puedocambiar(tuvida)

18 ene. 2013


EN CÁMARA RÁPIDA Y PARA ATRÁS


No se necesita mucho,
quizás un auto viejo
en un estacionamiento con palmeras,
algo que desafíe el discurso del tiempo
y el espacio,
mirar por la vidriera
y sentir la burbuja,
tan frágil
intensa
y viva,
condensando los colores en reflejos
aislando y sometiendo;
quizás el mismo perro,
repetido,
en cada esquina,
en el juego de fingirse otro,
distraído,
rompiendo una bolsa de basura,
ladrando a los autos,
-suicida 
en 
velocidad-,
oliendo el culo
de otro perro,
poniendo una maquiavélica expresión de tristeza
para recibir las caricias
de una minita
de la que podría haberme enamorado
de tener mejor corazón
(yo)
hasta que descubre
(él)
que te diste cuenta,
y guiña un ojo
y lo dejas de ver
porque a veces el error es un error
y a veces es un mensaje
y por mucho que estés más cerca
descubrís que hay una cortina,
transparente,
que nunca se corre
(ni se va a correr);
quizás un niño
bloqueando tu camino
en el pasillo de un supermercado,
desafiante,
haciendo que tiemblen las botellas
que se vuelva lejano oeste el instante
la vista muy fija,
desenfocada,
tanto que quizás no lo estés viendo
o no te vean,
el capricho furioso
de: "lo hago porque puedo",
o la conspiración latente:
"podemos salvarte
a menos que
nos salves",
la trampa que sostiene con vida
la incertidumbre
de nunca saber si cuando fui chico
miré tan directo a los ojos
a un tipo de barba
tan drogado
separados por unos centímetros
que podrían desdoblar al mundo
y dejar de ser
conciencia-espectador
perder la trama
para verlas todas
perdiendo el consuelo 
de
volver:
romper las cervezas
correr
acercarse y hablar
pedir ayuda
asesinar;
un proyeccionista pasado de merca
cambiando mil carreteles
en perfecta sincronía
y en la pantalla,
imperturbable,
ese pequeño,
estirar la mano
y 
tocar;
quizás un graffiti 
que dialogue con otro graffiti
que se luce,
solitario,
en la otra punta de la ciudad;
quizás las poesías inconclusas de los baños
porque todos los borrachos con fibrones
forman a un único escritor
y
quién sabe
si no sos vos;
quizás el mensaje codificado
en las poses de yoga
de esa rubia
en esa plaza:
¿cómo concentrarme en la lectura
si se adivina
una ajustada
tanga?;
quizás el disco
estallando en los auriculares
nombrando la calle que atravesás
la calle que tiene mi nombre
sin que sospeches que tu vida
puedo
cambiar;
quizás unas enfermizas líneas
que hablan de lo poco que se necesita
transformando la lista de compras
en la mejor
de las
mercancías:
la magia
jamás
está dividida.

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