos pero significantes de toda una civilización perdida.
Se nos va, me alborota el pelo, me enfría la cotidianidad, la linealidad.
Es una tarde ventosa, mi amigo, y para mañana estarás a unos cuantos kilómetros más lejos.
Más lejos de casa.
Más lejos de mi.
Sigo en la plaza, soportando, en el mismo banco. Tan igual que nunca voy a volver a ser el mismo.
Es una tarde ventosa.

Cerebro Fuego

23 dic. 2010

EL VERANO NO ES BUENA ÉPOCA
PARA BORRACHOS


‎[Demasiadas miradas, demasiadas pretensiones, tristezas, alegrías, signos de pregunta. Demasiadas pupilas, y necesito tan poco.]


‎[Inventé un programa de radio en mi cabeza, para escucharte presentar todos esos temas que me hacen bien de tanto hacerme mal y sintonicé, sin querer, el costado más oscuro de tu ausencia. Ahora todo es intermitencia, chistes berretas y quejas al pedo. Ahora es una radio tomada por extraterrestres, que amenazan con llevarse mi cama, con comerme los libros, con meterme hormigas en el cerebro. Mi cabeza es la antena para toda la locura que te llevó a decirme, bajo la lluvia, aquella tarde donde no había ni un solo perro dando vueltas por la calle:
-Este Mundo no es tuyo ni mío.
Interferencia. Interferencia. Interferencia.
A veces parece que pedís auxilio, a veces ese es mi eco y me despierto gritando en el baño, abrazado a algún fantasma, que no me entiende, que me mira con lástima. A veces son risas que me gustan, pero rápido se hacen histeria y me jode imaginarte (recordarte) rompiendo mis discos.
A veces es un ruido negro, pero los extraterrestres están atrás, con sus dedos largos, examinando, diseccionando mis pensamientos, buscando la parte débil, el reflejo de mi mejor amigo, la sonrisa de mamá, el único día que río.
Interferencia. 
Todo el tiempo es Interferencia. Canciones ya no.]


***

[Quizás el tipo que hoy me vendió el diario, el viejo que paseaba el perro, la señora que me miró con desconfianza, mi mejor amigo en su nueva casa, diciendo que aún podíamos tener una comiquería juntos, mi novia cansada, sacándose las zapatillas mientras me sonríe, la película que no termine de ver por estar drogado, el perro que rompía mi basura cuando salí a pasear a MI perra, la banda que me apuñala por la espalda, con traición, mientras escribo estas líneas, el hombre que hoy me dio la mano y no me miró a los ojos, mi papá reconociéndome que era infeliz, el chico que me vio pasar y se escondió detrás del árbol, la mujer que pasó llorando, con paso lento, el gordo de camisa a cuadrillé y pantalones casi hasta el pecho que la vio pasar y luego me miró con horrenda compasión y complicidad, los dos viejos que se abrazaron en la esquina y me hicieron pensar en mi de viejo, el colectivo gris repleto de gente transpirada, derritiéndose, dejando de ser humanos, la rata rabiosa que se escondió bajo una persiana, el enano que compraba en el quiosco, mi vecino, que se comporta como un soldado encubierto que sólo desea robarme información, para vendérsela a alguna raza extraterrestres, sin lugar a dudas… Los extraterrestres, todo el Universo… quizás.
El que me preguntó la hora, el que me recomendó el jarabe para la tos, el hijo de puta que me contrató pero no me dio un peso, la piba buena onda que me dijo que lo que yo escribía estaba bueno, el que me vendió las empanadas de carne que olían a empanadas de otra cosa, el escritor de mi libro preferido. Mi libro preferido.
Quizás todos ellos.
Quizás no existieron.]


***

[Intentó convencerse de que aquella sería la última vez. Intentó ser valiente dentro de esa habitación, llena de animales muertos, que la miraban desde la pesada oscuridad con ojos de acrílico que estallaban de ganas de poder sentir, llorar, tanta desesperación.
Intentó desarmar su propio engranaje, poniendo en riesgo su vida, sabiendo que un mal movimiento podía dejarla sin música, sin memoria, sin lo único que tenía: la tristeza, amarga, pero propia.
Intentó saltar al vacío, vencer el hastío de sus articulaciones, ya quebradas hacía demasiado (desde siempre). Intento gritar, parpadear, resoplar.
Creyó que su existencia era horrible. No supo lo que era llevar una existencia horrible hasta que pasaron doce años y terminó en una caja, olvidada en un sótano embrujado, haciendo compañía a cantantes desaparecidos y escritores que nadie, jamás, volvería a leer. 
Su ropa se llenó de moho, de olor a tierra húmeda, de arañas pequeñas. Su virginidad fue violentada por larvas blancas y viscosas que nunca conocerían el Sol. Se llenó de cicatrices hoscas.
Fue olvidada, entre olvidados, y dejó de sentirse especial. A tal punto que nunca volvió a intentar nada.
Tres años después un niño la encontró y lloró, espantado. 
Estaba viva, por fin.]


***

•Hay un Universo cargado de espacios vacíos y cada segundo es la contradicción latente del pasado luminoso y multicolor que no deja de transformarse en una historia, cada día más bella, cada día más especial, ajena. Es probable que esta historia la haya leído alguna vez, en mi cama, y hoy la extrañe. Es probable que haya enloquecido, muy de chico, enfermo de imaginación y tristeza y ahora sólo sea párrafos sueltos, dementes, de un diario esquizo y sin sentido. Es probable que siga leyendo. Es probable que no quiera despertarme.•


***

BONUS TRACK: 
NAVIDAD y PANTALONES DE CUERO


[Unas cuantas notas musicales polvorientas cayeron sobre su cabeza. Estornudó, salió de la habitación a las puteadas, sacudiéndose, y se dirigió al baño, donde lo esperaba el fantasma de un rockero muerto.
-Si para esta navidad no te matás vas a arruinarle la vida a un montón de personas…
El pibe, que estaba por cumplir 27, se recostó sobre la pared y se quedó con la vista fija en la aparición, con un serio debate interno: no sabía si ponerse a gritar o pedir un autógrafo. 
-Mi primer novia estaba enamorada de vos… Cuando garchamos por primera vez sonaba “La Balada del Señor Oscuro”… Creo que ella pensaba en tus pantalones de cuero…
-El día que me caí del décimo piso estaba en pleno viaje de pepa… Mientras caía, en alguna dimensión alucinógena, me estaba garchando a una piba que jamás había visto en mi vida… Capaz que era ella, tenía el pelo…
-Pará, pará… -el pibe frunció el entrecejo-. ¿Te caíste del décimo piso? ¿No te suicidaste?
-¡Ni en pedo! Estaba en mi mejor momento, me sentía bien… -el rockero se rascó la entrepierna-. Es decir, me sentía todos los días mal, pero bien… No me hubiera matado…
-Wow… Creo que Violeta no hubiera estado tan enamorada de vos si hubiera sabido que todo fue un accidente…
El rockero lo interrumpió con un gesto.
-No creo que haya sido un accidente… Hay cosas que uno no quiere hacer pero son inevitables… Si te encontrás con vos algo te encuentra… Y es jodido tomar las riendas… A mi se me escapó todo…
-Violeta decía que lo mejor de vos era tu determinación para acabar con la mierda de estar vivo…
La sonrisa del rockero se amplió. No se reflejaba en el espejo mugroso y la luz amarillenta lo atravesaba en varios sitios. Era muy alto.
-Bueno, sí… Yo era inspirador… -se aclaró la garganta y de pronto perdió la magia de su voz grave-: ¿Está buena esa tal Violeta? ¿Sabés si sigue enganchada con lo mío?
El pibe bajó la vista.
-Se suicidó…
De pronto una brisa fría movió las cortinas y las toallas del baño.
-Uh… Qué cagada… Perdón…
-No, está bien… Supongo que no está bueno tener héroes…
-No, la verdad que no…
Se quedaron un rato en silencio, hasta que el rockero se despidió, anunciando que debía hacer otras visitas.
El pibe se quedó ahí, pensando en canciones que ya no sonaban, en auriculares que había roto, en guitarras que dolerían para siempre. Tarareó una melodía que no conocía pero que le resultó bastante buena. Se sintió algo mejor y se quedó dormido. 
Al otro día la melodía ya no estaba en su cabeza, pero las palabras del cantante muerto sí.
-Lo peor es que nadie va a terminar pensando que yo tenía convicciones. Van a pensar que fue un accidente –se dijo. 
Todo se pierde.]

 ‎[Mi soledad se escapa con vos y me deja extrañando, demasiado acompañado.]


[Final]

17 dic. 2010

MEMORIA CAUSAL 
-El Huracán que mató a la Mariposa-



-El efecto es lo que produce la causa... -me dijo ella, un rato antes de desmayarse, orgullosa.
La recosté en el sillón y, a pesar de que el sueño me había hincado los dientes, abrí un cómic y me puse a leer, echándole miradas esporádicas. Tantas historias de rockeros que mueren atragantados con su propio vómito hacen que uno se ponga un poco paranoico.
Afuera seguían las explosiones, los gritos, los aullidos. Había tapado las ventanas, para evitar ese violeta enfermizo y permanente. Finalmente el Sol había estallado y no habíamos muerto. Qué tragedia.
Leí hasta que me dio sed. Fui hasta la heladera y destapé el último vino. Cuando me giré ella estaba parada en el umbral.
-¿Sabés por qué tengo un sueño tan profundo?
-Porque sos una borracha...
-No... Si tomo es porque mis sueños son horribles... Volviste a errar el punto...
Le di un trago a la botella, me recosté contra la pared y casi aplasto a una cucaracha con el hombro. Había cucarachas por todos lados... habían salido a la superficie, estaban histéricas, locas, fuera de si. Creo que estaban ofendidas… Siempre se dijo que iban a ser las sobrevivientes por excelencia… Y allí estábamos nosotros, una raza tan inútil, dándoles pelea. Dios no tiene palabra.
-A ver.... ¿Y por qué tenés el sueño tan profundo?
-Porque las pesadillas mantienen vivo al Mundo... Así que tengo que dormir, pero tengo que olvidarme lo que sueño, así que tengo que tomar… y cuando tomo sueño más que nunca, porque caigo redonda…
Esbozó una sonrisa enorme y me arrebató la botella.
-Hey, ya tomaste bastante…
-No… Nunca es bastante si tenés que lidiar con el Autor…
-¿El Autor?
-Sí, el Autor… -se limpió la boca con el antebrazo-. Es un niño pequeño, con un importante retraso mental… Vive asustado, está escondido en una caja de cartón… Es insaciable…
Le saqué el vino y la observé extrañado.
-Deberías dejar de consentirlo…
-No…
-¿Tanto te interesa esta mierda?
-No es eso… Es que me cae bien… El Universo es retroalimentación… El huracán que mantiene en vuelo a la mariposa, la mariposa que desata un huracán… Esas cosas…
Pensé en aquello y me dieron náuseas. Recordé el día de la Gran Explosión… Muchos se mostraron consternados: “¿Cómo pudo ser que nadie pudo predecirlo?”. Para mi no fue tan dramático: estaba acostumbrado a que los profetas de turno fueran un fiasco.  Además, si los señores de los radares y satélites le erraban al pronóstico de una tormenta, ¿cómo podíamos esperar que imaginaran lo que iba a pasar en no sé cuántos millones de kilómetros?
-Son pavadas… Lo único que existe es una brisa constante, sin principio ni final…
-Es lo que intentaba decirte… -forcejeamos por la botella, hasta que consiguió sacármela, derramando un poco del preciado líquido en el piso-. Imbécil testarudo…
Nos miramos con fuerza, realmente enojados. Si las calles no hubieran sido caos absoluto me hubiera ido dando un portazo, porque siempre arreglo así las cosas: camino hasta que me olvido que estaba enojado.
-¿Por qué sobrevivimos?
-Porque estábamos unidos…
Bajé la vista y vi que una cucaracha se aproximaba. La aplasté, sin piedad, y la estrujé con saña. Luego levanté el pie: el cadáver destrozado dibujada un corazón deforme en la madera gastada. Recordé las tardes en la terraza, hablando de sacarle los ojos a los tarados de los noticieros, soñando con la Navidad en la que todo terminara, imaginando las nubes, el polvo, el desierto...
-Si no vamos a morir juntos ya nada tiene sentido…
De pronto sus ojos se abrieron de par en par.
-Esteban…
El vértigo creció. Vi que las cucarachas salían de detrás de la mesada, de detrás de la cocina, de detrás de los marcos de las ventanas tapiadas.
-Capaz que esta vez sos vos la que está errando el punto… Capaz que estamos unidos sólo porque sobrevivimos…
Me di vuelta, sintiendo un escozor en los ojos, para evitar su mirada tan cargada de incomprensión.
-Esteban…
Y acto seguido, el ruido de la botella estrellándose en el piso. Se había desmayado, de nuevo. Pero ya no me preocupé por ver si se ahogaba en sueños. Las cucarachas iban a devorarla, era evidente. Iban a vengarse por mi acto violento contra una de ellas. Era una batalla encarnizada por ver quién se hacía con el poder… Y los daños colaterales son la esencia de ese tipo de batallas.
Iban a matarla por mi culpa.
-Que se joda… No puede haberse vuelto amiga del Autor…
Me tiré en el sillón y seguí leyendo, conciente de que aquella casa terminaría siendo mi tumba, que había regalado mi muerte por haber confiado en el mal final. Me sentí horrible.
Antes de llegar al final de la historia (no sé que hora era: sin Sol ya no había tiempo) tiré el libro muy lejos y me puse a llorar, desconsolado… Las tardes que ya no volverían, la culpa, la vergüenza, los desconocidos que tarde o temprano se encontrarían con mi cadáver, sin saber nada de mi y me inventarían algún final digno, porque siempre pensamos en los finales dignos, para consolarnos. 
Me dieron ganas de meterme en una caja y quedarme ahí. No es divertido contarse el futuro. Las historias son más lindas cuando alguien te las cuenta. Por más que sean historias de terror.

[TragiComedia]

15 dic. 2010

ALGUIEN VOMITÓ EN EL FLORERO
-Hay fiesta en casa y no me invitaron-




[Salí vestido de insectos y me encontré desnudo en medio de una tormenta de arena que cayó sobre vos… Y yo ni sé por qué te abrazaba.
¿Y ahora quién va a querer tenerme entre sus brazos?
Y no me encuentro con el pasado, que se disfrazó de payaso y se subió al auto más ridículo de todos: uno que no gasta combustible pero te lleva más lejos que ninguno. El pasado no es funcional y es lo más sano que podés consumir… Qué cagada que te arruine la vida y te rompa la dieta y te moje la poesía de frases gastadas y los ojos de otras miradas… Qué cagada que se vuelva armonía, cuando querés desafinar. Nadie quiere ser perfecto y no hay una luz al final del túnel si todos los tóxicos me ofrecen una única alternativa.
-¿A dónde vamos mañana?
-A la concha de tu hermana…
Y le sonreí a la sonrisa de aquella piba (vos) que me guiñó un ojo y me robó lo que llevaba en el bolsillo izquierdo, pensando que no me había dado cuenta. Tan fácil jugar al chico ofendido, tan fácil no decir nada y bailar sobre tu tumba. Qué fácil olvidarte… Y todo para que te dibujes en el espejo retrovisor, como una imagen perpetua, mientras el hijo de puta burlón se me escapa más y más, por mucho que pise el acelerador.
Se matan las moscas, los mosquitos, contra el parabrisas. Alguien debe morir por la causa.
Estás a mis espaldas, al tiempo que corro a tu encuentro, con afán de destruirte, porque las rutas son lugares salvajes y sos vos o soy yo, pero jamás (ya no) los dos en un mismo carril.]

***

 ‎[Creo que cuando llegaste no te dije “hola” y apenas te miré (aunque me alcanzó para ver que te habías puesto la remera esa tan horrible que te queda tan bien). No sé si fue que preferiste no hablarme o que ignoré lo que me dijiste. Me acuerdo que me puse a gritar: peleaba, de nuevo, contra los fantasmas. Arma de turno: la escoba, mucho mejor que cuando quise combatirlos con el desodorante de ambiente y terminé con los ojos irritados por casi una semana. Sé que los fantasmas no son tu culpa pero si están ahí me desespero y nunca te digo que me hace bien que estés cerca, que tengo miedo, pero es así… Paso todo un día extrañándote y después no soy capaz de darte la bienvenida. 
Alejaste de mi todo lo que podía romperse y te fuiste, a hacer tus cosas, a reír, mirando unas revistas… Me molesta que no te des cuenta de todos estos fantasmas… Pero creo que sólo me molesta porque quiero llamar tu atención, porque me gusta esa sonrisa y quiero causarla yo, aunque no hago nada para merecerla. 
Me caí rendido, exhausto, mucho después. Qué triunfo idiota… y así y todo tenías un regalo para mi, en la mochila, guardado debajo de todo el peso de tu día. Los ojos se me cerraban y no llegué a decirte que me sentía muy mal.
Ahora dormís. Empieza otro día. Yo ya estoy transpirado, despeinado, mirándote fijo, observando tu paz. Me gustaría despertarte, para hablar, antes de irme, pero no sería justo… Pienso en que cuando te vuelva a ver, a la noche, voy a regalarte algún momento especial. Pienso eso y me olvido de los fantasmas, aunque sé que vendrán. 
Me da miedo transformarme en uno de ellos algún día y que cuando abras los ojos me veas y te pongas a gritar, porque ya no me conozcas.
Espero que no suceda. No quiero que suceda.]

***


[Soy la rajadura de tu pared, por donde salen las cucarachas, las arañas, los escorpiones que te pican y no te dejan dormir, que se te meten por los oídos y te besan la cien y te susurran en la nariz para darte pesadillas de parques de diversiones cerrados, escuelas que se derrumban, hospitales abandonados, casas con cementerios en el sótano.
Soy la rajadura de tu pared por dónde espías cuando los sueños turbios se acabaron y el Sol está bien alto, violentando tus cortinas. Soy la rajadura de tu pared, por la que mirás cuando te sentís sola, en medio de un sitio tan limpio, tan decente, con tanto olor a shampoo de manzana, sin arañas, sin cucarachas, sin escorpiones.
Soy la imperfección que necesitás para que nada se derrumbe.]


*** 


‎[Agarré el martillo que armé con los veranos en los que mi habitación fue una heladera y rompí todas las paredes, para dejar al descubierto a esos duendes rompe pelotas que todo el tiempo están susurrando, cuando vos querés que haya silencio... te llenan la cabeza de palabras sueltas, que no dicen nada, pero que se te enroscan al cuello y no te das ni cuenta y después salís a comprar el pan y el panadero te mira raro, como si fueras un cara de pija... Y ahí siempre caés, tarde, con bronca: "Lo hicieron de nuevo…". Y volvés por la sombra, rápido, para ya no cruzarte con nadie... Y para sacarte toda la mugre le escribís una carta a Papá Noel, llena de mentiras y huevadas, porque eras un nene de bien, tan inocente, tan boludón... 
"Papá Noel, quiero un martillo..."
Pero el martillo nunca aparecía. Y de los Reyes mejor ni hablar, porque son tres drogones que vuelan en camello y tienen un fetiche serio con los zapatos... Que se curtan si piensan que voy a dejar mi único par de zapas para que las huelan unos pervertidos del orto.
Lo bueno es que el martillo por fin llegó, porque cuando te das cuenta que todos están para darte lo que quieren y no lo que necesitás, agarrás tus pedazos rotos, los escondidos y les das forma... 
Yo hice un martillo. MI martillo. No es un martillo lindo, para nada, pero es mucho mejor que esos regalos al pedo (aunque extraño algunos muñecos, esos de súper héroes, súper articulados).
Quince años esperando el momento. 
Qué cagada que atrás de las paredes sólo hubiera cables, unos cuantos caños y nada más. 
Ahora estoy en problemas de verdad.
Y no tengo luz.]

***

[Quiero hablarte de mis amigos… Quiero contarte que a veces los extraño, que me arrepiento de no haberlos acompañado, pero que no reniego de mi viaje, que me dejó lejos de un destino compartido… Quiero contarte de la primera vez que probé drogas, de la vez que aposté con una piba para ver quién tomaba más vino y terminé vomitando… Quiero hablarte de la tarde en que soñé con un hada y me desperté al palo, quiero que sepas la historia de mi familia, que no es especial pero siempre me deja pensando. Quiero hablarte de esa noche en la que apenas podía mantenerme en pie, en una playa, junto a la chica de mis sueños… Quiero hablarte de lo asqueroso que fue el colegio y quiero mentirte en cada detalle, sin maldad, sólo para adornar la historia. Quiero hablarte de fantasmas, porque una vez vi uno. Quiero serte sincero al límite para descubrir qué cosa estoy diciendo y que me duela, justo cuando vos te rías. Quiero ser una comedia de mi y quiero que seas el público. Quiero invitarte a pasar una Navidad conmigo y decirte que extraño algo pero no sé bien qué… Quiero recibir un abrazo que primero me recuerde al hogar y me mate de melancolía, a tal punto de que te odie, por ocupar el lugar que no es tuyo, pero que luego tome identidad propia y haga que empiece a preparar mi despedida, con alegría, porque si lo logro también vas a ser, en algún momento, una parte de todo esa tontería que es mi vida, tan cargada de cosas y a veces tan vacía de personas.
Quiero que entiendas lo que digo cuando digo las cosas que me callo.
Quiero que choquemos un vaso de cerveza, entre risas, y que sin darnos cuenta destapemos la cuarta botella, para terminar hablando o discutiendo de alguna peli que seguro no vi. Quiero hablarte de conejos y de viajes en el tiempo, porque soy un obsesivo. Quiero que me digas que estás enamorada de alguien y que llames llorando de la ansiedad y así sentir que confiás en mí. Quiero que un día que mi novia se enoje conmigo me invites al cine y me calmes un poco y me hagas entrar en razón. Quiero que me ayudes y que me presientas, porque a veces no aviso lo que necesito y me enojo si no me lo dan.
Quiero prestarte un libro, dos cómics y algunos discos pirateados… Quiero que hagas lo mismo.
Quiero que me odies un poco, que te mueras conmigo, que te arrepientas, que me entierres, que siempre se te haga nudo la garganta cuando pienses en mí. Que estés tentada, años después, a mandarme un mensaje. Que compartamos vida.
Quiero que me des comunión y una charla secreta, que me escuches cuando esté a los gritos, indignado, porque miré el noticiero. Quiero que me des un mal consejo cuando esté desesperado por no saber cómo concluir un cuento… y quiero que pongas cara de que me conocés mucho cuando te haga caso pero no admita que fue idea tuya.
Quiero que no me mires con la cara que todos miran cuando no me miran a los ojos.
Quiero ser tu mejor amigo.
Si no es intenso, es una mierda.]

***

[Pensalo así: Si el RAID contra cucarachas funcionara, a la larga, las cucarachas dejarían de existir y ya nadie compraría RAID. Por lo tanto el RAID es una mentira.
Ahora pensalo así: Capaz que cuando decía RAID estaba queriendo hablar de la policía y de toda esas cosas que si realmente resultaran deberían abogar por su propia desaparición. Cuánta estafa… ¡NADIE QUIERE DESAPARECER! ¡TODOS TE QUIEREN EXTERMINAR, PORQUE LA ÚNICA CUCARACHA SOS VOS! ¡SÍ, VOS! ¡VOS VAS A DESAPARECER! El RAID va a seguir ahí, en las estanterías de los supermercados de lujo, vendiendo la tranquilidad, ayudándote contra la plaga.

Cuando te vuelvan a decir paranoico ignoralos. Son todos unos ilusos.]

Liebre, Tortuga y drogas

14 dic. 2010

[ROM][PE][CA][BE][ZAS]





Mi Guía espiritual, en forma de Tortuga gigante, parado sobre sus patas traseras, me observó con detenimiento y luego exclamó, con una voz que me recordó a la de mi mejor amigo, que había muerto en un accidente de tránsito hacía unos tres años:
—La velocidad es la variable que separa la realidad de una alucinación…
Como siempre que mi Guía espiritual hablaba sentí que entendía el mensaje de  modo muy completo... Tuve ganas de llamar a alguien (a quien fuera) para gritar con entusiasmo un montón de cosas… Paisajes cargados de colores intensos, sonidos lejanos pero concisos. Un fósil del futuro que brillaba bajo la Luna de un desierto que respiraba profundo. El corazón del Mundo, cansado, envejecido, pero vivo. Agonizante, pero resistente…
“El Mundo es valiente”, me dije.
A la vez supe que todo aquello de la velocidad no significaba nada, podía ser cualquier cosa, no era certeza, no era respuesta, no era epifanía. Era otra angustia, otra foto para mirar a la madrugada, más cenizas esparcidas en la mesa ya gastada por los golpes nerviosos de mis dedos, un sahumerio mal oliente que llenaba la casa con una energía de mierda. Era el eco de mis pasos circulares en el patio, atrapado, enjaulado.
“Me está hablando una tortuga, ¿qué puedo esperar?”, me dije, desconsolado. Otro pensamiento, veloz: “¿Qué estoy haciendo? Mañana tengo que levantarme temprano, tengo que ir al trabajo…”.
Me dejé caer de espaldas, directo al sillón, me hundí. Miré a la Tortuga, dolido.
—Hijo de puta… Así no va… Si seguimos así nunca vamos a llegar a ningún lado… Odio las drogas.
La tortuga me sonrió, se encogió de hombros y no sé de dónde sacó un enorme porro. Lo prendió, con concentración sabia.
“Claro”, me dije, “Me está hablando una tortuga…”.
Eso era todo lo importante… Las líneas que seguían eran injustificadas, no podían sostenerse si la premisa de apertura se daba por sentada.
El mañana volvió a desaparecer de mi cabeza, se evaporó, para dejar la ausencia temporal, el presente vacío. Volví al agujero negro de mis pupilas dilatadas.
—La velocidad es la variable que separa la realidad de una alucinación…
Y de pronto ya no estaba en el sillón, estaba sobre el lomo de un enorme Conejo. La habitación no estaba, mi Guía se había largado. Me aferré fuerte al pelaje blanco, justo al tiempo que el gran bicho orejudo empezaba a saltar, moviéndose con rapidez.
Cerré los ojos, sentí el aire en el rostro.
—No vamos a perder esta carrera… —soltó, desafiante.
Cuando me animé a ver vislumbré los árboles que se volvían manchones borrosos a nuestros costados.
—Nos vamos a hacer mierda…
—No si logramos llegar al Fin del Principio Absoluto…
—¿Lo qué?
Y lo ví… Salimos del bosque y la meta quedó expuesta, sublime: era un precipicio. El precipicio, la caída definitiva, el Fin del Mundo, el cementerio de los Arco Iris.
Me aferré con más fuerza, le dediqué una puteada sincera a mi maestra de primer grado.
—Vamos a lograrlo… No vamos a perder esta carrera…
—La… Velocidad… Es… La… Variable… Que…
Pero no pude seguir. Saltamos. Y sólo pude gritar, con todas mis fuerzas, desgarrando la garganta, lastimando los oídos de la piba que nunca dejó de estar enamorada de mi, los oídos de mamá y papá…
“Cuánta gente que nos quiere, nos espera, y no conoce nada de nosotros… Cuántas cosas que no somos…”.
Nos abrazó el negro, el violeta, las estrellas… Me separé del Conejo enorme, que giró sobre si mismo y me sonrió triunfante, mientras caíamos… Luego me guiñó un ojo y explotó, cubriendo al Universo Primario de mariposas albinas que se abalanzaron sobre mí, juguetonas… Estallaban como burbujas si las tocaba y eso me llenó de una tristeza abrumadora. Lloré en la inmensidad, que es desolador e intenso... La conciencia del dolor que nadie nunca podrá conocer es bella: no hay testigos para nuestra esencia.
Lloré hasta que me dolió y las lágrimas fueron arena. Los ojos se hicieron sangre y no tardé nada en dejar de estar en el Infinito para quedar atrapado en un Reloj de Arena Ancestral. Me escurrí, la arena se multiplicó, se me metió en la boca, me ahogué… Fluí. Caí, sin poder evitarlo. Reboté, de un lado a otro, atravesé el centro más de un millón de veces.
“Esto no va a detenerse jamás… El reloj va a seguir girando aún cuando no haya Tiempo…”.
Y entonces, capaz que para contradecirme, quizás para darme la razón, el reloj estalló y todo se volvió fragmentos de cristal. Todo se hizo añicos, TODO.
—Armalo.
La voz venía de norte, sur, este, oeste.
“¿Armalo?”.
Me fijé en los pedazos de vidrio que flotaban a mi lado.
—Si no lo armo, yo también podría romperme… —le dije a la Nada.
—Por fin nos entendemos…
Respiré profundo. Me concentré.
Y lo armé.

Negrura.
La sensación, en la boca del estómago, de estar moviéndome.
Algo frío bajo mis dedos, vértigo.
Abrí los ojos y lo primero que vi fue mi mano: estaba estirada, delante de mí. Estaba posada sobre el parabrisas. Me giré de inmediato.
Estaba en el asiento de acompañante de un auto que reconocí al toque. La Tortuga (mi Guía) estaba a mi lado, manejando, los ojos achinados. A nuestro alrededor noche profunda, ruta.
—Dale, armalo…
En mi mano libre sostenía un liyo sin cerrar con una gran cantidad de marihuana en su interior.
Extrañado, sin dejar de caer (aún no), saqué mi mano del parabrisas y obedecí.
(Mientras pasaba la lengua por el pegamento mi vista se topo con el velocímetro, cuya aguja buscaba besar, ansiosa, los números más altos)
Me quedó un buen cigarro: un poco deforme, pero digno.
—Me gusta tu forma de Tortuga…
Mi Guía me observó.
—¿Qué decis? —sonrió—. Estás re puesto…
Iba a decirle que no estaba puesto… Pero entoncés vi que las luces del auto sacaban un destelló en algo que estaba a unos metros. Entendí. No es que estuviera puesto: estaba del orto. Mal.
—¡FRENÁ!
—¿Qué?
—¡Tirate a banquina y FRENÁ!
—Pará, tranquilizate…
—¡FRENÁ TORTUGA PUTA!
La Tortuga prendió las balizas y, echándome miradas de confusión, disminuyó la velocidad y se hizo a un lado.
Inmediatamente un auto nos pasó.
—¿Qué carajo te pasa?
—Callate y mirá…
Unos cuantos metros adelante un conejo blanco (el destello) saltó de la oscuridad a la ruta. El vehículo que acababa de pasarnos tiró un volantazo para esquivarlo, en vano, pisó la grava del costado, perdió el control (se escuchó un chirrido) y se estrelló con fuerza contra un árbol. El parabrisas estalló.
La Tortuga y yo nos habíamos llevado la mano a la boca, los ojos como platos. El conejo se había transformado en una mancha oscura sobre el asfalto: tripas, sesos, sangre… La cabeza se había desprendido del cuerpo y los ojos muertos me observaban.
—Mierda… ¿Cómo sabías qué…?
—La velocidad es la variable que separa la realidad de una alucinación…
—Me empezás a asustar…
Sonreí… Me fijé en el auto destrozado, pensé en el conductor sin vida. No pude sentir compasión. Estaba feliz. Saqué un encendedor y prendí el porro.
—Pude llegar a tiempo… Ahora tu voz ya no me recuerda a alguien que no está…
—Yo tampoco hubiera tenido los reflejos para esquivarlo… —susurró mi acompañante. Miró el faso, con temor—. Esa poronga podría habernos matado…
La Tortuga comenzaba a deshacerse: empezaba a convertirse en un rostro familiar. Levanté el cigarro frente a sus ojos.
—Esto nos salvó la vida…
Empecé a reírme a carcajadas, sin poder evitarlo, mientras un humo espeso comenzaba a cubrir el accidente. Me reí hasta que recordé algo. Entonces me puse muy serio.
—¿Qué pasa? —preguntó mi mejor amigo, que sostenía la vista en el frente, en un estado de semi shock.
—Me acabo de dar cuenta de que en tres años voy a tener un laburo de mierda…
Di una larga pitada.
Ese día, como todos, fue el principio del Futuro.

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