Convincente

31 mar. 2011

LA VIDA VIENE CON EL SONIDO DESFASADO


Me cruzo a un nene chiquito que me dice que de grande va a ser un “mostro” y yo le digo que le deseo suerte y por querer mentir una risa me caigo a un pozo y me recibe el Señor de las personas que viven abajo de la ciudad.
Es un tipo viejito, muy viejito, como tu abuelo pero más. Más encorvado, más flaco, más vulnerable. Más bueno.
“Por favor”, me dice, “No le digas que la vida es triste. No le digas. Lo va a saber tarde o temprano”.
Me dan ganas de llorar, me acuerdo de papá y mamá, que seguro no me querían triste. Ojalá no se preocupen de más. Ojalá no los haya defraudado.
El viejo agrega:
“Si abrís la boca te meto el bastón en el orto, ¿se entiende?”.
Y sí, se entiende.
“Vas a ser un buen mostro…”.
El niño me mirá un rato, con desconfianza. No bajo la mirada.
Finalmente sonríe.
Yo sigo desapareciendo… Muy de a poco, pero de modo convincente.

***

Gira mi personaje y me quedo en la desnudez del fracaso etílico, solo, contemplando la fiebre que brota de mi, que me hace de fuego, que me quema, que me la banco.
Reboto hasta llegar al teléfono y marco sin mirar, tapándome los ojos.
Atienden:
-Todo lo que llega lejos deja de existir.
-¿Está Matías? –pregunto, sin dejarme intimidar.
Me dan un número. Me cortan.
Yo marco rápido, antes de perderlo.
Ahí es cuando atendés vos.
Ahí es cuando yo no digo nada.
Ahí es cuando nos encontramos y nos tomamos una cerveza en el medio de mi silencio acosador, tan patético y ridículo. Ahí nos ponemos al día. Me contás tus cosas, te exagero las mías… para que asientas con felicidad, porque me va bien, porque te quiero inspirar.
Nos encontramos hasta que amenazás con llamar a la policía, hasta que proponés que me vaya a la concha de mi hermana.
Cuando vuelvo en mi el teléfono aúlla de modo intermitente en mi mano. Corto, me levanto, me lavo la cara, me peino mejor, me prometo no tomar más por un tiempo largo. Empiezo a esperar la llamada que voy a dejar sin contestar.
Quieto, muy quieto. Tan quieto que voy a llegar lejos.

***

Para sus vecinos más cercanos Clementina es una pobre mujer que quedó sola de un modo muy injusto, que qué mal que está el mundo, que quién sabe cuánto más va a soportar en esa casa tan grande.
Para los más chicos es una bruja, para los adolescentes está loca; para las otras mujeres de su edad es una cajetuda soberbia.
“Me da lástima que ni siquiera venga a las reuniones del club social”, dicen, con una mueca de tristeza tan artificial como los dientes que la conforman.
Para los médicos Clementina es una oportunidad, para los farmacéuticos una fortuna, para el cartero una dirección difícil a la que llegar, para sus parientes una llamada obligatoria por mes. Para los comerciantes locales Clementina es un dolor de huevos: no ve muy bien y siempre cuenta muchas veces las monedas pequeñas.
Para un tipo que vive muy lejos Clementina es un sueño: la mujer de la que estuvo perdidamente enamorado, el mejor polvo (se levanta con erecciones flojas en su honor), TODO. Allí Clementina no envejece, pero muere cien veces por día.
(alguien que conoce los secretos de Clementina, en este momento, tiene un escalofrío)
Clementina, para los que no la conocen, es, simplemente, otra vieja de mierda. Era una vieja de mierda para vos, hasta hace un rato. Ahora es la promesa de una buena historia. 
Para ser sinceros, Clementina no existía en este plano hasta hace unas líneas, cuando, de modo espontáneo, se hizo presente.
Clementina es un germen, un concepto, un prototipo. Clementina es un virus, porque ya está en tu cabeza. No vas a tardar, quieras o no, en conocerla profundamente: y esa historia no te la voy a contar yo.
Quizás Clementina se transforme en la abuela que siempre quisiste tener. Quizás se transforme en la imagen más recurrente de tus pesadillas, en el cheque en blanco para tu psicólogo, que va a exprimir tus ojeras, tu rechazo repentino por las señoras mayores.
Clementina, ya liberada (gracias, hiciste un buen trabajo) avanza hacia vos. Podés ir a su encuentro. O empezar a correr.

Cagaste

28 mar. 2011

HOY, CAMINO AL TRABAJO, VI UN CUERVO

"No importa lo rápido que viaje la luz, siempre se encuentra con que la oscuridad ha llegado antes y la está esperando." (T. Pratchett)



Avanzan héroes flacos por caminos oscuros, de tierra seca, con árboles desnudos, rocas sucias, pájaros de mala suerte.
Un dios viejo cae, en cámara lenta, tapando la luz del Sol a medida que avanza. Y va a caer sobre vos y sobre mi y sobre el ejército de esqueletos andantes.
La estrella que siempre marcó el rumbo de los precursores ahora es un agujero negro y el Universo mismo parece una trampa.
“¿Sabés qué? YO NO EXISTÍA”.
Hay escombros, porque en un tiempo intenté cambiar algo. Hay unos cuantos ángeles robando en la esquina, buscando heroína en los bolsillos ajenos. Hay un demonio que te mira triste y te dice que él te había dicho, que si le pifiaste es porque quisiste, que sos muy egoísta… y se poné a llorar. Le robaste el Infierno… ¿te sentís mejor?
El Jefe del Sueño tiene un insomnio mortal y va a jugar solitarios hasta el final.
Hoy es mi funeral, una vez más.

***

El detective paranoico, pasado de merca, dijo que el crimen que no estaba investigando era el que iba a suceder en el momento en el que él dejara de prestar atención, lo que lo convertía, de modo absoluto, en cómplice de su propia muerte, que no sólo lo comprometía matándolo sino que dejándolo sin trabajo: Sabido es que un hombre puede no tener vida, pero SIEMPRE debe tener trabajo.
El detective escribió: “Lo que no pasó me está matando”. Después miró por la ventana ya cerrada, trabada con el perchero. “Me están espiando. Estoy seguro”.
No encontró pistas, porque el crimen, desde el momento de haber sido planeado como algo a suceder y no sucedido, ya era un crimen perfecto. Inevitable, impredecible. Injusto y oportuno.
Una minita con algunas palabras mal conjugadas le dijo que se cuidara, que nunca había estado equivocado, que llevaban años buscándolo.
Confirmadas las sospechas se compró un espejo para mirar sobre su espalda, lentes negros para no parecer él y un collar con el nombre de otro, por las dudas, porque capaz que servía.
La última vez que tocó su diario expresó: “Uno se mantiene ligado a la realidad concebida por la mayoría siempre y cuando preste atención a la fantasía universal más recurrente en ese momento dado. Si te quedás afuera, cagaste.”
Unos días después ya no estaba en su habitación, ya no dejaba mensajes de voz, asustado, ya no soñaba con la piba que le había batido la posta, ya no se sentaba en un bar, con sobretodo largo, en pleno verano, para pensar… para pensar sobre cosas que escribía en una servilleta que después prendía fuego.
Nunca resolvió ningún misterio. Los misterios lo resolvieron a él.

***

Me parece que nunca tuve la oportunidad de tirar dados que no estuvieran cargados, de jugar al truco sin cartas marcadas, de desafiarte en una pelea grosa en la play sin que me desenchufaras el joystick a último momento.
Creo que nunca me dejaste terminar de contar el cuento, que me desafinabas  a propósito la guitarra, aunque hoy digas que no, que fue sin querer, como cuando me rompías la punta de los lápices y me escondías el saca puntas.
Creo que la peli que vimos el otro día no terminaba donde me dijiste… Creo que seguía y que por eso la sacaste tan apurada.
Estoy empezando a sospechar que el Ratón Pérez sí que vino, pero me robaste la plata… Y claro que Papá Noel no existe. Lo mataste vos, ¿no? 
Creo que ahora, subido a la mesa del casino, con este lanzallamas en mano, borracho hasta la médula, con los cuerpos carbonizados a mi alrededor, regalando lo que me pertenece aunque todos te enseñan que acumular es la posta… creo que ahora te veo mejor.
Me parece que tenés miedo.

Funeralcidio

23 mar. 2011

EL DÍA QUE LOS ACCIDENTES FUERON ASESINADOS


Nunca leo el diario, pero me entero, por el tipo que está sentado a mi lado, un tipo con sobretodo largo, un parche en el ojo izquierdo y sonrisa triste, que en Wilde hubo un asesinato. Me pierdo los detalles, porque el movimiento no me deja concentrarme. Me da ganas de vomitar.
Me volteo hacia la ventana, justo para ver a mi mejor amigo, que está en una esquina, llorando, sentado en el cordón. Acaricia a un animal enorme, blanco, mezcla de perro y dragón que me resulta familiar. Me doy cuenta, por la extraña contorsión de su cuerpo, que está muerto. Lo atropellaron.
Pienso en bajar y consolar a mi amigo, pero llego a la conclusión de que sería una pésima idea.
“Si transformás en funeral la desilusión, inherente en la esencia de la fantasía, aniquilás la posibilidad de que alguien se encargue de revivir a tus muertos”.
Él nunca me fallo. Yo le fallo. Yo fallo.
Le deseo suerte, en silencio.
Me asusto, quiero tomar revancha, tiemblo. Apoyo mi mano sobre el vidrio; el colectivo acelera. La realidad es eso: una mano sobre un vidrio, luego movimiento.
Me giro para preguntarle al tipo del parche si lo que se mueve es el bondi o el Mundo… Pero ya no está. Sobre su asiento sigue el diario y, sobre el mismo, un caleidoscopio.
Lo agarro con naturalidad: sé que no es mio, pero me pertenece.
De pronto estoy cansado, sé que voy a llegar tarde. Sé que van a felicitarme por llegar tarde. Sé que  todos esperan que llegue tarde. Sé que todos los presentes son extras (suicidas pasivos); sé que el chofer es un músico famoso ya muerto.
Me doy cuenta de que extraño al extraño del sobretodo: él parecia real.
Todos los relojes se detienen. Sí, porque no me basta con tener mi reloj sin pilas.
Es entonces cuando el colectivo choca contra algo; algo grande; algo que aulla de dolor. El juguete hippie se me clava en el ojo y de un momento a otro ya no soy.
Mañana van a encontrar mi cuerpo y el titular dirá HOMICIDIO.
Van a empezar las historias. O la historia. Esa que no termina.                           
Me rio del chiste del que seguro se va a acordar mi mejor amigo cuando deje de llorar. Ese chiste que salió en la contratapa del diario que jamás se va a escribir.

***
intertextualidad

Todo el Tiempo

20 mar. 2011

TAN EQUIVOCADO QUE TIENE RAZÓN
("A veces llegas tarde")


La mitad de los graffitis que ves por la calle son de bandas que ya no existen, cuyos miembros murieron o envejecieron lo suficiente como para recordar que alguna vez, en una época remota, tuvieron una banda.
La otra mitad de graffitis corresponden a propaganda política, de tipos que están muy vivos y que saben muy bien qué es lo que quieren.
No quedan dudas: el Mundo no cambió y la ciudad está tan muerta como el punk.


***

Desde donde estoy te tapa una columna, así que no puedo verte. No puedo ver tus manos temblando, porque estás nerviosa; no puedo ver tus pasos desesperados, encapsulados; no puedo ver tus pupilas desorbitadas, rebotando. No puedo ver tu impaciencia, porque aunque no te veo sé que estás esperando algo. O a alguien. 
Todos estamos esperando algo o a alguien. Todo el tiempo.
Aunque no te veo sé que no estoy solo.
A veces imagino la horrible posibilidad de que en realidad no estés ahí, pero entonces me digo que eso sería una idiotez, porque si no estarías entonces yo no estaría mirando la columna. Porque la columna no es nada por si sola. La columna es la imposibilidad de conocerte.
Quizás yo, desde donde estoy, soy la columna de alguien. O quizás me tapa alguna columna. 
En realidad siempre estamos cerca, pero lejos. Y nos presentimos, pero no nos vemos.
Es cuestión de perspectivas.


***

Y la verdad es que no hay mucho que decir cuando te enchufan un megáfono delante de las narices, para que metas la pata, para que digas que sí y todos entiendan no.
La verdad es que no hay nada que agregar si te mencionan que todos cambian y resulta que todos cambian, sí.
La verdad es que no hay mucho para hacer si descubro que mis sospechas no eran infundadas, que no me equivoqué, que esa no fue una llamada equivocada, que no llegaste tarde por culpa del colectivo, que se rompió.
La verdad es que no hay a dónde ir, porque si las profecías se cumplieron mil ojos llueven hoy, y me escuchan mientras meo y aplauden mis ratos de lucidez, se ríen de cuando bailo borracho, se enojan cuando me masturbo tres o cuatros veces seguidas. Me miran, sin reprimirme, pero atándome de pupilas y me pesa y mejor me hago pasar por un velador, pero ellos saben que soy yo y esperan. Siempre esperan. La paciencia mata. La paciencia ajena mata.
La verdad es que no hay nada que esperar si en la terminal se acabaron los pasajes y si te quedaste sin subir mejor te armas un refugio y soportas, porque el micro no va a volver a buscarte. A veces llegas tarde y es la última vez que llegas tarde.
Y antes, cuando no me creías, cuando todo era posibilidad, había mucho que decir, mucho que agregar, mucho que hacer, mucho sitio a donde ir.
Ahora me das la razón.
Y yo no quería tener razón.


***

Mirá... Este de acá soy yo... Ésta, sos vos. 
Lo del medio... Bueno, lo del medio no sé qué es.

1.2.3.4.

18 mar. 2011

EYACULACIÓN PRECOZ
‎"Las varitas mágicas dejalas para los magos balas: yo te convierto un ramo de flores en un condensador de flujo y sin decir trabalenguas en el proceso".



Las computadoras no lo sienten, por mucho que se llenen de mensajes que te dan esperanzas: tu foto tocándote la pija ya tiene cuatrocientos comentarios.

Los celulares no lo sienten, por más que te desvele el casi incomprensible mensaje de tu ex: “t odio. t xtrño bcha”.

Las radios no lo sienten, por mucho que te haga compañía ese pastor buena onda que dice que todos somos iguales y que atiende a su audiencia empastillada y desesperada con consejos tan pero tan pajeros.
Las teles no lo sienten, por más que todos lloren y pongan caras y miren tan tristes. Ellos no son vos.
Tampoco intentes abrazar a la heladera que es muy frígida, ni al microondas, que te calienta pero te deja con ganas, ni al aire acondicionado, que te alivia pero te rompe el culo con la boleta.
Mejor no abraces a nada ni a nadie. Mejor salí al patio.
La noche sí lo siente.
Quedate solo, que es el mejor modo de estar acompañado. Callate. Escuchá.
Después hablamos.
O no.


***

Alguien escribió una pesadilla, para que la madrugada menos esperada te despiertes, transpirado, con la fiebre del mal recuerdo y corras hasta el baño, te encierres, agitado, y claves tu vista en el espejo, buscándote, preguntando.

(vas a recordar esa mañana en el patio del colegio, solo, pensando en estar en casa, sin tanta gente alrededor, con la certeza triste y feliz de que siempre vas a sentirte mal cuando estés acompañado)

Alguien diseñó al peor monstruo de todos, para que se te congele la carne entre las sábanas, para que no puedas prender la luz, para que agudices el oído, hasta que duela, y esperes los pasos inevitables; el susurro inminente.
(vas a escuchar a tu viejo diciendo que de grande tenés que elegir con criterio, que todos quieren lo mejor para vos, que esperan que seas un tipo de bien, que siempre hay que ayudar al otro, que todo este lugar está lleno de cosas peligrosas)
Alguien arruinó tu infancia con un extraterrestre de mentira, un hombre lobo de cartón, una momia dibujada y una bruja de maquillaje corrido.
Alguien filmó una peli de muertos vivos.
Alguien confía en que el Mundo sigue siendo inocente.
Ojalá yo sea como ese alguien.


***

‎[La verdad, mejor perderme que encontrarme, porque si me encuentro me pongo a perderme, después de darme un abrazo de bienvenida; así que no perdamos tiempo y dejemos de volver sólo para jugar a que está todo controlado, porque la posta es que se me va de las manos y no me pienso quedar parado, viendo como se va lo que nunca vino.]

***

Noche de tierra, de fuego, sin aire, llena de agua que no alimenta. Es carencia, es ausencia, es líquido que se va bajo la puerta. Puerta que se queda cerrada, gritos desde el interior. El interior es vos, la sangre soy yo, la puerta era la plaza. Capaz que entendiste el chiste tarde, capaz que nunca te dije lo que pensaba, capaz que no nos conocimos hasta que fuimos cómplices del crimen, cuando me guiñaste un ojo, borracha, cuando yo dije, sonriendo, super drogado, que eras demasiado rara. 

Y los libros quedaron de tu lado, porque yo quería darte mi Mundo, que está lleno de villanos mal maquillados, que no tienen poderes, pero que están locos, locos, locos. Locos, como cuando rompimos los vidrios, cuando nos metimos en esa casa que no era nuestra, cuando robamos en el negocio de la vieja de mierda. 

De mi lado no hay nada, hay tierra seca, hay un Sol que se muere, una Luna que rebota, una canción repetida, que suena mal. Es la peor versión posible, como la que te vendí, como la que compraste, dejándote engañar, porque te quedaba cómodo, porque era más simple, porque reclamar algo más digno era un laburo zarpado y los trámites no son lo tuyo.
Ahora hay dos y cada uno será más, porque nos dividimos todo el tiempo, hasta que dejamos de rastrearnos, hasta que unir pijas no te lleva a ninguna argolla conocida. Vamos a estar a una noche de distancia, sin compartir las estrellas. 
Dos noches.
Tres noches.
Noche de tierra.

Malos Presagios

13 mar. 2011

Un graffiti en la pared del vecino


Es muy flaco, lleva ropa negra y el pelo le cae sobre la cara. Tan pálido que hipnotiza; no se le ven los ojos. Lleva un tatuaje: una especie de hoja en blanco.
-Es un tatuaje raro –digo, más que nada para escuchar mi voz, para sentirme un poco más seguro. No es que tenga miedo, pero todo a nuestro alrededor es verde, verde y verde. Verde vértigo.
-Raro sería tatuarse cualquier otra cosa… -mantiene la cabeza al frente, expectante. Olfatea. Está sentado, los codos sobre las rodillas. Una leve brisa mueve el césped apenas crecido. El cielo tan oscuro como su pelo-. Una hoja vacía es lo único que existió siempre. Este sueño se está escribiendo sobre una hoja que era totalmente blanca hasta que cerraste los ojos.
-¿De dónde salen tantas hojas vacías? –digo después de un rato. En realidad quiero preguntar otra cosa, pero es eso lo que sale. No está mal.
-No vienen de ningún lado. Creamos hojas en blanco para subsistir, para violentarlas… Un pedazo de piedra o de tela, la piel de un muerto, un árbol, una pared, el banco de la parada del bondi que esperás a medianoche, el pupitre de un aula aburrida y embrujada… Está todo ahí, para que lo arruinemos.
-Suena divertido.
De pronto parece ausente.
-Sería divertido si no escribiéramos siempre lo mismo.
-Y… ¿qué escribimos?
Relámpagos en el horizonte.
-Siempre es un corazón, con dos iniciales dentro. ¿Qué cagada, no?
-Si…
Me acuerdo de todas las cartas que mandé. Me doy cuenta de que pocas veces recibí alguna. Pienso en que mañana voy a escribir esto y estaré siendo dos veces violento. O tres.
La tormenta se cierra sobre nosotros. Los rayos dibujan cicatrices silenciosas.
“El cielo está triste porque alguien lo acribilló”. Es una reflexión muy maricona. Es lo que hay.
-¿Sabés? El Multiverso está por colapsar. Lo siento. Posta. ¿Vos lo sentís? –respira profundo.
Presiento que, no hace mucho, lloró. Sé, inmediatamente, que yo no soy el culpable de sus anteriores lágrimas, que viene de otro lado, de otra hoja en blanco.
Otra reflexión, menos maricona pero igual de tibia: “Todos somos la misma historia”.
-Sí, lo siento –respondo-. Es electricidad. Creo que ya no voy a conocer a nadie… Al menos no de verdad. Ya no voy a tener un amigo como el que tuve a los trece.
-¿Eso significa que vas a dejar de hacer corazones en el respaldo de la cama? –interroga, esperanzado.
Lo pienso un rato.
-No, no creo que signifique eso. Mientras conserve mi navaja voy a aseguir escrachando la madera.
Sonríe. Extrañamente sonríe.
-La misma navaja con la que acribillamos al cielo…
Tengo un déjà vu.
-¿Va a llover? –pregunto.
-Cada vez que llueve es porque alguien está escribiendo una historia… Llueve cada vez que alguien se garcha la hoja vacía.
No se escuchan insectos, no hay olor a humedad.
-¿Entonces?
-Sí, va a llover.
Se gira. Veo su rostro completo. Sus ojos están en blanco.
-Estoy harto de éste trabajo –suelta.
-Éste es el mejor trabajo del Mundo –respondo.
Caen las primeras gotas. Es tiempo presente, primera persona, que en realidad nunca es “yo”, que en realidad nunca es “ahora”.
Tengo un tatuaje, una navaja gastada y otro déjà vu.

Yo Soy Vos

10 mar. 2011

NADA COMBINA CON NADA


Es arena la calle y es invierno tu voz, que se queda congelada, como esperando que alguien la derrita, pero disculpame: me voy. Que se yo. Me voy.
Yo no tengo alma y a vos te sobran buenas intenciones, entonces alguien se equivoco de puerta y capaz que digo: “Pase”, cuando debería decir: “Ocupado”. Pero no creo que sea para tanto, no es cuestión de que me dejés sentado en el cordón, esperando un bondi que no sé a dónde me lleva.
¿No ves que no puedo mantenerme en pie?
Es crayón todo el cielo mal pintado y me parece que te debo las estrellas, porque no veo ninguna, por mucho que me digan que mi futuro está escrito. Es un final poco convincente, sí, seguro.
Ponele “play”, que a mi me cae bien y no te confundas, porque si canto es porque me gusta, no porque te entienda. Y digo “Otra”, cuando capaz era: “Paso”.
 Además, ponele, si no lo uso se gasta. Y si le pongo moneditas se me muere. Fijate.
Es cartón toda esa calle desierta y para mi es el videoclip que me imaginé de pibe. Todo vacío, todos escuchando. Cada momento puede ser mágico, pero si te doy una flor queda re feo. Mejor me río con vos y que salga lo que sea.
Es arena. Y nada combina con nada.

***

Me dejás con las sílabas huérfanas y no sé qué chiste te estaba contando: soy el comediante frustrado, con amnesia de último momento, en el show más visto, pasando vergüenza delante de mamá, de mi profesor, de vos.
Soy un pedazo de excusa que no sirve para remediar tanto error acumulado. Soy parecido, pero no. Soy la luz que se prende en mitad de la proyección, soy el cable que se vislumbra, rompiendo la ilusión.
“Nadie puede volar, te lo dije”.
Me dejás con las sílabas muertas y no me acuerdo a quién le rezo, a quién soborno con plegarias chupa pija con tal de conseguir un poco de cordura nocturna, para no tener que perseguir pecados que no cometo, asesinando inocencias con desgano.
Soy la confesión más insolente, soy la prueba contundente de que nadie escucha cuando hablamos a la cruz. Soy parte de la mentira, orgulloso.
Me dejás con las sílabas tuertas y no termino de contarte mi historia, que empieza con “Había una vez” y termina muy parecido, que tiene un montón de villanos pero sólo un héroe, lisiado.
Soy la silla de ruedas en la que agoniza el hombre más poderoso del Mundo; soy la cosquilla vulnerable del tipo que jamás se ríe; la media rota del más elegante; la “h” desubicada del premio Nobel de literatura; el placar entreabierto de tu hermano mayor, que nunca le temió a la oscuridad; el tomatazo acertado, en el concierto acertado; la muerte exagerada en la obra de teatro; la mariposa muerta en el patio del colegio; la tiza rota de la profesora de matemáticas, que siempre venía despeinada y era muy joven y lloraba a escondidas.
Soy el peluche poco fiel de los niños que no quieren dormir solos; la lamparita que falla cuando llegas tarde; la pila que se agota, justo en el viaje más largo.
Soy la certeza de que las cosas pueden salir mal.
Me dejás con las silabas secas, y me ahogo en la impaciencia, que se extiende, se hace río, se hace mar, se vaporiza, te llueve.
Y yo soy vos, cuando no querés ser vos.
Y te dejo con las sílabas prestadas, para que lo hagas mejor.

La Mascota está suelta

8 mar. 2011

SOBRE VACÍOS y EXCAVACIONES PROFUNDAS


La mascota está suelta y la cucha ahora es la casita embrujada, la mansión de las perversiones sin nombre.
Yo te pido un secreto y te regalo un gato negro, un perro rabioso, un pajarito con taquicardia, que recita un discurso de Charly Manson, pero al revés.
Yo te espió desde la ventana, porque tarde o temprano vas a mostrarme quién sos, a quién ocultás detrás de los párpados, que están llenos de películas que yo no vi… Hay demasiados películas para ver, ¿qué te hizo pensar que justo íbamos a ver las mismas?
(“A veces pasa”, decís. Yo no te respondo, porque capaz me estás tomando el pelo. Capaz que no. Vos no sabrías decírmelo).
Yo te escribo una carta, pero siempre y cuando prometas estar el veintiuno de Diciembre en la terraza, porque voy a pasar a visitarte y sería muy frustrante quedarme solo cuando todo sea nada.
Alguien dijo que podía ser hoy: el de la barba le pifió, el borracho que no agarra un número en la quiniela tuvo su racha de suerte. 
El veintidós vamos a fumarnos una resaca terrible.
Yo te regalo mis drogas, para que saltes, para que se te mueva la cabeza muy rápido, para que leas un diccionario en una hora y descubras una teoría sobre por qué los domingos a la mañana siempre tienen olor a tierra mojada. Yo te doy todo mi licor con tal de que vomites no muy lejos mío, para que pueda tenerte el pelo y sientas que te ayudé.
Yo te encapsulo mis pensamientos y metételos dónde mejor te parezca, para que nadie los robe, pero que mueras en el intento. 
Yo te repito las palabras de ayer, aunque no sé si ya las dije: la mascota está suelta. Ya no tenés cadenas.


***

Me dicen que Matías no es tan bueno después de todo y yo digo que nunca dije que era el mejor. Yo siempre supe que estaba mal de la cabeza, pasado de rosca, siendo lo peor que le sale, mintiendo con las buenas intenciones, abandonado en el patio. 
Dejen de darle bola y van a ver cómo estalla y se muerde la lengua, para sangrar, para hacerse la víctima, otra vez, para traicionar de nuevo.
Me dicen que Matías es uno más, que no lo logró y yo digo que es buen momento para darse cuenta. ¿Es qué nadie leyó su último cuento? Se nota cuando un cuento es tu último cuento. Él ya no tiene nada que agregar, incluso el epílogo es una perdida de tiempo. Ni siquiera se marchó con dignidad. La tuvo que embarrar. Sí, lo reconozco. Nunca deje de reconocerlo.
Me dicen que Matías es un miedoso y yo digo que eso es lo que siempre me gustó de él, que siempre lo vendí así, que no cabía chance para otra cosa, que su miedo era eso que parecía tan valiente, que no se confundieran, que tuvieran cuidado, ¡OJO! No es un héroe, no. No quiere, no puede, no le sale. Él cree que el héroe sos vos.
Me dicen que Matías está soñando, justo ahora.
Yo digo que mejor dejen de gritar. Si él se despertara sería el final de todos ustedes. Uno por uno dejarían de ser. Uno por uno volverían al torbellino eterno, ese que está en el centro único, ahí, ya sabés dónde.
Tarde o temprano descubrimos nuestro origen y entonces se acabó.
Yo era todo, vos eras todo, Matías era todo.


***

Y ahí estoy, mirá, quince años atrás, sacando la lengua a la cámara, tan genuino que ni me acuerdo por qué lo hacía, porque el instante no estaba condicionado por la esperanza de lo que podía ser. Era.
No creo que hubiera preguntas, ni reclamos, ni llantos escondidos. No creo que hubiera más que fiebre; de fantasía, de YA, de AHORA.
Y ahora me tengo que bancar haciendo “fuck you”, en cada instantánea, en cada abrazo, en cada intento. Dedo medio para las ganas sin ganas de mandar todo a la mierda, de quitarme el palo de la rueda, de decir que no estoy de acuerdo, porque para mi los animales valen, porque todos tenemos derechos, porque señalar es de cobarde y porque mejor que ni te me cruces con ningún discursito facho, porque te están rompiendo el orto y no te queda la pose de hombrecito verga larga.
Flash.
Fuck you.
Y sin embargo no dejo de pensar que antes, sin dientes, sin motivos, era más rebelde.


***

Las páginas vacías y las posibilidades que se apagan, aunque juegues a que no, a que todavía se puede, a que el camino es tuyo, a que vos lo elegiste así, a que es lo que esperabas… Estás en el cortejo fúnebre de los buenos momentos, que se van con pena y sin gloria, recorriendo calles conocidas, miradas cómplices, gestos de amistad, corazones acelerados. Y te queda la nada y te imaginás, todavía, dueño.
Tenemos un espacio de cenizas, tres meses vencidos de alquiler y mañana terminamos en la calle. No somos tan diferentes después de todo… Todo eso que nos separó va complotarse para unirnos. Y vas a preguntarme mi nombre, y voy a confesarte que tengo frío. Vas a contarme de tu casa, voy a enumerarte las cosas que extraño. 
Esta historia (hoy) tiene que estar escribiéndola otro. 
No puede ser de otra manera.
Yo no pedí conocerte, vos nunca soñaste conmigo. 
Somos las páginas vacías, las posibilidades que se apagan.

Un Lugar Maravilloso

PARTÍCULAS


-El símbolo del Infinito es como un reloj de arena acostado… Así que el Infinito es cuando el tiempo no va ni para un lado ni para el otro… Ya sé que es una obviedad… pero… ¿pero lo notaste? ¿Lo pensaste alguna vez?
Era de madrugada, el cielo estaba nublado.
Yo estaba sentado en el patio, pensando en el mejor libro que había leído. Uno con el que me había topado a los doce. Lo había leído acostado en mi habitación, mientras la fiebre me sacaba pensamientos humeantes, ardientes, pegajosos. Imágenes visuales que se derretían, que se impregnaban en la retina de los recuerdos de “para siempre”.
Una semana sin ir a la escuela, una semana encerrado, de pronto desprovisto de todo, lejano, preguntándome si podría extender aquello y morirme sin necesidad de salir a la calle, de negociar mi vida, de pagar un hospital, de perder la memoria, de conseguir una casa, a la que seguro le fallaría la luz. Preguntándome si podía evitar las inevitables noches en habitaciones oscuras, sin historias, sin mi infancia.
Y me lo pregunté todo sabiendo que la respuesta era no. Un “no” determinante, sin dudas. La soledad es el último vestigio de Libertad. Creo que alguien ya lo mencionó alguna vez, pero no recuerdo.
-Sí… También es una obviedad que si ponés cara de trola cuando te sacan fotos vas a ser considerada más linda y todos te van a aceptar como sos y vos vas a vivir más feliz y te vas a respetar más y vas a decir que ojalá el Mundo esté preparado, porque ahí vas, con toda tu presencia deslumbrante…
-¿Vas a empezar con eso?
Sofía se solía poner pesada y siempre en los momentos más inoportunos, que, a decir verdad, iban en aumento: cada vez con más regularidad cualquier momento era el momento menos oportuno para que abriera la boca. Siempre tan fascinada por alguna idiotez.
-Yo no empiezo, empezás vos… ¿Lo pensaste alguna vez?
Remarqué la ultima línea, para resultar cruel, para que entendiera que era ridículo todo lo que hablaba, para demostrarle que sus preguntas ya no eran atractivas, que ese papel ya no le quedaba, que había dejado de ser un fuente de inspiración, que era un espejo gastado. Una figura en la niebla, en una calle desconocida, en medio de un país aún más desconocido. Yo era un turista desilusionado, cansado, asustado, que extraña el hogar. Me sentí malo, aún más malo que el malo de mi libro favorito que era malo como ninguno.
-Una foto es para siempre… Y vos, con tu manía de no sacarte fotos, vas a quedarte solo… Lo sabés.
-Los libros también son para siempre.
-Nunca escribiste un libro.
-Pero hay libros que hablan de mi… Hay un libro que particularmente habla de mi.
-Eso no te hace especial.
De nuevo me destruyó, me dejó sangrando las palabras, las posibles puteadas. Me acarició el viento de la noche, sin piedad, sin compasión. La noche disfruta besando a los perdedores, y yo estaba ahí, el amante entregado. Perfecto, siempre perfecto.
Las nubes se cernieron sobre nosotros, con más énfasis, curiosas, amontonándose.
-Y vos no sos el Infinito… -logré soltar, agobiado, muerto de rabia, de tristeza, de cualquier cosa-. No sos el Infinito por muchas fotos que te saques, por mucho que guiñes un ojo y te lleves el índice a la boca.
Otra vez ella volvió a estar de un lado y yo del otro. Éramos el equilibrio absoluto, pero en el medio no había nada eterno: había un vacío con ruido, con distorsión, donde no brillaban los flashes, donde nadie, nunca, había escrito un libro.
Un lugar maravilloso, donde nadie era especial.
Llovió arena.

Charly

5 mar. 2011

LO BUENO, LO MALO
Y TU HERMANA


El poeta muerto soñó con el asesino serial más famoso de todos, ese que nunca mató a nadie y que estaba obsesionado con la banda que sonaba en la radio el día que vos le regalaste a la piba que te gustaba un libro que inlcuía los mejores cuentos de terror.
El asesino más famoso de todos sigue preso. La banda que sonaba en la radio aquel día ya se desintegró, después de algunas trágicas muertes. La piba a la que le regalaste el libro te dijo que estabas loco, mal de la cabeza, desquiciado. Te dijo depravado antes del portazo final. El libro lo prendiste fuego.
El poeta muerto sigue soñando. Y todos sus sueños, de algún modo u otro, hablan de vos.
SIEMPRE HABLAN DE VOS.

***

Estornudo una duda, siembro una ilusión, dos kilos de imaginación perturbada; lleno una botella de pura desconexión, garabateo trece mil nombres en mi agenda, prendo fuego una incertidumbre y no me siento para nada más seguro. Rompo el bastón con que se sostiene mi hiperactividad, que se destroza, se derrumba, pero sigue en el piso abriendo la boca, diciendo que estaría bueno escribir una historia sobre un suicida que se tira de un piso treinta pero nunca llega al piso. Me baño en la nostalgia de las canciones, pero me seco pensando en la noche en la que me di cuenta que mejor no quiero nada de lo que haya perdido.
Me tomo un sábado completo para filmar una peli de terror que de esperanzas, porque la verdad es que es triste morirse en una cama blanca e inmaculada: mejor que te partan la cabeza con un hacha (yo sé que vos querés).
Me armo un cigarro de temblores, para estar otra madrugada riéndome de la posibilidad. Porque todo, una y otra vez, es posibilidad.
Escupo tristeza en una maceta, meto fantasía en un florero. Las flores marchitas no me asustan. Me asustan las flores de mentira.
Meo inspiración, en el balcón de casa.
Y siempre, pero siempre, florecen conejos.
Y siempre, pero siempre, los sigo.

***

La lluvia está llena de monstruos de papel, que se arruinan bajo el agua y corren rápido a esconderse.
Están de mal humor, se ofuscan con facilidad y quieren molestar, capaz que por resentimiento o capaz porque molestar está bueno. 
No tienen garras, ni una cara deforme, ni una motosierra oxidada, ni un plan demasiado inteligente. No tienen dientes "para comerte mejor", ni el poder de meterse en tus sueños, ni un disparatado plan para acabar con la humanidad. No tienen una psicología trastornada por culpa de una mamá sobre protectora y ninguno de ellos maltrató animalitos en su adolescencia. No parecen malos, no se ponen una bolsa de papel en la cabeza y no se ríen a carcajadas como idiotas para darte miedo.
Los monstruos de papel necesitan un hogar, porque son hijos de la lluvia pero no se bancan la lluvia. 
Un día se van a meter en tu casa. Te van a susurrar un par de cosas al oído, con suavidad, para no alterarte, a modo de agradecimiento.
Va a ser el peor día de tu vida.

***

Estoy juntando las ideas, que resulta que se metieron debajo de la cama y no quieren salir. Estoy haciendo equilibrio sobre el buen humor, retardando lo inevitable. Estoy vomitando sobre la palabra NAUSEA, que de tan hija de puta me empieza a caer bien. Estoy tratando de convencer a mi reflejo de que él no es yo, de que deje de mirarme, que me asusta. Estoy atrapado en la ropa que tengo puesta, que ya me queda grande, que está húmeda, que viene de algún lado en el que yo no estuve. Estoy gritándole al cuaderno, por borrarse, ¿no tenía yo una buena historia? Estoy tratando de no ser cruel, de explicarle a Bukowski que hoy mejor no, que a veces me desorienta. Estoy tratando de negociar con mi memoria: largá lo que sabés, pero ahorrate las metidas de pata. Estoy cansado de las metidas de pata.
Estoy estudiando los fósiles, para ver qué monstruo cayó ayer. Estoy tratando de no darme asco por ser tan indestructible. Estoy hablando con mi abogado, para mandarle una carta documento al tiempo, que a mi no me engaña: hace dos horas era ocho años atrás. Estoy pensando en una melodía de los Doors, pero le cambio la letra.
Hoy me siento mal.
Estoy sobrio.

Voy a extrañar a ET (II)

3 mar. 2011

MUNDO, PONETE VASELINA
(segunda parte)



Conocía a Chapa desde el secundario. Nunca habíamos sido mejores amigos (nunca tuve un mejor amigo) pero pasábamos gran cantidad del tiempo juntos. Él era muy hiperactivo, tenía una adicción extrema a los video juegos y a Dragon Ball, escuchaba una y otra vez el disco Californication de los Red Hot y solía mirar esos programas chotos en los que una modelo que no sabe nada de autos habla, justamente, de autos. Yo pensaba que los miraba por la chica en cuestión, pero le erré. O al menos no los miraba unicamente por eso.
Con el pasar de los años siguió siendo hiperactivo: pasó por tres carreras que no se relacionaban entre sí, hizo dos cursos igual de descolgados, trabajo duro, hizo turnos dobles, se compró su propio departamento y no dejó que pasara un fin de semana sin organizar una fiesta. Buen anfitrión, sin dudas. Se consiguió todos los capítulos de Dragon Ball y los apiló en un estante de honor, la consola de antaño fue suplantada por una reluciente Play, empezó a escuchar otros discos de los Peppers, se hizo fan acérrimo de Frusciante (yo le había regalado un disco solista del chabón para su cumpleaños número veintiuno y me abrazó por casi diez cálidos e insoportables minutos) y un día encontró su vocación. Yo no la vi venir, pero cuando me lo dijo supe que había estado allí, todo el tiempo.
-Quiero ser mecánico… Hice unas changas en un taller y me gusta todo eso…
Yo lo miré con algo de desconfianza, sin saber si se trataba de un chiste.
Al tiempo, después de endeudarse mucho, abrió su propio taller y las cosas le fueron bien, bien y bien. Así que no era chiste y así que no sólo miraba los programas de autos por las modelos pulposas y de calzas super ajustadas.
Fue buena elección, el Chapa que se había ganado por loco, de pronto hacía alarde de su profesión. Insisto en que no lo vi venir, pero, quizás, el poco observador sea yo.
Quedé igual de consternado cuando me dijo, en el ascensor.
-Hace más de un año que todos los miércoles hago fiestas en casa…
-¿Cómo las fiestas que hacés los sábados?
-Mmm… Un poco diferentes.
-¿Diferentes?
-Son fiestas que se pasan de boca en boca, viene mucha gente que no conozco… Mucha gente que no se conoce con nadie. Son fiestas de vía libre.
Me guiño un ojo y su sonrisa se hizo un tanto perversa. Se acomodó el cuello de la camisa, como si fuera un galán.
Lo de “vía libre” lo entendí de inmediato, conocía los términos de Chapa.
-No sabía nada…
-Claro que no sabías nada…
Lo miré confundido, de pronto me sentía un poco excluido.
-Gracias.
-No, no… No lo tomes a mal… Pero vos tenes… Quiero decir, tenías pareja. No iba  a invitarte a una fiesta de los miércoles… ¿Entendés?
Asentí. Por un segundo estar allí me pareció la peor idea del Mundo.
Después el ascensor se detuvo, se abrió la puerta y ya no hubo vuelta atrás.

Estaba claro que en el lugar nadie se conocía con nadie. Traspasar la puerta del 6D fue algo que casi me asusto: el departamento no parecía el mismo. Chapa lo había decorado de tal modo que el sitio era irreconocible para alguien como yo, que sabía cómo lucía en su “condición natural”.
Todos los muebles estaban corridos de lugar y había tubitos de luces de neón por todos lados, dándole un aspecto azulado y sombrío  a todos los ambientes.
Música suave, nada de gritos, todos tomando vino en copas grandes, tan lujosas como ridículas… Aquello no era, definitivamente, una fiesta como la de los sábados, donde estallaba Sabbat en el equipo, todos nos reíamos a carcajadas y nos interrumpíamos a los gritos y la cerveza era el néctar por excelencia.
Además las fiestas de los sábados eran de diez personas a lo sumo. Allí había más de veinte, sólo en el living.
Chapa me fue empujando con él. Por alguna razón todos los rostros eran atractivos allí. Había merca (otra diferencia con la marihuana habitual), se presentía la pepa en el aire y más de uno fumaba tabaco saborizado en pipa.
-No sé si…
Me quedé duro.
En el sillón en el que tantas tardes habíamos hecho campeonatos de Winnig Eleven  había una pareja cogiendo.
Ella lo cabalgaba, muy convencida; él le había bajado los breteles del vestido, para dejarle al descubierto las tetas.
-Tomá…
-¡Chapa, tu sillón!
-Dale, agarrá.
Chapa me dejó una copa de vino en las manos y desapareció entre la multitud. Yo me quedé ahí, con esos rostros perfectos que miraban sonrientes el espectáculo.

-Hey, caballero.
Me giré y vi a un joven de baja estatura, con unos gruesos lentes de lectura. Llevaba un corte ramonero y una barba apenas crecida.
-¿Sí?
-Quería pedirle algo…
Tenía una voz muy clara, una mirada seria.
-¿Sí?
“Si es un puto tirándose un lance se pudre todo…”.
-Vi que el dueño de la casa parece su amigo…
-Sí, ¿y?
-Bueno… Necesito que lo convenza de que me de esos cables que me sacó… Tengo que armar un casco especial y los necesito.
-¿Un casco especial?
-Sí, ellos me dijeron como hacerlo, en un sueño. Un casco para expandir la consciencia.
-¿Ellos?
-Los tipos de las estrellas.
Apuré el vino y me conseguí otra copa, con rapidez.
-Voy a hacer lo que pueda.
El pibe de los lentes “culo de botella” sonrió esperanzado.

Me di cuenta de que el polvo terminó porque todos aplaudieron, de modo cortés, sin hacer demasiado escándalo. Todo muy formal. Ni me acerqué a mirar, me quedé en la cocina, con la vista clavada en la heladera, tratando de ignorar el entorno. Iba por la cuarta copa de vino.
“Las cosas que uno termina enterándose por error…”, me dije, reflexivo, lejos de sacar un pensamiento profundo de mi cabeza agotada y ebria.
-¿Qué pasó? ¿No te gustó lo del sillón?
El pibe que se había armado una linda partuza en el sillón que yo jamás volvería a usar se sentó a mi lado. Tenía una bata y se secaba la transpiración con una toalla.
-Para nada… Es decir… Estuvo bien, brindo por eso… -levanté la copa, la liquidé y me serví más-. Pero no son mi estilo.
-¿No es tu estilo? –dejó la toalla a un costado, agarró una copa que había quedado sin dueño y se sirvió lo último de la botella-. ¿Querés decir que no te gusta el sexo en medio de una multitud? Porque si es eso te digo que te estás perdiendo uno de los…
-No, no… No es eso… -me giré del todo, hasta quedar bien frente a él. Me sentía muy fraternal, por culpa del alcohol-. Nunca tuve sexo delante de muchas personas, pero eso no me desagrada…
-¿Entonces?
Tenía ojos claros y grandes. Parecía buena persona.
-No entiendo eso de la violencia… Garchan muy feroces… Es todo una vorágine, no los entiendo… Hoy… -hice una pausa, para evaluar si merecía la pena contar lo de Florencia a ese perfecto desconocido. Por suerte tuve algo de lucidez-. Hoy vi un video en el que hacían lo mismo… Y no pude entenderlo.
El otro se rió, con algo de compasión. Me hizo sentir un idiota.
-¿Crees en el amor y esas cosas? ¿Crees en la conexión? ¿Crees en hacerlo en el momento ideal, con la persona ideal?
Fue mi turno de reírme. Aquel muchacho quizás fuera buena persona, pero quedaba claro que no era muy avispado.
-Lo que quiero decir es que no sé cómo hacen para aguantar tanto… Si yo lo hiciera a esa velocidad tardaría menos de un minuto en explotar. No creo estar hecho para el sexo desenfrenado.
Ojitos Claros me miró por un largo rato.
-¿En serio es eso?
-Sí.
-¿De verdad?
-Sí.
Dejé de sentirme amigable de un momento para el otro. Me giré y volví mi vista a la heladera.
-Hubieras empezado por ahí… Si querés que la carga quede dentro el tiempo necesario probá con esto…
Lo observé de reojo, con algo de desprecio. Se metió la mano en uno de los bolsillos de la bata y sacó una pastilla verde.
-La tomás y todo solucionado. Pero no mezcles con alcohol.  Sino, todo lo que debería ir para acá… –se agarró la chota por encima de la bata-. Termina acá –concluyó golpeándose la cien con el índice.
Le saqué la pastilla de la mano, con algo de brusquedad, y la observé, intrigado.
-No tengo problemas de erección.
-Espero que eso sea verdad, porque sino esa pastilla sería al pedo.
En ese momento una chica alta, de pelo largo y muy alisado tomó al joven de la mano. Ambos se miraron y no tardaron en regalarse sonrisas pelotudas. No se dijeron nada. No se preguntaron el nombre, lo que significa que no tuvieron que mentirse al respecto.
Me deprimí un poco.
Se alejaron y los seguí con la vista.
-Una vez soñé con un lugar muy parecido a este lugar…
Una chica con un peinado raro y divertido, con muchos colores, se había sentado a mi lado.
Pensé en decirle que no me sentía bien. Pero en vez de hacerlo me tomé la pastilla, en seco.
-¿Sí? –pregunté, tratando de sonreír. Habrá sido patético.
-Sí… Tenía estos mismos colores… Pero en vez de ser una casa era una nave espacial… ¿Viste que esto se parece a una nave espacial?
Iba muy puesta, pero tenía razón. Le di un trago al vino mientras un escalofrío me recorría la espalda.

A pesar de la ausencia de ánimos se me paró rápido. Hacía un tiempo largo que no probaba un cuerpo que no fuera el de Florencia. En todos esos años de noviazgo nunca le había sido infiel.
Se me paró mientras la chica multicolor me hablaba de sus pesadillas de la infancia, de que los sueños eran geniales, de que había leído que algunos practicaban el sueño lúcido y de que (era recurrente) esa casa parecía una maldita nave y que podíamos despegar en cualquier momento y se reía como tonta, fingiendo ser más tonta que lo que era en realidad.
Habló tanto que de a poco se me fue la excitación y me agarraron ganas muy fuertes de mear. La interrumpí:
-¿Te acordás a quién le contaste tu primer pesadilla?
La pregunta la tomó por sorpresa.
-Sí… -soltó insegura, al cabo de un rato.
-Deberías buscar a esa persona… Seguro fue muy importante para vos… No sé si la sigas viendo o no, pero contar la primer pesadilla no es una cosa fácil… Deberías estar hablando con esa persona, no conmigo…
-Pero… -estaba desconcertada.
-Yo soy otro extraterrestre acá adentro… Nada más.
La idea la hizo sonreír.
-Siempre quise conocer a un extraterrestre.
Me levanté, con la vejiga pidiendo por favor. Iba a marcharme, sin más, pero se me ocurrió improvisar.
Formé un círculo con el índice y el pulgar de la mano izquierda y lo atravesé repetidas veces con el “fuck you” de la derecha.
-Es el saludo de mi planeta –solté.
Estallamos en carcajadas. Fue un buen momento antes de que todo dejará de ser.

Oriné extasiado de placer por ya no tener que contenerme. Fue algo delicioso.
Cuando estaba en las sacudidas finales alguien abrió la puerta del baño y antes de que pudiera decir algo tenía a un tipo meando a mi lado, en el bidet.
Lo primero que pensé fue: “¡El bidet de Chapa!”.
Lo segundo que pensé fue: “Que se joda Chapa, me dejó solo…”.
Lo tercero que pensé fue: “Este tipo tiene un pene muy grande…”.
Lo cuarto que pensé fue: “¡Ese pene lo conozco!”.
Esa primer secuencia fue así de clara. El resto fue más caótico.
Lo agarré del cuello de la camisa e hice que estrellara su cabeza contra los azulejos, con fuerza, al tiempo que le daba una concisa patada a la puerta, para trabarla bien. Sentía que mis movimientos eran eficientes al cien por cien, rápidos.
Un “¡Uh!” ahogado, después, antes de que pudiera decir algo, lo giré sobre si mismo y le tape la boca con una mano, mientras le apretaba la chota con la otra. Me salpicó con meo. No me importó.
Tenía los ojos abiertos de par en par, transpiraba. Un hilo de sangre que pronto manchó mi mano brotaba de su nariz. Estaba muy asustado. Era él, no había dudas.
-Le diste por el culo a mi no… A mi ex… -le susurré, acercándome mucho, procurando sonar amenazador-. Y filmaron todo y después lo subiste a internet, sin preguntarle nada… Me alegra que lo hayas hecho… De verdad… La volviste bien loca…
No intentaba defenderse. Ni siquiera se debatía. Tenía ambas manos con las palmas vueltas hacía arriba, a la altura de los hombros. Le destapé la boca de a poco. No gritó en ningún momento.
-Perdón… -susurró.
-¿Eh? ¿Perdón? ¿Ni siquiera me vas a preguntar quién es mi ex?
-¿An… Antenitas de marciano? –preguntó tembloroso.
-Mierda… -le solté la pija y me alejé de él. Se subió los pantalones de inmediato-. ¿Tan presente la tenés? ¿Vas a decirme que estaban o están en pareja?
-No, no, no… -se atajó con rapidez, al tiempo que se llevaba una mano a la nariz-. Para nada… Pero es de la única que subí el video… Perdón.
-¿Por qué subiste el video?
-No sé… Me fastidió con ese… fetiche… Me gusta la peli ET y me gusta garchar… Pero no me gusta mezclar las cosas… Perdón…
-Volvés a decir perdón y te voy a lastimar de verdad.
Asintió. No era tan hombre en vivo y en directo. Me miré la mano manchada con su orina y negué con la cabeza.
-Si querés puedo…
-Quiero que me digas qué es lo que decía en la tanga…
-¿Eh?
-La tanga tenía un extraterrestre dibujado, con un globo de diálogo…
-No sé de que…
Le empujé la cabeza con fuerza, pegándole en la frente. Su nuca hizo un sonido al chocar contra la pared que me resultó atractivo.
-¿Qué decía el extraterrestre de la tanga?
Suspiró. Sus ojos se llenaron de lágrimas.
-Decía: “Ponete vaselina”.
-¡¿Qué?!
-Decía eso… Te lo juro…
Se encogió en el lugar, esperando otro golpe.
-“Ponete vaselina” no es algo… sexy.
-Ya sé.
-Posta… Es… burdo.
-Sí…
Le di la espalda y me lavé las manos.
-Ponete vaselina… No puede decir: “Ponete vaselina”… ¿Cómo puede comprarse una tanga que diga: “Ponete vaselina”?
Me sequé, mientras la furia crecía en mi.
Estaba dispuesto a irme. Pero entonces el imbécil tuvo que decirlo:
-Perdón…
No tuve más alternativa que cumplir con mi amenaza.

Salí del baño unos minutos después, vestido sólo con mis boxers.
Me sentía seguro, hastiado, con ganas de pelear. De pronto los colores eran más intensos, la música, aunque verga, era más claro. Cada fragmento de conversación susurrado era una melodía. Los perfumes: la mezcla perfecta de falsos perfumes de París y pija transpirada.
Todos se abrieron paso, supe que no había forma de que no se fijaran en mi. No tuve que soltar palabra, no tuve que levantar una banderita o hacerles señas. Me siguieron, inmediatamente, curiosos, instintivos. Pasé por al lado de Chapa y el también se mostró extrañado y fascinado.
Abrí la puerta del departamento, la dejé abierta para mi séquito de espectadores y subí las escaleras hasta la terraza.
Las ráfagas de aire fresco me hicieron sonreír. Abrí los brazos, cerré los ojos. Sentí que ese instante era fantástico, pleno, completo.
Cuando volví a abrir los ojos y me giré los vi a todos, allí parados, acurrucados entre ellos, cagados de frío. No podían sacar sus ojos de mi. Yo era como una perrita en celo y ellos una jauría hambrienta y extasiada.
-Estamos en medio de la noche húmeda, subidos a un pene de cemento, desgarrando el cielo y rompiendo el himen de las fantasías de poder envejecer en paz, con alguien de la mano… -tome aire. Mi voz era clara; las palabras acudían en cascada, yo levantaba más y más los brazos:-. Quizás rompimos con la farsa, de una vez por todas, pero ahora algo se marchita más veloz y morir joven se vuelve relativo… Somos como… Como espermatozoides: todos buscamos lo mismo, pero sólo sobrevivimos si podemos dejar atrás al otro. No nos conocemos, pero nuestras esencias son iguales. No somos islas como dijo no sé quién. Somos Mundos.
Miré a la audiencia, que se caracterizaba por una piel de pollo que adornaba todos los brazos desnudos. Vi a la piba de los colores. Me sonreía.
-Somos extraterrestres… -solté, sin dejar de mirarla.
No nos despegamos la vista y, de pronto, aquel juego inofensivo de la provocación/ seducción, se volvió, como calculo que siempre sucede, un desafío. Ninguno iba a ceder.
Nos sentimos, ella y yo. La vi en su cuarto, tirada en la cama, mirando el techo, leyendo sobre las posibilidades de viajar en los sueños. Le dije, sin hablar, que mi autor favorito era Joe Hill.
Nos dijimos muchas cosas más y era morbo de un modo muy extraño el hecho de sentir las demás miradas, de ceño fruncido.
Celos.
Tuvimos que cortar nuestro canal de comunicación muda por culpa de Chapa. Lo odié mucho. Esa noche lo odié en muchas ocasiones.
-Nico, vamos, dale… Vamos a darte una ducha…
Lo tenía colgado de mi brazo, tiraba fuerte.
Salí del trance, irritado, y me resistí. Lo aparté de mí, con violencia.
-Ducha las pelotas… -solté-. Vos también sos un extraterrestre… Pero si queremos conquistar algo tenemos que culearnos al Mundo entre todos…
-¡Esa! –arengó alguien.
Me sumó valentía.
-Mundo… -me reí para mis adentros-. Ponete vaselina…
-Nico…
Chapa volvió a tomar mi brazo. Me giré, dispuesto a escupirlo, golpearlo en la nariz, patearlo, decirle que estaba cortando el chorro y que lo iba a pagar feo. Pero no tuve que hacer nada de eso.
-Soltalo…
Nos volteamos y vimos al pibe de los gruesos lentes: había armado su “casco especial”, que consistía en un colador invertido con una serie de modificaciones: alambres, una cuchara, cables, dos pilas y un cd que se notaba rayado entre otras cosas.
Chapa miró al pibe, boquiabierto. Me miró a mi. Volvió a mirar al pibe.
Al cabo de unos segundos negó con la cabeza, suspiró y me soltó, encogiéndose de hombros, dando a entender que había hecho todo lo posible.
Lo odié, ya perdiendo la cuenta de cuánto lo odiaba.
Cuatro Ojos lo observó marcharse, con una expresión exagerada de: “Y ya no quiero verte por acá”. Cuando lo perdió de vista me miró con un entusiasmo desbordante estallando en sus pupilas.
-Tomá… Es tuyo.
Me tendió el casco.
-Gracias, pero…
-Posta. Es tuyo.
Lo observé un rato.
“Me lo encargaron los hombres de las estrellas…”.
Sí. Ese casco me pertenecía. Lo agarré, con respeto extremo, y me lo coloqué.
El pibe se giró y volvió veloz hacía la multitud. Todos contenían el aliento.
Un cosquilleó me iba de la sien derecha a la sien izquierda. Los ojos también me picaban. La boca un poco entumecida, la lengua pastosa. Y las ideas (en imágenes, colores… todos recuerdos) en pleno hervor.
-Somos lo que fuimos, y lo que fuimos es siempre otra persona…
La chica colorinche se enjuagó una lágrima (me di cuenta de que una lágrima también corría por mi rostro) y me saludó como yo le había enseñado a saludar.
Sonreí. Aquello era la señal.
Miré a Chapa, que estaba a unos metros prudenciales. No estaba en estado hipnótico, como todos. Ya no. Estaba pálido, transpirado, enfermo. El miedo había ahogado su ebriedad.
-Chapa, tenés un muerto en el baño.
Acto seguido, corrí. Me tiré.
El casco captó todos los orgasmos que se estaban produciendo en ese momento.
Después me salvó la vida.
“Mundo, ponete vaselina…”.

Resultó ser que el flaco del baño, el que se había garchado a Florencia mucho mejor de lo que yo me la había garchado siempre, no estaba muerto. Sin embargo, me enteré por el diario, sí había muerto la prosti con la que había hablado antes de ir a lo de Chapa. En la foto que acompañaba la nota estaba el Negro, tapándose la cara. Lo reconocí al toque.
Los días pasan en el hospital y me siento muy ajeno a todo.
No sé si estoy triste. Sí sé que no voy a volver a llamar a la piba de los pelos de muchos colores.
-Necesito volver a mi planeta…
Capaz no la ponga nunca más…
Es hora de que lo diga: Florencia era mi todo.
Voy a extrañar a ET. 

FiN