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6 feb. 2013


TELEPÁTICA
(mi letra es horrible, pero mis cuadernos no tartamudean)




¿No ves que si estoy escribiendo no hay modo de que pueda decir “te amo”? No quiero retardar el momento pero para hacerlo tengo que ponernos la escena adecuada, y eso me aleja los casilleros suficientes, porque los personajes no existen en las elipsis, pero respiran y necesitan aire y esa máquina funciona imitando los latidos, así que el ritmo es lo único que vale, lo que me vuelve la única esperanza, porque olvidate que le de a otro la lapicera: antes rota, y la tiro debajo de un bondi, o la gasto sin pensar, mamarrachando lo mismo, una y otra vez, en todos lados, en los baños, plazas, los rincones más sepia de la casa, esos espacios que tuvieron que irse junto con lo que pasó, porque la memoria es del ser, pero el espacio también es real; además, si me ves tan enroscado deberías pensar en todo lo que me estoy jugando, que confío en esa idea de que los genios, alguna vez, empiezan, llegado el final, a ver más simple, así que sigo exorcizando, sin dar bola a la voz que dice que capaz a mi no me llegan los quince segundos de revelación, que capaz no soy tan grande y nunca llego a poder usar una palabra por cada diez, lo que me deja del otro lado, donde duermen esos enfermos que usan una coma tras otra, paréntesis, corchetes, llaves, porque pierden el hilo o lo tienen demasiado atado, lo que no me priva de creer que quizás la magia esté en vos, que siempre lees verdades mucho más concretas, dándome a veces el motivo que yo no descubrí en la creación; me estás leyendo completo, de modo literal, y te veo durmiendo sobre mi hombro, mientras el avión sigue cayendo en picada, hace ya algunos minutos, horas, días, meses, años y me pregunto, sabiendo que lo soñás, si nos vamos a estrellar alguna vez, mientras mis palabras se postergan en pos de conseguir que tus oídos sigan bien atentos, porque mis silencios dicen, con creces, todo lo que vos, 
de modo inevitable, 
al escribir,
querés 
escuchar.

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