[éramos especiales] IV

21 jul. 2011

ASFIXIA
[razones para no respirar]
-cuarta parte-



ACTO TRES:
FUERA DEL AGUA

Hospital.

Habitación de hospital, totalmente blanca. Una cama en medio de la habitación. Al lado de la cama un perchero, del que cuelga un piloto de lluvia amarillo.
PROFESOR (que no tiene una remera de Einstein ni los lentes negros) está inclinado sobre paciente.
Entra en escena, de modo violento, A. Tira un paraguas a un costado y se dirige a la cama.
PROFESOR la mira alarmado y se levanta para frenarla. Paciente queda al descubierto: es K. Está ojeroso, pálido.

PROFESOR.
Ya pasó el horario de la visita, señorita.

A.
Por favor… es un rato… Ya me voy…

PROFESOR.
El paciente no está bien… Sufrió una asfixia muy importante que trajo daños severos en su cerebro… Daños que no sabemos si son reversibles…

A.
Por favor…

PROFESOR.
Señorita…

A.
Por favor…

PROFESOR.
¿Qué relación tiene usted con el paciente?

A.
Soy la novia… Fui su primer novia y todavía seguimos juntos… Él me ama, me necesita… Lo amo.

PROFESOR suspira.

PROFESOR.
Que sea rápido.

PROFESOR sale de la habitación.
A. se dirige a la cama. Se inclina sobre K, que está semidormido.

A.
Te odio… Cuánto te odio, hijo de puta… Todos me detestan… Todos me ven como la culpable de que quisieras ahorcarte… Nadie se da cuenta que te ahogás solo… Vos fuiste el que me dejó pero así y todo soy la mala de la película, soy…

K.
(interrumpiendo, débil)
¿Fuiste mi primer novia?

Los ojos de A. se llenan de lágrimas.

A.
Sí, fui tu primer novia…

K. sonríe.

K.
¿Habíamos peleado?

A. sonríe.

A.
Claro… Somos especiales…

K.
¿De verdad?

A.
Claro… Somos especiales… O éramos especiales… Lo importante es que tenemos una mascota, un pececito…

K.
¿Un pececito? (sonríe aún más) Eso me gusta… ¿Cómo se llama?

Breve silencio.
A. se inclina sobre K. y le susurra algo al oído. K. larga una carcajada y tose.

A.
¿Te parece lindo nombre?

K.
Para nada, pero podría ser peor.

A.
Es verdad.

Breve silencio

K.
¿Qué más podés decirme de mi?

Breve silencio.

A.
Te gustan las tormentas y estás enamorado del Fin del Mundo.

K. sonríe con amargura.

K.
Capaz que perdí la única razón que tenía para vivir…

A.
Si no hay razones para vivir entonces tampoco hay razones para matarse.

K. y A. se miran y sonríen.
Ruido de lluvia.
A. besa en la frente a K. y se va de la habitación.

FIN ACTO TRES.

***
EPÍLOGO.
Espacio Neutro.

PESCADOR está de pie. Mueve la caña de un lado a otro, preparándose para tirar. OLVIDO está sentada y lo mira, con una gran sonrisa.
PESCADOR tira el señuelo hacia el público. Se saca la capucha, es K.
Con la vista fija al frente se sienta al lado de OLVIDO.
A. entra en escena, triste, y se sienta al lado de K.
K, la ignora. Sonríe, feliz. Apoya su cabeza sobre el hombro de OLVIDO. Cierra los ojos.

Cierra telón.

OLVIDO (EN OFF):
Y vuelve a empezar... Una y otra vez.

FIN

***

ASFIXIA
(RAZONES PARA NO RESPIRAR)

“Éramos especiales…
Y teníamos una mascota.”

.

[éramos especiales] III

ASFIXIA
[razones para no respirar]
-tercera parte-


ACTO DOS:
“LA CARNADA y LA BELLAZA DE LAS TRAMPAS”

Habitación de K. (Orden)

K. está bien vestido, su casa está en orden. La pecera no está. Camina nervioso, de un lado a otro.
Ruido de lluvia.
Golpe de puerta.
K. mira la puerta y se pasa una mano por el pelo. Abre.
A. entra en la habitación. Luce un vestido y está totalmente empapada. Se miran por un rato largo.

A.
(avergonzada)
¿Qué? ¿Qué pasa?

K.
Por un segundo te vi vieja. Por un segundo estuve a 40, 50 años de distancia y vos golpeabas la puerta…

A. sonrie.

A.
¿Y por qué volvería yo a esta casa dentro de 40 o 50 años?

K.
No sé…

A. y K. se miran y estallan en carcajadas.

A.
¿Tenés algo para que me seque?

K. abre un armario.

K.
Tomá, usá ésto.

K. le da una remera a A.
A. observa la remera, intrigada, la huele. Empieza a secarse.

A.
¿Es una remera que no usás más?

K.
(avergonzado)
No es mía. Es la remera favorita de mi primer novia. Se la robé un día que fui a la casa, porque estaba muy enamorado… Me conmovió la idea de acostarme abrazado a algo de ella y me daba cosa pedírsela…

A.
(con desprecio)
Ah… ¿Y que pasó con tu primer novia? ¿No funcionó?

K.
Me dejó cuando descubrió que le había sacado la remera. Me dijo que si se la hubiera pedido hubiera estado todo bien… Me dijo que sacar una remera es de pervertido.

A. se termina de secar y mira con asco la remera.

A.
¿No te habrás pajeado encima de esta cosa, no?

K.
No.

A.
¿Y todavía te abrazás a esta porquería para dormir? Digo… Ella te dejó, seguro te rompió el corazón y nunca la olvidaste…

K. se gira y se encamina a uno de los sillones. Se deja caer ahí.

K.
Sí, me hizo mierda… Pero un día dejé de extrañarla, no sé cómo fue… Esas cosas pasan, supongo… Te llevan una porción de vos y tardás un rato en armarte de nuevo… Pero todo vuelve a regenerarse… Las piernas, los brazos, eso no… Pero para el resto somos fértiles, ¿no?

A. observa un rato la remera y se la coloca. Se sienta en el sillón contiguo a K.

A.
El primer chabón que me garchó casi me parte al medio… Pensé que me mataba.

K. sonríe, con amargura. Mira a A.

K.
¿Posta? ¿Le contaste a tus amigas? ¿Cómo se llamaban tus amigas? ¿Alguna murió?

A. se pone seria.

A.
¿Qué carajo te importa a vos lo que yo hice? ¿No te das cuenta que yo ya soy otra persona? Trato de entenderme en el presente, nunca en el pasado.

K.
Dicen que entender el pasado es la clave.

A.
¿La clave para qué?

K.
(encogiéndose de hombros)
¿Para cerrar etapas y no pasar noches y noches angustiados?

A.
¿Querrías pedirle perdón a tu primer novia por haberle robado? ¿Esa es tu materia pendiente?

K.
A ella nunca la imaginé de vieja.

A.
Yo no puedo dejar de pensarte de pendejo.

K.
¿Te rompieron el corazón?

A.
No creo. Cada vez que alguien me dejó me quedaba el culo mucho mas dolorido que el corazón.

Silencio breve.

K.
Capáz que de vieja vengas a esta casa a buscar alguna cosa tuya que extrañes mucho… Algo que te vas a olvidar acá…

A.
O capaz venga a buscar una remera que descubra que me hayas robado.

K.
O capaz venís sin saber que buscás… Capaz dejés de recordar, como a veces les pasa a los viejos, y vuelvas acá por instinto.

A.
¿Y qué vas a decirme?

K.
¿Cómo?

A.
Claro… Si llego a venir, sin memoria, alguna vez, ¿que vas a decirme? ¿Qué historia vas a contar?

K. sonríe.

K.
Voy a contarte que vos y yo éramos especiales… Y que teníamos una mascota.

A.
(divertida)
¿Una mascota?

K.
Sí. Las personas que se quieren tienen mascotas.

A. larga una carcajada. Se acerca a K.

A.
¿Y qué mascota tendríamos?

K.
Mmm… (Sonido de truenos, lluvia) Un pescadito. Sin lugar a dudas.

A.
(seria)
No, no me gusta. Los pescados están muy limitados, son muy vulnerables… Necesitás ponerle un respirador a la pecera. Necesitan demasiada asistencia para vivir.

K.
Todos necesitamos un poco de asistencia para vivir.

FIN ACTO DOS.

***

Burbujas. Burbujas. Burbujas. Burbujas. Burbujas. Burbujas.

***
INTERLUDIO II
Espacio Neutro.

PESCADOR está de pie. Mueve la caña de un lado a otro, preparándose para tirar. OLVIDO está sentada y lo mira, con una gran sonrisa.

OLVIDO:
¿Qué estamos buscando? ¿Quién nos llama desde atrás o desde adelante? Hay demasiadas voces en la oscuridad y sólo un camino, inevitable, hacia el Fin del Mundo, hacia la conquista final y vas a atravesar la puerta y te vas a ver hablando con tu hermanito chiquito, aquella vez en que habían quedados solos en la casa y él te había preguntado si creías en fantasmas. Y vos te habías girado, por que habías sentido un escalofrío y habías visto a ese joven de rostro tan triste… Ese joven que redescubre la escena, parado en el umbral.

Cierra telón.

OLVIDO (EN OFF):
Acto Tres: FUERA DEL AGUA

[continúa]

[éramos especiales] II

18 jul. 2011

ASFIXIA
[razones para no respirar]
 -segunda parte-



ACTO UNO:
“HERRAMIENTAS NECESARIAS PARA SALIR DE PESCA”.

Habitación de K. (Caos)

K. (pálido, ojeroso) está tirado en un sillón raído, frente a una pecera que tiene agua pero que no tiene ningún pez. La observa muy fijamente, sólo viste un slip blanco, unas zapatillas de lona, gastadas, y un gorro de Navidad en bastante mal estado. Tiene el pelo alborotado, una botella de extraña forma en la mano. Da esporádicos sorbos.
Todo a su alrededor es caos.

K.
Capaz que nunca tuve un pez.

A. entra en escena, asustada, mirando hacia el exterior. Lleva auriculares. Mientras la puerta se mantiene abierta entran burbujas. Luego A. cierra la puerta.

A.
El Fin del Mundo es un lugar muy brillante.

K. se gira y la mira.

K.
¿Yo tuve un pez? ¿Cómo se llamaba? No me digas que le puse nombre de persona, por favor…

A. revisa entre el desorden hasta que encuentra una campera desgatada que tiene el dibujo de un barco. Se abraza a si misma, tiene frio.

A.
Todo lo que necesitamos para sobrevivir es saber que respirar siempre fue una mentira… La gente se piensa que respirar es importante… y se mueren en las calles, se caen en la fila del mercado, se mueren manejando y matan a otras personas y los policías que quieren hacer la multa también se mueren… Todos caen. Siempre fuimos iguales. Siempre creímos en la mentira del aire.

K. vuelve su atención a la pecera. Se levanta del sillón y acaricia el cristal.

K.
Ojalá no le haya puesto nombres como Alonso o Cristian o Miguel o Hernán… Ojalá no le haya puesto nombre, eso hubiera sido muy triste para él.

A. observa a K. Se dirige hacia él y le saca la botella de la mano.

A.
Vos no sabés tu nombre.

K.
(dolorido)
Vos no sabés cómo me gustaría llamarme.

A devuelve la botella a K. y busca en todo el lío hasta encontrar unas antiparras. Se las pone.

A.
¿Y cómo te gustaría llamarte?

K.
Nunca se lo voy decir a nadie. Voy a ser el asesino perfecto, sin nombre, sin rastro, para que cada crimen, cada violación, sea anónima… y nadie va a saber que fue violado o robado… nadie se va a dar cuenta de que lo maté, porque no voy a existir, pero voy a ser el culpable, voy a ser el dolor.

K. mete la mano en la pecera y recorre el agua. La saca al rato, defraudado.

A.
Lo que sabes vos y nada más que vos no te hace especial… Lo que nadie sabe de vos te anula… Tenés que matar la ilusión de alguien y escribirle tu nombre en medio de la frente, para que te vea en el espejo todas las mañanas… El corazón es fuerte, hay que quebrar el cerebro… Y el cerebro se basa en figuras, nombres… Si querés destruir a alguien le tenés que dar una ecuación inconclusa…

De entre las sombras sale PROFESOR, que lleva delantal desabrochado, remera de Einstein muy colorida y anteojos negros. Un pizarrón en una de sus manos. Se para en el centro de la habitación y mira al público.

PROFESOR
(didáctico)
Todo más siempre es un menos. Cada multiplicación sólo es un único momento elevado al cuadrado, al cubo, a la enésima potencia, pero siempre es lo mismo, porque la clave es la reducción y la simplificación absoluta, donde el factor que define el todo es un pedazo de Sol entrando en la habitación donde te dormías de chico y dividís porciones de vida, para no ver el resultado final, porque te asustan los números en rojo. Sumás personas, momentos, risas, anécdotas bien pelotudas y extrañás, en el mejor momento de la noche, a tu mejor amigo y esa madrugada en que le dijiste, sin mucho esfuerzo, que vos tenías miedo de matarte joven.

PROFESOR dibuja en la pizarra y la levanta al público.
En la pizarra hay una jaula dibujada con un pez dentro.

K.
¡Me cago en las matemáticas! ¡Me cago en la tiranía de los números!

PROFESOR sale de escena.

A. encuentra unas patas de rana y se las pone.

A.
Sos muy egoísta, me pone triste este ayer, porque no quiero imaginarme el presente que nos tiene como protagonistas, vos en tu casa, buscando mierdas y yo sola en mi cama, llorando. Me pone triste que cuando llegó el Fin del Mundo no estábamos garchando o comiendo juntos o mirando tele o tomando cerveza.

K. se agarra la cabeza, empieza a dar golpes, está irritado.
A. camina con las patas de rana puestas, con movimientos lentos. 

K.
¡Soy un recuerdo bien forro que no tiene recuerdos! ¡No soy lo que soy!

A.
No quiero estar acá, me ahogo, me ahogás… Yo no creo en el aire, yo no tengo que respirar, pero me hundís y tengo que sobrevivir y me obligás a tomármelo muy en serio. Me quiero ir…

K.
Sos una puta.

A.
Sos mi mejor cliente.

K. cae de rodillas.

K.
Capaz que nunca compré un pez… Capaz aún no pasó (su rostro se ilumina, se gira hacia A.) ¡TODAVÍA NO PASASTE! ¡TODAVÍA NO!

A. lo mira.

A.
(extrañada)
Entonces, ¿de qué me muero?

K.
No te estás muriendo.

A.
Andate a la puta que te pario. Me puse ésto por vos… Me llenás de ideas que no son mías… Y yo te creo, pero vos no te creés, tenés miedo. Ahora soy una mentira descartada.

K. se levanta y camina hasta A. La toma de los hombros.

K.
(eufórico)
Yo nunca miento. Jamás.

A.
Vos te olvidas.

K.
No, yo te recordaba antes de conocerte.

A. se suelta y va hacia la puerta. La abre. Entran burbujas.

A.
Qué tragedia que sigamos vivos.

Entra en escena SEÑOR M., muy alto, con un impermeable que le oculta las facciones. Lleva un paraguas abierto, que chorrea. Se para en mitad de la escena y mira al público.

K.
No quiero estar solo.

A. suspira profundo y sale de la escena, cierra la puerta tras de sí.
K. sale de escena.

SEÑOR M. se queda en su sitio.
Breve silencio.

SEÑOR M.
Una tormenta se llevó la casa de mi mamá muy lejos. Ahora no puedo volver a mi habitación, para hacerme un ovillo y mirar la pared y soñar con lo que pasará y pensar en que en realidad nunca va  a pasar nada, porque siempre voy a estar ahí. Las tormentas se llevan todo.

SEÑOR M. cierra el paraguas.
FIN ACTO UNO.

***
INTERLUDIO I
Espacio Neutro.

PESCADOR ya tiene la caña lista. Saca de la cajita una bolsa con pedazos de carne y empieza a colocarlos en el anzuelo, con dedicación. OLVIDO lo observa, sonriente. Mira al público.

OLVIDO:
Las caricias que no te acordás, las mentiras que se hicieron verdad, la mejor tarde tu vida, el primer pedo que te pegaste, la chica que te dijo que eras un hijo de puta, el sol reflejado en ese auto prestado, mientras las risas no te dejaban pensar en que podías hacerte mierda en la próxima esquina, la sábana que era una capa y la cama que era tu edificio, desde dónde se veía todo, dónde podías vengarte de papá y mamá que se rompían los cuernos en la cocina, sacándose chispas, tirándose cuchillos, para después llorar en la oscuridad, cada uno en un rincón. Las pajas, las películas, los libros tan tontos que te dieron tantas pesadillas, el raro bienestar del sábado por la mañana, sin nada para hacer y lleno de ansiedad, que se hacía lágrima inexplicable.


Cierra telón.

OLVIDO (EN OFF):
Acto Dos: LA CARNADA y LA BELLAZA DE LAS TRAMPAS