veinti-7

3 may. 2012

EL ENCENDEDOR BLANCO DE LAS ESTRELLAS DE ROCK



Necesito el disco que contenga la melodía, con la que vamos a destrozarnos, en la coreografía que sea epílogo, 
con agradecimientos,
dedicatoria
y final;
quiero saberme los pasos, brillar, recibir los aplausos del show 
(los fuegos artificiales)
recibir a la luna, las estrellas
y cada constelación,
y dejar al público maravillado,
o dejar las sillas vacías, 
aún más solitarias,
en ese anfiteatro secreto, en el patio de la casa secreta,
la que encontramos sin querer
(con el pensamiento)
esa noche que nos dispusimos a corromper:
Toda pared
Es
Mi pared.
(no existe más LEY)
Así que deseo asimilar los pasos,
volverlos partes de mi,
estar bailando
cuando nadie lo sospeche,
lucirme
la noche sin premios
la celebración sin celebración.

Necesito subir el volumen, conmoverme y entender:
que llorabas antes de conocerme,
que esperabas,
que no sospechabas,
que me hiciste real,
invocándome,
mientras practicabas una danza
en tu habitación, 
de ojos cerrados 
y deseo
a disposición.

Necesito rastrear a los músicos, para convertir en leyenda,
una historia más,
la que vamos a contarnos, en la primera cita, 
cuando hablar del mundo no está mal,
cuando todo sucede lejos, 
cuando los sonidos llegan puros,
pero gastados,
tapados,
amortiguados,
cuando aún no nos desvelamos, buscando el origen de todo lo que fue soñar,
sin desvelo,
con la delicadeza de flotar:
flotar
flotar
y flotar.

Necesito la certeza de una continuidad predecible, que me sorprenda
sin ser aleatoria,
sí, dramática,
entera
imposible de imaginar,
de otro modo
y siempre tentado
a inventar
el modo de cambiarlo,
el pasado,
tu historia,
y lo que siga, que venga detrás.

Necesito necesitar la duda,
la sonrisa que adivina, 
el no dejarse engañar, 
ansioso por gritar,
por la madrugada,
cuando rompa el silencio
el tema oculto,
el bonus track.

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