surdelsur

13 oct 2012


BRÚJULA-BURBUJA


El golpe que desembocó en el primer ritual, cuando la herida ardía demasiado, cuando no podías asegurar, por nada del mundo, si estabas despierto o desmayado en alguna otra vida, si eras, quizás, el fantasma de vos, mirando con algo de resaca tu cuerpo, al tiempo que retrocedías, hacia el abismo… y caíste tanto que te olvidaste que eras un fantasma, y empezaste a creer que tenías un cuerpo, porque es imposible imaginarte vivo sin imaginar el dolor, y todo debe tener un precio, repetís, de cara al piso, que es un lugar para imaginar, que es una meta presentida, pero de la que nadie trajo pruebas, jamás:
tu piso es mi más allá,
y empezaste a creer en fantasmas, de tanto quedarte solo, y en el fantasma de tu fantasma, llegada la oportunidad
la vulnerabilidad que te volvió violento, en pesadillas que te hicieron llorar,
sollozos que helaron la sangre de los que prendieron las velas,
(aún escupiendo sangre)
dispuestos a comprobar
que toda existencia 
carece
de punto cardinal,
y seguís sin saber si acudís al llamado 
o si sólo
te
alejás.

póster


ÉL DIJO: "I WANT TO BELIEVE"
yo dije sí.


Es un recuerdo, que persiste, cuando las paredes temblaban, bajo el rigor de las nuevas pesadillas, armadas con taladros cósmicos y un colorido arsenal de visiones filosas, de circos oxidados y todo un mal dejá vù, donde si fallás se corta el hilo y en vez de despertar te encontrás llorando, en lo que sigue después del golpe, en lo que sigue después de haber perdido la consciencia, después de nunca más recuperar
“nunca 
más”,
Es una erección, que perdura, cuando me daban la corona, la reina de la soledad, el manifiesto andante para que las largas madrugadas fueran de verdad, como cuando no era importante decirlo, porque la oscuridad era sustento de locura, de incertidumbre, de promesas: hogar de todo lo que guardo en el rincón mas fiestero de mi corazón, la casa del árbol a la que subo, a escabiar, a fumar como un animal; hacer equilibrio, perderlo, que me llames y no poder saltar, porque el vértigo es absoluto:
“nunca estamos quietos,
si te lo ponés a pensar”,
Es un cuetazo, que nunca me pegué, porque le falta rock a mi fantasía de misterios, porque es reírse, unos cuantos años después, sin entender en vez de fingir, en vez de alargar las manos y arruinarlo, como si hiciera falta que nos hiciéramos eco de la trampa, como si nunca hubiéramos estado ahí:
vos me veías,
yo me caí,
yo caía
y
era
feliz,
Es el avión, ya estrellado, al que se subieron las historias que nunca voy a escribir, las que se cargaron la mochila y se fueron sin saludar, con la soberbia bien puesta y anteojos para el sol, como si de pronto todas las palabras fueran “yo”, llegando tarde para jugar al héroe de ficción, solitario en una terminal, con el resto de los que fueron abandonados por aquello que alguna vez los hizo vomitar; casi una biblioteca, esperando que la salida nos encuentre
o encontrar
un 
final,
“no se llevaron paracaídas,
eso 
es 
amar”,
Es un cielo estrellado, que se aproxima,
porque nunca desperté
o reboté
y subir es una caída que sucede al revés,
como se invierte todo
cuando es dios 
el que necesita 
creer.

tan llenas


NUNCA VOY A ESTAR SOLO


…los que golpearon puertas, 
los que cerraron ventanas, 
los que caminaron por el piso de arriba, haciendo temblar las tablas, 
los que subieron y bajaron escaleras, muertos de ansiedad, 
los que se apropiaron de una porción de la casa de la abuela, 
los que hicieron sonar el teléfono en las madrugadas de tormenta, 
los que dejaron mensajes en celulares perdidos, 
los que sacaron la lengua en la foto, para velarla, 
los que te miraron desde el espejo, muy enamorados, disfrazados en tus facciones, para disimular, 
los que apagaron velas, de pura resignación, 
los que susurraron que tuvieron un día de mierda, acostados a tu lado, olvidando, en la frustración, que ya no había polvo para la reconciliación, 
los que te tocaron un tobillo en el cine, cagados en celos, 
los que te acariciaron los huevos, para darle argumentos a la perversión, 
los que dejaron una carta concisa y reveladora escondida en ese libro que nunca más vas a abrir, 
los que se divirtieron con tu perro, porque se sentían solos, 
los que lloran en el baño de un bar, vestidos de mamarracho, en un graffiti provocador,
los que intentaron darle forma a tu nombre, tallando en maderas que terminaron en la hoguera, para financiar el asado de la razón, 
los que viajan siempre en el baúl, porque tarde o temprano aceptás ser miembro de la mafia y salís a destrozar:
y siempre son miradas,
que es lo único que cuando se rompe no se puede arreglar, porque el divorcio de pupilas quiebra el dique y produce inundación: agua que se contamina y se estanca, sin sol para convertirse en lluvia; sin lluvia para ahogar las ganas de ya no convertir el hielo en días por llegar: manantiales que no existen y crean el desierto oscuro y tan lleno de luz en el que se elevan mis torres más altas, con el duelo exiliado en la terraza,
y tan llenas
llenas,
llenas
de fantasmas.

porvos

9 oct 2012


SE HACEN UN TATUAJE QUE DICE: "I CAN SEE YOU"


¿qué pasa con tus personajes, cuando sólo queda un “nada más”, cuando la tristeza mutó y se decodificó en rimas que nunca pudiste concretar, en otro insomnio, traicionando lo que vendrá?
Narrar es el modo de vestir lo que pasó, mintiendo en cada espacio suspirado, casi ahogado por no querer dejar que el silencio se adueñe de tanto despertar, porque el sol está bueno, pero más lindo es soñar y no se puede domesticar a la bestia si no es con palabras y con la eterna posibilidad 
de terminar, 
siempre
mal, 
porque si la historia es circular ya nos vamos a encerrar y pobre de mí, y pobre de vos, pero por sobre todo pobre lo que sucederá, porque no puedo llegar sin antes vomitar, y dejar un ejercito de cuentos sin final, con todo el asco y la esperanza, con el delirio de la libertad, disfrazada, porque decir las cosas de modo directo no garpa y le prendimos velas al santo-chanta 
de 
la 
originalidad, 
la noche que cenamos a oscuras, con el futuro por detrás y todo un pasado para conquistar, sin saber si cortaba-pinchaba recuerdos de lo que fui o porciones de lo que se abortó, sin saber si estaba mi sangre en tu copa o tu lengua en mi corazón: sin saber quién mencionó al mito, al fantasma, la palabra “amor”,
¿qué pasa con tus personajes, cuando sólo queda un “se terminó”, cuando se rayó el disco en la última canción, arruinando tus planes de sacarle la lengua al dolor, empantanando al director antes de gritar “acción”?
Leer es el modo de desnudar lo que pasará, asumiendo, con descaro, que existe un buen puerto al que llegar, una noche que nos pueda dar un poco más, como si la luna no bastara, porque los cometas seducen, con su estela de novedad, con los presagios entre dientes y las amenazas de algún día
colisionar,
o 
besar,
porque si la historia es lineal ya nos vamos a chocar y pobre de mi, y pobre de vos, pero por sobre todo pobre la pared que me quiera frenar, porque no puedo dejar de acelerar, y dejar un desastre de anécdotas sin verdad, con todo el amor y la traición, con el delirio de la piedad, a cara lavada, porque andar con vueltas es de cobarde y le rompimos los focos al auto
de 
la 
realidad,
la noche que salimos a recorrer la ciudad, como si fuera nueva, una diosa para abrazar, sin saber si los baches eran los restos de una guerra o algo mucho peor, sin saber las rutas hasta tu casa o hasta tu callejón: sin saber cuál era la esquina para torcer el destino/ la revelación,
¿qué pasa con tus personajes
cuando cansados de perderse,
de no encontrarse,
se preguntan
por 
vos?

final




[Que no haya seguido no significa que tarde o temprano no quiera seguir, así que dejo éste preámbulo para que ustedes creen los universos alternativos y todo lo que sucederá... Ojalá creen una buena historia y espero que me hagan conocer el destino de mis personajes cuando encuentren un final]

Se llama: CUANDO LEÉS UN CUENTO SIN FINAL TE TRANSFORMAS EN EL FANTASMA DE UNA FICCIÓN. Y dice así:

Caminábamos con paso torpe, chocándonos con intermitencia, suspirando alto, pasándonos el último pucho, que estaba torcido y medio aplastado. 
Estaba tan triste que por momentos tenía que contener una sonrisa, Esteban estaba peor. En todos los sentidos.
Se me ocurrió que sus ojos, tan duros en el camino, tenían la misma convicción que cuando teníamos doce años y jugábamos a buscar extraterrestres en el cuarto de herramientas de la casa de sus padres. Ese que estaba al fondo del fondo. Ese tipo de lugar poco iluminado, sucio, lleno de polvo y atiborrado de porquerías que siempre esconde monstruos, fantasmas y el interruptor para volver inmortal un momento determinado. 
El segundo del presente se queda estático,
así, abriendo el mueble que no había que abrir.
Esa clase de lugar tan irresistible cuando tenés doce, cuando creer depende de vos, sin amenazas ni sobornos; cuando sos el respirador artificial que mantiene con vida (inestable, inestable, inestable… 
todo se vuelve inestable)
a tu amigo imaginario; cuando sufrís el accidente. 
Porque siempre hay un accidente, uno que deja marcas.
El mío me dejó una fea cicatriz en la rodilla, y una consecuente renguera los días húmedos. Eso y un beso (con rimel rojo) en el corazón.
Caminábamos con paso torpe, rumbo a la plaza dónde nos habíamos emborrachado por primera vez, con una ouija bajo el brazo.
Dos adultos.
Superpuestos. 
Éramos todos los acontecimientos que nos habían llevado a ESE acontecimiento. Éramos todo lo que seríamos después, dejando el sol que se moría a nuestras espaldas, en calles vacías, con ventanas desde las cuales nadie nos saludaba.
Desde donde ni siquiera nos espiaban.
Éramos nosotros y, quizás, no existíamos.
Rotos y épicos.
El humo se escapó entre mis dientes y pensé en papá, mirándome, cuando yo no necesitaba saber pero era aleccionado de modo diario.
-El mundo estaba lleno de ingenuidad… -solté, con la risa a flor de piel y un escalofrío en la espalda-. Y parecía tan mala leche… era ingenuidad pura.
No me miró, pero asintió. 
-Se trata de entender que papá, alguna vez, también se sintió así, ¿no?
Se me llenaron los ojos de lágrimas, con una exquisita gratitud.
Le pasé a Esteban el cigarro.
Miré al frente. 
Me vi, de espaldas. 
Apreté los puños.
Mis manos volvían a ser pequeñas, como cuando apretaba la taza, las mañanas con náuseas, los ojos doloridos de haber dormido poco o haber leído de más, escuchando historias sobre el oficio, las obligaciones y todo lo de-más. 
Escuchando, entre líneas, un chiste, un guiño de ojos, un “no me tomes en serio”.
Había un misterio que resolver. 
Luego, el misterio empieza a resolverte.
Y un humo espeso, 
entre una cosa 
y la otra.

una de Romero, pero no


UNA VEZ ME PARECIÓ GRACIOSO


No voy a confundir las cosas,
y no pretendo hacer amigos, escribiendo lo que escribo,
si cada verso es la confirmación de la certeza que nos separa, 
siempre en la oscuridad, 
con una linterna despuntando el final,
buscando la pregunta que desencadene la orgía definitiva,
cuando nos podamos mirar a los ojos, ya cansados, pero ansiosos por luchar, 
como si todo lo de la espalda se fuera
pero no te fueras vos,
como si de pronto pudiera borrar, 
rehacer,
fumar en tu cuarto cuando duermas,
y tirarte el humo en la cara, tosiendo,
para que mañana digas que no entendés,
y no te sorprenda
que no haya excusa
y grites cuando te quieran encerrar:
“¡Estoy sobria, déjenme en paz!”
y te llevan por el pasillo,
que se achica,
como tu corazón, 
cuando te preguntás a dónde van a ir a morir tus planes para el fin de semana,
pensando, de verdad,
en si alguien lo va a notar;
no pretendo hacer amigos, escribiendo lo que escribo, 
si quisiera hacer amigos mandaba fotos tuyas entangada,
el día que el vodka te bailó un malambo en el marote,
cuando te maquillaste de zombie
cuando me asustaste triunfal,
creo que Romero hubiera estado orgulloso y hubieras revolucionado todo,
si la vergüenza no te hubiera hecho llorar,
tirada, 
enredada, 
y a punto de vomitar:
“¿Por qué hice estas cosas?
¡Vos no me tenés que dejar!”
y te hundías en el delirio,
que se agranda,
como el agujero negro en tu alma,
cuando con un telescopio de segunda
sin conocerte
te pude espiar;
no pretendo hacer amigos, escribiendo lo que escribo,
si estoy a un “casi” de ser un asesino-ritual,
y sino decime cómo lo podemos disfrazar,
porque por mucho que finja que el cristal está sano 
es obvio que ya no está,
y el frío que golpea los domingos me deja los labios morados,
pero no mata la curiosidad,
como cuando rompí la vidriera esperando que el maniquí pudiera saltar:
“Es que sos tan parecida…
Yo diría que estás igual”
y se estancan tus pasos,
te quedás en el lugar,
como ese pedazo de plástico que sin decir gracias
me enseñó lo que es traicionar;
no pretendo hacer amigos, escribiendo lo que escribo,
confundirme estaría tan mal,
pero a veces me pregunto si quedarse solo y sin testigos
no es sinónimo de confesar
que sos mi mayor crimen:
la locura de la que no pude 
ni puedo
escapar.

AnK

8 oct 2012


ELECTROSHOCKS PARA DIOS
(...no te mueras...)


No sé quién te vendió esa receta berreta ni quien inmunizó tus ideas, así que tampoco esperes que entienda tu chiste fácil, porque no me da el cerebro para pensar, capaz porque me enferme tu salubridad, tu barbijo, tu falso delantal, todo el laboratorio que ficcionás, sin darte cuenta de que el virus debería llevar tu nombre y el mío y el de todos los demás, encadenado en un ADN universal que decodifique el génesis del contagio, ojos asustados, vacunas en el colegio, risas en un hospital,
¿a quién estamos matando?
¿quién nos va a matar?
¿cuáles son los argumentos que van a suplantar tu manual?
¿preguntar cuáles son los síntomas no es un síntoma más?
Mientras tanto el organismo se debilita e intercambiamos vitaminas, aceptando para no temblar, para no ceder a la fiebre, esa que da gritos, sueños con fuego, ganas de garchar, una dieta baja en imaginación, sin esperanzas que obstruyan la circulación, el esqueleto bien firme y una montaña de nubes para no salir al sol, el bronceado perfecto de la momificación,
¿en quién voy a pensar cuándo empiece a agonizar, 
en otro insomnio,
en otra noche
sin anticuerpos,
sin ganas de sanar?
Es adicción un botiquín lleno de placebos, con un buen espejo, para nunca olvidar que no existe una cura, por mucho que nos demos las manos, nos saludemos, juguemos a intercambiar las contraindicaciones de pastis que nunca van a funcionar, 
¿quién dijo que existe algo que nos pueda derrotar?
¿quién le estornudó en la cara a tu natural divinidad?
¿y sí eligiéramos,
de una vez por todas,
nunca
terminar?

serpiente-cinturón

6 oct 2012


VIVA, MUERTA o IMAGINADA


Qué linda saliste en la foto: el ojo marrón, por culpa de un policía, el labio partido, la nariz en dos; 
una secuencia de números que nunca ganarían una lotería, porque no sé si creo en la suerte, pero queda claro que no vive en las comisarías,
y te juro que me casaría, aunque esa es otra mentira,
yo también sé acelerar, 
e intuyo que una ruta lleva mi nombre, 
en alguna tierra donde fui un funeral,
porque estás demasiado brillante,
casi tanto que me lastima, casi como si fuera lo mismo no brillar,
y creeme que los curiosos abundan y la moraleja nunca es real:
si te dicen que esto está mal no te comás el cuento
y escuchá:
no hay nada mejor que resucitar,
porque resucitar es algo que no existe,
y perder es natural,
antes de la historia que nos contaron de perder,
antes de que existiera
la mentira de ganar;
Creo que estoy enamorado de tu ropa, tu remera, tus borceguíes, 
tu chupin rotoso y tu pin,
no sé si reconozco todos los parches, pero me gusta que sean coloridos,
como si nunca hubiéramos dejado de jugar
en esas tierras tan mágicas
que eran un lugar
siempre
para extrañar,
y te juro que me mataría, aunque esa es otra obviedad,
yo también sé abandonar,
salir a fumar al patio, sabiendo que nadie se está acordando de mí,
haciendo un mapa conceptual,
con toda la secuencia de personas 
que se empezaron a olvidar,
se olvidaron de llorar,
lloraron demasiado
o demasiado en paz,
depende del día que me lo preguntes,
depende de mis ganas
de olvidar
de llorar
de lo mucho
de lo poco
de la paz,
y si te dicen que las cosas son muy tristes no muerdas la manzana,
mejor leé lo que escribí el peor día,
el día que fue toda mi vida,
la brújula,
el mapa,
el tesoro:
la isla solitaria, el domingo de la ansiedad,
leé y decime si no te dan ganas de gritar, 
no es que pueda sentirme orgulloso de algo, pero fui de verdad
me río
cuando lo digo
lo digo
mientras me río,
y es increíble que hasta me guste tu cinto, con hebilla de corazón,
de cuero brillante,
como el sudor, 
que corre por tu frente,
al tiempo que enroscas al cuello la improvisada serpiente,
que del otro lado muerde la viga
de esta cárcel artificial,
te juro que aplaudiría, pero no me necesitás,
se trata de sacar tu nombre de la cartelera,
de ese intento de “Las Vegas”,
el destino se apuesta en otro casino
otro crimen, 
otro delito,
estamos en el nudo, 
de un montón de otros mundos,
y no sé si te voy a recordar,
pero cuando me duela el pecho voy a salir a robar,
matar
matar
y matar;
pensar en la foto
con la que furiosos
te salieron
a 
buscar.