tudiarioimpersonal

13 ene. 2013


UN MAL TÍTULO MÁS


Escribo, temblando, sentado en el banco de la plaza de la última vez, esa plaza que esconde una pregunta que ya me olvidé, una a la que respondiste sin mirarme a los ojos, pero real,
real en otro mundo
en otro tiempo,
en una dimensión en la que nos perteneció el patio del colegio, el primer recital, el baño lleno de drogas ajenas, monstruos que, por mucho que se esforzaron, nunca te pudieron imaginar: “loco, sos un mal flash”;
real en el capítulo 52 de un libro que te tiene como protagonista indiscutida y que, según cuenta la leyenda, jamás se escribió (pero duerme en la biblioteca del barrio, y lo sabés mejor que yo: “es un secreto: ahora vienen por vos”);
real en una anécdota afiebrada, dolorosa, quizás mentira, quizás verdad, de esas que no se cuentan, que se escapan, con nostalgia y sorpresa, porque no existen hasta que inventamos la memoria: “me olvidé
de
recordar”;
real en una poesía llena de metáforas forras que hoy me hacen sentir más eficaz, que mañana voy a intentar des-andar, fascinado, que ayer me hicieron, al no ser, tan igual: “pará… ¿era tuya la risa detrás del portal?”;
real en una canción que imaginé como banda sonora, arruinados al sol, después de tanto gritar, convencidos en cada nota, sin la trampa- belleza de narrar,
de explicar
de llenar/ llevar/ llegar
de eternizar:
bailando:
REAL
“escribo, temblando”
es lo que dice
cuando no te pienso
en tu diario personal.

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