Bruja Violencia [VI]

24 jun 2010

Bruja Violencia,
punk rock bizarro

[Acordes desafinados para la Inquisición]
-Parte VI-

CUARTA ESTROFA: “EL CEPO”

Nacidos, entre la violencia,
Violencia, en mundo de dementes
Suicidio, el sueño americano
Muerte  y autodestrucción...
Flema, “El Sueño Americano”


1

Nos despertó Charly, a las patadas. Gritaba, emocionado:
La Bruja está de fiesta! ¡Hay que prepararse!
Dicho aquello, salió corriendo.
Gabo y yo lo observamos con idénticas sonrisas, sin saber si estaba asustado o contento.
Desayunamos unos pebetes de jamón y queso que habían sobrado de la noche. La verdad es que estaban muy buenos a pesar del pan duro.
Cerca de las cuatro de la tarde Gabo sacó la última pizca de marihuana que le quedaba y empezó a armar un cigarro con evidente buen humor.
-Que mundo de mierda, ¿no?
Asentí y me imaginé, sin fastidio, que a continuación vendría uno de sus discursos anti- sistema. Pero me sorprendió.
-Le tengo miedo a la muerte… Tengo miedo a que de viejo me tengan que transportar de un lado a otro en silla de ruedas… Me da miedo enamorarme porque no soportaría ver en esas condiciones a alguien que amo… Es una mierda de verdad…
Lo miré. Sacó los fósforos y prendió el porro. Se quedó largo rato mirando la llama y luego me afreció una pitada.
-No, gracias… -y empecé a buscar en mi mochila las porquerías para inyectarme.
-Me da miedo tener hijos… Creo que me da miedo casi todo… -en su rostro se dibujó una cómica amargura- Canalicé esos miedos, los transformé y los disparé hacia otro lado… El punk, tratar, de modo soberbio, de dar un mensaje… No sé… Dejé de creer en mucho de eso…
-¿Y entonces? ¿Ahora? –lo pregunté con sinceridad.
-Ya te dije… La naturaleza del ser humano pide algo que le es innato… La sangre… Creo que lo mío y lo que siempre me molestó de la sociedad puede solucionarse del mismo modo…
-¿Cómo? –la aguja entró en mi piel, se clavó, con un dolor fino, agudo.
-No hay que tratar de volver justa esta sociedad, como no hay que perder el tiempo tratando de superar los miedos… Hay que potenciar la esencia, que es horrible, pero es… Genuina… Esta ahí, latiendo… ¿No la sentís?
Lo pensé un rato.
-Sí…
Y era verdad.
-Lo más triste es que no creo en el “No Future”… Cuando lo horrible se potencie y sea suficientemente horrible va a ser hermoso…
-Bruja Violencia es linda, ¿no?… -no pude contenerlo.
-Sí… No tendría que haber sufrido tanto…
-No quiero justificar nada… Pero no era inocente…
-Ya sé… Vi a los chicos colgando de los árboles…
Nos quedamos un rato en silencio.
-Por eso, es un mundo de mierda… -sentenció.
Buscó su walkman y se puso los auriculares.

2

A las seis llegaron los únicos tres que vendrían de nuestro grupo. Llegaron borrachos, sintiéndose valientes. Uno tenía una manopla y otro escondió un palo de madera con un clavo en la punta detrás de unos arbustos secos.
Gabo y yo  también preparamos nuestras sorpresas.

Ese viernes fue un viernes ventoso y para las seis y media las nubes cubrían la plaza y habían ocultado el Sol. A pesar de eso yo sabía que no iba a llover. Entendía, también, la lógica de aquello: las sombras eran indispensables.
En las zonas oscuras estaba la llave… La luz me atontaba, me deslumbraba al punto de ponerme idiota… Ojos abiertos de par en par, saliva colgando…
Sentía que la luz destruía mi capacidad de pensar, la luz era un entretenimiento fácil, era lo llamativo… Era como esos videos juegos estúpidos que no podés dejar de jugar por el sólo hecho de que no es complejo pasar de pantallas… La luz era la adicción propiamente dicha…
En cambio, la oscuridad… La oscuridad y las jeringas van de la mano… En la oscuridad nada era simple, fácil ni divertido… La oscuridad era ajena, no era de nadie… Estaba ahí, con sus secretos, desnudándonos, peligrosa, sugerente… Pura, sin mentiras… O con todas las mentiras, que es lo mismo que la verdad… La oscuridad era (es) la Bruja
Y la Bruja estaba de fiesta…
Por eso recibí a las nubes de modo cortés y me preparé para lo inminente.
-Por Ramón… -y cerré un instante los ojos.
“Más vale que la Enfermera puta no lo haya vuelto momia porque sino…”
Traté de no recordarlo sangrando.
No pude.

A las siete la calle estaba desierta, oscura de modo inusual y el viento se había vuelto frío.
Ellos llegaron puntuales. Eran más de veinte, pero eso no nos importó (a fin de cuentas las cosas habían comenzado así en “El Coloso”). Sin prisa nos paramos para recibirlos. Apreté fuerte los puños y vi que mis compañeros hacían lo mismo.
-Ésto se termina…
-Por fin…
Gabo respiró hondo y susurró algo a través de su impaciente semi sonrisa… No lo escuché pero supe lo que fue:
-Bruja Violencia…
Luego tarareó el tema que había compuesto, ese tema que lo tenía obsesionado.
-No creo que nada de esto valga la pena…
-Yo no creo que tenga sentido…
Y por esas razones era preciso hacerlo.
Mientras los fachos se acercaban más y más varias cosas me llamaron la atención.
La primera de ellas fue el perro negro. No me soprendió que lo hubieran traído, eso lo tenía previsto, pero sí me sorprendió el aspecto del animal. Estaba furioso, pero algo de su furia no resultaba natural.
Otra de las cosas que me distrajo fue el aspecto de los skin que venían en la primer fila: estaba el dueño del perro, el resentido de la guitarra, un gordo que ya me había cansado de ver… Y todos estaban pálidos, con los ojos muy hundidos… Mirarlos era como poner un espejo y observarnos a Gabo y a mí.
El tercer detalle fue Aro.
Y entonces todo en mi se revolucionó. Aquello fue un baldazo de agua fría, una patada en las bolas…
Ellos se habían detenido a unos metros de distancia, lo suficientemente cerca para que mi vista no me engañara. El pelilargo (uno de los tres que no tenía el pelo rapado) era Aro, sin dudas. Vestido de negro como los otros, la bandera en una manga, la esvástica en la otra, los borcegos altos. Sonreía… Con soberbia, burlón.
En ningún momento se me ocurrió pensar que podría estar ahí de infiltrado… Al verlo no quedaba lugar a dudas… Había sido un infiltrado, pero en nuestro grupo.
Me desesperé y miré a Gabo que no me devolvió la mirada. El cigarrillo se le había caído de la boca. Una mano subía hasta su frente, mojada por un sudor enfermo.
-A la mierda… Ésto no puede ser…
Pero sí podía.

3

El perro tiraba fuerte de la cadena, aullaba, insoportable… El facho que lo tenía hacía un esfuerzo enorme por controlarlo. Sin embargo era otra cosa la que me preocupaba. Si Aro estaba ahí, eso significaba que…
-Ya está… No más juegos estúpidos… -habló el idiota al que le habíamos roto la viola- Esperamos que sepan entender el mensaje…
Se abrieron y, empujones mediante, dejaron paso a una figura encapuchada que trastabilló y cayó de boca al piso. Tenía pies y manos atadas… Nosotros corrimos hacia ella, al instante, y nos arrodillamos a su lado.
Ver a Lucía rapada a cero, drogada, con los ojos morados hizo que tuviera ganas de vomitar.
-Lucía…
-¡Lucía!
-Hijos de re mil puta…
El que llevaba al perro dio un paso adelante. El animal ladraba con fuerza, al límite de quedarse afónico.
-Estamos a mano… Sepan dar un paso atrás… Se van a ir, ahora esta plaza es nuestra… Se acabó…
Dicho aquello se acercó a un fierro que en una época había pertenecido a quién sabe qué juego y allí amarró la cadena del perro. Fue visible el alivio que sintió al ya no tener que lidiar con la bestia.
-Hijos de puta…
Ninguno de nosotros podía quitar los ojos de Lucía, que babeaba.
Lucía…
(-Tengo ganas de practicarte sexo oral hasta hacerte acabar…
-Sos un idiota… ¿Por qué nunca te puedo hablar en serio?¿Por qué tenés que tratarme así siempre?)
Lucía…
Su ropa presentaba varias manchas de sangre. En su remera se leía, escrito con un fibrón: “Punky petera…” Se notaba que no tenía corpiño. Sus pezones se marcaban con dureza en la tela.
Me quebré.
Eso era justicia… No era otra cosa…
Justicia… El concepto se desfiguró en mi mente, supe que no habría fin. Nunca.
Saqué, con lentitud, el arma que tenía guardada bajo la remera. El arma con la cual mi viejo había intentado matar a Ramón. Sin que lo esperara Gabo me la arrebató.
El resto ocurrió demasiado rápido.

4

Mientras los dedos de mi amigo se posaban en la culata de la 22 pude percibir una luz de tonos rojizos por el rabillo del ojo.
Me giré y vi los patrulleros. Eran tres. Los vi un segundo antes de que encendieran las sirenas.
-Se llamaba Gabriel… El puto de mierda se llamaba Gabriel… Como yo…  
Gritos de los otros al ver el arma.
-Gabo…
-Voy a tener la mejor banda punk del mundo…
El ruido del disparo me dejó sordo y la sangre me manchó el rostro.
Gabo se había volado la cabeza.
Los fósforos, que habían estado apretados en su mano libre, salieron disparados y se esparcieron por el césped.
Y todo se volvió silencio.
Trate de convencerme de que estaba soñando, de que todo era una alucinación… Eso no podía estar ocurriendo… Empecé a retroceder… Me arrastré hasta quedar a unos metros… Incluso el perro se había callado.
Punkys y skin habían optado por llevarse la mano a la boca… Ante el horror no había distinción de tribu urbana o ideología política… Sólo Lucía permanecía abstraída, entre quejas, balbuceos… Lejana… Lejana para no volver… Bastaba ver sus pupilas… y la envidié…
Las estrofas del tema que Gabo me había cantado una noche volvieron fulminantes a mi cabeza y tuve que llevarme una mano a la cien por el dolor. Me levanté, tambaleante, y, ya con los patrulleros llegando, aún con un silbido en los oídos, vi las molotov.
Un fósforo se había pegado con sangre a mi remera de Flema. La cabeza no se había humedecido. Hice lo que tenía que hacer.
Luego me giré con velocidad para escapar. Me choqué con Charly que tenía  los ojos llorosos.
-La Bruja está de fiesta… Otro sacrificio para la Bruja
Entonces me mostró uno de sus dibujos.
Y entendí. No vi el garabato de siempre.
-La Bruja
-Si… -se alegró- ¿Podés verla?
Le saqué la hoja de la mano y la giré.
-La Bruja
-Me salió bien, ¿no?
Charly había dibujado música.
Empecé a correr.

5

Corrí las veinte cuadras. Por momentos sentía que me seguían. El eco de mis pisadas, junto a mi sombra que se alargaba y se achicaba, me enfermaba de terror… Pero no me detuve. Corrí.
Corrí hasta el 369 de la Avenida Blight y no me sorprendí al ver que me estaban esperando.
La puerta estaba abierta… Del interior brotaba una melodía de piano que no tardé en distinguir.
Extrañé las drogas, ansié estar drogado… Más.
-¡Puta! –grité, agitado.
Empujé con violencia la puerta de la reja, entré a la casa sin dudarlo pero con las piernas débiles, sudado, manchado con la sangre de mi amigo, aquel que me había hecho escuchar por primera vez un tema de los Ramones.
-Veo que no hubo forma… Seguís con el odio… -lo dijo con una tranquilidad que me exasperó. Estaba con su traje de enfermera. Dejó de tocar- Y tus brazos están peor… Igual que el labio…
-¡Preparaste todo esto! ¡Puta!
Y me caí de rodillas. No quise hacerlo, me caí. Y empecé a llorar. Lloré con fuerzas, con muchas ganas. La sentí acercarse. Sentí su mano en mi cabeza y no pude decirle que la detestaba con todo mi ser. Levanté la vista y vi su collar, la medalla…. La medalla que siempre había dibujado Charly…
No podría describirla.
Música. La clave de todo. La Bruja.
-Yo no preparé esto… Ésto ya estaba empezado… Estás siendo injusto… -hizo una pausa- Igual tengo un regalo para vos…
Iba a contestarle que sólo deseaba morirme, que nada más me importaba… Pero entonces lo escuché.
Luego lo vi aparecer y quedé boquiabierto. Ramón se abalanzó sobre mi, moviendo con fuerza la cola. Lo observé sin poder creerlo. Ni siquiera había cicatrices.
-Ramón… ¡Ramón!
Lo abracé con desesperación. Era el mismo, el de siempre… Mi mascota, mi perro…
-Los animales son ideales para los hechizos… Pero te lo debía… No fue fácil… Aparte de las heridas estaba enfermo… De rabia… Lo contagió ese perro que lo atacó, sin dudas…
-¿Rabia?
-Si… Vos también la tenías… Hasta hace un rato… Consideralo otro regalo… Muchos de ustedes estarán contagiados…  La Rabia va a ser la excusa… Pero no te creas ese cuento… Sería como pensar que las brujas morimos en la hoguera…
Se dio vuelta y se empezó a alejar.
-¿Las Brujas no mueren en la hoguera? –lo pregunté sin pensarlo.
Se giró y me miró con una sonrisa:
-No, ya llegamos muertas al fuego… -se acarició el colgante- No nos matan las llamas, nos matan los hombres…
Bajé la vista, me sentí culpable.
-Gabo está muerto… ¿Podés…?
No me dejó terminar la frase, estalló en carcajadas.

[Continuará...]

Bruja Violencia [V]

20 jun 2010

Bruja Violencia,
punk rock bizarro

[Acordes desafinados para la Inquisición]
-Parte V-




ESTRIBILLO: “GARRAS DE GATO”


Creo que estoy tocando fondo,
De mis actos no respondo,
Se desdibuja mi sonrisa
La angustia hoy me marchita.
Flema, “Ahogado en alcohol”

1

Pude llevar a mi perro a casa gracias a la ayuda de Charly. No me dirigió la palabra pero fue muy solidario. Todos se espantaron cuando vieron el aspecto de Ramón, pero él no dudó en darme una mano.
Me ayudó a entrarlo y luego se fue. No le dije gracias porque tenía un nudo en la garganta. Ver a mi mascota en ese estado me dolía demasiado… Recordarlo me duele demasiado…
Cuando papá apareció con el arma y me dijo, con un asqueroso tono cordial, que lo mejor era matarlo para que no sufriera estallé.
Grité mucho. Tanto grité que mi madre me miró, por primera vez en años, con consciencia real en sus pupilas. Mi hermana se tapó la boca, luego los oídos, luego los ojos… Noté que quiso ayudar… Noté sus dolorosas ansias de darme una mano… Pero se quebró… La entiendo… Y me pone mal haberla mirado en esa ocasión… Porque seguro fui débil al mirarla, seguro le exigí, con esa mirada, lo que ella no podía darme…
Es hora de que lo diga…
Soy un hermano mayor detestable…
Samanta siempre se llevó lo peor… Y para ese entonces ya había hecho demasiado por mí.
Le levanté la mano a mi viejo.
Tuvo un ataque de ira, rompió vasos, platos, un florero y arqueó una puerta de chapa.
-¡Nadie va a matar a Ramón! –le dije sin intimidarme. Me puse a la altura y también rompí adornos, arrojé un cenicero y pateé una mesa ratona.
Mi padre se enfrentó esa tarde al hombre que había formado. No estaba orgulloso de lo que había logrado, ni yo de lo que era.
Nos empujamos, a sabiendas, cada uno, de que el otro no cedería.
No sé en que hubieran terminado las cosas si en ese momento Ramón no hubiera empezado con las convulsiones.
Corrí hacia él y lo abracé. Mi sangre se mezcló con la suya. En silencio le pedí perdón. Una y mil veces.

Cuando oscureció cargué a Ramón en la carretilla de mi viejo, luego de haberla llenado de mantas, y con una mochila rotosa me fui de casa. Me despedí de Samanta en silencio.
Llevaba mi remera de Flema puesta.

2

No creo que sea difícil de adivinar: los días que no estuve en mi hogar viví en la plaza.
La primer noche todos me hicieron compañía, supongo que alguno se entero e hicieron una cadena de llamados. Incluso vino Lucía, sin su novio.
Nos sentamos en círculo alrededor de la carretilla y casi no intercambiamos palabra. Charly se nos arrimó una sola vez. Nos trajo una cerveza y luego volvió a su sitio, unos cuantos metros alejado de nosotros, en un precario refugio de cartones. No sé de donde sacó la plata para comprar la bebida, pero estaba fría y fue una bendición. Esa noche compramos muchas cervezas más.
A las cinco y pico de las mañana todos dormían, incluso Ramón, con su respiración dificultosa. Yo me levanté y fui a echar una meada por ahí. Cuando terminé de hacerlo me giré y me topé con Lucía. Su rostro brillaba de modo peculiar por la luz del cercano amanecer.
-¿Por qué no lo llevas al veterinario? –me preguntó.
Si hubiese sido otro el que me lo hubiera preguntado creo que mi respuesta habría sido mucho menos cordial.
-Lo van a querer matar… como mi viejo… Está hecho mierda… Y ellos son carniceros…
Ella asintió y luego se me acercó un paso.
-Mi abuela tenía un gatito… Cuando lo piso un auto y estaba casi muerto lo llevó a una veterinaria… El gato no se salvó, pero mi abuela dice que en ese lugar le aliviaron el dolor…
-Nadie va a matar a…
Otro paso y me agarró de ambos brazos.
-Te entiendo… Ese perro es… genial… No se merece morir de un tiro en la cabeza… Pero tampoco agonizar de este modo… Hay otras formas…
Abrí la boca para decir algo pero ella me ahogó apretándome en un fuerte abrazo.
Después me soltó y se fue.
Me quedé ahí parado largo rato, mirando como se alejaba.
No la volví a ver hasta que fue demasiado tarde.

3

Decidí hacer un viaje con Ramón… Decidí que Lucía estaba en lo cierto cuando el perro tuvo su segundo ataque de convulsiones… A pesar de que muchos quisieron acompañarme (Gabo por sobre todo), decidí ir solo.
Eran veinte cuadras. Sabía que cargando la carretilla esas veinte cuadras serían el equivalente a muchas más. Pero eso era lo que buscaba. Tenía que despedirme de mi mejor amigo y las despedidas siempre deben ser largas. Si no lo son sólo son mentiras.

El viaje es algo que me guardo para mí. Puedo hablarles de los bocinazos, de la transpiración, de los brazos cansados, de Ramón aullando… Puedo hablarles de todo eso y los aburriría.
Lo importante, lo realmente importante, fue la procesión interna. Y eso sólo yo lo entendería.

Cuando llegué al 369 de la Avenida Blight me encontré con una casa no muy llamativa, con césped delantero, rejas bajas, flores no muy variadas. Una casa de puerta grande y despintada, ventanas simétricas a cada lado de la entrada.
Me sequé la transpiración y revisé el papel para cerciorarme de la dirección. Estaba pensando en cuál sería mi próximo paso cuando la puerta se abrió y se asomó la Enfermera.
-¿Qué tenés en la carretilla?
-Un perro… -me salió de modo automático, casi no me reconocí.
-Pasá… -otra vez, como en el hospital, sin sorpresa.
Y dicho eso volvió a entrar.
Sin pararme a analizarlo abrí la reja, volví a levantar la carretilla y me metí en la casa.

El lugar, por dentro, estaba poco iluminado y deprimía bastante: los muebles tenían colores opacos y eran viejos… Había muchas fotos en las paredes… En un rincón había un piano, cubierto de polvo.
Mirándome fijo y de modo extraño la Enfermera me preguntó sobre Ramón. Le dije la verdad y le esquivé la vista. Otra vez encontré ayuda en su colgante feo.
-Ayudame a subirlo a la mesa… -me dijo después de inspeccionar un rato al animal.
Obedecí.
-Se va a morir… Ya sé… Pero quisiera que…
Me indicó con un gesto que me callara.
-Estás enojado… -lo dijo a modo de reproche- Él no puede estar en paz si estás así… Andate y dejalo acá… Voy a sacarle el sufrimiento…
Hice una pregunta estúpida:
-¿Cómo?
-Con esto… -me mostró lo que tenía en una de sus manos- Inyecciones…
Otra vez las ganas, el deseo…
Me miró los brazos.
-Veo que estás mejor…
-¿Cuándo vuelvo?
-En siete días…
Fui al grano:
-¿Voy a venir a llevarme su cadáver?
Se encogió de hombros.
-No estaría mal que te despidieras, por si acaso…
-No hace falta… Nos despedimos en el camino…
Le acaricié el hocico.
-No quiero que…
-No te preocupés…
Esa casa no podía inspirar confianza en nadie… Pero la mujer me puso una mano en el hombro y cuando menos me lo esperaba me besó el cachete.
Su perfume era dulce y agradable…
-Voy a hacer lo mejor…
En ese instante Ramón abrió los ojos. La mujer se inclinó sobre él. Le hablo en voz muy baja, como había hecho con Samanta y le sonrió.
Con un esfuerzo enorme él movió la cola.
Tragué saliva con dificultad y me dirigí a la puerta.
-Que no sufra… por favor…
Y me fui.
Me fui porque ella tenía razón. Yo estaba enojado… y mucho.
Tenía que sacarme eso de adentro.

4

Lo que vino luego me va a costar mucho contarlo porque son recuerdos que permanecen cubiertos por una espesa niebla… Algunos fragmentos me traen dudas y no puedo asegurar que hayan sido reales o creados por mi imaginación excitada… Son recuerdos afiebrados, recuerdos o muy opacos o casi enceguecedores, recuerdos palpitantes, recuerdos muertos, recuerdos con nauseas, taquicardia… Recuerdos con escalofríos, recuerdos oníricos, burlones, escurridizos…

Pretendía quedarme en la plaza. No iba a salir a buscar a los hijos de puta del perro negro. Iba a quedarme hasta que ellos volvieran… Porque sabía que tarde o temprano iban a volver y no sólo por la amenaza (“Esto recién empieza…”). Pretendía incentivarlos para que lo hicieran… Quería que las cosas fueran así porque si llevaban a cabo dos ataques consecutivos entonces la balanza estaría otra vez equilibrada… Era una ecuación simple y tonta pero tenía en mi cabeza una importancia fundamental.
Gabo me ofreció ir a vivir a su casa. Le dije que no. No me insistió pero tomó una decisión: iba a vivir conmigo al aire libre… Le dije que no hiciera idioteces… Me dijo que para eso ya era tarde.
Se trajo una muda de ropa, unas cuantas pilas, su walkman viejo, la guitarra y comenzamos la convivencia.
La semana que vivimos en la calle fue una semana larga y extraña.
Consumimos como nunca.

Lo hice todo muy a consciencia. Muy a consciencia dejé atrás los carteles luminosos que me sugerían detenerme… Dejé la claridad del pensamiento cotidiano para entrar en la oscuridad del inconsciente liberado.
Comúnmente todo se deformaba, el paisaje se hacía más grotesco, adquiría más peso, como si se tratara de un ente en si mismo… Luego dejaba que la sensación se apagara y volvía a la visión normal de las cosas…
Aquella semana fue diferente… Cuando mi percepción se revolucionó no di marchar atrás…
Dejé de vivir en el barrio que conocía. Viví en un barrio distinto, un barrio al que llamé Venganza.
Allí, todos los seres, incluidos los seres inanimados, tenían un único tema de conversación. Allí todos me aseguraban que todo, todo se paga… Pero que a veces uno puede ignorar la enseñanza y redoblar la apuesta…
Entonces el precio a pagar sube… Pero eso me tenía sin cuidado.

Empecé con los temblores y las pesadillas la tercer noche.
Una madrugada abrí los ojos y con imágenes confusas aún colgando de mis párpados lloré. Lloré por impotencia y desesperación, porque el sueño había sido horrible…
Gabo se despertó por el ruido y se sentó a mi lado, sin preguntar nada.
Luego me puso uno de sus auriculares en la oreja y subió el volumen de la música.
Era un buen amigo. Los temblores le llegaron un día después que a mi.
Luego, también empezó a soñar con la Bruja… Pero él, a diferencia de lo que yo hice, no rompió en lágrimas. El vio todo como una Revelación… Todo era un mensaje encubierto, según su teoría, para que rearmara la banda… La bendita banda…
-¿De que otra cosa se puede tratar? –preguntó, sonriente, jugueteando con los fósforos.
No le contesté por temor a exteriorizar mis ideas.

Pero no nos adelantemos, voy a tratar de ir en orden.

5

La noche del día en que dejé a Ramón en la casa de la Enfermera comenzó la guerra fría. Vi a Charly dibujando y tuve una idea… Compré hojas lisas y, con fibras, readaptando un canto punk popular, escribí en todas ellas: “En el bar “El Coloso”, un fachito se murió… Porque no se mueren todos la puta que los parió...”
Con mis compañeros pegamos esos afiches en paradas de colectivos, palos de luz, los dejamos en autos, negocios… Nos aseguramos, por sobre todo, que llegaran a los bares donde los skin paraban...
La respuesta no se hizo esperar. Ellos contaban con más poder adquisitivo y pudieron hacer afiches a color: “Los punks ladran pero no muerden… Corran putos…” y debajo una foto del perro negro que había destruido a Ramón.
Otra vez nosotros: “Facho muerto, punk contento… ¡Nuestros amigos están que arden!”
Ellos: “No llorés punk… Todos los perros van al cielo… Dios espera al tuyo…” Y debajo, otra vez, la foto del perro negro, con una barba dibujada.
Luego de eso cambiamos fibras por aerosoles y fuimos de noche a una esquina donde sabíamos que se juntaban. Escribimos, muy en grande, algo así como: “Cuidado, esquina fogosa…”. Al otro día apareció escrito en la calle que bordeaba la plaza (calculo que lo habrán hecho mientras Gabo y yo dormíamos) lo siguiente: “Si tienen garrapatas no se rasquen… Nosotros se las matamos a golpes…”
Dibujamos en un muro a un punk meando a un facho envuelto en llamas. Abajo: “Los punks somos buenos amigos de nuestros enemigos…”
Cerca de la plaza ellos dibujaron un perro garchando con otro… Al perro de abajo le pusieron una A de anarquía y al de arriba una esvástica nazi… (esa fue una de las pintadas que menos me llegó… Sin embargo enloqueció a Gabo).
Nosotros pintamos por varios lados la frase que se volvió hit: “Facho, ¿tenés fuego?”

Todo pasó en menos de una semana. Fueron provocaciones mal intencionadas… Eran mucho más que bromas crueles…
Y mientras el odio crecía crecía también mi enfermedad y la de Gabo… No fui el único que duplicó su dosis diaria de estupefacientes para combatir el dolor…
La tos, la fiebre, las molestias en todo el cuerpo… Todo se nos fue contagiando… El malestar, el enojo constante… De pronto, una tarde, nos estábamos peleando entre nosotros… La cabeza se me partía, los sentidos demasiado sensibles… Vi zombies, éramos zombies, cuencas vacías, nervios, muchos nervios, sed, impaciencia…
Puedo agregar que por cada jeringa que acercaba a mis brazos escuchaba la risa de mi hermana, de fondo.
(“-Veo que estás mejor…”)
El sentimiento de traición (de que era un traidor de mierda) no se me fue en ningún momento.
Dejé de leerle historias a Samanta por las noches… Pero la noche empezó a leérmelas a mí. Estaban escritas en la tierra…
En la plaza.

6

Los otros del grupo nos decían que estábamos mal, que algo nos pasaba, que una gripe… Gabo dejó muy en claro que siempre había sido el líder, por mucho que hacía discursos contra los líderes: les gritó que no rompieran las bolas, que había que actuar, que no se fijaran en pelotudeces… Y obedecieron, no porque le tuvieran miedo, sino porque lo querían… Pero supongo que así pasa también con algunos dictadores…
Gabo se me pegó mucho y en ningún momento intentó detenerme… Sé que tuvo las mejores intenciones, sé que lo hizo porque era su forma de ayudar.
Él había entrado en un espiral desquiciado y enfermizo antes que yo.
Así que también fue mi guía en eso.

Demacrados, leprosos… Lenguas de serpiente, para mi todos teníamos lenguas de serpientes, estábamos mutando… Sentía ganas, todo el tiempo, de que me dejaran solo, el sol me dolía, la noche era demasiado densa, quería soledad, soledad y nada más que soledad… pero aún estábamos unidos… la bronca, un hilo, débil, fuerte, atándonos y empujándonos ciegos para el mismo lugar…
La bronca y el punk, claro.
Brindábamos una vez por noche, siempre por Ramón.
Fue todo muy rápido… Y sin embargo parecieron meses… Los estragos en nosotros, en Gabo y en mi, hacían pensar que habíamos sido expuestos a semanas y semanas de mal trato… Pero bastaron pocos días…
Era intenso, nos devoraba.
Descargaba un poco la tensión pegándole a un árbol. Me sangraban los nudillos a menudo… Sangré negra era lo que veía… Sangre que debía sacar de mi cuerpo, sangre infectada… Y volvía a pegarle al tronco. Gabo tomó la costumbre de cortarse los brazos con ramas… Luego jugaba con fósforos, se quemaba las heridas y por último agarraba su guitarra desafinada y se ponía a tocar, en trance…
A ver si lo captan: sin exagerar, habíamos enloquecido…
Y Charly caminaba entre nosotros, serio, dibujando, pensativo, como un doctor en un manicomio, sin saber que medida tomar.

7

Mi viejo vino a la plaza a buscarme una tarde. Me habló sin mirarme, sin levantar la voz. Le respondí que no volvería.
Suspiró y me di cuenta de que estaba muy avejentado.
No discutimos. Negó con la cabeza y se quedó un rato parado, con las manos en los bolsillos, a unos metros de mí.
Vi su vida. Lo vi trabajando, lo vi soportando a mamá borracha, lo imaginé de noche, durmiendo en un pequeño espacio de la cama, solo, quizás llorando…
Quise armarme una imagen mental de él de joven… No pude, su calva era más fuerte.
Le di un trago a la botella de cerveza que tenía conmigo y, como siempre que tomaba algo que tuviera aunque sea un mínimo de alcohol, la cicatriz del labio me ardió.
-Sos un puto pá…
Él se dio media vuelta y con bastante indiferencia dijo:
-No vuelvas… Te voy a matar… -y agregó, como si me hubiera leído la mente- Por más que creas lo contrario tengo algo que vos nunca vas a tener: huevos…
No le retruqué.
Se fue.

Más tarde, ese día, pensé en Samanta. Pensé en lo que mi viejo podría decirle de mi y me puse muy nervioso…
Pensé con una estupidez suprema: “¿Por qué no vino ella a buscarme?”
Desterré la pregunta, sintiéndome un imbécil. Ella, con su temprana madurez, me había demostrado que me necesitaba y yo la había dejado sola dentro de esas asfixiantes cuatro paredes…

8

-¿Qué está pasando?
-No sé…
-Hay que matarlos…
-Si…
-Hacerlos pelota…
-Sí… Bruja Violencia va a tocar en vivo y va a correr sangre, ¿te dije?
-Sí…
-…
-Hay un tipo con sombrero alto dando vueltas por la plaza…
-Sí, lo vi en mis sueños…
-Está esperando algo…
-Que quemen a la Bruja…
-Pero no murió en el fuego…
-¿No?
-No…
No sé si esa conversación existió.

… y la plaza que no es la plaza con árboles sin hojas pero con arañas y sogas que cuelgan y niños de cabeza con hilos púrpuras que recorren sus cuerpos y caen al césped que no tiene vida y cruje cruje cruje con las pisadas de los sabuesos de dientes afilados y los hombres de sombrero alto y de pupilas vacías y todos corren porque es insoportable escuchar esas carcajadas (vienen de todos lados, no veo un rostro pero sé que los ojos son la ira y el pelo es azabache) y “hay que callarla” gritan “callarla de una vez” y está muy oscuro y unas mujeres lloran y alguien les dice que “el asunto no les incumbe” y una de las mujeres es mamá pero no es mamá y yo le digo que me lea un cuento pero no me escucha y corre y yo la sigo unos pasos mientras los pájaros de color negro se aglomeran en el cielo que es de un violeta muy oscuro y me acuerdo que samanta estaba conmigo y salgo a buscarla y los pies me pesan porque tengo unos grilletes atados y algo apretándome el cuello y algo como esposas en las manos y me caigo y no puedo gritar más y las arañas se me acercan y gabo que no es gabo aparece muy transpirado y me dice que “no puede ayudarte” y llora y mira con los ojos muy abiertos para un costado y ahí vienen los hombres y gabo saca su guitarra que no es una guitarra sino que es una antorcha y entre los que se acercan está uno de los fachos pero que no es uno de los fachos y no me acuerdo si yo buscaba a samantha o a lucia y la voz que me dice que “tenés que pedir ayuda” pero yo no necesito eso porque no tengo jeringas en los brazos porque tengo serpientes que me pican, fuerte, veneno… “¿no eran arañas mamá?” y adelante está papá que no es papá y es más alto que todos los hombres y está desnudo y tiene una erección y grita: “la callamos, la callamos para siempre, sus ruidos no nos van a molestar nunca más” y todos aplauden y se desnudan como él y las carcajadas ya no suenan y a mi me duele todo y cierro fuerte los ojos del miedo y cuando los abro estoy otra vez de pie y los chicos muertos están a mi lado y escucho que a lo lejos papá y los demás cantan y llega un resplandor raro y me miro el cuerpo todo lastimado y me siento contento por no tener los grilletes y las esposas, pero me giro y veo que ramón esta tirado a mis pies y el grillete, las esposas las tiene él y esta sangrando y gabo aparece adelante y dice “yo no puedo ayudarte, de verdad, no sé dónde está lucia” (pero yo pienso en samanta) y corre, desesperado, y los nenes muertos hacen una ronda alrededor de mi perro y quiero echarlos pero no tengo fuerzas y todo es horrible y los hombres siguen cantando; la voz de papá sobresale y me preocupa más que las carcajadas y les grito “nadie va a matar a ramón”, intento espantarlos pero me ignoran y entonces aparece charly y los amenaza con su lapicera y los golpea y a él no le importa que sean sólo nenes chicos y los echa y se arrodilla donde está ramón y le deja su lapicera que ahora es una flor…
… Charly sí es Charly…

9

La guerra fría encontró su fin al sexto día.
El gordo dueño de la sala donde antes solíamos ensayar apareció en la plaza muy enojado. Los skin se habían colado en su garage por la noche, le habían destrozado todo y le habían robado una guitarra.
-Ese hijo de puta resentido… -soltó Gabo y supe al instante de lo que hablaba.
-Pintaron esvásticas, me mearon los equipos y dejaron una nota para ustedes… escribieron con aerosol: “BRUJA VIOLENCIA, el viernes, a las 7, en la plaza…”
A mi me dio un ataque de risa, supongo que por los nervios…
-Se van a tener que venir preparados porque…
-¡Me importa un carajo sus peleas de pendejos! –estalló el gordo- ¡Me importa un carajo lo que hagan ustedes! ¡Pero por su culpa ahora me quedé sin nada!
Se aproximó y, como yo era el que estaba más cerca, me agarró del cuello.
Gabo reaccionó al instante y le pegó una piña en la nuca. El gordo se giró con los ojos desorbitados.
-¡¿Qué hacés la concha de tu madre?! –gritó.
-Soltalo… Si querés bardo, vení conmigo…
Gabo adoptó su pose de pelea.
El gordo lo miró un rato y luego me miró a mí. Me soltó.
-Son unos pelotudos…
-Nosotros vamos a encargarnos de esos hijos de puta… -le dije.
El gordo levantó los brazos, indignado.
-¡¿Y a mi qué me importa?! ¡Mis cosas no las van a recuperar!
-Andate…
-¿Qué carajo te pensás…?
-Andate… -Gabo se le acercó un paso.
El gordo lo miró. Verlos cerca remarcaba la diferencia física que había entre ambos.
-Me dan lástima… Están enfermos…
Y miren quién lo decía… Así de bajo habíamos caído.
El gordo se fue, furioso.
-¿Qué día es hoy? –pregunté mientras lo veía alejarse.
Gabo sacó un porro de su bolsillo y lo encendió.
-Jueves… Hoy es jueves…
Me dejé caer en el pasto, conforme.
-Por fin… -dije.
Me sentí muy agradecido. Todo salía como yo quería.

Esa noche hubo mucha música en la plaza. Todos parecían nerviosos excepto Gabo y yo que estábamos muy relajados. Nos reímos bastante, hicimos chistes tontos, cosas tontas.
Charly notó nuestra felicidad y estuvo alegre toda la noche.
El punk sonó hasta que el alba despuntó.
Luego Gabo y yo nos acostamos en el piso (no hay nada malo de dormir en el piso siempre y cuando no tengas lucidez para notarlo) y el resto de los chicos se fue.
-Nos vemos a las seis… -fue el saludo general.
Sabíamos que algunos ya no regresarían.
Podríamos haber salido a buscar refuerzos… Gabo tenía contactos por varios sitios… Pero esa no era la idea.
Nuestras ansias de revancha eran mucho más… puras. Si una revancha no se lleva a cabo por mano propia entonces pierde fuerza y se vuelve una estrategia dentro de un juego más perverso.
No creo que lo comprendan, pero lo nuestro era (volvía a ser, buscaba volver a ser) inocente.

[Continuará...]

Bruja Violencia [IV]

14 jun 2010

Bruja Violencia,
punk rock bizarro

[Acordes desafinados para la Inquisición]
-Parte IV-


TERCERA ESTROFA: “LA DONCELLA DE HIERRO”


Te quiero…
Te odio...
Necesito tu calor…
Flema, “Metamorfosis adolescente”

1

Guardé la remera de Flema, me puse una gorra para ocultar los colores y me obligué a sólo tomar agua. Al menos el alcohol no me tenía esclavizado y me hizo bien saberlo.
No atendí llamados telefónicos, me acosté temprano de lunes a lunes y empecé a comer bien. Cuando mis ganas de inyectarme eran muy fuertes pensaba en aquella noche en la que Gabo había cantado y lograba contenerme… No podía traspasar esa barrera, no podía permitirme ir tan lejos… Había un cartel enorme de NO PASAR y yo no tenía intenciones de desafiar a la autoridad.
De pronto mis nudillos empezaron a cicatrizar y dejé de tener heridas todos los días.
Yo… yo no quería pelear… De pronto sentí todo los golpes que en su momento había dejado pasar con la idea de que no me lastimaban. Los moretones fueron internos y preferí andar solo.
Un día que salí a caminar un rato, de puro aburrido, vi a Lucía en una parada de colectivos con Aro. Tuve ganas de saludarla, de mirar el lunar que tenía en el cuello. Tuve ganas de ir a decirle que Embajada Boliviana era una porquería… Se enojaba mucho cuando alguien se metía con su banda preferida… Tuve ganas de escucharla reír… Pero el hecho de que estuviera Aro a su lado me detuvo… Además yo ya no tenía tachas… Me sentí bastante infeliz.No la saludé.
Si hubiera sabido que…
En fin…
En otras ocasiones me crucé a Gabo y los demás, pero encontré excusa para no quedarme mucho tiempo. No me juzgaron, ni yo a ellos.

2

Samanta y yo compartimos aún más cosas en aquel periodo. Luego de descubrir su odio a las típicas películas animadas le alquilé algunas de mis películas preferidas… En la primera escena de motosierra, de tripas al aire, casi llegué a arrepentirme… Me dije que quizás eso no era para ella, sentí pudor…
-Mejor podríamos cambiarla y ver…
-¡No! –me gritó con una mezcla de asco y fascinación- ¡No cambiés! ¡Porfa!
-Pero si papá o mamá ven que…
-A papá no le importa y mamá debe estar borracha…
Mi tensión desapareció al instante. Estaba más preparada de lo que yo pensaba. Sólo le adelante las escenas de sexo y ella no se quejó.
Así que la inicié en el mundo del cine de terror como agradecimiento por haberme iniciado en las letras. Fue un buen trato. Ambos ganamos.

Ramón se llevaba bien con mi hermana, pero yo lo conocía lo suficiente como para saber que la celaba.
Con ella era torpe, atropellado de mala forma. No llegó a morderla por el sólo hecho de que el único día que lo escuché gruñirle le pegué una piña en el hocico.
Samanta lo trataba bien pero le tenía miedo. Sólo lo acariciaba, de modo inconsciente, cuando yo le leía alguna historia… Entonces ella entraba en trance (en serio, parecía hipnotizada) y estiraba una mano y la pasaba por el pelo del animal. Ramón se quedaba echado y se dormía, satisfecho. En esos momentos hacían las paces.

El accidente ocurrió por culpa, justamente, de los celos de Ramón.
Una mañana Samanta estaba preparando el desayuno para ambos. Estaba calentando agua para hacer té. Nunca le gustó la leche (ni siquiera con chocolate) y a esa edad ya estaba acostumbrada a valerse por si misma.
Yo estaba mirando la tele sin prestarle demasiada atención a un noticiero matutino en el que debatían la moralidad de la pena de muerte. Tenía delante mío un paquete de galletitas medias secas y se me dio por convidarle una a mi hermana.
Me giré justo para ver todo. Samanta sacó la pava del fuego, vio lo que yo le ofrecía y se acercó. Entonces Ramón, a pesar de tener su plato recién cargado con comida, saltó desesperado para arrebatarme la galleta de las manos. Mi hermana se asustó, dio un paso para atrás, se enredó y cayó. La pava chocó el piso y la tapa salió volando.
Una buena cantidad de agua fue a parar a la pierna de Samanta que por suerte sólo en pocas ocasiones (y no era el caso) usaba pollera. De todos modos, se quemó.
-¡Perro cara de pija! –gritó al tiempo que se ponía a llorar.
Yo creo que fue un buen momento para usar los insultos que yo le había recomendado.

3

No tarde ni tres segundos en arrodillarme a su lado. Sin saber muy bien qué hacer, desorientado, asustado, llamé un remis y la llevé a un hospital.
Fui bastante eficiente teniendo en cuenta que sentía tantas ganas de gritar y llorar como mi hermana.
Cuando salimos Ramón nos observó desde abajo de la mesa, temblando.

La mayoría de los hospitales públicos son feos, eso ya lo sabrán. El hospital del barrio, el Margaret Jones no era la excepción.
Entramos por la puerta en la que se leía GUARDIA. Sabrán también que la GUARDIA de los hospitales públicos de las zonas de clase media baja son peor que feas. Ahí uno puede encontrase con cualquier cosa.
Nosotros nos topamos con un tipo que gritaba en el piso y que tenía la camisa bañada de sangre, con un abuelo que se había dado una sobredosis de pastillas, con un borracho que tenía los pantalones bajos y hablaba de gusanos y con una mujer que tenía un ojo morado y que se sujetaba la muñeca derecha, que estaba girada de modo extraño, con un gesto de dolor insoportable.
Yo observé a todos, tenía a mi hermana en brazos.
-Me duele menos… Me duele menos… -me repetía una y otra vez, para mantenerme tranquilo pero yo sentía sus lágrimas calientes mojándome el pecho.
Sabía que algunos de los allí presentes estaban en una situación mas urgente que la mía. Pero me importó un carajo.
No intercambié palabras con nadie. La recepcionista estaba ocupada llamando a los de seguridad para que controlaran al borracho.
Empujé un par de puertas, dejé la sala de espera y empecé a buscar un médico.

Estaba caminando con pasos rápidos por un pasillo angosto, blanco (manchado), con olor a desinfectante cuando se abrió una puerta y apareció una mujer rubia, de unos cuarenta años. La reconocí al instante: la enfermera que había aparecido en la tele…
Me vio y, sin sorpresa en el rostro ni en la voz, preguntó:
-¿Qué le paso?
Le expliqué, un poco de mala forma, temiendo que me mandara a esperar. Sin embargo su reacción fue diferente.
-Pasá… No soy doctora, soy enfermera… Pero ésto no parece grave…

El agua no había llegado a hervir y el jean absorvió buena cantidad del líquido. Así y todo una porción de la piel de la pantorrilla estaba colorada. Muy colorada.
La Enfermera se arrodilló junto a Samanta e intercambiaron palabras que no llegué a escuchar. Sólo vi que mi hermana sonreía y eso me ayudo a respirar aliviado. La mujer le colocó una pomada.
-Va a tener que colocarse ésto con regularidad… Va a arder… Pero no va a tardar en curar…
-Perfecto…
-Salgan por la puerta trasera… Así nadie ve que entraron sin permiso…
Samanta se ruborizó.
-Perdón…
Me molestó que ella tuviera que disculparse.
-Estaba preocupado por ella… -solté, seco- Y es una vergüenza que…
La mujer me miró, fijo a los ojos. Las palabras se ahogaron.
-No deberías…
-¿Puede verlo a él? –interrumpió mi hermana
La mujer y yo la miramos, intrigados.
-¿Qué pasa con tu hermano?
-Tiene muchas lastimaduras… en las manos, en los brazos… Y la cicatriz del labio está horrible…
Iba a decirle que se callara, pero entonces me llevé la mano al labio. Recordé el golpe que papá me había dado.
-Claro que puedo verlo…
-Yo no necesito que…
-Por favor…
-Samanta…
-Yo también estoy preocupada…
Sentí algo muy cálido en mi pecho… Supongo que es lo que muchos sienten por sus madres.

La Enfermera (cuyo uniforme no especificaba ningún nombre) le pidió a Samanta que esperara afuera y cuando ella salió volvió a mirarme con dureza.
Tuve que esquivarle la mirada y me centré en un colgante que tenía del cuello. Una medalla espantosa.
“Esta mujer atendió al facho que matamos…”
-Vi las heridas en tus brazos ni bien entraste… Tu hermana no sabe de que son pero yo sí…
Me enojé conmigo mismo por sentirme tan intimidado.
-Ya lo dejé, además…
-Ya sé… -me cortó. Agregó sarcástica- Me imagino… Pudrite por dentro si querés… Pero al menos mentile a tu hermana y no dejés que tu exterior también se pudra…
-Pero de verdad…
Y no supe como seguir. Resignado, me callé.
Me miró las manos, luego la cara, muy de cerca. Me dijo que, efectivamente, la cicatriz del labio estaba horrible.
Me anotó el nombre de una crema en un papel y me lo dio. Luego escribió algo en otro papel y también me lo entregó.
-Andate… Y si precisas ayuda espero que sepás pedirla….

Fui incapaz de intercambiar palabras con Samanta en todo el viaje a casa. Estaba agotado.
Cuando llegamos ella me dijo que se quería acostar y yo fui a pegarme una ducha para tratar de despejarme.
En el espejo del baño me miré las cicatrices. Después fui muy detallista con los brazos… Vi mis venas latir…
Sentí la boca pastosa…
Mi cuerpo sólo me pedía algo…
Pensé en Gabo y Bruja Violencia…
Pude superarlo.
Pensé en la Enfermera y sentí bronca.
-Yo no necesito ayuda… -susurré- Ya lo dejé, hija de puta engreida…
Y luego me masturbé pensando en ella, a pesar de que no me había parecido sexy en absoluto. Incluso tenía las tetas caídas…

4

A mamá y papá decidimos no contarles sobre el asunto y no fue difícil esconderles la situación.
Cuando compré la pomada para Samanta mis ahorros (tristemente diezmados por el tema de los vicios) llegaron a su final. Mi hermana lo supo y una noche en la que estaba desvelado mirando una película pésima vino a verme con un billete de diez pesos en la mano.
-Tomá… Comprate la crema para curarte eso… -dijo señalándome la boca.
-No… No sé que le ven, yo no la veo tan… fea…
-Por favor…
-No, es tu plata, usala para…
-No es mi plata, se la robé a una compañera del cole…
-Samanta…
-No me digás que está mal robar…
Me hizo reír.
-Pero robar está…
-¿Te puedo preguntar algo? –dijo interrumpiéndome.
Me encogí de hombros y me puse a la defensiva.
-¿Te acordás de eso que pasaron en el noticiero del chico que murió quemado cerca de acá?
Aunque no lo crean no me puse nervioso.
-Si…
-Ese chico habrá sentido mucho dolor, ¿no?
-Calculo que sí…
-Pero mucho… Muchísimo, ¿no?
-No entiendo a que viene la pregunta…
-Es que no me lo puedo imaginar… ¿Cómo alguien puede soportar tanto dolor? Las quemaduras duelen mucho…
Samanta se miró la pierna y se pasó, con suavidad, la mano sobre la herida.
-No sé…
En ese instante Ramón salió de debajo de la mesa, cauteloso, y Samanta lo miró con exagerada indignación.
-Me voy a dormir… -exclamó, dándole la espalda.
Los diez pesos, lo noté mucho después, cuando salí de la telaraña de mis pensamientos, habían quedado sobre la mesa

La paranoia siempre estuvo conmigo: era una posibilidad latente que los skin me atacaran… Sabía que podía pasar en cualquier momento, pero nunca me oculté… Además Gabo había sido mi instructor y yo sabía tener los ojos abiertos cuando iba por la calle…
Sin embargo, cuando pasó, cuando me atacaron, no lo vi venir.
El día de la venganza yo había salido con Ramón rumbo a la farmacia, con la plata que mi hermana me había dado. Estaba a pocos días de retomar mis estudios.
El error lo cometí al ir distraído, leyendo un folleto de la Iglesia en el que había números para que se comunicaran las personas que sufrían maltrato en el hogar. Cuando levanté la vista tenía frente a mi a tres skin. Los mismos tres que me habían dado mi primer paliza.
Para esa época yo pensaba que mis días de punk habían terminado.
Aún faltaba para el final.
Aprendí que un final no es final si no hay un sacrificio. Eso es lo que Bruja Violencia me enseñó.

Me alcanzaron en la plaza, por culpa de mi tobillo malo. Recién en ese momento pude ver que uno de ellos traía una cadena con un perro. Un perro negro, esos de raza, que se usan para cazar. Pensé, en un fragmento de segundo eterno que lo iban a soltar para que me comiera… literalmente hablando.
Pero eso no pasó. Cuando caí Ramón se puso a ladrar desquiciado, defendiéndome.
No me golpearon, no me llenaron de piñas hasta bajarme los dientes… No me prendieron fuego a pesar de que eso hubiera sido más que justo… No me destrozaron…
Dos de ellos se limitaron a sujetarme cuando lograron hacer retroceder a Ramón que estaba fuera de sí.
Luego me obligaron a verlo pelear con esa bestia de pelaje oscuro. Grité, pataleé… Pero ellos sostenían con fuerza, implacables, al tiempo que me escupían el rostro y me insultaban.
Tuve que ver como mi perro sufría la paliza que a mi me correspondía.
La cosa no duró mucho. Ellos se rieron, la carne fue desgarrada, la sangre bañó el césped… Pude ver instantes de todo aquello en cámara lenta… Los dientes, los destellos del sol en la saliva, el hocico replegado, los pelos del lomo erizados, la rigidez de la postura…
Por suerte los vecinos salieron rápido. El dueño del perro negro tuvo que pegarle fuerte a su mascota para que soltara a Ramón. El animal, en un acto reflejo, le tiró un mordiscón y lo alcanzó en el brazo. El facho de mierda gritó y se llevó el miembro herido contra el pecho. Los que me sostenían me golpearon en el rostro para desorientarme y me abrieron la herida del labio.
-Ésto recién empieza… -susurró uno.
Luego se marcharon, veloces, entre insultos.
Me levanté con urgencia. Los curiosos se juntaron para ver qué pasaba.
Ramón estaba destrozado.

[continuará...]

Bruja Violencia [III]

8 jun 2010

Bruja Violencia,
punk rock bizarro

[Acordes desafinados para la Inquisición]
-Parte III-


SEGUNDA ESTROFA: “LA GARRUCHA” (2)

3


En ningún momento me dio temor que la policía nos rastreara y nos declarara culpables del incendio que había causado la muerte de ese joven de tiradores e ideología nacionalista. Si permanecí una semanas sin salir de casa fue porque sabía que las cosas se habían descarrilado. No se me ocurrió que los skin pudieran denunciarnos. Y no lo hicieron.
De pronto sentí urgencia por acomodar mis ideas. Deseaba encontrarme, pero escapar de mi. Ramón intentó animarme. Yo intenté enseñarle el truco de la patita. Ni él ni yo tuvimos éxito.
Mi destartalado equipo de música permaneció apagado durante muchos días.
Con Gabo hablé por teléfono. Llamó él.
-¿Te enteraste, no? –y cuando lo dijo supe que por dentro estaba igual que yo.
-Sí…
-Por un tiempo evitemos la plaza…
Que lo dijera de ese modo, tan frío, me hizo enojar… Así que le devolví monosílabos y luego cortamos.
Caminando por las paredes, ansioso, nervioso, empecé a replantearme todo. Me encerré en mi cuarto, abracé a mi perro, me comí las uñas… Traté de embarcarme en un viaje interno… Pero entonces llegaron los reproches de mi viejo. Justo en el momento en que menos los necesitaba. Cuando uno sabe (o presiente) que la pifió no hay nada peor que alguien que venga a remarcar el hecho.
Entró al cuarto por la fuerza, ignoró mis palabras, me acorraló sólo mirándome fijo (siempre tuvo ese poder) y me gritó.
Me dijo que sabía en qué andaba, me dijo que sabía que estaba arruinando mi vida, me dijo que no iba a hacer nada por ayudarme, pero que iba a matarme si empeoraba mi estado… Me dijo que en pocas semanas abrían una segunda inscripción para anotarse en el secundario y que por mi bien me convenía estar en la fila de nuevos aspirantes…
No le dije que sí, no le dije que no… Ramón no despegó sus ojos de sus puños cerrados.
Se fue dando un portazo.
Es una cagada decirlo, pero todo eso me jodió más que las palizas.

4

Pensé que salirme del caos mental iba a ser imposible, pero entonces Samanta entró en el juego.
Puedo decir que conocí a mi hermanita cuando ella tenía siete. Antes de eso no había compartido nada de verdad con ella. Me arrepiento. Mucho.

La terapia fue simple y efectiva: miré muchos dibujos animados y jugué muchos campeonatos de tetris. Las primeras veces me dejaba ganar, luego, para salir victorioso tuve que poner toda mi capacidad… Incluso llegué a hacer trampa… Los juegos de mesa mejor ni mencionarlos. Mi hermana era muy inteligente. Era rápida para las matemáticas aunque decía que las detesta y tenía una imaginación privilegiada… Si hoy estoy escribiendo esto es porque ella, con su entusiasmo, me contagió las ganas de leer, de conocer historias…
El día en que todo mi ser tambaleaba, en crisis, ella se metió en mi pieza con paso tímido. La traté mal al principio, pero luego, cuando me pidió que le leyera un cuento, no pude negarme... Hubo algo en su tono... Fue como que me dijo: “No lo hagas por mi, hacelo por vos…”
Esa noche fue Hansel y Gretel… Una vez que mi hermana estuvo dormida me confesé dos cosas: el maldito cuento asustaba y yo leía horrendo…
Cuando volví a mi habitación seguí leyendo, en voz alta, para Ramón… Lo hice para intentar mejorar, para poder ser más fluido… Lo hice porque me avergonzó el hecho de que Samanta me escuchara tartamudear entre palabra y palabra… Fui conciente de que se había despertado algo nuevo en mí: yo era el mayor de dos hermanos… Alguien, por accidente, podía llegar a tomarme como ejemplo... Eso también asustaba…

El próximo paso fue ayudarla con la tarea del colegio… Por suerte para mí los maestros no valoran en realidad a sus alumnos y les dan deberes muy mediocres para el potencial que poseen, así que mi colaboración se limitaba a dar mi opinión sobre tal o cual cosa…
Con la suma de los minutos, de las horas, nos ganamos confianza, nos reímos y fuimos hermanos.
-¿Por qué no te juntas más con tus amigos? –me interrogó ella una tarde, mientras subrayaba títulos en su cuaderno.
-No sé… -respondí después de un rato- Me cansé un poco… ¿Y vos? ¿Tenés amigos en el colegio?
-No… También me cansé un poco… Casi todos los papás de mis compañeras están separados… ¿Por qué papá y mamá no se separan?
Esa pregunta me hizo sonreír.
-No sé… Supongo que todavía no se cansaron…
-Pero se odian… ¿Sabías, no?
Me clavó su vista. Los ojos iguales de duros que los de mi viejo… pero con más vida.
-Sí, sabía…
-Ah…
Respiró aliviada y siguió con sus cosas. La admiré mucho.

No pasó nada de tiempo hasta que fui yo el que empezó a meterse en su pieza para proponerle algún juego, para hacerle algún chiste, para molestarla o para, simplemente, ver cómo estaba.
La llevé al cine cuando me enteré que nunca había ido a uno. Vimos una de Disney y su veredicto fue claro:
-No me gustó… La bruja no se tendría que haber hecho buena… Es ilógico… Si yo fuera bruja y tuviera poderes no sería buena… -dicho aquello pateó una piedra, indignada.
-Sí, además ese grano feo en la nariz… ¿Por qué no uso la magia para sacárselo?
Se rió fuerte mientras me daba la mano para cruzar la calle.
-Sí, era fea… Se parece a una maestra mía…
-Yo diría que se parece a vos…
Otra carcajada. Después, me insultó, se sonrojó y me pidió que no le contara a papá que había dicho esa palabra. Le dije que no lo haría y le enseñé insultos nuevos. Quedó fascinada.

El skin muerto siguió siendo noticia por unas semanas. Yo pude ver las notas en los noticieros y leer los diarios sin que me temblara el pulso.
Escuché en la tele al médico que recibió al facho quemado (al parecer no llegó muerto pero sí muy mal): “Hicimos todo lo que pudimos…”, después, poco inusual en un médico, sus ojos se llenaron de lágrimas y una enfermera se le acercó por atrás y le puso una mano en el hombro, tratando de reconfortarlo. El hombre se giró y se fue y la nota la dio ella.
-Se corre el rumor de que lo quemaron… De que no fue un accidente…
-Nadie, ni vecinos ni amigos, quisieron declarar…- hizo una pausa, después se llevó una mano al pecho y agregó: -Lo importante no es saber por qué lo quemaron si es que lo quemaron… Lo importante es saber que todos somos inflamables…

Sentir remordimientos estaba muy lejos de mí. Y más lejos estaba sentir remordimientos por no tener remordimientos. No es para alarmarse, no es para el escándalo… ¿Cómo podía sentir culpa por lo que había pasado? Es decir… No quiero quitar peso a la muerte de un joven pero… Todos estábamos inmersos en… Bah, si no lo entendieron hasta el momento quizás sea mejor que no sigan leyendo porque no me estuvieron prestando atención.

Pasó casi un mes y las cosas mejoraron… Hasta me había anotado en el secundario... Sólo una puerta no podía cerrar.

5

Traté de convencerme de que si podía aguantar los primeros días luego sería progresivamente más fácil. Me dije mil veces que yo no había caído en la red que todos caían… Pero cada madrugada se me empezó a volver a eterna, angustiante… Y no pude combatir eso con ningún libro…
Vacié las alacenas, vacié el botiquín de medicamentos y, cuando ya no soporté, con fuertes dolores de estómago y ganas constantes de vomitar fui yo el que llamó a Gabo.
No extrañaba su compañía. Extrañaba las drogas…
Dios, cómo las extrañaba…

Quedamos en vernos de noche en la plaza. Salí desesperado, cargando la mirada fulminante de mi viejo, que no me dirigió la palabra pero que me desaprobó rotundamente. Mamá me saludó, tirándome un beso y hasta me dijo “feliz cumpleaños”… Solía decirme feliz cumpleaños más de cincuenta días al año… Me hacía sentir graciosamente viejo…
Mi hermana dormía, por suerte. A ella no hubiera podido enfrentarla.

Gabo me esperaba en nuestra parte preferida, al lado de un banco desvencijado y lleno de mensajes escritos con fibrones. Jugaba con fósforos, tenía su guitarra criolla sobre las piernas y sentado a su lado, en silencio, en pose indio, estaba Charly. Lo primero que noté fue el asqueroso olor a mugre. Lo segundo que noté fue que Gabo estaba demasiado dado vuelta. Tenía ojeras muy feas y estaba considerablemente más flaco.
Me senté delante suyo y le di la mano, con algo de imprevista incomodidad.
-Bruja Violencia… va aseguir tocando… -fue lo primero que me dijo mientras apagaba un fósforo con un gesto rápido y luego encendía otro- No me importa que los otros forros no quieran seguir tocando… Yo voy a rearmar la banda y va a sonar mejor que nunca…
No di vueltas y le pregunté si había traído lo mío. Asintió. Me dio una bolsita con todo adentro, incluso la aguja descartable. Comencé a preparar las cosas en el acto y me di un buen saque.
Gabo siguió:
-Bruja Violencia va a ser la mejor banda de punk… Compuse el tema con el que todos van a romperse las cabezas en los shows… Va a haber sangre… Porque quieren eso, ¿no? Si les hablas de lo mal que está todo no te dan bola… Quieren sangre, ¿no? ¿No?
Me encogí de hombros mientras puntos brillantes empezaban a cubrir mi visión.
Gabo tiró otro fósforo, se acomodó la guitarra, sacó una púa mordida de su pantalón roto.
-Yo no tengo la menor idea de lo que…
-Callate y escuchá… -me dijo muy serio.
Y escuché. Toda la plaza escuchó. El Mundo escuchó… Vi a los pájaros de la noche mirándolo. Supe que todos los seres de la oscuridad nos observaban y prestaban atención. Lo supe con tanta certeza como sabía que estaba drogado.
Todo tan amenazante, todo tan espantoso... y sólo así tenía sentido, sólo así me sentía cerca de algo que parecía llenarme de esencia de mi mismo… No podría explicarlo jamás.
Tampoco podría explicar lo que pasó cuando Gabo tocó.
Fueron notas imprecisas, desgarradoras. Y sé que abrieron una brecha. La plaza se destejió con los acordes. Pensé que la tierra se abriría y me tragaría. Un vértigo enorme me llenó. Y cuando cantó me abracé con fuerza.
No voy a reproducir el tema. No es que no me lo acuerde. Para mi desgracia no pude olvidarlo, se me grabó a fuego.

Cuando Gabo terminó Charly aplaudió y se rió con sus dientes enfermos e incompletos. En su cuaderno había dibujado otro de sus garabatos.
-Tengo que irme… -dije al borde del llanto.
-¿Sabías que el chico que murió se llamaba Gabriel? Como yo…
Me fui con una certeza. Ya no quería ser punk.
En el camino tiré toda la droga y en un quiosco de mala muerte compré caramelos para mi hermana.

[continaurá...]

Bruja Violencia [II]

1 jun 2010

Bruja Violencia,
punk rock bizarro

[Acordes desafinados para la Inquisición]
-Parte II-



SEGUNDA ESTROFA: “LA GARRUCHA” (1)


Miro, a todos lados.
Sólo veo muertos, bailando.
Sucio, apestado, destrozado y vomitado...
Flema, “S.A.D.V.”

1

Bruja Violencia tocó en vivo en tres oportunidades. Las primeras dos veces fue en un club del barrio, uno que quedaba a dos cuadras de casa. Dicho club era administrado por un viejo de nariz ancha y roja que unos años después fue encarcelado por una supuesta violación… o unas supuestas violaciones… Era un tipo agradable, hablaba mucho de fútbol y remataba todos los comentarios con una sonrisa que parecía triste…
Me da asco pensar en todas las veces que me abrazó y me palmeó el hombro… Así y todo no logro verlo como un hombre malo.
El tercer recital fue en una casa tomada de unos conocidos de Gabo, que estaban más interesados en la política que en la música… Tuve que soportar más de dos horas de discursos… Al principio levanté el puño con cada exclamación: “Hay que luchar por la Libertad…”, “Hay que rebelarse a este maldito sistema opresor…”, “Hay que abandonar las sombras y hacer escuchar nuestra voz censurada…” Después me cansé y sólo me dediqué a tomar. Al carajo la libertad, el sistema, la censura…
Musicalmente hablando todos los recitales fueron pésimos: pésimos músicos, pésimas interpretaciones, pésimos equipos… Hubo alcohol en exceso, hubo peleas, hubo llamados a la policía, hubo sexo en los rincones, hubo marihuana…
Los punkys que no pertenecían al grupo con el que yo paraba en la plaza me ponían nervioso… Muy pasado de cerveza, licor de frutillas y fernet recuerdo que pensé: “No se puede confiar en estos borrachos de mierda…”
En defensa de la especie diré que no todos eran borrachos, ni drogones y muchos de los allí presentes no justificaban el típico prejuicio de las típicas viejas frígidas… Sin embargo nunca entendí que hacían allí si no eran ni borrachos, ni drogones ni nada de eso.
Al recital de la casa tomada (el término “casa tomada” quedo literalizado para eso de las tres de la mañana) lo llevamos a Charly. Hizo buenas migas con el gordo que nos alquilaba las cosas para ensayar. Hablaron mucho aunque dudo que se entendieran mutuamente. El gordo compartió de su coca y gracias a la fecha de Bruja Violencia pudo tener su primer trío con dos punkys que no estaban nada mal (exceptuando que a una le faltaban algunos dientes). Charly hartó a un grupito con su locura por las hogueras y los infiernos y tuve que meterme para que no recibiera una paliza. Charly podía ser muy denso, lo admito.
Las anécdotas son varias y muchas rozan lo repugnante… Gente en estado de inconsciencia con incontinencia intestinal, petes accidentados que dejaban por resultado charcos y charcos de sangre, vómitos espesos… Pero todo eso no viene al caso.
Sí viene al caso remarcar que Ramón (que siempre se divirtió y hasta subió al escenario a ladrar en más de una ocasión) nunca intentó morder a aquellos que lo patearon por accidente. Sólo con alguien se puso histérico. Sólo a alguien, que nada le hizo, le mostró los dientes.
Ese alguien se hacia llamar Aro. Lucía fue a retar a Ramón por la descortesía y quedó enganchadísima con el idiota.
Esa misma noche se lo garchó detrás de un árbol y luego dejó de garcharse a todos los que se garchaba detrás de los árboles.
Aro… Alto, muchos piercings, pelo largo, ojos pequeños, sonrisa fácil.
Ramón no fue el único al que le cayó mal desde el principio. Pero Lucía estaba enamorada.

2

Los skin tocaron muchas más veces que Bruja Violencia y no me duele decir que poseían mayor talento. Como en lo que respectaba al tema de “la banda” nos habían sacado una considerable ventaja decidimos hacer lo más lógico: arruinarles sus recitales. Hacer eso, lo supimos desde el principio, era meterse en la boca del lobo. Pero, lejos de lograr tácticas apropiadas o estrategias de guerra, nos limitamos a un simple razonamiento: si aquello era una locura entonces había que tomar mucho coraje para llevarla a cabo.
Y así fue que una noche de luna grande y viento fresco, después de unas bebidas sin alcohol, nos iniciamos en el mundo de las jeringas. Nos inyectamos mierdas y al cabo de un rato nos sentíamos dioses. Previendo lo que pasaría yo había dejado a Ramón en casa para que estuviera resguardado y no habíamos hablado con Lucía. Siempre preferíamos mantenerla alejada de las peleas fuertes… No por protegerla, sino que por protegernos nosotros… De todos modos, para esa época ya andaba muy de novia con Aro y si bien seguía apareciendo por la plaza cada vez era menos el tiempo que compartíamos.
Conmigo en especial se enojó mucho una tarde en la que, por un ataque de celos o no sé qué cosa, aproveché que estábamos solos y le dije sin vueltas que tenía ganas de practicarle sexo oral (lo dije así, muy educado). Estaba ido y ella se lo tomó muy a pecho… Además me acusó de irrespetuoso, me dijo que no la valoraba y esas estupideces de novela dramática… Me sentí enfermo mientras la veía alejarse: esa Lucía era muy diferente a la que yo había conocido. Sentí una impotencia tremenda mientras me fijaba en lo ajustado de su jean que dejaba adivinar una tanga debajo.
-La gente cambia... –concluyó Gabo cuando le conté- Todos cambian, todo cambia…
No se esmeró, lo sé. Pero aquello es muy cierto.
En fin.
¿Dónde estaba? Ah, sí, claro. Las agujas.
Esa noche de luna gigante se me aflojaron los músculos muy despacio… Fui consciente de todo el proceso. La voz de Charly, perdido en uno de sus monólogos, me empezó a llegar cada vez de más lejos. Todo me resultaba ajeno y a la vez más propio que nunca. Y cuando alguien preguntó si ya estábamos listos no lo dudé.
Los skin tocaban en esa ocasión en un barcito de esos con mesas de pool y metegoles.
Éramos seis. Ellos, sabíamos, serían más de veinte, treinta… Nos reímos ante esa estúpida superioridad y caminamos hablando de música.
De punk.

Cuando llegamos estaban todos cantando el himno. Algunos con la mano derecha en el pecho, otros con la mano estirada, como si intentaran detener un colectivo imaginario. En las paredes del lugar había propagandas nacionalistas, propagandas anti drogas, propagandas contra la inmigración…
Los observamos en silencio, desde la vereda de enfrente, entre sombras.
Teníamos ramas. El plan era repartir unos cuantos palazos y luego salir corriendo. Me imagino lo que piensan: algo así no merece ser llamado plan… Me gustaría ver qué cosas tan geniales se les ocurriría a ustedes si estuvieran en las condiciones en las que nosotros estábamos.
Uno de los chicos, no recuerdo el nombre, uno rubio, de ojos muy claros y mucho acné en uno de sus pómulos, sacó un cigarrillo del bolsillo, luego un Zippo con el rostro de Sid Vicious y mientras encendía el tabaco, preguntó:
-¿A la cuenta de tres?
Asentimos todos, menos Gabo, que al ver el fuego se inspiró. Se le dibujó una sonrisa tonta. Una sonrisa hija de puta.
Esa sonrisa, desde la retrospectiva, fue el peor de los presagios. Era la sonrisa de un niño… Pero de un niño que empieza a mutar en adulto.
Esa sonrisa marcó el final de los juegos. Marcó el final de la inocencia, que, para qué negarlo, ocultaban nuestras peleas y nuestra odiosa cizaña.
Lo de la molotov fue una improvisación… Y a todos nos pareció buena idea… Teniamos botellas, teniamos alcohol etílico (que usabamos para preparar tragos) y teníamos ganas de bardo...
-Van a llorar cuando se les prenda fuego la banderita de mierda…
La banderita en cuestión era la bandera Argentina… Imaginarme la escena (la tela quemándose) me despertó una curiosa perversión…
Lo que no tuvimos en cuenta fue que la bandera no era lo único que podía prenderse fuego ahí dentro.
Mi último pensamiento antes del estruendo de cristales estuvo dirigido a Ramón… Mientras la botella de whisky con la remera de Gabo ardiendo en el pico, iba girando en el aire con destino a estrellarse en el bar nazi “El Coloso” yo pensaba con cierta culpa, que quizás me había olvidado de dejarle suficiente comida a mi amada mascota.
Luego el “¡Fachos putos!” de mi compañero me arrebató el razonamiento y me introdujo en un mundo instintivo. Sólo importaba sobrevivir.

No nos mataron ese día porque se pusieron por prioridad apagar las llamas. Gabo, que estaba en cuero, se llevó la peor parte: fue víctima de un skin grandote que agitaba una cadena pesada.
Por suerte éramos rápidos para correr y pudimos hacerlo antes de que nos rompieran las piernas. Un puñetazo (justo en el corte que tenía por culpa de papá) me volvió la visión rojiza; puse mi esmero en dar un buen golpe con la rama y no sé si lo logré. Entre el tumulto creo que vi al tarado al que le habíamos roto la guitarra unos días atrás. Intenté escupirlo y tampoco sé si lo logré. Recordé su amenaza mientras esquivaba patadas:
“¡Ahora se les a va a poner feo de verdad!”
Y sin embargo no habían sido ellos los que habían atacado buscando venganza… Nosotros habíamos repetido el ataque.
Ese fue el error… Ahí rompimos el equilibrio… O eso es lo que pienso a menudo en mis noches de insomnio.
Habremos pasado un minuto en la calle… Pero fue un minuto largo. Las luces de las farolas se convirtieron en brillantes arco iris de vertiginosos colores que danzaban conmigo en cada movimiento brusco. No sentí dolor en ningún momento pero sí miedo… Mi mente acelerada me hizo ver rostros muy deformes y el olfato se me había intensificado… Un olor a azufre me asfixiaba… Y la sed… y la sangre con gusto metálico…
Era pesado, después rápido…
Creí ver garras, un esqueleto… Mordí una mano, estoy convencido de que arranqué una uña… Vi gusanos en mis nudillos… Fue la primera de muchas experiencias alucinógenas…
Una piña en la oreja me llenó de puntadas diminutas e insensibilidad en un costado de la cabeza.
Afortunadamente, en ese minuto que estuvimos en la calle, no salieron más de diez skin. Luego nos retiramos.
En la huida me doblé feo el tobillo y me caí. Todavía me duele algunos días.
Regresar a la plaza fue extraño… El olor a lo irreversible, al mal paso, se respiraba en el aire.
Charly estaba durmiendo y no se despertó con nuestros gritos agitados.
Después ya no recuerdo… Cuando las heridas comenzaron a dolerme dejé de tener consciencia y luego, quién sabe cómo, estaba en mi cama, soñando con fuego.

El incendio fue apagado recién a las seis de la mañana. Y lo peor no lo supimos hasta el otro día, cuando fue primera plana del periódico local.

[continuará...]

Bruja Violencia [I]

23 may 2010

Bruja Violencia,
punk rock bizarro

[Acordes desafinados para la Inquisición]
-Parte I-


para Anna,
por los recitales compartidos...


PRIMERA ESTROFA: “LA CUNA DE JUDAS”


En esta canción
No hay mensaje para vos…
Flema, “Si yo soy así”

1

La primera vez que nos enfrentamos fue en la plaza principal del barrio. Una plaza bastante insípida, sin monumentos, con pocos árboles y mal cuidada que estaba rodeada por las calles Brunswick, Sawyer, Goldie y Wytte... La plaza del loco Charly…
Charly era un indigente, un tipo de la calle… No sé cuantos años tendría cuando pasó lo que deseo contar porque la barba tupida y los pelos mugrosos ocultaban sus facciones, pero supongo que muchos… Charly fue desde siempre parte del paisaje… O al menos eso decía mamá. Mi mamá era alcohólica y mentía o exageraba las cosas con una frecuencia y una facilidad desvergonzadas… Pero creo que sobre el asunto de Charly se cernía a la realidad.
Charly fue testigo de la paliza que nos dieron ese día… Pero que conste: nos agarraron desprevenidos: yo no supe que estábamos en una pelea hasta que un borceguí con punta de acero se me hundió en las costillas. A eso le siguió un dolor punzante y de un momento al otro estaba con la cara pegada al césped. Lo único que pude ver fue la cara de Gabo que me miraba con los ojos muy abiertos… Estaba en mis mismas condiciones, con el cachete contra el piso… Y una mano lo agarraba de los pelos.
-¡Punkys de mierda! –nos gritaban.
Para ese entonces yo nunca había escuchado punk. De hecho, esa tarde, antes de ser sorprendidos, habíamos estado hablando de música con Gabo y yo había dejado al descubierto mi gran ignorancia. Él, Gabo, sí era un ferviente seguidor del movimiento, con cresta, tachas y remera con la A de anarquía incluida.
Unos segundos antes de que nos volviéramos la diversión de un grupo de skins fascistas Gabo me había dicho:
-Tenés que conocer esta banda… Se llama Flema… Seguro los escuchaste nombrar…
El resto es fácil de contar.
Me empezó a gustar el punk. Más por resentimiento que por otra cosa.
Me habían golpeado y dejado un ojo en compota por punk aún antes de que yo entendiera qué carajo significaba esa palabra… Era obvio que me volvería punk…
Era un desafío.
Respecto a Charly, él no hizo nada cuando nos golpearon. Siguió con su sonrisa estúpida (uno sabía que se reía a pesar de la barba) dibujando y hablando de la Bruja.
Él siempre dibujaba y hablaba de la Bruja.

2

Antes de seguir: sé que la contracultura punk tiene varias vertientes, al igual que sé que los skin no son todos fascistas… Pero así conocí yo las cosas y espero que nadie se ponga pesado al respecto.

El punk es odio.
Fue la primer conclusión que saqué al escuchar el disco que Gabo me había prestado. Después pensé muchas cosas más… Gabo llegó a convencerme de que había idelogías en esas letras, que había posturas…
Hoy, mucho mayor, repito: el punk es odio, es un sentimiento, no es otra cosa.
No me hice una cresta pero me teñí el pelo de azul… Me lo teñí con papel crepé, no iba a pagar en una peluquería…
Para resultar mas ofensivo me paraba los pelos con plasticota y el peinado me duraba bastante tiempo.
Lo del vestuario fue más sencillo. Dejé de usar la remera que usaba siempre para usar una de Flema que paso a ser, rapidamente, mi “nueva remera de siempre”.
Las amistades las puso Gabo. Yo puse las ganas de vengarme, la bronca.
En la segunda pelea salimos mejor parados. También fue en la plaza. Éramos cuatro, ellos tres. Tengo que admitir que nos corrieron, pero no se la llevaron de arriba. Tenían cadenas y palos, la sacamos barata y ellos cobraron más de lo que esperaban.
Llegué a casa con la nariz sangrando y mi hermanita, Samanta, se asustó mucho y se puso a llorar. Me viejo la fajó, después me fajó a mi. No me importó demasiado, a los quince yo ya estaba acostumbrado a que me golpeara por cualquier razón (cualquier razón incluye “ninguna razón”) Con un puñetazo certero me partió el labio e hizo que las lágrimas saltaran de mis ojos. Creo que mamá se reía… Pero no de maldad… Supongo que ella no estaba entendiendo la situación… Calculo que en su consciencia etílica mi viejo y yo estábamos danzando o quién sabe qué.
Como sea: después de los gritos, cuando la sangre estaba reseca, cuando aún la furia palpitaba en las venas, mi viejo se metió en mi habitación. Me asusté, me alarmé, pensé que iba a romperme los huesos, todos, que se había decidido de una vez por todas.
No lo hizo, me abrazó, me dijo que me quería, lloró.
Lo odié un poco más.
Salió y volvió a los pocos minutos.
-Esto es para vos… -me sorprendió porque lo dijo con un tono cansado, poco usual en él.
En una mano llevaba una soga. Atado a la soga había un perro. No era un cachorro y no era lindo.
Era un perro grande, de la calle.
No sé de donde lo habrá sacado… Estaba pulgoso y sucio. Pero fue el mejor regalo que jamás tuve.
Le puse Ramón…
Cosas de punk.

3

Si estábamos todos éramos seis, siete… a veces alguno más. Primero nos juntábamos en la esquina de la casa de Gabo. Después, cuando los vecinos nos corrieron, nos mudamos a la plaza.
Ramón siempre andaba en el medio, olfateando la botella de cerveza cada vez que le pasaba por adelante.
Les caía bien a todos, en especial a Lucía.
Lucía era la única chica del grupo. Estuve enamorado de ella durante un tiempo. Todos estuvimos enamorados de ella durante un tiempo: a pesar de que era muy flaca y sus tetas eran pequeñas tenía una gracia particular… y los jeans ajustados la favorecían muchísimo. Sin embargo despertaba ese tipo de amor que no dura mucho: la escuchabas eructar, la veías vomitar de tanto tomar y fin del asunto, de un momento a otro dejaba de ser atractiva.
En mi caso particular un día la vi tambaleándose, luego de bajarse una petaca de vodka, y me recordó a mamá. En ese instante se evaporó cualquier idealización romántica aunque su culo no dejó de ser razón para el desvelo.
Los skin eran alrededor de diez y andaban muy alterados porque estábamos en épocas próximas a las elecciones y había no sé qué lío con no sé qué partido. A Gabo y a algún otro les interesaban esas cosas. A mi no. A decir verdad, no las entendía. No entendía por qué salíamos a romper afiches de determinados candidatos pero lo hacía. No entendía por qué salíamos a escrachar ciertos lugares con aerosol pero lo hacía. No entendía nada de todo aquello pero en esencia, y para ser sinceros, me gustaba.
Sólo entendía que había dos grupos y no me parecía mala idea formar parte del grupo de los punkys… Después de todo, para formar parte del otro grupo había que admirar a Hitler, raparse la cabeza y usar calzado pesado aún cuando el calor era insoportable…

4

Un día nos enteramos que los fachos tenían una banda y Gabo tuvo un ataque de envidia. Empezó a joder con algo de que el mensaje de ellos se propagaría más rápido que el nuestro y blá, blá, blá… Cuando se agitaba se ponía rojo y transpiraba mucho… Muchísimo…
Una semana después ya teníamos una banda. “Teníamos” es un modo de decir. Yo no tocaba ningún instrumento pero de todos modos me sentía parte.
Los ensayos eran en el garage de la casa de un amigo del hermano de Gabo que tenía su propia banda y nos alquilaba las cosas por muy poca plata. Era un gordo que estaba enganchado muy feo a la cocaína. Le daba por decir que él lo hacía por el arte, para apoyar el under, para apoyar a la juventud contestataria… Se moría por su polvo.
Con el tiempo, de tanto mirar, me aprendí un tema de 2 Minutos con la viola y me dejaban tocarlo cada vez que lo hacían. De la experiencia sólo puedo decir algo: es increíble la cantidad de sensaciones que despierta en un joven el simple hecho de tener colgada una guitarra.
A Ramón no le gustaba mucho el ruido de los ensayos, escondía su cabeza debajo de mis piernas y no la sacaba hasta que se apagaba el último amplificador.
No se puede culparlo de nada. Sonaba para la mierda.

5

El tercer encuentro fue el primero en el que salimos victoriosos. Dos de ellos quisieron hacerse los vivos con Lucía en la plaza sin saber que nosotros estábamos en la otra cuadra comprando cervezas. Terminaron pidiendo por favor y a uno le rompimos la viola. Era una guitarra eléctrica y parecía cara. Nos gritó, mientras se iba corriendo: “¡Ahora se les va a poner feo de verdad!”
Para festejar nos quedamos en la plaza toda la noche y yo probé marihuana por primera vez.
Esa fue la primera vez, también, en la que Charly se nos acercó a hablar… Solía hablar en voz alta a nadie o a todos… Pero esa vez nos habló exclusivamente a nosotros. Le convidamos cigarro, cerveza y vino en caja. No aceptó nada.
-La Bruja Violencia murió en esta plaza… Hace muchos años… Ahora está enojada y por eso la sangre nunca va a dejar de correr… La Bruja Violencia no se llamaba así antes de morirse… Pero la obligaron a cambiarse de nombre…
Repitió eso muchas veces. Después se dedicó a hacer garabatos en su cuaderno.
Yo me sentí mal, me asusté.
Gabo se rió todo el tiempo.
Ramón no dejó de mover la cola, pero largó algún que otro gruñido.
En determinado momento, ya con los ojos rojos y cosquillas en los pómulos, tuve una certeza: el fachito tenía razón… Las cosas iban a ponerse feas… de verdad…
No me equivoqué.

Sólo resta agregar que nuestra banda se llamó, después de ese día, Bruja Violencia.
Me pareció una idea horrible.

[continuará...]

Susurros...

13 may 2010

[Susurros en los Pasillos del Neuropsiquiátrico]



[NECROFILIA en FA]


Enchufé la guitarra al amplificador, lo encendí y subí el volumen.
Hice el acorde más complicado, el que siempre me salió mal…
FA… Puto FA…
Los dedos duros, tensos, para no errar, para no desafinar.
Levanté la púa y pensé en las ganas que tenía de echarme un buen polvo.
Estalló el parlante, brotó una voz horrible, quizás la mía, quizás la tuya cuando tenés un orgasmo…
Esa voz me dijo que estaba muerto… Y solo.
[la gente no se acuesta con muertos… ¿O sí, Poe?]
Trastabillé, caí, se rompió el mástil de mi guitarra y se me clavó algo en la espalda.
Me cagué de risa, pensando en el pelotudo de mi profesor, que solía decir, frustrado y enojado, que yo no tenía oído.
Te cabe, forro.

[MALDECIDO]

La calle era más larga que cualquier otra calle… Y el Diablo, que esperaba al final, vestido de Enfermera puta, me dijo que las ratas no eran mis amigas… Después se rió y yo me hundí.
Estaba en las alcantarillas. Y cada paso era un eco. Tu nombre. El mío. Una canción. ¿Qué canción? Qué carajo te importa…
Llegué a una escalera y no la subí. Chupala, Diablo de mierda, si te pensás que voy a volver circular mi existencia.
Y me quedé entre el agua podrida, en la oscuridad… Las ratas me muerden… ya me contagiaron una enfermedad.
No son buenas amigas, pero son sinceras.
Además arriba se vive peor.

[ARENAS]

Caminé por la columna de un fósil de cinco mil años y justo en la última vértebra, porque mi suerte es una cagada, me resbalé y me caí… Las arenas movedizas me sacaron la ropa… pero nada más… Pasé la noche en el Desierto Antiguo, cagándome de frío, escuchando a la Luna, que contaba una historia bastante pelotuda que hablaba de un Dios que cambiaba de formas.
Me dormí de puro aburrimiento y me desperté en un basurero… Algo caminaba por mi espalda. Tiré un manotazo.
Una cucaracha.
La hice mierda.
Las cucarachas no valen nada.
La Luna seguía mirando. Pero no se animó a decir palabra.

[PIEDRAS]

Un Sapo Gigante me persiguió hasta la puerta de mi casa y cuando estaba por entrar me pasó la lengua, llenándome de una saliva espesa y fosforescente. Quise putearlo pero entonces se dio media vuelta y se fue, saltando feliz, destruyendo casas, autos, flores. No quise entrar a mi hogar, para no manchar los muebles y me fui a caminar por ahí, con la esperanza de que el asqueroso fluido desapareciera.
En la esquina un linyera me vio, se rió y me tiró un piedrazo. Después de ese primer golpe no dejaron de cascotearme por el transcurso de veintiocho días.
Cuando ya volvía a ser yo, cansado y golpeado, regresé a casa.
Pero ya no era mi casa.
Era un circo. Y alguien obligaba al Sapo Gigante a hacer piruetas.
Ya no saltaba ni era feliz.
La Justicia Divina es una poronga.

[DÍAS DE SOL]

Una mañana de Sol, camino a comprar el pan, presencié cómo un rayo mataba a un pibe bueno que no hacía nada ni era conocido de nadie.
Y los vecinos le echaron la culpa a los políticos y los de la panadería le echaron la culpa a los políticos y los pibes que tuvieron suerte porque no hubo clases le echaron la culpa a los políticos porque habían escuchado en casa a papá y mamá decir que todo era culpa de los políticos.
Creo, fehacientemente, mientras Dios se retuerce de risa por el chiste, que fue culpa del Servicio Meteorológico.
Ah, y mía.
Y tuya.
Más tuya que mía.

[IDA Y VUELTA]

“Vos te tomás todo muy en serio…”, me dijo y después cortó porque estaba ocupado, haciendo una monografía que podía ayudarle a comprender el comportamiento caprichoso del Fuego.
Me quedé pensando en eso y después de consultarlo mucho con oráculos internos fui hasta su casa y le tiré una molotov.
“Para mí que vos no te tomás nada en serio…”, exclamé, victorioso, cuando lo ví salir en llamas, gritando de dolor.
Me puse a bailar, de puro contento y me saltó una chispa.
Ahora los dos estamos muertos, pero felices.
Seguimos sin entendernos, pero ninguno estaba equivocado.

[HORCA]

“¡Mataron a una nena!”
Dijo un periodista escandaloso y todos me vinieron a buscar.
“¡Pero está durmiendo!”
Grité yo.
El juez se enojó mucho y decidió que la horca era la mejor opción. Pedí un deseo final, no me dieron bola y me colgaron en esa plaza horrible.
A la noche me aparecí en los sueños de la nena.
“¿Por qué no te despertaste, la concha de tu madre, asi no me mataban?”
“Porque te estaba esperando…”
Sonrió y me abrazó.
Los chicos, son chicos.

[DNE EHT]

Dibujé un pentagrama en el piso y recité un tema de los Doors al revés.
Apareció el espíritu de Jim Morrison y me dijo que podía elegir entre hacerle un pete o pedir un deseo.
Elegí el deseo, después de pensarlo mucho.
“¿Qué querés?”, preguntó.
Se lo susurré, con algo de timidez.
Unos segundos después estaba con mis amigos de la infancia, contándonos cuentos de terror, en una habitación oscura.
“Y esa es toda la historia…”, concluí, iluminando mi rostro con una linterna.
“Pero no contaste nada…”, dijeron, sin entender.
“Sí…”, retruqué. “Vamos a crecer… Fin”
Y aunque quise llorar ellos se rieron.
No sabían.
Pero yo sí.
Ya no es lo mismo.
Tendría que haber elegido el pete.

[CONDICIÓN]

En el noticiero dijeron que se escapó un demente del manicomio.
Un superhéroe salió a buscarlo y la policía cargó sus armas.
Yo lo esperé en casa, con una cerveza destapada.
Cuando entró por una ventana le di su vaso y se mandó un trago largo.
“Esta caliente, conchudo…”
Me encogí de hombros.
“¿Te das cuenta que vos y yo ya no nos entendemos, no?”
Lo ignoré. Saqué hierba del bolsillo y armé un cigarro.
“¿Querés?”
“Ya no te conozco…”
Las sirenas empezaron a sonar. Se aproximaban.
“¿Vas a dejar que vuelvan a llevarme… otra vez?”
Lo miré, sin pestañar.
“Eras mi mejor amigo…”, soltó lloriqueando, “Ahora no me creen que existas… Pero vos y yo compartimos muchas cosas, ¿te acordás? ¡¿Cuál es tu problema?!”
Se escucharon golpes en la puerta. Patadas. Botas.
“El problema es que empezaste a hablar en pretérito…”, le susurré, mientras forcejeaba entre los brazos de los enfermeros.

[NOVELA]

Rompíamos todo a patadas. No necesitábamos una masa, ni un palo, ni un tanque, ni nada.
Mujer pobre, chico rico… Se enamoran…
Y nosotros escribíamos: “Chico le mete los cuernos… Chica se prostituye…”
Y de tanto confiar en el mal final hicimos la Revolución.
Y de tanto que nos reímos del Mundo y su buen humor, del Mundo y su “vivieron felices”, terminamos vomitando…
Y en el vómito nos vimos reflejados.
“Las historias marcan la diferencia, la ficción es acción…”
Y se pegó un tiro certero, porque no podíamos terminar bien.
Y yo no sé como evitar estas ganas de durar.
Empieza una novela nueva en la tele.
Una vieja conchuda se moja con el galán de turno.
Y mi dolor no lo escucha nadie.
NADIE.
Hubiera preferido un CONTINUARÁ…

[HÉROE]

El monstruo más deforme se hizo amigo de la gente y dejo de ser especial.
“¿Jugamos…?”, pregunta.
“Volá de acá, pelotudo…”
Ahora él tiene muchos amigos… Todos le acarician la pija, todos lo masturban…
Mi amigo imaginario ahora es la prosti del barrio.
Ahora todos confían en cambiar el Mundo. Ahora todos se llenan la boca y el facebook y el blog y la puta que los parió.
Me voy a un bar y me tomó algo que no me gusta pero que me hace mierda. Mejor.
Pienso en Él.
Siempre pienso en Él.
“Nadie te va a coger como yo…”
Me gustaría ser el amigo imaginario de alguien.
Yo no traiciono.

"Me duele todo y no me importa nada..."
Caballito de Fuego, LOQUERO

Interludio [I]

4 may 2010

INTERLUDIO [I]

•○•Un breve paseo lúdico por Planeta Oniria•○•
Bunnies In Space

A estas alturas ya todos saben que el hombre NO llego a la Luna... Lo que pocos saben es que el Conejo lo hizo...


NASA: Te cabe!
Bunny Cam

Microcentro de Planeta Oniria [hora pico]


Postales




(En Planeta Oniria hay bosques...
En los bosques de Planeta Oniria hay fantasmas de niños...
Los fantasmas de niños que rondan por los bosques de Planeta Oniria llevan caretas de conejos...)









•••Las Niñas Conejo de Planeta Oniria siempre susurran entre ellas...
Y saben tus secretos...
[Y los mios...]
Después se meten en tus sueños...
Y le hacen cosquillas a tu cerebro...•••





↔[Ruta, viaje...]↔

♦♦♦Día nublado, viento en el rostro...
Tu cuerpo tendido en el piso, la vista clavada en el techo...
Y tu cabeza en ese auto...

Viajando...

¿Hacia dónde?, preguntás.
Y a modo de respuesta te ofrecen una careta de Conejo.

Ponétela♦♦♦

Banda Sonora

[Planeta Oniria es el primer planeta con banda sonora]

◘Todos los domingos a las 7 de la tarde los habitantes de Planeta Oniria escuchan este tema... y no se suicidan... Porque los domingos, a las 7 de la tarde, los habitantes de Planeta Oniria ya están muertos...◘



Bonus Track
(otro infaltable de los domingos en Planeta Oniria)



FRAGMENTOS

"Las cosas más importantes son siempre las más difíciles de contar. Son cosas de las que uno se avergüenza, porque las palabras las degradan. Al formular de manera verbal algo que mentalmente nos parecía ilimitado, lo reducimos a tamaño natural. Claro que eso no es todo, ¿verdad?
Todo aquello que consideramos más importante está siempre demasiado cerca de nuestros sentimientos y deseos más recónditos, como marcas hacia un tesoro que los enemigos ansiaran robarnos.
Y a veces hacemos revelaciones de este tipo y nos encontramos sólo con la mirada extrañada de la gente que no entiende en absoluto lo que hemos contado, ni por qué nos puede parecer tan importante como para que casi se nos quiebre la voz al contarlo. Creo que eso es precisamente lo peor. Que el secreto lo siga siendo, no por falta de un narrador, sino por falta de un oyente comprensivo".
(EL CUERPO, Stephen King)