serpiente

24 nov. 2012


Hey, ¿no te pasa que a veces no podés hablar?


No encuentro los lentes que ayer salvaron mi vida y creo que voy a quedarme ciego, así que me arrastro, para empezar a practicar saber qué se siente no reconocer el paisaje,
y lo percibo, casi tanto como notás mi presencia
y veo que te girás, asustada,
y mordés con fuerza, 
como queriendo matarme entre tus mandíbulas, 
sólo que yo ya habito otros espacios,
y lo veo todo, por mucho que mis lentes sigan sin aparecer,
por mucho que mis ojos estén por explotar,
debo estar conectado a un satélite 
quizás algún experimento mala leche,
quizás la tesis del próximo boludo
que se reciba en la magistral escuela de arte,
quizás el capricho de un infante, 
el delirio de un borracho,
el orgasmo de una puta,
quizás el principio del final, 
cuando abandone el espacio exterior,
convirtiéndome en el cometa que destruye
casi sin querer
que se lleva todo por delante,
que arrastra hacia ningún lado
porque el universo es infinito
y daría lo mismo no-avanzar,
pero igual perforamos
y lo sabés 
tanto como yo
como se perforan mis pupilas
y desangrarme es dejar que mi yo esté frente a mi
para ver
de 
verdad

(todo lo que vos

nunca

mirás)

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