Esquina- Universo

14 sept 2010

 [A + B = me chupás C]


Podrías detenerte en una esquina y observar a los individuos pasar…
Podrías intentar comprender lo que pasa con ellos…
Podrías quedarte en esa esquina por semanas…
Podrías poner toda tu capacidad en ello…
Y no sería suficiente.
En cada fragmento se dibuja el todo.
(Fractales)
Cada ser disparando su línea energética… Colisiones-conciencias-espectadores-protagonistas.
Podrías intentar establecer un orden… Podrías intentar ver la película que se está proyectando… Podrías intentar buscar la conexión entre esa patente capicúa, ese hombre de traje que no deja de estornudar, ese perro con collar y sin dueño, ese vagabundo que profetiza el Fin del Mundo, ese chico con un dibujo de un conejo en la remera y esa mujer con tan buen culo… Podrías.
Pero el conductor del auto de la patente capicúa, el hombre formal e hiper alérgico, el perro perdido, el vagabundo con aires de Nostradamus, el chico- conejo y la mujer con el culo más apetecible de la ciudad pueden estar buscando lo mismo que vos…
Caerías de tu posición de Dios y chocarías estrepitosamente contra el suelo, para romperte todos los huesos y astillarte los órganos internos… Sí, la vulnerabilidad del personaje.
(Predestinación- Libre Albedrío)
La frustrante dualidad es una doble penetración que agota, duele y no deja mayor satisfacción… Un polvo nunca será más que una buena paja si no se busca la ruta secreta que otorga brillo a cada eventualidad… Y la ruta secreta no está en las posibilidad terciaria, es decir C, que surge de A y B. La respuesta que se desprende de la confrontación (desprendimiento que fascina a gran parte de teóricos y filósofos de cartón que pasan horas y horas auto succionándose la pija) es un buen comienzo, pero dejarse engañar por esa mierda es peligroso… El facilismo de esa práctica es patético, más cuando se sugiere como meta y no como escalón. Es el equivalente a saltar la legalidad y conseguir marihuana. No es una rebelión verdadera, joder… La alternativa es llegar a C sin hacer sustracciones, adiciones, multiplicaciones o divisiones entre A y B. Llegar a C por A y B, que son las drogas establecidas, es llegar a la Iluminación que todos programaron: te declaraste terrorista y le pediste armas al Estado. Te vendieron chocolates, ¿qué pretendías? Defender tu posición con chocolates puede ser rico y hasta es posible que te haga ver bien… ¡Hasta podrías conseguir una buena chica si mantenés con esmero tu pose de héroe romántico!
Pero la horrible realidad es que los chocolates no derriban barreras y a la larga te vas a volver adicto y vas a dejar de buscar.
Los dientes manchados, sonriendo de modo tan estúpido. Dios, qué chiquilín.
Es mejor vomitar que comer… ¿Para qué masticar y digerir?
(SIEMPRE hay algo que vomitar)
Podrías, en ese minuto parado en esa esquina, buscar rutas secretas (son subterráneas, combinaciones incluidas).
INFINITO. La eternidad no alcanzaría porque no habría un “algo” que descubrir.
Ser telescopio y estrella en esa esquina, por cada segundo, para siempre… Es así de terrible, grande y hermoso. Demasiada información circulando y nuestro puto cerebro asimilando sólo un asqueroso 10 %.
(El Infinito entrando a una casa de espejos. Infinito repetido)
Podrías reformular tu idea de ascenso. Podrías encontrar esas respuestas de índole individualista que no responden ninguna pregunta… Entonces dejarían de rastrearte: eludirías a los perros de la razón…
Podrías intentarlo, en serio.
(Elevación)
Podrías… Pero primero tendrías que poder sacarte a esa mina de culo perfecto de la cabeza.
Imposible.
Sencillamente.

[EMBOTELLAMIENTO]

7 sept 2010

[EMBOTELLAMIENTO]
-Cervezas y Vehículos-


[La inspiración se va; la cerveza perdura. La sonrisa fácil se va; la cerveza perdura. La empatía automática se va; la cerveza perdura. Bloqueo, resaca, encierro... Y aún la cerveza perdura. Bukowski se rie, tranquilo: él ya escribió poemas al respecto. Jamás le preguntaría algo a Bukowski, pero el me dio muchas respuestas. Nos llevamos mal. Bukowski pasa; la cerveza perdura. Las palabras de Bukowski también perduran... Pero la cerveza es la esencia de cada sílaba. ¿Y por qué escribís? Para poder volver a llenar las botellas, que son lo único que se acumula.]

 ***

TEMPERLEY




[Siempre que fui a Temperley llovió. No sé si yo llevo la lluvia o si es el modo de Temperley de decirme que no le gusto. En todo caso, a mi tampoco me gusta Temperley… Es decir: sus calles son estilizadas, hay mucho verde, parece un lugar de buenas historias, de locos sonrientes… Allí, incluso, vive una muy buena amiga… Pero así y todo Temperley no es para mi. Para decirlo simple: Temperley es un triángulo, yo vengo de la tierra de los círculos.
Sólo nos une el agua, las gotas que se estrellan en el piso, la humedad… Eso es algo que logramos juntos. Un vínculo fuerte. Es tan íntimo que ahora, sentado en un lugar soleado, lejos de Temperley, pienso que Temperley y yo deberíamos llevarnos bien… No sólo bien. MUY bien.
Pero eso no va a pasar… Supongo que a Temperley y a mi también nos une el orgullo.
La lluvia me pone triste, pero me gusta. ¿La lluvia pondrá triste a Temperley? ¿La lluvia le gustará a Temperley?
Algún día me llevará a ese lugar la convicción y no la casualidad. Ese día Temperley va a enseñarme cómo llover y yo voy a enseñarle cómo sangrar.
En un lugar del mundo ya no caerá agua del cielo… En algún lugar del Mundo un escritor dejará de llenar y llenar hojas de pensamientos afiebrados.]

VENTANAS

 

[Otra vez me distraje en el colectivo. Otra vez las ventanas:
la fascinación, el terror. Tantas casas… No puedo evitar pensar en las personas
que están del otro lado… En las personas que estuvieron del otro lado…
¿Quién amo dentro de esa casa? ¿Fue amor intenso?
¿Quién murió dentro de esa casa? ¿Hubo agonía en esa muerte?
¿Qué películas se miraron en ese hogar? ¿Qué discos sonaron?
¿Qué buscaron aquellas personas? ¿Pensaron que el Mundo
dejaría de girar cuando ya no estuvieran?
¿Habrán podido prever que alguien las imaginaría cuando ya
no estuvieran?
Una casa tras otra…
Muchos historias desconocidas, sobre gente desconocida.
Somos muchos. Y el viaje en colectivo es largo.
¿Quién, desde su ventana, en la soledad de alguna habitación,
estará viendo pasar este colectivo? ¿Qué pensará esa persona sobre los que estamos viajando?
¿Podrá intuirme? ¿Podrá adivinar algo de mí?
Lo dudo.
Una casa tras otra…
 

¿Alguien fue libre detrás de esas paredes? ¿Alguien se rió
de toda esta mierda mientras empinaba una cerveza?
En alguna de esas casas, alguien, alguna vez, pensó que
tarde o temprano las cosas cambiarían. Esa persona ya no está. El cemento, las paredes, las puertas… Las ventanas. Todo eso Sí está.
Todavía hay mucho por recorrer y el colectivo avanza impune,
con frialdad.
Una tumba tras otra.]

"HOLA"


[A veces tengo la certeza de que ya no podré sentir empatía por nadie. Veo a desconocidos ir y venir, como en una peli que sólo podría disfrutar alguien con un refinado sentido del humor. Y yo no soy refinado y no suelo reirme a menudo... Sin embargo siempre aparace una persona que por alguna razón me resulta interesante. Y tengo ganas de hablar y de saber, de interrogar... Incluso me imagino charlas, situaciones, cerveza de por medio... Me pregunto si seguiré viendo a esa persona por años o si dejaré de prestarle atención en días. En lo que a mi respecta, las relaciones humanas son extrañas. Muy extrañas.]

 

ESTACIÓN CERO



[Y un día que no me acuerdo me afeité, me vestí de traje, me peiné... Cambié las zapatillas por zapatos, la remera de Nirvana por una camisa ajustada en sincronía con corbata. Me senté en una esquina y esperé, tranquilo, a que llegara la muerte. Me hizo esperar, me dio razones para dudar... Cuando dudo me entra el miedo; cuando me entra el miedo me pongo paranoico; cuando estoy paranoico soy violento... La muerte llegó, se disculpó. Me dijo que me veía bien. Antes de que dijera otra cosa, la maté.
Ahora soy libre, sin traje y sin remera de Nirvana.
Muerte, chupala]

 HORIZONTE



 [Resulta que un día me fui. Algunos dijeron que era por cobarde, otros dijeron que estaba loco. Unos pocos aseguraron que yo sabía lo que hacía. Lo cierto, muy cierto, es que me fui. Creo que muchos todavía me esperan. Hay gente que piensa que sólo existen las vacaciones, que uno, tarde o temprano vuelve... Hay gente que no sabe que también se puede viajar permanentemente. Y a veces me siento solo... Pero me tienta el horizonte, la luna y las historias que se cuentan sobre las tierras que me esperan.]


INDIVIDUALISMO 



[Un colectivero, un carnicero, un policía, un empleado bancario, un kiosquero, un vendedor de frutas, el que cambia dólares por pesos en la calle Florida, el tipo de la tele, el que escribe el diario, tu novia, vos, yo…
Estamos, todos, jugando el mismo juego.
Y tenés que soportar a un grupo de infelices diciendo que el pueblo debería estar más unido.
¿Te parece que el pueblo no está unido? Aceptamos algo inaceptable y nos miramos a los ojos, porque ya nos olvidamos qué tan grande era la mentira. Estamos juntos, muy unidos, intercambiando billetes, compartiendo expectativas de un futuro, recordando sueños de la infancia en un bar, orgullosos por haber soñado alguna vez.
Cada uno es funcional desde su lugar, cada uno de nosotros le es imprescindible al otro… Necesitamos llenar cada espacio, comprender el engranaje. El sistema funciona bien.
¿Cómo pueden decir que el sistema funciona mal? ¡Esto es lo que quiere el sistema! No se preocupen por él. Va a caer tarde o temprano, por su propio peso. La clave está en las personas.
Estamos demasiado unidos.]

***

[La semana pasada disfruté de la lluvia pero me ofuscaba al ver a la gente con el rostro cansado, gris, víctima de la monotonía. Hoy salió el sol. Mientras me acostumbro puedo ver que la gente sigue igual de mal. Confirmado: lo que nos arruina la vida no está en el clima.]

 *** 

 

EL EVANGELIO DEL CONEJO: "Hay personas que son el equivalente a comprar un huevo Kinder y que te salga un rompecabezas... Una mierda."

[DOBLE]

29 ago 2010


Dos por uno; Invita la casa



Ella le dio una larga pitada al cigarro.
-Es violencia pura… -soltó entre el humo, con la voz comprimida. Los ojos estaban brillosos, con odio, con tristeza.
Yo pensaba en otra cosa. Había destapado un vino. El vino me hace pensar en muchas estupideces, en especial si tengo un espejo cerca.
-¿Lo qué? –pregunté sin intentar disimular mi desconcierto. Quise despegar mi vista de mi propio reflejo. No pude. Me cautiva el modo en que uno puede encontrarse con sus propias pupilas. Tengo la sensación de que podría desaparecer si me mirara directo a los ojos con mucha intensidad.
-Vivir… Es violencia pura… -otra pitada larga. Un poco de tos contenida. Agregó con furia, desafiante:-. Y no saltés con ninguna huevada…
Asentí, pensativo.
“Vivir es violencia pura…”
Traté de anexar esa idea a alguna otra, traté de rastrearla, traté de recordar de qué habíamos estado hablando hacía tan sólo dos minutos atrás. No pude sacar nada en limpio de mi cabeza.
Le di un trago a la botella que tenía en la mano, me miré en el espejo de la habitación, con un suspiro profundo. No me fije en mí: me concentré en lo que veía alrededor. Vi el reflejo de la fiesta; vi a toda esa gente con vasos en mano (cerveza, todos cerveza); vi sus sonrisas, sus gestos… Vi energía. Suelo fastidiarme con la gente, pero por un segundo me sentí complacido… Había gente disfrutando de aquello. Había música en el aire: no lo noté hasta que comenzó un tema que suele deprimirme demasiado.
-La gente no se ríe seguido… Esta fiesta de mierda es el último suspiro de una generación que se muere… -me salió rápido, sin filtro. Los acordes me abrumaban. Tenía la piel de pollito.
Ella bufó, indignada.
-Cada acción es la confirmación de lo que no somos…
No podía seguirla, evidentemente. Mi cabeza no estaba para esos juegos y mi humor se estaba cortando las venas en algún rincón.
-No te conozco… Creo que me estás confundiendo con alguien… No entiendo nada de lo que decís… De verdad, perdón.
Me quería quedar solo. Me vi a mi mismo y me recordé frente al espejo de casa, arreglándome para salir. “No quiero quedarme toda la noche encerrado…”, había pensado, casi con desesperación. Había huido, esperanzado. La había cagado, como de costumbre. Tarde o temprano la cago. Siempre.
-¡Sos vos el que me está confundiendo con alguien! –me grito ella, de pronto.
Su reacción me asustó. Miré (siempre por el reflejo) al resto de los invitados. Nadie se giró para mirarnos, a nadie le importó el grito. A nadie le importa un carajo lo que te pasa cuando estás en una fiesta. A nadie le importa nada, nunca.
Me hice sonar el cuello, di otro sorbo al vino (se estaba calentando) y miré a la chica, entrecerrando los ojos. Me di cuenta de que me gustaba. Me di cuenta, también, de que no iba a intentar conquistarla… Aún me dolía lo de Cecilia. Aún me duele lo de Cecilia. Sencillamente ya no voy a encontrar a nadie igual. No puedo engañarme.
-No me recordás a nadie…
Ella frunció el entrecejo frente a esa afirmación. De pronto su rostro se suavizó. Bajó su actitud de guardia, relajó los hombros y aplastó el cigarro contra la pared. Tenía los cachetes un poco rojos.
-Gracias… -me dijo con una voz dulce, lejana, tímida. Me dio un beso cerca del labio.
Por un rato no supe qué decir. Después:
-¿Tenés sed?
-Sí…
Le convide de la botella. Nuestros dedos se rozaron. Volví mi vista al espejo. Vi que un pibe alto que llevaba una gorra enorme me guiñaba un ojo, al tiempo que señalaba a mi interlocutora. Lo ignoré.
-¿Cuándo metimos la pata tan hondo?
-No sé… -me contestó, temblorosa –. Me estoy cansando de elegir todo lo que no quiero ser… Todo se pone muy estrecho… Y cada vez más…
Le saqué la botella. Empezó a armar otro cigarro.
El tema que tanto mal estar me da se terminó y empezó otro que por suerte no conocía. Eso me quitó un poco de presión.
Observé la prepotencia con la que me observaba mi “yo” del espejo.
“Esta vez  te voy a cansar, hasta que seas vos el que tome la iniciativa de irse…”, le dije, enojado, de modo repentino, conmigo mismo, con el lugar, con el Mundo. Enojado por nada. Triste.
-Mirá, si te pone tan mal deberías irte a tu casa… Esto es una fiesta… No podés romperle la ilusión a todos estos hijos de puta… No sería justo…
Ella abrió la boca pero no emitió sonido. Dos segundos después prendió el cigarro nuevo, dio media vuelta y se fue.
La vi alejarse por el espejo. Se sentó cerca de una ventana, derrotada. Era muy linda en serio.
Un pibe se le acercó, con las manos en los bolsillos. Demasiado casual para ser casual. Ella lo notó (estoy seguro) pero le siguió el juego.
“Nunca más vamos a intercambiar palabra…”, pensé, “No sé nada de su vida, no sé con quién jugaba de chica, qué cosas la traumaron, a qué escuela fue,, qué soñaba ser, qué miraba en la tele los sábados por la noche… no sé quienes eran o son sus amistades; nada sobre su familia, nada de nada. Nada sobre otros novios; ninguna historia de corazón roto…”
Ella, concluí, no era para mi más que su reflejo: una chica linda que fumaba mucho.
“Vivir es violencia pura…”
La frase se encendió en mi cerebro, encegueciendo cualquier otra cosa.
Mi reflejo dijo: “Ahora ya no soy nada que tenga que ver con esa desconocida…”.
Me miré, bien directo a los ojos. Uno de nosotros era posibilidad, el otro, certeza.
-En una fiesta así la conocí a Cecilia… -le conté a alguien que no estaba ahí.
Las escenas fueron veloces: una charla, un licor, un beso, una cita, un día de lluvia, un chiste mal contado, una caída en la parada de un colectivo…
Entonces no me fijaba tanto en la cara de los demás. Yo reía y eso me bastaba.
Cada momento pudiendo ser mil cosas… Cada segundo convertido en acción y la acción moldeando, con brusquedad, estrangulando todos los caminos, para que quede uno.
Lo destrozamos todo. Viviendo, sin más. Llenamos todo de esculturas deformes que quedan abandonadas… “Intento de destino, primera prueba”.
Incliné la botella sólo para comprobar que ya no había nada en su interior.
El del espejo continuaba, impune. Era todas mis muertes. Supe que los espejos existen para acumular nuestros fracasos.
“Por favor, sacame de acá…”, le pedí, “Concentrate cuando me mirás. La fiesta está a tus espaldas, yo no soy vos, no tengo a toda esa gente riendo alrededor, gritando. Concentrate…”
Me esforcé mucho para que se concentrara. Pero cuando me giré la fiesta sí estaba ahí. Punto para él, que siempre me quiebra.
Fui hasta la heladera, con la cabeza gacha y aparté cervezas hasta hacerme con un vino. Lo destapé. Me crucé con la chica de la mirada furiosa y el cigarro en la boca. Estaba hablando muy cerca del chico que de modo tan casual la había abordado.
-Tenías razón… -le dije.
Me observó. Sus ojos estallaban en rojo.
-¿Qué decís? Disculpame, pero no sé quién sos…
Lo decía de verdad. No había crueldad en sus palabras. Le sonreí.
Volví al espejo. A perder otra vida.

[ALQUÍMICO]

23 ago 2010

ALQUÍMICO
[2 Fracasos Rotundos]



[El Fin de las Madrugadas]
-Fracaso 1-

El hombre puede, dadas las circunstancias, soportar cualquier cosa.
Somos fuertes, ¿verdad?
Podemos hacer lo que no queremos hacer, lo que no soñamos hacer, lo que nos duele hacer.
El hombre puede soportar gracias a la costumbre.
¡Hey! No es tan malo, ya vas a acostumbrarte… Si un día malo se transforma en la constante entonces ya no hay con qué compararlo… Por tanto ya no pesan esos días de Sol en los que no imaginabas estar horas y horas aguantando las ganas de gritar, llorar, correr, escapar…
(la verdad es que sí te pesan esos días, pero no develaré tus secretos si no develás los míos)
El hombre, inexorablemente, se acostumbra a vivir.
¿Qué sos? ¿Quién soy? Sos las siete de la mañana. Sos las ojeras. Sos las ganas de vomitar. Sos doce horas en un trabajo de mierda. Sos la ducha tardía. Sos las ansias que se mueren de sueño. Sos el sueño de un adolescente que se acostó temprano, otra vez.
Soy el escritor resentido. Soy las seis de la tarde con odio. Soy las diez de la noche, borracho. Soy las hojas mamarrachadas. Soy la computadora con la música fuerte, quemando ideas. Soy la desesperación de la casa vacía. Soy el “estoy mal” sin saber por qué.
(¿por qué?)
Soy las ganas de vomitar.
Eso me recuerda a alguien. Claro. No somos tan distintos.
El hombre vive soportando.
Soportar en el bar, un domingo por la tarde, con la esperanza consumiéndose. Soportar en el sillón, con dolores, soledad. Soportar en una plaza, sin entender las risas, sin entender que haya gente que esté mal, sin envidiar a nadie, pero deseando estar en otro lugar. Soportar, extrañando a personas… extrañando lo que eran porque no hay ni rastro de lo que son. Soportar, mejor, extrañando recuerdos para asumir que no hay nada que recuperar. Soportar, vaso en mano (o del pico, que es mejor) y escribir. Soportar y sentir un amor demasiado intenso por esa chica que te mira de reojo y que compartió tanto tiempo a tu lado. Soportar las ganas de preguntar “¿te defraude?”. O peor, ser cruel: “¿te defraudaste?”.
Perdón que insista. Pero un adolescente no debe acostarse temprano. De verdad.
No se si se gana algo estando despierto.
En todo caso, vamos al punto, podrías llamarme.  
Hablaríamos de lo horrible de soportar que todos soporten.
Parecía que íbamos lejos, ¿verdad?
No, compañero. El auto se quedo mucho antes de lo que esperábamos. Qué fastidio.
Vos mojás de saliva tu almohada, destruido.
Yo muevo el pie con nerviosismo, sin seguir el ritmo de una melodía pegajosa, encorvado sobre una hoja.
El hombre, dadas las circunstancias, puede soportar cualquier cosa.


 
[Solve & Coagula]
-Fracaso 2-

No necesito que me eches en cara que estoy destapando la quinta cerveza. No necesito, de verdad, que me digas que estoy mal, que quizás termine vomitando.
No necesito que me digas nada que ya sé.
No necesito que la gente hable alrededor.
Hay ecos, no hay nada nuevo.
Creo que lo último que me sorprendió lo escuché a los 14 años. Un tipo en la calle me pidió una moneda. “No tengo”, le dije. “¿Sabés qué? A tu edad yo nunca le daba monedas a los roñosos de la calle…”. Me sonrió. Por primera vez me sonrieron con sinceridad. Conocí a una persona que se cagó de risa del destino, sí señor.
Ese día compré, para festejar, una botella de cerveza.
Mil veces me habían invitado mis compañeros de escuela a sus casas, a tomar los licores caros de mamá y papá. Nunca tuve curiosidad por eso.
El primer pedo me lo pegué solo. Nadie habló, nadie recriminó, nadie predijo el evidente mal final.
Estaba hecho mierda. Y estaba mejor.
Sexta cerveza.
Qué bueno que te hayas ido. No es bueno escucharme. No lo necesitás.
Soy un eco, nada nuevo.
Salud.
Por el karma.

DESIERTO

5 ago 2010

SEXTO DESIERTO, A LA IZQUIERDA


Banda sonora: THE WHITE STRIPES

Tengo seis personajes. Uno es violeta y no desea salir de su escondite. Otro es demasiado bello como para asumir que está equivocado. El tercero está deprimido y se pregunta, con obsesiva insistencia, si ya estará muerto (“Quizás nadie me aviso”). De los que restan tampoco hay mucho que decir: uno es enorme, ama los árboles y no se siente cómodo con su realidad; el más pequeño, el que sufre de asma, el que nunca, jamás, combatirá contra las injusticias, quiere ser superhéroe. El último de ellos, el de la sonrisa brillante, está drogado. No le importa nada. O quizás ya nada le importe gracias a las drogas. En realidad creo que a él todo le importa demasiado. En fin, no es el punto.
Tengo seis personajes. No se conocen entre ellos, no conocen a nadie. Están solos y piensan en voz alta.
La Libertad es un sentimiento extraño…”, dice alguno de ellos, quizás sin saber lo que dice.
Tengo seis personajes unidimensionales (malísimos), una frase gastada de tan repetida y algunas líneas de presentación… Sigo sin tener una historia.
Una hoja en blanca violada sin un fin aparente, sin una causa justa. Tu ropa interior, inmaculada, ahora salpicada con sangre; sábanas manchadas de semen; barro en tus zapatos, mugre en las uñas por querer cavar una tumba en la tierra menos adecuada (“¿Qué hacemos entonces, señor Juez, con todos los cadáveres?”); tu remera preferida, la de la infancia, quemada, arruinada de modo estúpido por la curiosidad (¡sagrada y divina curiosidad!) de saber qué se siente fumar, qué se siente desobedecer a mamá y papá; una herida… Todo es una hoja en blanco mamarrachada por algún capricho.
Agua bendita en lugar de tinta, crucifijo en lugar de lapicera… Exorcismo, sudor, temor… Con poco convencimiento, pero seguro, me proclamo Rey, desnudo, desafiante, Dios.
Le grito al desierto (muere otra hoja en blanco) y le pregunto al cielo cargado de estrellas, símbolos, arcanos: “¿Qué hago con mis seis personajes?”.
Y me contesta la Luna, que no habla, y me dice, con ecos y vientos, que los personajes se crean en función de una causa, que la telaraña se empieza por el centro.
Me tomo una pausa para entenderla y mis personajes se impacientan… Uno golpea las paredes con los puños cerrados, fuerte… Otro las golpea con la cabeza (“Que mas da… Si es probable que esté muerto…”); otro se toma las rodillas y grita. Sus habitaciones no tienen puertas.
Muy tarde para intentar modificarlo.
“Ellos están ahí, se encerraron y ahora me piden a mi, que a penas los conozco por lo que de modo imprevisto salió de mi lapicera (cruz), que les de un sentido…”, explico, cerrando los ojos, orgulloso por la Revelación, ansioso por volver a pisar suelo fértil. Sin embargo, espío y todo sigue igual: desierto y noche.
La Luna, ya habiendo dicho demasiado, después de mirarme con desaprobación, se gira… Y me deja solo.
“Qué conchuda”.
Luego: “La Libertad es un sentimiento extraño…”. Esta vez soy yo quien lo dice. En  voz alta todo tiene mucho más sentido. Comprendo.
“En un desierto tampoco hay puertas…”
Me rio del chiste un rato largo… Me rio tan fuerte que mis personajes me presienten. Agudizan sus sentidos… Sin embargo están tan lejos de mi como yo de la Luna.
Insisto: yo no sé nada de esos seis sujetos… Jamás podría comprenderlos, jamás podría brindarles consuelo… Es muy injusto…. Para ellos y para mi.
Pero la tentación es enorme… Tejer la telaraña de modo inverso puede llevarme al centro… Y cuando haya una causa no habrá necesidad de contar una historia… Porque habrá una historia… Y si hay historias entonces no se escribe… O la escribe otro… Pero ese será su problema… Que se joda. Me conformo con volver a la hoja en blanco.
Tengo seis personajes… Y mi presencia, lejos de tranquilizarlos, los inquieta más… Sólo hay un escape. Cierran los ojos, simultáneamente, y piensan, sin tener un plan pre fijado, en una araña. Una araña gigante.
Una araña gigante que me muerde el cuello (¡MIERDA! ¡A los conejos no nos gustan las arañas!)… El desierto se vuelve torbellino, vértigo, dolor…
No vi venir el ataque y eso me pone nervioso.  Aunque también me tranquiliza.
“Tengo todo bajo control: soy conciente de que nada está bajo mi control…”
El veneno de la araña no tarda en recorrer mis venas y va directo al cerebro, sacudiéndome.
Son convulsiones, espasmos, electricidad.
“Tengo un personaje…”, dice el Violeta.
“… que ha sido picado por una araña…”, susurra el Señor Oscuridad.
“Un personaje envenenado…”, sigue el Idealista.
Agregan los otros tres:
“¿Y ahora,
Que será
De él?”
No hay metáfora, no es así de simple, ¿verdad?
Mis seis personajes ni siquiera habitan el mismo Mundo, pero comparten el mismo sueño. Y me odian. Tanto como yo a ellos.
La Libertad es un sentimiento extraño…”. Sale de la boca de la araña, que se queda en mi hombro, como si fuéramos viejos y buenos amigos.
Estamos en un lugar blanco. Muy blanco.
“¿Es la Luna?”, pregunto ilusionado.
“No… Una hoja…”
Y me imagino a mi escribiendo… Pero no soy yo: es otro que imagina escribir mi vida, sin saber que yo, contándolo, estoy escribiendo la suya (¿la mía?).
¿Tejo hacia adentro o hacia afuera?
No sé. Aún no puedo saberlo.
Tengo seis personajes. Los seis están soñando.
Creo que yo también sueño.
Y es entonces cuando las cosas se complican de verdad.

[FINAL]

3 ago 2010

EL PASADO DEL FUTURO PRESENTE


Cómo cuesta saber que mis próximas epifanías me remontarán, inexorablemente, al pasado… Cómo cuesta la conciencia de haber entendido que todo se limita a una línea: cruzada esa línea el tiempo ya no corre hacia el futuro sino que invierte su dirección… Porque la Revelación no está en lo que vendrá, sino que en lo que pasó… En determinado momento todo lo significante se transforma en efecto (reacción) de una causa (acción) que ya es pretérito…
Cómo cuesta saber que comprenderé la importancia de ciertas cosas (mi libro de terror favorito), paisajes (una plaza), personas (mi mejor amigo) cuando esas cosas, paisajes, personas ya no estén en mi horizonte sino que en mi punto de partida.
Cómo cuesta saber que el último viaje dejará una única enseñanza: volver a sentir la vieja alegría (la que existía cuando aún no sabíamos lo que era la tristeza) es tan intenso que duele al punto de ya no querer más vida… Satisfecho el espíritu descubrirá entonces que vivir es dos escenas: la misma, repetida… En una instantánea del pasado estará la clave. Entenderemos TODO, cuando volvamos a ese instante en el que, sin saberlo, fuimos TODO. Escena pura, inocente, enorme, pasional, viva… Luego, con el saber de la experiencia se reflejará aún más pura, inocente, enorme, pasional… Más viva. Tan viva que va a estallar en fragmentos lumínicos, infinitos. Irreversible.
Y así colapsamos, desaparecemos. Agujero negro, nuestro vida comiéndose a si misma, fin, adiós.
Cómo duele saber que mis próximas epifanías me remontarán, inexorablemente, hacia el final.    

[Generación Escarcha]

22 jul 2010

ESTUFA-LIMOSNA
[Generación Escarcha]


Una minita tetona me dio un volante, un día que hacía un frío insoportable. Yo caminaba arrastrando una depresión del tamaño de la poronga de King Kong.
—¿Qué onda? —le pregunté.
—Es para una reunión de la Juventud Libertaria… —respondió.
Después agregó algo pero yo estaba en otra, preguntándome cómo podía ser que llevara un escote tan zarpado si apenas hacía tres grados. Bajo cero.
—Bueno, voy. ¿Cuándo es?
—Ahora.
—¿Ahora? No tengo forros…
—¿Y para qué…?
—No importa. Dejá. ¿Dónde es?
Me dio la dirección y fui. Caminando, como un idiota, porque no tenía un centavo.
El lugar en cuestión era un edificio abandonado, en la parte más verga de la ciudad. Conté tres indigentes muertos, congelados.
Golpeé, me abrieron y entré.
Ni una estufa.
“Qué pelotuda es la juventud”, pensé.
—Bienvenido… —me dijo un pibe de cara alargada.
—Ajá…
Me dirigí al centro de la reunión. Quedé boquiabierto.
En medio de una gran habitación que en algún tiempo había sido un amplio living había un árbol. Un árbol enorme. Y alrededor del mismo había un montón de minitas, todas tetonas, como la que me había dado el volante. Chupaban ramas, extasiadas.
Mi primera reacción fue llevarme la mano a la pija. Pero entonces entendí. Y mi depresión creció considerablemente: pasó a ser la chota de Godzilla.
—¿Esto es lo que hace la Juventud Libertaria? —le pregunté al pelotudo de la puerta, ese al que había ignorado hacía unos segundos.
—Sí –contestó orgulloso.
—¿Me estás jodiendo?
—No… -su cara pareció alargarse más. Lo odié con todo mi rabioso ser— Nosotros…
Lo cagué a trompadas. Sin amenazas de por medio. El muy puto se puso a gritar y al cabo de un rato aparecieron un montón de chabones con los pantalones bajos, que estaban escondidos quién sabe donde. Me dieron una paliza suprema. En un punto dejé de defenderme.
Ahora estoy tirado en la calle y no tengo ganas (ni fuerzas) de levantarme. El frío entró. Ya no duele.
La nueva generación sigue regando el Árbol de la Vida con semen infectado, al tiempo que le suplican piedad con malas mamadas.
Me sorprende haberme vuelto viejo tan pronto. No lo vi venir.
Va a ser un Invierno largo. Va a ser el último.
Las tetonas ya no me excitan.
Espero que el infierno (fuego, fuego, ¡fuego!) esté atestado de pibas poco exuberantes, de esas que saben echarse buenos polvos de verdad.

[Psicoactivo]

 [ENSOÑACIÓN]



Sonríe y me pide (ruega) que juegue con él… Pero mirarlo me da repulsión. 
Es un niño, pero no puedo evitarlo. Le falta un brazo.
Retrocedo cuando se acerca... y al tercer paso comprendo que debo ayudarlo. Entonces me doy media vuelta y empiezo a correr... Tengo vergüenza: me gustaría explicar unas cuantas cosas... Pero confío en que tarde o temprano me entenderá.
Una mala decisión y estoy perdido en el bosque…
Sin pensar en cuentos de terror sigo corriendo, pegajoso, agitado, hasta que veo a la niña ciega de vestido blanco... Claro, la estaba buscando, sólo que no lo sabía. Intento decirle algo pero de mi boca no sale nada. Su palidez me lastima. Su brazo se levanta con lentitud y señala un camino estrecho. Retomo carrera en esa dirección y recuerdo que una vez alguien me dijo "Te amo". 
Esquivo ramas y eludo las piedras. En determinado momento llego a un arroyo de aguas negras y lo salto. Me veo reflejado y un dolor abrumador se instala en mi pecho… Recuerdo a mi juguete favorito… ¿Me extrañará tanto como yo a él? ¿Extrañan los juguetes? 
Me detengo unos metros después, porque veo la casa. 
Es una casa chica, pero de puertas enormes. De la chimenea salen pájaros que gritan nombres de personas que no conozco. Detrás de ellos, imponente, la Luna. 
Amarilla. 
Enferma. 
Agoniza. 
Aunque no quiero, me acerco y los sapos me saludan, vomitando hijos muertos. 
Entro sin golpear (algo me dice que allí uno siempre es bienvenido) y veo a la anciana: Cien años. Mil años. La nariz luce podrida, sus ojos son rojos. 
En una mano tiene un cuchillo enorme y con la otra sostiene al niño... 
Va a amputarle el brazo.
Entonces grito con todas mis fuerzas... Tan fuerte que por un segundo me veo en mi cama, durmiendo...
Grito hasta ya no poder más e instintivamente cierro los ojos...
Al abrirlos (un siglo después) descubro que la anciana ya no está y que el Sol entra por la ventana. El chico, en medio de la habitación, se mira ambas manos. 
Agotado, sonrío y me acerco. 
Pero ahora es él el que no quiere jugar conmigo. 
Da media vuelta y empieza a correr. 
Y me quedo solo.