Más o Menos así...

4 dic 2010

[A la Gente De Mundo le Falta Calle]
(a la Calle le falta tierra, a la Tierra le falta aire)


‎[Nada es tan SIMPLE como para llegar a ser COMPLICADO]


***

[Hoy vi a un perro suspirar y ahora me importa una mierda lo que pase alrededor mío. Si ves a un perro suspirar te tiembla el Mundo, se te cae esa sonrisa tan putita, se te cierra el estómago, se suicidan tus argumentos. Un perro suspira, triste y no está esperando nada. No está suplicando un abrazo, ni esperando comprensión, ni jugándola de dolido, héroe romántico. No está intentando cambiar la realidad y no se fuma esas noche de insomnio con vos, conmigo, dialogando, planeando venganzas tontas para seguir de pie (¿graffiteamos una pared? ¿incendiamos una sucursal de McDonalds?). Un perro suspira y duele, y el resto no es nada, y la percepción del tiempo nos vuelve unos imbéciles, unos incapaces, una sombra de nosotros... Somos siempre lo que va delante o atrás nuestro... nunca somos nosotros y ya. Nunca es mediodía en nuestras vidas, nunca nos comemos la sombra, no. Siempre buscando estirarnos, tocar más, romper más, asfixiar.


Hoy vi aun perro suspirar y ahora me dan asco tus suspiros. Quiero suspirar, no como vos, como el perro. Quiero quedarme en ese rincón, vivir ese instante, SER el suspiro. Quiero.]

***

[Rodean mi cama, estiran sus garras, susurran palabras que pensé que no existían...
¿Pero cómo pueden no existir si conozco el significado de cada una de ellas?
Hay palabras inventadas, muertas, ocultas, que son la síntesis de muchas otras palabras. Hay palabras que esconden la esencia. Hay palabras que abren puertas, que te sacuden el cerebro y pueden enloquecerte. Hay palabras que pueden destruirte. Palabras que podés pasarte una vida buscando, palabras que pueden encontrarte cuando menos lo esperas. Palabras que pueden llegar por error.
Palabras que son claves para el ritual, palabras impronunciables, pero claras. Palabras turbias, demasiado sencillas… palabras que se te pueden escapar, cuando estás queriendo decir otra cosa. Una palabra y la realidad se te hace otra, se te vuelca, se prende fuego… Y te quedás con cara de idiota, mirando el accidente.
“Los bomberos no van a llegar, cariño…”, susurra alguien a tu espalda.
¿Estás listo para girarte?
Rodean mi cama, estiran sus garras, susurran palabras que pensé que no existían... Un ejército de charlatanes dementes. Me aferro a la sábana, para quedarme despierto otro rato, para desafiarlos. No quiero irme todavía, no quiero entregarme al vértigo de esa locura. No hasta que me den la palabra que busco, la palabra que siempre ansío. No van a convencerme con cualquier pavada, no quiero revelaciones que no me importan.
Estoy harto de decir: “No hay una palabra para explicarte lo mal y lo bien que me sentí el otro día, fumando en el patio, cuando pensé en los amigos que ya no tengo…”
Van a darme lo que QUIERO, no voy a ceder en mi exigencia.
Me aferro más fuerte.
Luego, ya veremos.]

***

 ‎[Los márgenes son los policías literarios (la hoja es el sistema; el cuaderno, la prisión)]

93

1 dic 2010

TE VAN A COMER LOS PIOJOS


[Me adormecía en el bondi, hasta las bolas de alguna cosa fuerte, cargado hasta las cejas, confundiendo segundos por minutos. Cada semáforo eterno, largo, insoportable. Todo cámara lenta, las voces pausadas, ralentizadas y graves. Todo incomprensible. Y yo subido a un caracol, sin cazar una puta palabra, sufriendo en cada esquina… o capaz que estaba subido a un jet que iba a la velocidad del sonido y el resto (por contraposición) se había vuelto una representación cuadro por cuadro de la vida.
Esa era mi cabeza. La realidad era que iba en un bondi, no importa cuál, cualquiera. Y me adormecía.
Cabeceaba y rebotaba contra la ventanilla, entregado a los rayos de Sol, sin oponer ni una pizca de resistencia.
(“Mañana me van a arder las mejillas…”
Me importó un huevo.)
Había salido de casa con una meta bien clara… de a poco, en mi acalorado cerebro, esa meta se había transformado en un concepto: el lugar físico había desaparecido de mi mapa de referencia. Iba a buscar lo imposible.
Me sorprendió, no por primera vez, que mis días fueran tan fraccionados. Perdía destinos, ganaba esperanzas, terminaba confundido, con alguna victoria digna de perdedor solitario. A veces la sorpresa era el pilar de una carcajada sincera, en un lugar desconocido, ajeno a mis proyectos, espontáneo, puro. A veces todo, pero TODO estaba mal. TODO.
Miré el boleto (muy maltratado entre mis dedos) para recordarme la línea a la que me había subido.
93. Eso no despertó ninguna pista, sólo la voz de mi abuela (aquella buena señora de corazón grande y ojos cansados que jamás se hubiera imaginado a un nieto que fuera incapaz de de recordar su salida del sábado por la tarde):
-El 93 es “El Enamorado”…
-Abuela, dejá de apostar que te van a comer los piojos…
Pero claro, ¿cómo carajo podía escucharme mi abuela si de nuestro último encuentro nos separaban dos años, cincuenta y siete kilómetros al sur y tres metros bajo tierra?
-Perdón, ¿qué decías?
Me giré. A mi lado había una mujer, con una pequeña sentada en su regazo.
-Nada –respondí rápido.
-Dijiste algo…
-Sí, pero era una pavada…
“¿Hablé en voz alta?”
-Decime… Dale.
La mina me miró muy fijo y me guiñó un ojo. Inmediatamente me fijé en la niña, que por suerte estaba muy distraída, despegando unas publicidades que alguien había pegado en el respaldo del asiento delantero.
Volví a la mujer. Se pasó la lengua por los labios, muy despacio. A pesar de que tenía mas de treinta (capaz más de cuarenta) se me paró la pija. Sí, de una, al toque, sin dudas.
-Estaba hablando con mi abuela muerta…
Ella sonrió y negó con la cabeza. Me miró con reproche (“¡Carajo! Mirando así se parece a mamá…”) y luego se mordió el labio inferior. Me miró la chota y se relamió. No pude evitar volver a mirar a la niña, con rubor en las mejillas.
-¿A dónde vas? –su tono había cambiado; era más profundo. Sexy de un modo raro.
-Voy a que me coman los piojos…
Otra vez la sonrisa.
-Debés de tener un pene muy largo…
Noté de reflejo como la nenita en su regazo se giraba para mirarme y me volteé instintivamente. Clavé mi vista en la ventana. Me sentí acosado, aunque había creído, hasta ese momento, que un tipo como yo, siempre con ganas de garchar, nunca, jamás, podría ser acosado. Me equivoqué… Porque me equivoco en todo. Las cosas son así: basta con que tenga una convicción para que los pilares se me derrumben… Levanto mi casa de cero, una y otra vez, apático, siempre haciéndolo bien, siempre con ganas de tener un hogar, algo perdurable.
(“Hogar… ¿Estás ahí?”
Silencio.)
Me concentré en el paisaje que pasaba ante mis ojos. Los signos de pregunta se anidaban, me picaban, me enfermaban, me infectaban. Los signos de pregunta son veneno en estado puro.
Las personas, tan lejanas, tan bien vestidas, tan seguras, tan inseguras, tan inestables, siguiendo un lazo invisible, caminando sobre sus propios pasos, el camino de siempre, con la cabeza lejos de ahí, lejos de mi, lejos de todo… ¿Cómo buscar comprensión en un Mundo así? Y los edificios, tan altos, imponentes, recordándonos que necesitamos dónde caer muertos, dónde cagar, dónde llorar sin que nadie se entere que por algunos segundos pensamos en ya no seguir con esta farsa… Necesitamos pertenencia y firmamos un contrato de alquiler y es lo máximo que podemos conquistar en esta cruel realidad donde toda la basura tiene dueño y el Sol sigue solitario… Negocios. Negocios de ropa, negocios de artículos de limpieza, sex shops, lugares donde comer, farmacias para comprar medicamentos y mezclarlos con alcohol y gritarle a la noche que ya fué.
¡YA FUE, NOCHE! ¡TODO ESTO YA FUE!
Una plaza. Mi corazón se calmó. Me calman las plazas. Suelo ir a las plazas a escribir.
Una sensación extraña. Casi un dejá vù, pero multiplicado. Un orgasmo cuando estás drogado.
“Esos bancos… Los árboles… Es tan familiar… Como sí…”
Mi alma se congeló.
Ahí, sentado bajo la sombra del árbol más grande, estaba yo, cruzado de piernas, un cuaderno delante. Escribía. Sonreía. Yo era un pelotudo feliz, en medio de ese Caos.
Me sentí conmovido a un nivel inexplicable.
-¿Esa es la cara que pongo cuando escribo?
Me acribillé con la vista, me envidié, me aplaudí.
“¿Qué hago yo ahí?”
“¿Yo estuve ahí?”
“¿Yo voy a estar ahí?”
Mi voz, con cada pregunta, perdía identidad. Siempre era otra voz.
De pronto sentí algo sobre la pierna: era la mano de la mujer que viajaba a mi lado. La miré. Se las había ingeniado para estirarse la blusa y dejar una teta casi al descubierto. La nenita estaba, otra vez, muy ocupada con la publicidad que se negaba a retirarse de allí.
-¿Qué pasa? ¿Tenés novia? –un leve dolor se percibía en ella. Me dolió. A veces el dolor del otro te duele. A veces no estamos TAN solos. A veces sí, y es la mayor parte del tiempo.
Y entendí. Porque en ocasiones te toca entender, sentirte un gil y dejar que la revelación te patee el culo. Fue una patada dura.
Apoyé mis dos manos contra la ventana y, a medida que nos alejábamos, desnudé la sonrisa que el yo de la plaza exhibía con impunidad, delante de toda esa gente que no valía dos pesos.
(“A vos te van a comer los piojos”.)
-Esa no es la cara que pongo cuando escribo… Esa es la cara que pongo cuando pienso en Violeta…
Violeta se ríe, se enoja, se pone triste. Violeta rompe todas nuestras fotos. Violeta siempre es hermosa.
-¿Se llama Violeta?
La plaza quedó atrás.
93. El bondí que me dejaba a una cuadra de la casa de Violeta. 93: El “Enamorado”.
La mano de la desconocida ya acariciaba mi entrepierna.
Cuando volví a mirarla las lágrimas caían de mis ojos, sin que pudiera evitarlo.
-Creo que Violeta me dejó, pero no me acuerdo por qué… La extraño mucho…
Y era verdad. Mi pecho era una brasa incandescente… pronto no sería más que cenizas. YO no sería más que cenizas.
-¿Querés venir a casa? Este colectivo no nos deja cerca, pero si combinamos con otro estamos en un pedo…
Mi sábado, mi semana ya inexistente, mis expectativas ausentes, Violeta igual de ausente, la no conciencia de continuidad… Todo un episodio aislado. Todo sin pasado ni futuro. Todo sin presente.
“¿Qué es mi vida?”
Insistente: “93.”
La plaza lejos, yo lejos, el colectivo lento, las nubes cerca, el domingo a la vuelta de la esquina, mi adolescencia consumiéndose, mi vida resumida en la mirada de un pibe soñador pero sin pelotas.
“Chau Vida, Hola 93…”
Y apostar no está tan mal. Es plata que se quema, que se va, para que pases otro día miserable, en ilusiones miserables.
Me fui a la casa de la mina triste. Presentí a su ex pareja, presentí el maletín, el traje, el prototipo. Y yo ahí, como un bicho raro, como una figurita difícil, como una anécdota forra de un día en que las hormonas están alteradas. Y me importó un huevo. Hasta es probable que yo no sea más que eso: una anécdota forra.
Pensé en Violeta todo el tiempo mientras nos garchábamos. Me acordé del día en qué nos conocimos, me acordé de ella llorando, me acordé de un regalo roto, me acordé de una noche en la playa, borrachos. Nos habíamos contados demasiados secretos. Nos habíamos hecho mierda. Mi vida nunca sería igual. Tampoco la de ella. Mierda. Dos veces MIERDA.
“¿Y por qué me dejó?”, me pregunté al tiempo que largaba mi semen sobre la cara de la tipa madura, que por las dudas había apretado fuerte los labios.
“¿Por qué me dejó?”
Y con la última gota de esperma la respuesta: “Te dejó por una infidelidad.”
“Pero yo nunca…”
“Sí… Vos sí… Y cuando te dejó te fuiste a escribir a una plaza… Tan triste que sonreíste…”.
“No, no, no, no, no…”
Y en ese anticlimax, después de estar dos horas a meta fifar, me dormí.

A la mañana siguiente me despertó la niña, la hija de la mina que no era feliz tragando leche.
-Dice mamá que te vayas.
Obedecí, de inmediato.
En mi celular tres llamadas perdidas de Violeta, dos mensajes.
1-      “¿Dónde estás?”
2-      (mucho más tarde) “No quiero verte más”
La impotencia fue electricidad, se disparó en todas direcciones.
“Al menos la salvé de mí… A mi me van a comer los piojos.”
Lloré tanto…
Combinación, plaza, a escribir.
Lo descubrí esa mañana: yo vivo al revés. Voy a morirme joven.
Abuela, te odio.]

Pantanoso

DESILUSIONES
(las moralejas son el veneno, la trampa, el pijazo en la mandíbula)


[Me miro en el espejo y está tu cara de pantano, hundiéndome en la miseria de tus ojos de barro. Algo huele mal en este lugar y mis manos que se derriten y me vuelven incapaz de sacar la basura. No quiero morirme en la mugre de este espacio tan reducido. Acá todos pisan, todos mean, todos cagan. Todos hablan de más. Y me ensuciaste la ropa… Sabés que la imagen dejó de importarme hace rato, pero no me gusta que se metan con lo mío. Quiero ser dueño de mi desastre… No quiero perder mi integridad, ese trueque te lo dejo a vos. Yo quiero perder todo lo demás y quedarme en cero, en rojo, en menos diez, para conocer ese refugio para perdedores al que no te van a dejar entrar… Porque para ser un perdedor tenés que ser puro y vos ya me hinchaste las bolas revolcándote en la mierda, haciéndote el mártir, el dolido, el chabón de pueblo, de calle, de barrio… te ensuciás para venderme suciedad. Me cago en tu pantano y en tus detalles oscuros. Me cago en tu poesía de ramas secas y melodrama verga tan pretencioso y maricón. 
Y para dejarte al costado, para ya no verte, te dejo el espejo. Me voy lejos, a mirarme en aguas claras, a bucear. Me voy a buscar lo que hay más allá, sin tanto prototipo, sin tanto destino… Me voy donde no va nadie, porque sería una locura, un error, un mal plan.
Me voy sin reflejo, para que te quedes con las ganas.]


 ***

‎[No le hagas caso a los costumbristas ni a los psicólogos de turno: a Caperucita no se la comió el Lobo… Pero tampoco es verdad que fue violada. Caperucita y el Lobo se garcharon mutuamente de un modo feroz, íntimo. Fue sincero, audaz, sin dudas. Ella era una pendeja calentona, de 16 años. Él ya tenía escuela en eso de los buenos polvos. No hubo una historia romántica posterior; no hubo un final con amantes que resuelven su existencia con una muerte ridícula cargada de palabras al pedo. No se volvieron a ver. No hubieran intercambiado sus celulares de haber existido esa porquería en aquellos tiempos. El lobo siguió su vida animal, feliz, asesinando viejitas ingenuas, cagándose de risa de esos leñadores musculosos y charlatanes (casi todos homosexuales). Caperucita se sintió tan viva que ese día (el del gran garchazo) abrió los ojos de golpe y decidió escapar de su hogar. Huyó de su destino: ya no iba a ser esa mujer sumisa que cocinaba pasteles y mandaba a su hijita a pasear por el bosque, ya no iba a ser esa abuela rompe bolas que hablaba sin parar para consumir la juventud de quienes la rodeaban, de envidia, bien hija de puta. 
Caperucita escapó, extasiada, llena de paz, fuerza, dolor. Hambrienta.

Cuando Blancanieves aceptó la manzana que le dio la Bruja la pasó bomba: la manzana tenía tres gotitas de LSD. Ese viaje iniciático hizo que Blancanieves tuviera largas charlas con todos los animales del bosque… Y así fue que llegó a la conclusión: no iba a esperar al cornudo del príncipe. Se compró la discografía de Joy Division y valiéndose de los talentos de los siete enanos (ya curtidos en esos mambos) formó una banda post-punk y se fue de gira, para seguir encontrándose. Viaje tras viaje. 
Dicen que los seis (dos enanos murieron: uno de sobredosis, el otro se rajó un tiro por la depresión) aún tocan en sótanos mal olientes, en cualquier ciudad, en cualquier parte del Mundo. Dicen que Blancanieves está bien perra. Dicen que tocan muy bien. Nunca dejes de tener los ojos abiertos.
Robin Hood le afanó al Alcalde, poniendo en riesgo su vida. Se cagó de hambre por tres días, se ocultó de la cana (lo habían violado tres veces en prisión y vivía paranoico) y finalmente llegó a la Villa Miseria del pueblo. Los chicos hambrientos, que no tienen por qué entender la justicia, ni a los héroes, ni a la mierda que vendés, lo recibieron con tres balazos certeros… Robin Hood no tuvo tiempo de entregarles el botín: se lo arrebataron de una, con euforia. Ponele que quieras ayudar, pero primero tenés que entender. 
Dicho sea de paso: al flaco, una vez muerto, le colaron cada una de sus flechas… como diversión, porque los chicos son chicos, lo creas o no.
Así que ya sabés:
Desobedece a mami, acepta todo lo que provenga de un desconocido y nunca jamás hagas algo si no lo hacés exclusivamente por y para vos. El resto es CUENTO.
Dulces sueños.]

 

 ***


‎-[AUTO]BIOGRAFÍA-
[Charly era una Chevy negra. Nació en 1976. Tuvo varios dueños (un dealer de heroína; un tipo que se creía la reencarnación de Elvis; un suicida simpático y de sonrisa burlona; una chica que disfrutaba manejando desnuda) pero conoció la felicidad recién en 1996 cuando la compraron unos muchachos que pintaron el símbolo de Batman en una de sus puertas. Charly quedó encantada con el gesto. 
El el 2002 (fueron seis años MUY intensos) Charly murió quemada: fueron sus propios dueños los que prendieron la mecha, luego de escapar por poco de una persecución. Charly había sido herida por un tiro de la policía pero fue fuerte y fiel hasta el final... Luego estalló en lágrimas de fuego, al tiempo que aquellos que le habían regalado ese dibujo tan lindo en la puerta izquierda (el mejor regalo que había recibido jamás) le daban la espalda y huían con un bolso con mas de dos millones de dólares.
Charly, Chevy del 76, conoció el Amor.
No se puede decir lo mismo de muchos autos.
Q.E.P.D.]

 

***

‎[Un baño mugroso en el Fin del Mundo. En medio de la nada, en el centro de todo. Las esculturas, los monumentos, las escuelas, las mansiones. El banco más prestigioso, las iglesias… Cuando todo es escombros nada es diferente. Tu casa se parece a la mía. 
(hasta podemos jugar a haber vivido juntos, ¿no?)
El horizonte ahora es del cielo… Y como único testigo ese baño mugroso: cuatro paredes chotas, feas, pero resistentes. El último vestigio de una historia bien pelotuda. Tanta humanidad de cerebritos para que sólo sobreviva la mierda.
(y es todo lo que fuimos)
Es una suerte todo ese legado que jamás supimos dejar. Es una suerte ese baño mugroso con sus rajaduras en los azulejos, lleno de moho, canillas con óxido, un corazón dibujado en el espejo roto (siete años de mala suerte), el inodoro cubierto con el vómito de tu última resaca, la bañera llena de agua en la que nadan renacuajos, entre las hojas de las cartas que nunca nos escribimos… La tinta que se corre, el idioma que se vuelve obsoleto. Ya nadie pedirá ayuda, ya nadie dirá te amo, ya nadie le gritará a nadie.
Es una suerte ese montón de poetas descomponiéndose al Sol. Resulta que no eran eternos, que ni siquiera eran bellos.
Es una suerte ese baño mugroso, en medio de la NADA, en el centro de TODO. 
Es una suerte el Fin del Mundo.]

Baño Público

28 nov 2010

TRES
(o todas esas cosas que es al pedo poner en un papel)



Dedicado a esos textos que nunca supiste terminar.

[Vos sos tres.
Yo soy uno, solo.
A vos te sobran brazos.
Yo tengo frío. Siempre.
Cuando cerré de un portazo fue para despabilarte, fue para que entendieras que TODA decisión es definitiva: no hace falta todo ese drama barato que te comiste mirando novelas mejicanas y leyendo libros de vampiros afeminados. No hace falta esa representación tan falta de todo y tan llena de poesía mediocre; poesía de niño feliz que quiere sentirse triste. No entendías una mierda de la tristeza, espero que hoy ya sepas asumirlo. No entendías una mierda y yo tampoco entendía… Pero yo quería conocer y vos querías seguir mojándote con el protagonista romántico y predecible. No hace falta fundir a negro: cada acto es la violencia pura y aniquiladora del futuro. Cada acción nos separa del momento en que el tiempo no importaba un carajo.
Cerré fuerte para que te temblara la casa, para aturdirte con el golpe, para que te asustaras y pegaras un salto en el lugar.
No tenía ningún plan, de verdad. Cuando la puerta nos separó (“Listo muchachos, es suficiente… no más golpes, alguien podría salir herido…”) me di vuelta y caminé sin rumbo.
Un hotel, dos hoteles, la noche y una estrella que empecé a reconocer de tanto mirar el cielo.
Le puse tu nombre, por las dudas, por si alguna vez te atrevías a olvidarte de mí. Así que te contaba las cosas más pelotudas… Y me tenías que escuchar, casi de prepo, porque eras una estrella… Y no hay nada de tierno en decirte que eras una estrella: las estrellas son una mierda, porque quieren digitar tu destino y bailan, las muy conchudas, haciendo chistes entre ellas, coqueteando y te escriben una historia muy chota donde perdés, siempre perdés, porque esas estrellas tienen un humor muy jodido (quizás buen humor, quizás un humor del carajo). Así que no te ruborices ni se lo cuentes a tus amigas: cuando el escritor idiota te comparó con una estrella no estaba haciendo una declaración de amor. No señor.
Me hice amigo de las cuatro paredes, de la mesa eternamente sucia, del plato grasiento, de las botellas vacías y ruidosas. Hubiera sido fácil, después de todo empezaba a agarrarle el gusto… Pero nada puede ser fácil si vos sos difícil, así que olvidate. OLVIDATE.
Vos sos tres.
Estabas reencarnada, con una sonrisa mejor.
-¿Cómo me encontraste?
-Te llevaste mi nostalgia… La encontré a ella y estabas vos, subido encima, como un pervertido… Siempre andás queriendo estar arriba de algo o de alguien…
Sonreí. Que te digan pervertido es un lindo piropo si lo pensás un rato.
Hablamos de que éramos jóvenes, un poco viejos, de que era un poco imposible pensar en el futuro… Nos preguntamos con sinceridad, al unísono, cómo podía ser que hubiera personas que tuvieran la capacidad de entrar a un cuarto oscuro y confiar en lo que hacían, sin sentirse cobardes o traidores. Sin sentirse cómplices. Nos peguntamos eso y después compramos un licor, que era tu manera de decirme que estaba tomando mucho vino. Sabés cómo decir las cosas. Nadie se enteraría de que te estás preocupando por mí, pero lo hacés. Gracias.
Fuimos a la plaza, vimos a muchos activistas, nos dieron ganas de cambiar el Mundo… Pero ya no esperábamos nada de nadie. La Libertad muta, casi tanto como vos, como yo. Somos la Libertad. Si el individuo no es Libertad entonces la Libertad no existe. La Libertad no es en sí. Los filósofos seguían abstrayéndose. Les escupimos el vaso, porque hacerse el tolerante es de careta.
Nos mudamos juntos. Hicimos eso de la vida, el trabajo, el poder desperdiciar dinero; eso de ir a los bares a gritar, a ladrar, a reírse. Yo me hundía, por las noches, solo. Vos siempre hablabas con alguien, claro. Y tan tres sos que esa vez golpeaste vos la puerta.
Justo en el mejor momento.
Lo hiciste sin maldad, estoy seguro: nuestra idea de revancha nunca fue muy parecida. Seguro se te escapó o una ráfaga de viento te sacó la puerta de las manos. Fue un golpe fuerte y me dejó llenó de confusión, no por la fuerza, sino por el silencio que hubiera querido ser y no fué.
Me lo tomé con calma: ningún vecino sospechó nada, ni siquiera esa vieja chusma que solíamos imaginarnos con su oído contra la pared, mientras nos cogíamos como si fuera la última vez.
(alguna vez es-fue/será- la última vez)
Cargué la mochila (parche despintado de bandas que alguna vez me salvaron el día, la vida, el alma) y me fui de vacaciones. No atendí llamados y me hice el boludo cuando escuché que alguien pedía socorro. Soy una porquería, no hace falta que me lo repitas, ni me repitas lo mucho que me quieren todas esas personas que a pesar de todo me vuelven a llamar. ¿Te pensás que no lo sé? ¿Todo este tiempo para que creas que soy tan pero tan ciego?
Una actriz frustrada que había devenido en tarotista me brindó cierto consuelo, con miradas curiosas y palabras arrebatadas. Me dio una pasti y dijo una palabra rara que nunca más voy a olvidar, pero que jamás podría pronunciar. Después ordenó:
-¡Viajá!
-¡No puedo!
-¡¿Por qué?!
(todo así, en gritos)
-¡Porque me falta un disco de los Beatles!
Y la muy turra en vez de regalarme un reproductor de mp3 o algo así prefirió meterme un DeLorean en la cabeza, para que viajara en el tiempo cuando quisiera, cómo quisiera.
-Y acordate de la gran regla: cuando viajás en el tiempo te tenés que esforzar por tocar todo, por cambiar todo, para que nada sea igual, para hacer bardo, provocar errores…
-Dale…
Y mi conciencia estaba bailando con un conejo enorme. Era un tema de los Doors. Al final los Beatles no vinieron hasta después de las tres de la mañana, mientras tanto Jim Morrison fue buen anfitrión.
Pocas líneas escritas, pero fue furor. Fue creativo a nivel emocional, experimental. Fue crucial… Creo que escribí mi mejor cuento estando borracho, en el baño de un bar. Lo escribí en los azulejos blancos, con mi fibrón negro. Era un cuento sobre una persona que lo único que sabía hacer era meterse en los sueños ajenos, para cagar todo. Y ahí entraste vos.
-¿Qué hacés? Éste es el baño de hombres… -fué mi recibimiento.
Me reconociste y tu rostro se empalideció. Se te borró la alegría, pero te pusiste feliz.
-¿Qué hacés acá? Éste era mi sueño… ¿También querés cagarlo?
Me diste un cabezazo en la nariz. El fibrón cayó al inodoro y mi mejor cuento quedó inconcluso.
-Mierda…
Se ve que me viste desolado o algo porque me abrazaste con mucha fuerza.
-No es el baño de hombres… -susurraste en mi oído- Estás en el baño de mujeres…
Y volvimos a casa, juntos. Recorrimos los kilómetros, las realidades, los destinos truncados… Todo para volver. Llegamos y sacaste un encendedor, yo puse el alcohol.
Quemamos todo, rompimos nuestros documentos.
-Ahora siempre vamos a ser dos desconocidos… Ahora puede durar de verdad.
Las llamas se llevaron mi adolescencia.
Ahora no sé qué soy. O no quiero asumirlo. O soy terco como para darme cuenta.
El fuego fue el final de todo ese lío.
(Por las dudas, por si no se notó, quiero dejar constancia de que fue un lío hermoso.)
Dijiste, cuando ya no volviste a mi vida: “Aquello no era mi sueño… Era de los dos. De algún modo lo lograste… Capaz que lograste ser el cuento y no el protagonista.”
Me guiñaste un ojo, no dijiste adiós.
La vida sigue.
Vos sos tres.
Yo soy uno, solo.
A vos te sobran brazos.
Yo tengo frío. Siempre.]

“…la gente está aplaudiendo,
y aunque te estés muriendo
no conocen tu dolor…”

[Vos+Yo=Findelmundo]

27 nov 2010

ASI COMO MEZCLAR PASTILLAS Y VINO


Lo más bello fue sentir que era la alucinación de otra persona. Yo no estaba ahí, intentando no desarmarme, intentando desangrarme, gritándole a las paredes, suplicando al vacío, inventando conversaciones con las cucarachas que se aburrían rápido de mi, que me ganaban a la ajedrez (y sin hacer trampa).
Yo no estaba ahí.
Vos estabas, pero te llevé conmigo o eso me pareció, porque me sonreíste cuando miré al costado y lloré:
-Nunca voy a poder darle un abrazo a Stephen King, y es el tipo que más cosas me enseñó en mi vida… Nunca voy a poder decirle que quiero matarme…
-Pero él ya sabe eso… -me explicaste.
Suspiraste feliz, hundiéndome en tu pecho, para que me calmara, porque de otro modo no me calmo y ya sabés qué pasa cuando no me calmo y empiezo a buscar los discos que nunca encuentro y me agarra una paranoia enorme, porque no me acuerdo si saqué a mi mascota (es violeta, mide tres metros y lleva una remera con una foto de tu vieja en bolas, bien entregada, putita… Porque tu vieja era joven y tenía el poder en la concha. Sí, ella también. Mirala a la cara y trata de centrarte en los ojos) para que meara en el jardín del vecino, que es muy hijo de puta (es remisero, casi un taxista) y seguro que algún día me va a denunciar a la yuta porque está convencido de que soy el que pinta esas A en la pared de su casa… Y yo no soy, soy un asco con el aerosol, siempre me pinto los dedos… Pero el bolsa de cuernos no entra en razones. Y me señala y me gruñe.
-Al viejo le falta bocha de droga… ¡AL VIEJO LE FALTA BOCHA DE DROGA! –grito por toda la casa.
Te parece gracioso los primeros dos minutos. Después soy insoportable. Claro, no soy especial, tengo ratos de lucidez y tengo ratos en los que te puedo hacer sentir bien, me di cuenta por tus mejillas, que se hincharon, porque hiciste ese gesto tan raro que significa que te parezco tan idiota que estás enamorada. Pero son ratos chiquitos… Son una porción de mi espíritu rotoso, que la mayoría del tiempo está demasiado deslumbrado. Soy un retrasado mental tratando de armar el rompecabezas que jamás pudo concretar el genio del barrio: aquel borracho empedernido que logró, según se cuenta, resucitar a Einstein y darle un voleo en el orto: “Todos los tiempos son el mismo tiempo”, dicen que le dijo. Y le sacó la lengua, burlón.
No viene al caso. La onda es que es una suerte que me hayas calmado, que estés acá, conmigo, lo que significa que tampoco estás allá. Me gustaría preguntarte si venís porque estás convencida o porque te arrastro conmigo… Pero no me gustan esas preguntas. Preguntar algo así sería la confirmación de una respuesta negativa: si podés preguntar eso en voz alta es porque se pudrió todo, de modo definitivo. Menos mal que yo no puedo exteriorizarlo… menos mal que cada vez que lo intento me estás hablando de alguna pavada y me acuerdo que no me acuerdo que tenía la garganta cerrada, que no podía respirar, que quería pedir auxilio pero que no quería que nadie me escuchara… Quería morirme de rabia, delante de todos, con los ojos saltones y rojos, llenos de vida, irritados, odiosos; el cuerpo convulsionado, las venas estallando, espuma en la boca, retorcido… Quería morirme delante de todos, para que les duela, por haberme dado tantos buenos consejos todo el tiempo, por haberme hecho un tipo bien (“bien pelotudo”, dice alguien desde el público… Que alguien le de un premio a ese bastardo), por haberme enseñado a no matar, por haberme llenado de expectativas forras… Quería morirme.
Pero estás vos y decís:
-¿Sabías que un huevo de codorniz tiene el valor energético de tres huevos de los comunes?
Y me estallo en carcajadas, porque el dato es tan idiota que me gusta. Y no te creo nada, porque seguro estás inventando o entendiste mal cuando te lo explicaron. Y discutimos sobre las codornices y las gallinas y vos no sabés cómo es una codorniz y eso me da risa. Te digo que es un bicho enorme a pesar de poner huevos chiquitos… Te miento porque es lindo mentir y jugar y vos me mandás a la mierda. Y te amo por todo eso.
Y en vez de estar mirando el techo, en vez de ver cómo se aleja una porción más de cordura, me quedo escuchándonos. Tenemos charlas muy buenas, de verdad. Shakespeare puede chuparla, nosotros sabemos como mantener al espectador bien entretenido. Y no nos cuesta nada. Es lindo, porque es raro.
No sé bien dónde estamos. No sé si estamos yendo a otro lado. Lo único que sé (sabemos) es que no estamos allá.
¿Allá? ¿Qué es “allá”? Bueno, eso lo sabés sólo si (condición determinante) estuviste ahí. Si no tenés esa conciencia es al pedo que intente explicarte.
Puedo imaginarme como una historia, como una canción (punk, aunque ya casi no escuche punk), como una anécdota de borracho, como desvarío de algún místico falopero, como pintura borroneada de nene chiquito con problemas familiares, como carta de amor de una pendeja muy sensible a su profesor de Historia (el mismo que va a violarla), como viaje turbio de pepa vencida. Puedo imaginarme como muchas cosas. O puedo no imaginarme y sentirme. Y lo más bello fue sentir que era la alucinación de otra persona.
Yo era ese instante eterno y era la Revelación. Yo decía, por primera vez, unas cuantas verdades. Yo decía cosas lindas (o feas) que te emocionaban, que te hacían pelota… Por fin llorábamos juntos.
(¿empatía?)
Yo hablaba de vos. Creo que siempre hablo de vos.]

"Yo sin vos no hago ésto, ni ninguna otra cosa: 
no se encuentran las palabras ni las letras en la bolsa."]

[Barrilete]

LAS COSAS QUE NO ENCONTRÁS CUANDO ESTÁS NERVIOSO



‎[Dijo: "PARA SIEMPRE", y no se preocupó por la posibilidad de un cáncer, de una muerte absurda, prematura y violenta. No se preocupó por los demás, ni por un futuro incierto. Dijo: “PARA SIEMPRE” y salió corriendo, a remontar su barrilete negro, para estrellarlo contra ese cielo color vómito, en esa ciudad de mierda, donde las plazas envejecían y los árboles ya no morían de pie (porque la dignidad es una mentira). Ignoró los cadáveres. Ignoró a los mutilados, a los suplicantes. Ignoró a todos esos hijos de puta que no se quieren hacer cargo pero levantan carteles. Los ignoró (uno por uno) y llegó hasta ese lugar donde se rumoreaba que la gente estaba infectada.
Se enamoró de una piba de mal carácter, que le gritaba muy ofendida a la Luna que ya apenas se veía. Una piba que de noche se llenaba de preguntas y dudas. El respondió: “PARA SIEMPRE”. Una y otra vez, convencido, sonriente.
Ella lo odió con todo su ser cuando él decidió dejarla. Le dijo que eso no era “Para siempre”, él le dijo que aún le faltaba entender qué era “Para siempre.”
Buscó de todo, nunca un trabajo. Tuvo tres novias, se enamoró demasiadas veces, consiguió tres amigos (uno de ellos un perro) y nunca dejó de hacerle “Fuck You” a dios (o a quien fuera que lo miraba) con su barrilete.
Nunca se sintió del todo comprendido. Nunca logró comprender a nadie.
Murió en esa ciudad de mierda; en esa ciudad muerta. Viejo, de barba, soñador.
En poco tiempo todos lo olvidaron. PARA SIEMPRE.]


[Dice mi mejor amigo que el día que te morís es sólo un día más. Hoy le creo.]

[Silencio Mil]

24 nov 2010

Moscas Ruidosas para los Diálogos Muertos 
[extracto de INCAPACIDAD INNATA PARA LA COMUNICACIÓN]



‎[Hay un muerto que todas las noches sale de la tumba y se viene a casa, para hablar de pavadas. Me cae bien a pesar de los gusanos y yo le caigo bien a pesar de la barba crecida, el pelo enmarañado. Nunca acepta un vaso de cerveza y yo nunca acepto sus consejos. Repite la palabra: "Emocionado" y yo insisto con mi Teoría del Miedo. Porque el miedo no nos deja salir, nos paraliza, porque el miedo está en todas las pupilas, porque me da miedo el miedo y qué querés que te diga... 
-¿Por qué siempre estás solo cuando llego?
-No sé... Me gusta jugar a ver que le pasa al Mundo si yo no estoy...
-Ah... 
-¿Querés birra?
-No.
-Bueno.
-Estaba pensando... Capaz que deberías...
-No me interesa.
-Está bien.
Después yo me acuesto a dormir y una chica que supo estar enamorada sueña con él. 
A veces pierdo noción de las barreras.]


***

 ‎[Un bicho feo, deforme y malo se comió a mi mascota... Lo supe porque lo vi en sueños... Yo era muy chico, pero no tuve miedo... Me olvidé de los buenos consejos que te dan los Domingos, me olvidé de las enseñanzas de papá... 
"Hay que saber perdonar."
Tu vieja.
Agarré un palo pesado y me fui a la Fabrica Abandonada con la que había soñado. Destrocé al hijo de puta que me había dejado sin mi mejor amigo y después me tiré al suelo a llorar. Calculo que lloré mucho tiempo, porque cuando volví a levantarme mis manos eran grandes, torpes, nudosas. Manos de hombre.
Escuché que alguien se acercaba... Era un niño. Temblaba, estaba lleno de ira.
Comprendí al instante que venía en busca de Venganza.
Venía a matarme.
Respiré hondo.
Bienvenido a la Vida.]


***

La mujer de tus sueños me vendió tu alma por una buena chupada de concha. Tu mejor amigo me contó tus secretos, para que pueda humillarte. Tu vieja me habló de tus traumas, de tus fobias, de tus lágrimas aniñadas, para que pueda destruirte. El rati que cuida tu casa me dio tus horarios, para que pueda ir cuando no estás y pueda masturbarme sobre tu biblioteca, sobre tus discos, sobre tu ropa. El político de turno me regaló un arma, para que te la de a vos y te hablé de la gente que duerme en las calles. El tipo de las noticias, el que se ríe siempre, me ofreció una hora de su programa, para que te cuente que todo es una mierda, que ya no hay esperanzas, porque vos sos buen pibe y deberías saberlo...
Ahora, con mal sabor en la boca y seis balas gratuitas, quiero que sepas que yo, por mi parte, estoy de tu lado. 
NO ESTÁS SOLO. 
[Traicionar es un arte, camarada. Y el que traiciona último traiciona mejor.]

***

[Me desperté sobresaltado, agitado, con una sensación de mierda, abrumado, perdido. Estaba en mi habitación, las sábanas totalmente mojadas. Intenté rescatar algún fragmento onírico. Al pedo, ya se había ido. ¿A dónde? Qué sé yo... Donde van los sueños que no te acordás... Me imagino que debe ser un lugar parecido a un cuadro de Dalí. 
Prendí el velador y me estiré hasta poder mirar abajo de la cama. Cómo siempre, ahí estaba Poe: una vela prendida, una hoja levantada delante de sí, una pluma que volaba de margen a margen.
Me miró.
-¿Qué?
-Tuve una pesadilla... ¿Fuiste vos?
-No.
-¿Posta?
-Sí.
-¿Y qué escribías?
-No te voy a decir...
-Dale...
-No... te vas a reír... Sos muy pelotudo...
-Dale... Necesito una buena historia para poder dormir...
Suspiró, con impaciencia.
-Si te la cuento no voy a poder terminar de escribirla...
-¿Por?
-Las cosas funcionan así...
Lo pensé tres segundos:
-Bueno, ya fué... Dale...
-¿Si no te cuento no me vas a dejar tranquilo, no?
Negué con la cabeza, orgulloso de ser tan terco.
-Ok, ahí va... Pero me debés un vino...
-Hecho.
Me contó la historia. No incluía muertes; no incluía apariciones fantasmales, ni una venganza turbia, ni una relación amorosa enfermiza... No incluía un misterio, ni un crimen, ni un detective. No era una pesadilla.
Terminó de contarla y me sentí sobresaltado, agitado, con una sensación de mierda, abrumado, perdido. En un abrir y cerrar de ojos era yo el que estaba bajo la cama, entre el polvillo, solo.
Supongo que la historia que Poe nunca terminó de escribir está en el mismo sitio donde están los sueños que nunca me acuerdo por las mañanas. Eso nos hace un poquito iguales... Y me gusta. Cuestión de ego, supongo. 
Le debo una botella a un escritor muerto pero lo bueno es que encontré mi lugar en el Mundo. Que no se diga que soy mal negociante.]


La soledad es el precio de la libertad.
CDdeRibera

[VodeVil]

22 nov 2010

Hay un Borracho en el Teatro


El escenario estaba lleno de escombros.
-¿Hola? –solté temeroso, haciéndome lugar entre el desastre, poniendo especial cuidado por no romperme una pierna.
-¿Cómo se llama la obra?
Se prendió una luz en mitad de la sala y pude ver a un tipo sentado en una de las butacas. Tenía una bolsa grande de pochochos y una botella de vino abierta.
-No tengo idea cómo se llama la obra…
-Andate a la puta que te parió… ¿Cómo no vas a saber cómo se llama la obra?
-No tengo idea –repetí-. Entré porque estoy buscando a una chica que conocí hace unos días… Me dijo que trabajaba acá… Una chica de pelo…
-¡Aburrida!
-¿Eh?
-¡Ésta obra es aburrida! –gritó el tipo, llevándose la botella a la boca- ¡Esto es una estafa! ¡Una estafa enorme!
-Señor… -di un paso adelante-. No sé qué mierda está pensando pero ya le dije que…
Se prendió otra luz. Esta vez sobre mi cabeza. Un pensamiento fugaz: “Fue mala idea venir.”
Otra luz en mitad de la sala: una mujer de avanzada edad me observaba desde otra de las butacas. Estaba inclinada muy hacia el frente, el ceño fruncido, lentes muy gruesos.
-No entiendo bien qué está pasando… ¿Él es el malo o el bueno? –susurró.
-Señora, yo…
Más luces… Las butacas se fueron iluminando, de a una. Todas estaban ocupadas: un chico, un tipo vestido de militar, una mujer semidesnuda, un gordo en cuero, un payaso, un médico, un motoquero de los típicos, con anchos bigotes, pelo largo, campera de cuero…
Me empecé a marear.  A mi cerebro le dio un ataque de pánico.
-¿Está drogado?
-¿No se supone que los actores deberían ser lindos?
-Má, me quiero ir a casa, tengo miedo…
-Debe ser arte moderno…
-¡Basta, la puta madre! ¡BASTA! –estallé.
Se callaron todos. El borracho, el primero que había aparecido, ahogó una sonrisa.
-Va a decir algo importante… -sentí que decía alguno.
-¡NO! ¡No voy a decir nada importante! ¡Nunca tengo nada importante que decir! –los desafié con la vista, aunque las luces ya eran muy fuertes y me costaba centrarme en sus rostros-. Y yo también tengo miedo y me cago en el arte moderno y sí, estoy drogado… Pero eso no tiene nada, pero NADA que ver con ésta mierda… Ah, y los mejores actores son feos, vieja de mierda…
Hubo un silencio largo, algunos “OH”.
De a poco me tranquilicé. Dejé de respirar como un animal enjaulado.
-¿Ejemplo?
-¿Qué?
-Dame un ejemplo de un actor feo…
Me rasqué la cabeza, confundido.
-No sé, soy malo para los nombres…
-¿Buscemi? –preguntó el motoquero, desde el fondo.
-¿Cuál es?
-No podés saber quién es Buscemi…
-¡Soy malo para los nombres, carajo!
-Mr. Pink de Perros de la Calle…
-Ah, sí… Sí, puede ser… Es buen actor y es feo…
-Es horrible…
-Hay más feos…
-Bueno, trato de ayudarte…
-¡No necesito ayuda! Es decir… Sí necesito… Pero no me interesa hablar de actores feos… Estoy buscando a una chica…
-No me gustan las obras de amor… ¿Por qué no me avisaron que era una de amor? –exclamó el payaso.
-¡Shhhh! –interrumpió la vieja-. A mi empieza a gustarme…
-Má… Quiero irme…
De nuevo los múltiples susurros… Los ojos me lloriqueaban por las fuertes luces. Pensé en mi auto, en la tranquilidad de mi auto.
Sin mediar palabra di media vuelta y me propuse salir de allí inmediatamente. Sin embargo, cuando me giré, tropecé con una de las grandes piedras y caí de boca.
-¡Mierda!
Todos se callaron. El payaso lanzó una carcajada bien sonora e irritante. Supe que había sido él porque sólo los malos payasos saben hacer eso.
Me levanté como pude, con un dolor sordo y palpitante en el tobillo. Eché una mirada de recelo al público y seguí mi camino.
-¡Hey, chico!
Me giré y vi que el militar estaba de pie. Apuntaba un arma hacia mi.
-Pagamos por ver una obra… Así que más te vale darnos la obra, hijo de puta…
Me quedé duro. Aquello era demasiado.
-¿Ustedes son los actores, no? Ustedes son los actores y están jugándome una broma… Una broma bastante pelotuda… Pero buena broma, en serio… Lograron ponerme nervioso… Lo hicieron bien… Invirtieron un poco los papeles, ¿eh? A todos nos gusta mirar una buena obra… Debe ser dura la vida del actor, sin poder mirar al público a los ojos, siempre representando… Estuvo bien...
El borracho se levantó, dejó el pochocho y la botella sobre la butaca, y empezó a aplaudir, conmovido.
El militar lo miró, apuntó el arma hacia él y disparó.
Sí, disparó. El sonido fue ensordecedor y la cabeza del borracho estalló en fragmentos oscuros de hueso, masa encefálica  y lo que sea que haya en la cabeza.
Todos se reclinaron en sus asientos. Yo di un paso hacia atrás.
-No se trata de ninguna broma, imbécil. Actuá.
-Pero yo…
-Actuá de una vez o hago mierda a otro de los presentes…
-Má… Ya no quiero irme… ¡Mirá, tiene un arma!
Y así fue como esa noche de verano empecé con la función que todavía hoy sigo representando en estas ruinas… Lo hago por ustedes, para que sigan vivos. Lo hago por mi, porque tengo miedo. No le temo al arma, ya no. Todo se resume a “Actuar o morir”. Y no le temo a la muerte, le temo a dejar de actuar. Quizás le haya agarrado el gusto, quizás sea inercia, quizás se trate de oficio. Quién sabe.
Lo hago porque aún tengo esperanzas de que todo este mal entendido se termine algún día y aparezca esa chica de la que me enamoré de modo espontáneo… Esa chica de la que ni siquiera me acuerdo el nombre. Esa chica que quizás pueda explicarles a todos que yo sólo estaba de paso.