[DOBLE]

29 ago 2010


Dos por uno; Invita la casa



Ella le dio una larga pitada al cigarro.
-Es violencia pura… -soltó entre el humo, con la voz comprimida. Los ojos estaban brillosos, con odio, con tristeza.
Yo pensaba en otra cosa. Había destapado un vino. El vino me hace pensar en muchas estupideces, en especial si tengo un espejo cerca.
-¿Lo qué? –pregunté sin intentar disimular mi desconcierto. Quise despegar mi vista de mi propio reflejo. No pude. Me cautiva el modo en que uno puede encontrarse con sus propias pupilas. Tengo la sensación de que podría desaparecer si me mirara directo a los ojos con mucha intensidad.
-Vivir… Es violencia pura… -otra pitada larga. Un poco de tos contenida. Agregó con furia, desafiante:-. Y no saltés con ninguna huevada…
Asentí, pensativo.
“Vivir es violencia pura…”
Traté de anexar esa idea a alguna otra, traté de rastrearla, traté de recordar de qué habíamos estado hablando hacía tan sólo dos minutos atrás. No pude sacar nada en limpio de mi cabeza.
Le di un trago a la botella que tenía en la mano, me miré en el espejo de la habitación, con un suspiro profundo. No me fije en mí: me concentré en lo que veía alrededor. Vi el reflejo de la fiesta; vi a toda esa gente con vasos en mano (cerveza, todos cerveza); vi sus sonrisas, sus gestos… Vi energía. Suelo fastidiarme con la gente, pero por un segundo me sentí complacido… Había gente disfrutando de aquello. Había música en el aire: no lo noté hasta que comenzó un tema que suele deprimirme demasiado.
-La gente no se ríe seguido… Esta fiesta de mierda es el último suspiro de una generación que se muere… -me salió rápido, sin filtro. Los acordes me abrumaban. Tenía la piel de pollito.
Ella bufó, indignada.
-Cada acción es la confirmación de lo que no somos…
No podía seguirla, evidentemente. Mi cabeza no estaba para esos juegos y mi humor se estaba cortando las venas en algún rincón.
-No te conozco… Creo que me estás confundiendo con alguien… No entiendo nada de lo que decís… De verdad, perdón.
Me quería quedar solo. Me vi a mi mismo y me recordé frente al espejo de casa, arreglándome para salir. “No quiero quedarme toda la noche encerrado…”, había pensado, casi con desesperación. Había huido, esperanzado. La había cagado, como de costumbre. Tarde o temprano la cago. Siempre.
-¡Sos vos el que me está confundiendo con alguien! –me grito ella, de pronto.
Su reacción me asustó. Miré (siempre por el reflejo) al resto de los invitados. Nadie se giró para mirarnos, a nadie le importó el grito. A nadie le importa un carajo lo que te pasa cuando estás en una fiesta. A nadie le importa nada, nunca.
Me hice sonar el cuello, di otro sorbo al vino (se estaba calentando) y miré a la chica, entrecerrando los ojos. Me di cuenta de que me gustaba. Me di cuenta, también, de que no iba a intentar conquistarla… Aún me dolía lo de Cecilia. Aún me duele lo de Cecilia. Sencillamente ya no voy a encontrar a nadie igual. No puedo engañarme.
-No me recordás a nadie…
Ella frunció el entrecejo frente a esa afirmación. De pronto su rostro se suavizó. Bajó su actitud de guardia, relajó los hombros y aplastó el cigarro contra la pared. Tenía los cachetes un poco rojos.
-Gracias… -me dijo con una voz dulce, lejana, tímida. Me dio un beso cerca del labio.
Por un rato no supe qué decir. Después:
-¿Tenés sed?
-Sí…
Le convide de la botella. Nuestros dedos se rozaron. Volví mi vista al espejo. Vi que un pibe alto que llevaba una gorra enorme me guiñaba un ojo, al tiempo que señalaba a mi interlocutora. Lo ignoré.
-¿Cuándo metimos la pata tan hondo?
-No sé… -me contestó, temblorosa –. Me estoy cansando de elegir todo lo que no quiero ser… Todo se pone muy estrecho… Y cada vez más…
Le saqué la botella. Empezó a armar otro cigarro.
El tema que tanto mal estar me da se terminó y empezó otro que por suerte no conocía. Eso me quitó un poco de presión.
Observé la prepotencia con la que me observaba mi “yo” del espejo.
“Esta vez  te voy a cansar, hasta que seas vos el que tome la iniciativa de irse…”, le dije, enojado, de modo repentino, conmigo mismo, con el lugar, con el Mundo. Enojado por nada. Triste.
-Mirá, si te pone tan mal deberías irte a tu casa… Esto es una fiesta… No podés romperle la ilusión a todos estos hijos de puta… No sería justo…
Ella abrió la boca pero no emitió sonido. Dos segundos después prendió el cigarro nuevo, dio media vuelta y se fue.
La vi alejarse por el espejo. Se sentó cerca de una ventana, derrotada. Era muy linda en serio.
Un pibe se le acercó, con las manos en los bolsillos. Demasiado casual para ser casual. Ella lo notó (estoy seguro) pero le siguió el juego.
“Nunca más vamos a intercambiar palabra…”, pensé, “No sé nada de su vida, no sé con quién jugaba de chica, qué cosas la traumaron, a qué escuela fue,, qué soñaba ser, qué miraba en la tele los sábados por la noche… no sé quienes eran o son sus amistades; nada sobre su familia, nada de nada. Nada sobre otros novios; ninguna historia de corazón roto…”
Ella, concluí, no era para mi más que su reflejo: una chica linda que fumaba mucho.
“Vivir es violencia pura…”
La frase se encendió en mi cerebro, encegueciendo cualquier otra cosa.
Mi reflejo dijo: “Ahora ya no soy nada que tenga que ver con esa desconocida…”.
Me miré, bien directo a los ojos. Uno de nosotros era posibilidad, el otro, certeza.
-En una fiesta así la conocí a Cecilia… -le conté a alguien que no estaba ahí.
Las escenas fueron veloces: una charla, un licor, un beso, una cita, un día de lluvia, un chiste mal contado, una caída en la parada de un colectivo…
Entonces no me fijaba tanto en la cara de los demás. Yo reía y eso me bastaba.
Cada momento pudiendo ser mil cosas… Cada segundo convertido en acción y la acción moldeando, con brusquedad, estrangulando todos los caminos, para que quede uno.
Lo destrozamos todo. Viviendo, sin más. Llenamos todo de esculturas deformes que quedan abandonadas… “Intento de destino, primera prueba”.
Incliné la botella sólo para comprobar que ya no había nada en su interior.
El del espejo continuaba, impune. Era todas mis muertes. Supe que los espejos existen para acumular nuestros fracasos.
“Por favor, sacame de acá…”, le pedí, “Concentrate cuando me mirás. La fiesta está a tus espaldas, yo no soy vos, no tengo a toda esa gente riendo alrededor, gritando. Concentrate…”
Me esforcé mucho para que se concentrara. Pero cuando me giré la fiesta sí estaba ahí. Punto para él, que siempre me quiebra.
Fui hasta la heladera, con la cabeza gacha y aparté cervezas hasta hacerme con un vino. Lo destapé. Me crucé con la chica de la mirada furiosa y el cigarro en la boca. Estaba hablando muy cerca del chico que de modo tan casual la había abordado.
-Tenías razón… -le dije.
Me observó. Sus ojos estallaban en rojo.
-¿Qué decís? Disculpame, pero no sé quién sos…
Lo decía de verdad. No había crueldad en sus palabras. Le sonreí.
Volví al espejo. A perder otra vida.

[ALQUÍMICO]

23 ago 2010

ALQUÍMICO
[2 Fracasos Rotundos]



[El Fin de las Madrugadas]
-Fracaso 1-

El hombre puede, dadas las circunstancias, soportar cualquier cosa.
Somos fuertes, ¿verdad?
Podemos hacer lo que no queremos hacer, lo que no soñamos hacer, lo que nos duele hacer.
El hombre puede soportar gracias a la costumbre.
¡Hey! No es tan malo, ya vas a acostumbrarte… Si un día malo se transforma en la constante entonces ya no hay con qué compararlo… Por tanto ya no pesan esos días de Sol en los que no imaginabas estar horas y horas aguantando las ganas de gritar, llorar, correr, escapar…
(la verdad es que sí te pesan esos días, pero no develaré tus secretos si no develás los míos)
El hombre, inexorablemente, se acostumbra a vivir.
¿Qué sos? ¿Quién soy? Sos las siete de la mañana. Sos las ojeras. Sos las ganas de vomitar. Sos doce horas en un trabajo de mierda. Sos la ducha tardía. Sos las ansias que se mueren de sueño. Sos el sueño de un adolescente que se acostó temprano, otra vez.
Soy el escritor resentido. Soy las seis de la tarde con odio. Soy las diez de la noche, borracho. Soy las hojas mamarrachadas. Soy la computadora con la música fuerte, quemando ideas. Soy la desesperación de la casa vacía. Soy el “estoy mal” sin saber por qué.
(¿por qué?)
Soy las ganas de vomitar.
Eso me recuerda a alguien. Claro. No somos tan distintos.
El hombre vive soportando.
Soportar en el bar, un domingo por la tarde, con la esperanza consumiéndose. Soportar en el sillón, con dolores, soledad. Soportar en una plaza, sin entender las risas, sin entender que haya gente que esté mal, sin envidiar a nadie, pero deseando estar en otro lugar. Soportar, extrañando a personas… extrañando lo que eran porque no hay ni rastro de lo que son. Soportar, mejor, extrañando recuerdos para asumir que no hay nada que recuperar. Soportar, vaso en mano (o del pico, que es mejor) y escribir. Soportar y sentir un amor demasiado intenso por esa chica que te mira de reojo y que compartió tanto tiempo a tu lado. Soportar las ganas de preguntar “¿te defraude?”. O peor, ser cruel: “¿te defraudaste?”.
Perdón que insista. Pero un adolescente no debe acostarse temprano. De verdad.
No se si se gana algo estando despierto.
En todo caso, vamos al punto, podrías llamarme.  
Hablaríamos de lo horrible de soportar que todos soporten.
Parecía que íbamos lejos, ¿verdad?
No, compañero. El auto se quedo mucho antes de lo que esperábamos. Qué fastidio.
Vos mojás de saliva tu almohada, destruido.
Yo muevo el pie con nerviosismo, sin seguir el ritmo de una melodía pegajosa, encorvado sobre una hoja.
El hombre, dadas las circunstancias, puede soportar cualquier cosa.


 
[Solve & Coagula]
-Fracaso 2-

No necesito que me eches en cara que estoy destapando la quinta cerveza. No necesito, de verdad, que me digas que estoy mal, que quizás termine vomitando.
No necesito que me digas nada que ya sé.
No necesito que la gente hable alrededor.
Hay ecos, no hay nada nuevo.
Creo que lo último que me sorprendió lo escuché a los 14 años. Un tipo en la calle me pidió una moneda. “No tengo”, le dije. “¿Sabés qué? A tu edad yo nunca le daba monedas a los roñosos de la calle…”. Me sonrió. Por primera vez me sonrieron con sinceridad. Conocí a una persona que se cagó de risa del destino, sí señor.
Ese día compré, para festejar, una botella de cerveza.
Mil veces me habían invitado mis compañeros de escuela a sus casas, a tomar los licores caros de mamá y papá. Nunca tuve curiosidad por eso.
El primer pedo me lo pegué solo. Nadie habló, nadie recriminó, nadie predijo el evidente mal final.
Estaba hecho mierda. Y estaba mejor.
Sexta cerveza.
Qué bueno que te hayas ido. No es bueno escucharme. No lo necesitás.
Soy un eco, nada nuevo.
Salud.
Por el karma.

DESIERTO

5 ago 2010

SEXTO DESIERTO, A LA IZQUIERDA


Banda sonora: THE WHITE STRIPES

Tengo seis personajes. Uno es violeta y no desea salir de su escondite. Otro es demasiado bello como para asumir que está equivocado. El tercero está deprimido y se pregunta, con obsesiva insistencia, si ya estará muerto (“Quizás nadie me aviso”). De los que restan tampoco hay mucho que decir: uno es enorme, ama los árboles y no se siente cómodo con su realidad; el más pequeño, el que sufre de asma, el que nunca, jamás, combatirá contra las injusticias, quiere ser superhéroe. El último de ellos, el de la sonrisa brillante, está drogado. No le importa nada. O quizás ya nada le importe gracias a las drogas. En realidad creo que a él todo le importa demasiado. En fin, no es el punto.
Tengo seis personajes. No se conocen entre ellos, no conocen a nadie. Están solos y piensan en voz alta.
“La Libertad es un sentimiento extraño…”, dice alguno de ellos, quizás sin saber lo que dice.
Tengo seis personajes unidimensionales (malísimos), una frase gastada de tan repetida y algunas líneas de presentación… Sigo sin tener una historia.
Una hoja en blanca violada sin un fin aparente, sin una causa justa. Tu ropa interior, inmaculada, ahora salpicada con sangre; sábanas manchadas de semen; barro en tus zapatos, mugre en las uñas por querer cavar una tumba en la tierra menos adecuada (“¿Qué hacemos entonces, señor Juez, con todos los cadáveres?”); tu remera preferida, la de la infancia, quemada, arruinada de modo estúpido por la curiosidad (¡sagrada y divina curiosidad!) de saber qué se siente fumar, qué se siente desobedecer a mamá y papá; una herida… Todo es una hoja en blanco mamarrachada por algún capricho.
Agua bendita en lugar de tinta, crucifijo en lugar de lapicera… Exorcismo, sudor, temor… Con poco convencimiento, pero seguro, me proclamo Rey, desnudo, desafiante, Dios.
Le grito al desierto (muere otra hoja en blanco) y le pregunto al cielo cargado de estrellas, símbolos, arcanos: “¿Qué hago con mis seis personajes?”.
Y me contesta la Luna, que no habla, y me dice, con ecos y vientos, que los personajes se crean en función de una causa, que la telaraña se empieza por el centro.
Me tomo una pausa para entenderla y mis personajes se impacientan… Uno golpea las paredes con los puños cerrados, fuerte… Otro las golpea con la cabeza (“Que mas da… Si es probable que esté muerto…”); otro se toma las rodillas y grita. Sus habitaciones no tienen puertas.
Muy tarde para intentar modificarlo.
“Ellos están ahí, se encerraron y ahora me piden a mi, que a penas los conozco por lo que de modo imprevisto salió de mi lapicera (cruz), que les de un sentido…”, explico, cerrando los ojos, orgulloso por la Revelación, ansioso por volver a pisar suelo fértil. Sin embargo, espío y todo sigue igual: desierto y noche.
La Luna, ya habiendo dicho demasiado, después de mirarme con desaprobación, se gira… Y me deja solo.
“Qué conchuda”.
Luego: “La Libertad es un sentimiento extraño…”. Esta vez soy yo quien lo dice. En  voz alta todo tiene mucho más sentido. Comprendo.
“En un desierto tampoco hay puertas…”
Me rio del chiste un rato largo… Me rio tan fuerte que mis personajes me presienten. Agudizan sus sentidos… Sin embargo están tan lejos de mi como yo de la Luna.
Insisto: yo no sé nada de esos seis sujetos… Jamás podría comprenderlos, jamás podría brindarles consuelo… Es muy injusto…. Para ellos y para mi.
Pero la tentación es enorme… Tejer la telaraña de modo inverso puede llevarme al centro… Y cuando haya una causa no habrá necesidad de contar una historia… Porque habrá una historia… Y si hay historias entonces no se escribe… O la escribe otro… Pero ese será su problema… Que se joda. Me conformo con volver a la hoja en blanco.
Tengo seis personajes… Y mi presencia, lejos de tranquilizarlos, los inquieta más… Sólo hay un escape. Cierran los ojos, simultáneamente, y piensan, sin tener un plan pre fijado, en una araña. Una araña gigante.
Una araña gigante que me muerde el cuello (¡MIERDA! ¡A los conejos no nos gustan las arañas!)… El desierto se vuelve torbellino, vértigo, dolor…
No vi venir el ataque y eso me pone nervioso.  Aunque también me tranquiliza.
“Tengo todo bajo control: soy conciente de que nada está bajo mi control…”
El veneno de la araña no tarda en recorrer mis venas y va directo al cerebro, sacudiéndome.
Son convulsiones, espasmos, electricidad.
“Tengo un personaje…”, dice el Violeta.
“… que ha sido picado por una araña…”, susurra el Señor Oscuridad.
“Un personaje envenenado…”, sigue el Idealista.
Agregan los otros tres:
“¿Y ahora,
Que será
De él?”
No hay metáfora, no es así de simple, ¿verdad?
Mis seis personajes ni siquiera habitan el mismo Mundo, pero comparten el mismo sueño. Y me odian. Tanto como yo a ellos.
“La Libertad es un sentimiento extraño…”. Sale de la boca de la araña, que se queda en mi hombro, como si fuéramos viejos y buenos amigos.
Estamos en un lugar blanco. Muy blanco.
“¿Es la Luna?”, pregunto ilusionado.
“No… Una hoja…”
Y me imagino a mi escribiendo… Pero no soy yo: es otro que imagina escribir mi vida, sin saber que yo, contándolo, estoy escribiendo la suya (¿la mía?).
¿Tejo hacia adentro o hacia afuera?
No sé. Aún no puedo saberlo.
Tengo seis personajes. Los seis están soñando.
Creo que yo también sueño.
Y es entonces cuando las cosas se complican de verdad.

[FINAL]

3 ago 2010

EL PASADO DEL FUTURO PRESENTE


Cómo cuesta saber que mis próximas epifanías me remontarán, inexorablemente, al pasado… Cómo cuesta la conciencia de haber entendido que todo se limita a una línea: cruzada esa línea el tiempo ya no corre hacia el futuro sino que invierte su dirección… Porque la Revelación no está en lo que vendrá, sino que en lo que pasó… En determinado momento todo lo significante se transforma en efecto (reacción) de una causa (acción) que ya es pretérito…
Cómo cuesta saber que comprenderé la importancia de ciertas cosas (mi libro de terror favorito), paisajes (una plaza), personas (mi mejor amigo) cuando esas cosas, paisajes, personas ya no estén en mi horizonte sino que en mi punto de partida.
Cómo cuesta saber que el último viaje dejará una única enseñanza: volver a sentir la vieja alegría (la que existía cuando aún no sabíamos lo que era la tristeza) es tan intenso que duele al punto de ya no querer más vida… Satisfecho el espíritu descubrirá entonces que vivir es dos escenas: la misma, repetida… En una instantánea del pasado estará la clave. Entenderemos TODO, cuando volvamos a ese instante en el que, sin saberlo, fuimos TODO. Escena pura, inocente, enorme, pasional, viva… Luego, con el saber de la experiencia se reflejará aún más pura, inocente, enorme, pasional… Más viva. Tan viva que va a estallar en fragmentos lumínicos, infinitos. Irreversible.
Y así colapsamos, desaparecemos. Agujero negro, nuestro vida comiéndose a si misma, fin, adiós.
Cómo duele saber que mis próximas epifanías me remontarán, inexorablemente, hacia el final.    

[Generación Escarcha]

22 jul 2010

ESTUFA-LIMOSNA
[Generación Escarcha]


Una minita tetona me dio un volante, un día que hacía un frío insoportable. Yo caminaba arrastrando una depresión del tamaño de la poronga de King Kong.
—¿Qué onda? —le pregunté.
—Es para una reunión de la Juventud Libertaria… —respondió.
Después agregó algo pero yo estaba en otra, preguntándome cómo podía ser que llevara un escote tan zarpado si apenas hacía tres grados. Bajo cero.
—Bueno, voy. ¿Cuándo es?
—Ahora.
—¿Ahora? No tengo forros…
—¿Y para qué…?
—No importa. Dejá. ¿Dónde es?
Me dio la dirección y fui. Caminando, como un idiota, porque no tenía un centavo.
El lugar en cuestión era un edificio abandonado, en la parte más verga de la ciudad. Conté tres indigentes muertos, congelados.
Golpeé, me abrieron y entré.
Ni una estufa.
“Qué pelotuda es la juventud”, pensé.
—Bienvenido… —me dijo un pibe de cara alargada.
—Ajá…
Me dirigí al centro de la reunión. Quedé boquiabierto.
En medio de una gran habitación que en algún tiempo había sido un amplio living había un árbol. Un árbol enorme. Y alrededor del mismo había un montón de minitas, todas tetonas, como la que me había dado el volante. Chupaban ramas, extasiadas.
Mi primera reacción fue llevarme la mano a la pija. Pero entonces entendí. Y mi depresión creció considerablemente: pasó a ser la chota de Godzilla.
—¿Esto es lo que hace la Juventud Libertaria? —le pregunté al pelotudo de la puerta, ese al que había ignorado hacía unos segundos.
—Sí –contestó orgulloso.
—¿Me estás jodiendo?
—No… -su cara pareció alargarse más. Lo odié con todo mi rabioso ser— Nosotros…
Lo cagué a trompadas. Sin amenazas de por medio. El muy puto se puso a gritar y al cabo de un rato aparecieron un montón de chabones con los pantalones bajos, que estaban escondidos quién sabe donde. Me dieron una paliza suprema. En un punto dejé de defenderme.
Ahora estoy tirado en la calle y no tengo ganas (ni fuerzas) de levantarme. El frío entró. Ya no duele.
La nueva generación sigue regando el Árbol de la Vida con semen infectado, al tiempo que le suplican piedad con malas mamadas.
Me sorprende haberme vuelto viejo tan pronto. No lo vi venir.
Va a ser un Invierno largo. Va a ser el último.
Las tetonas ya no me excitan.
Espero que el infierno (fuego, fuego, ¡fuego!) esté atestado de pibas poco exuberantes, de esas que saben echarse buenos polvos de verdad.

[Psicoactivo]

 [ENSOÑACIÓN]



Sonríe y me pide (ruega) que juegue con él… Pero mirarlo me da repulsión. 
Es un niño, pero no puedo evitarlo. Le falta un brazo.
Retrocedo cuando se acerca... y al tercer paso comprendo que debo ayudarlo. Entonces me doy media vuelta y empiezo a correr... Tengo vergüenza: me gustaría explicar unas cuantas cosas... Pero confío en que tarde o temprano me entenderá.
Una mala decisión y estoy perdido en el bosque…
Sin pensar en cuentos de terror sigo corriendo, pegajoso, agitado, hasta que veo a la niña ciega de vestido blanco... Claro, la estaba buscando, sólo que no lo sabía. Intento decirle algo pero de mi boca no sale nada. Su palidez me lastima. Su brazo se levanta con lentitud y señala un camino estrecho. Retomo carrera en esa dirección y recuerdo que una vez alguien me dijo "Te amo". 
Esquivo ramas y eludo las piedras. En determinado momento llego a un arroyo de aguas negras y lo salto. Me veo reflejado y un dolor abrumador se instala en mi pecho… Recuerdo a mi juguete favorito… ¿Me extrañará tanto como yo a él? ¿Extrañan los juguetes? 
Me detengo unos metros después, porque veo la casa. 
Es una casa chica, pero de puertas enormes. De la chimenea salen pájaros que gritan nombres de personas que no conozco. Detrás de ellos, imponente, la Luna. 
Amarilla. 
Enferma. 
Agoniza. 
Aunque no quiero, me acerco y los sapos me saludan, vomitando hijos muertos. 
Entro sin golpear (algo me dice que allí uno siempre es bienvenido) y veo a la anciana: Cien años. Mil años. La nariz luce podrida, sus ojos son rojos. 
En una mano tiene un cuchillo enorme y con la otra sostiene al niño... 
Va a amputarle el brazo.
Entonces grito con todas mis fuerzas... Tan fuerte que por un segundo me veo en mi cama, durmiendo...
Grito hasta ya no poder más e instintivamente cierro los ojos...
Al abrirlos (un siglo después) descubro que la anciana ya no está y que el Sol entra por la ventana. El chico, en medio de la habitación, se mira ambas manos. 
Agotado, sonrío y me acerco. 
Pero ahora es él el que no quiere jugar conmigo. 
Da media vuelta y empieza a correr. 
Y me quedo solo.



[Experiment]

EXPERIMENTO Nro. 314
 [de los laboratorios de Planeta Oniria]



Caminá hasta el quiosco más cercano. Quedate a unos metros. Tené paciencia.
Prendé un pucho o dale marcha a los auriculares, como gustes. Refugiate del viento u ocultate del Sol, según el clima.
Tranquilo. Puede tardar.
Intentá, por sobre todo, no resultar sospechoso con tu actitud, no es la idea que alguien llame a la policía y te terminen deteniendo por portación de cara.
¿Qué esperás? Simple. Esperás a que un niño se acerque a comprar. Esperás a ese niño infaltable que se aproximará corriendo a la ventanilla y con ojos abiertos de par en par y ansiedad comprará una golosina o un paquete de figuritas.
Cuando eso ocurra prestá mucha atención.
No te pierdas ni un detalle de la cara de ese niño/a. Observalo cuando pague, despreocupado por el dinero, sin algo tan banal en la mente como: “Antes las figuritas eran más baratas”… Observá la sonrisa enorme, el éxtasis, la fascinación. Observá en esas pupilas lo grande y maravilloso que es el Mundo cuando tenés lo que querés…
[“¿Qué querés?
Un paquete de figuritas… o un chocolate. Cualquiera. Si es con maní, mejor.”]
Observá a ese niño y olvidate de que él te mire… Él está sumergido en sí, disfrutando.
Pleno.
Quizás tengás ganas de gritarle a esa pequeña personita que pronto todo cambiará en su vida, que ya no habrá simpleza, jamás, que despierte, por favor… Quizás quieras hacerlo por maldad (en definitiva ya creciste) o quizás quieras hacerlo por su bien (otro síntoma de que creciste).
Quizás prefieras quedarte callado y disfrutes del nudo en la garganta, de la falta de aire, de la nostalgia absoluta.
Quizás llores.
Lo único cierto es que acabo de arruinarte el día. Qué bien.
Otra vez solo, en tu rincón, fumando u escuchando música, pensando en el niño que se acaba de alejar con felicidad, vas a revisar tus bolsillos. Si tenés suerte encontrarás unas cuantas monedas.
¿Y entonces?
Supongo que esa parte te toca a vos descubrirla.

Pequeños Atentados

15 jul 2010

PEQUEÑOS ATENTADOS

"Y se me agrandan más los ojos..."
MASSACRE, La Reina de Marte

INVASOR

-Es el último que queda vivo... -sentenció el Civil devenido en Militar.
-Está destrozado... -observó el Héroe, orgulloso.
El Invasor respiraba con dificultad, el cráneo partido, una pierna amputada.
-Voy a hacerle un favor con ésto...
El tiro retumbó en todo el lugar y el sonido de la bala que marcaba el fin de una especie recorrió kilómetros de calles vacías y solitarias.
El Científico entró unos segundos después, transpirado, alterado. Al ver los restos de seso en la pared se llevó una mano a la boca.
-Hice estudios...
-Tarde, ya nos libramos de la amenaza...
-Ellos no venían de otro planeta... Eran nuestra evolución...
Los dos hombres se giraron con brusquedad hacia el recién llegado.
-¿Qué?
-Eso mismo... Aniquilamos el futuro...
-No... No puede ser...
-Lo hicimos...
-No... Es absurdo... Y suponiendo que tuvieras razón... Eso significa que vamos aprender a viajar en el tiempo...
-¡Es cierto! ¡Podemos usar esa capacidad para evitar esta guerra! -exclamó el Civil, culminando el razonamiento del otro, contento por ayudar.
El Científico le clavó sus ojos cansados y viejos.
-Evitar la guerra es lo que Ellos estuvieron intentado hacer todo el tiempo...
El Cobarde, que había estado escuchando todo, salió de su escondite.
-Hey... No se alarmen... -dijo sonriente- Las paradojas y esas mierdas existen porque la gente fuerza a la razón y la lógica... Las cosas son más sencillas... Sin un futuro sólo somos más libres...
Los otros lo miraron, horrorizados.
-Sos un maricón de mierda... -le soltó el Héroe, dando un paso al frente- Querés escapar a los problemas...
El Cobarde lo observó, confundido. Su sonrisa se evaporó.
-No... Estoy diciendo que somos libres... No hay problemas... Se soluciona todo nunca viajando en el tiempo...
La idea volvió a causar escalofríos en sus interlocutores.
-Por gente como vos todo se va al carajo siempre...
El Héroe no dudó y le encajó un tiro en medio de la frente. Sus compañeros lo vitorearon y luego todos se pusieron a idear el plan para poder no fallarle al Destino.

 ***

«...y la peste caerá y todo será enfermedad.... Y el Mundo se irá a la mierda. Pero mal. Y de la tierra devastada brotaran tumores radioactivos que provocaran impotencia en los hombres y sequedad vaginal en las mujeres y la raza más estúpida por excelencia entenderá demasiado tarde que hubiera sido preferible garchar y no tanto juzgar y juzgar y juzgar...
Ya no habrá alcohol para mantener ebria a la desesperación y cuando alguien grite por ayuda, el Salvador (TU Salvador) estará super drogado y contestará a modo épico, dándole un final al libro del Destino: "Fumate Esta..."»

[APOCALIPSIS según Matías Oniria, 11, 4-14]


***



♦Portal... Libro, Viaje, Caída, Domingo, Humo, Infinito, Sombra, Garabato, Palabra, Cuento, Dios, Conejo, Cruz, Explosión, Sol, Césped, Infancia, Misterio, Magia, Fuego, Agua, Hoja, Vacío, Birome... Portal♦

 [pic by CONDUCTA M]




*** 

Estoy muy convencido de que en la otra vida fui una bruja... Y sé que nos conocimos...
Fuiste parte del ritual (el sacrificio; la mejor parte) que me permitió hoy reencarnar en este ser huracanado que no tiene un segundo de paz...
Y ahora te escribo, para devolverte el favor, para darte la vida que una vez te quité...
Vas a ser mi personaje favorito y vas a escribir el cuento que siempre quise escuchar: el del escritor mediocre y resentido que creía que había sido bruja en su vida anterior…

***

Brindaron, rompieron las copas, se cortaron el rostro... Después, con la sangre, dibujaron corazones en el piso.
"El Mundo es un lugar absurdo...", dijo él, con una sonrisa; enamorado.
"Sí", afirmó ella, sin dejar de admirarlo.
Se desmayaron.

Al otro día sólo tenían cicatrices, sangre reseca y una resaca de la puta madre.
No intercambiaron palabra, no se saludaron, no volvieron a llamarse.
 
*** 

Otra vez mirando para abajo [cara de preocupado], calculando los metros que me separan del piso... Otra vez la capa puesta, empecinado...
La verdad es que a veces no quiero. Y a veces me cuesta.
Pero alguien está aniquilando a los superhéroes... y no puedo soportarlo.
Otra vez noche, viento, tristeza.
Sin poderes...
En serio, no es justo...
Voy a putearte en la caída. Y va a ser una caída larga.
Algún día van a darse cuenta: cada vez que me hago mierda estoy salvando el Mundo.

***


TRASTORNO

-Que nadie te diga nunca "Te dije"...
Ese es el consejo que me dio ella aquella noche, en ese callejón oscuro.
Nos quedamos callados un rato, mientras el vapor salía por nuestras bocas, dibujando conversaciones mudas.
-¿Me hiciste venir por esa boludez? -pregunté, algo contrariado.
-Bueno... -lo dudó un poco, se aclaró la garganta, quiso sonar profunda- No es ninguna boludez...
-¿Vos viste el frío que hace?
-Pensalo...
-Pensalo las bolas...
Me dí media vuelta y me fui, congelándome a cada paso, tiritando, masticando una puteada.
Y ella se quedo ahí, entre las sombras, con orgullo, parada bien firme, aguantando las lágrimas con el mismo esfuerzo digno de admiración con el que yo me aguantaba de matar al Mundo.
Al final de ese día yo sí lloré y ella mató el resto de humanidad que quedaba entre nosotros.

Nos volvimos a encontrar un tiempo después. No fue casualidad.
-Es muy tarde... Hacela corta... Me despertaste... -le dije, mirando el reloj. Hacía días que no dormía. Venía arrastrando un insomnio bien hijo de puta. Estaba enfermo de tanto no poder escribir.
-La otra vez tenías razón... Era una boludez...
-Viste... Te dije...
Me reí del chiste por dentro, sin ganas. Detesto mi humor. Me hace sentir mal.
-Cuidate...
Se giró y empezó a marcharse, decidida.
-Antes de decir una boludez, pensalo dos veces... -le grité, sólo para ver si lograba mantenerla un rato más cerca mio.
Pero fue en vano.

El tercer encuentro fue azar puro. Que es como decir que lo planeamos ambos, sin saber.
Ella estaba particularmente feliz, a pesar del rimel corrido.
-¿Qué pasa? -le pregunté, después de toser. Estaba afiebrado, con la barba crecida.
-Tenías razón... En todo... Voy a dejar de soñarte...
Me cayó como un balde de agua fría.
-Pero...
-Antes de decir una boludez pensalo dos veces...
Nos sonreímos con sinceridad. Fue un momento espléndido.
Nos despedimos agitando la mano, con timidez.
Como si no nos conociéramos.
Inocentes, como al principio.
Cuantos buenos consejos.
Cuanta mierda.

Y las hojas siguen en blanco, cayendo a mi alrededor.
Espero que pronto cambie la estación, porque el cáncer avanza y estoy un poco harto de estar despierto.

***
Dinamita debajo de tu almohada.
Dulces sueños.