tututututu

26 sept. 2012


DEJE SU MENSAJE DESPUÉS DE LA EXPLOSIÓN


Me pregunto cuántas calles ya dejaron de vestirse como las recuerdo,
me pregunto qué deje de ver por culpa de la melancolía-vampiro que me seca todos los fines de semana, cuando el final de la resaca se llena de un optimismo tan esperanzador que me dan ganas de llorar, que casi hace que me anime a escribirte, a llamarte, más que nada para decirte que no me quedó nada por decir, por preguntar, curioso de verdad: “¿qué tenés para contar?”
Me pregunto si el futuro habrá llegado, si donde estoy viendo el graffiti que nos costó una noche de golpizas no será, a fin de cuentas, otro edificio espejado, sobre el que ya nadie va a tirar una piedra, porque, en definitiva, es mejor reírse, cargar balas y temblar, sabiendo que el límite queda dos casilleros para allá, y los dados no los tira el azar, 
“¿nos encontramos en el mismo lugar?”
Me pregunto si el libro que me prestaste no se habrá quedado, olvidado, en el bar del que me rajaron por putear a un televisor, o en la biblioteca en la que me chamuyé a una minita que estaba dada vuelta de tanto leer mierdas de amor, o en el cine al que fui sólo para maldecir a mis amigos, por todas esas veces en que los abracé, con el corazón roto, sin poder decir más, o en la parada del bondi que ya no me recuerda, que se olvidó de las canciones que tarareé, siempre apurado, pero contento, en las peripecias de abandonar,
decirle, al pitido intermitente,
en carcajadas de lágrimas:
“¿en serio? 
Todo 
sigue 
siendo 
igual”

¿teloenvuelvo?


SI TE DICEN DONDE ENCONTRARME TE ESTÁN CAGANDO GUITA


Se llenan mis uñas de tierra, de mugre, de ya no poder hacer otra cosa, más que cavar, y las ruinas me observan, suplicando, con la insistencia de todas las teorías que alguna vez intentaron describirme, describirte, describirnos; teorías que ni quiera formaron parte del show, cartas que la hoguera no alcanzó, solitarias, durmiendo en libros olvidados, dentro de bibliotecas que sólo pueden soñarse, que se construyeron en laberintos de vacío ritual, con pisadas delicadas, tímidas, como la primer línea que alguna vez te enamoró, te quebró, te robó, como el asesinato perpetuado, lapicera en mano, perdido, lejano, cuando valía la pena hacerlo, cuando ser un criminal era mucho más importante que ser un descubridor, un profeta con amnesia y borracho, que confunde pupilas con estrellas, tumbas con portales, cementerios con plazas, música con bestias ancestrales,
¿a qué me estoy enfrentando?, podría preguntar,
aunque prefiero preguntártelo,
porque es parte del guión transferirme entre signos de pregunta, para que intuyas una adivinanza y no presientas mis ganas de llorar, mis puños apretados, mi callejón: quizás nunca encontré la salida, o compré el mapa más ridículo, la trampa eficaz para cualquier espíritu soñador: una hoja en blanco para que la línea la trazara yo, sin esquivar paredes, sin deber una explicación,
¿cómo no comprar?
¿cómo no apostar un corazón?
Pero ya no quiero alcanzarme, ni tentarme con seguir los hilos que yo mismo destejí en alguna otra ficción
(¿la escribís vos?),
me arrodillo y me encuentro superpuesto,
una
mil veces
en las ruinas de las ruinas,
bajar
bajar
bajar
a salvo de los tentáculos de la cordura-locura que siempre exige un poco más.
Y otro poco
para llevar.

la mafia de la ilusión

24 sept. 2012


YO NO VI NADA SI USTED NO VIO NADA


Sigue camino, se tambalea, tropieza, se agarra de la sombra de un mítico héroe, inmortalizado luego del estallido nuclear, el mismo que no distinguió entre justicieros y villanos, el más puro de todos los besos, el ocaso más hermoso, que alguien, de seguro, pudo disfrutar, quizás con una fotografía causal o un beso, todo anexado en el campo de la casualidad, para que ocurriera lo demás, porque los engranajes son preciosos, valiosos, íntimos y siempre relucientes, en el óxido que les otorga la atemporalidad necesaria, para que nunca envejezcan, para que el génesis sea una broma:
“Qué pajero de mierda…”, susurra, escupiendo a su sostén, sin sospechar que toda extensión de oscuridad te pertenece cuando la luna aúlla y canta a los lobos, cuando las tumbas salen de los muertos, cuando las escobas vuelan en brujas, cuando sucede
lo
inevitable
que resulta
impredecible;
se aleja, por callejones llenos de charcos multicolores de inexacta profundidad, quizás el agujero negro, quizás el túnel que el gusano cavó al salir de la manzana, quizás la herida que la bala dejó al recorrer tu cerebro, creando la nueva ruta, directo a las vacaciones, quizás el subte, con los monstruos vestidos de traje, madrugando, desesperanzados, preguntándose cuándo dejaron de ser adultos, para ser niños, cobardes, con sueños tan, tan, tan absurdos, quizás el recorrido del telescopio que une las ganas de pegarse un tiro y los domingos tardíos, quizás el pozo en el que la mafia de la ilusión oculta otro crimen, nada premeditado, impulsivo, pasional
caótico
como todo 
como nada 
más;
quizás la intimidad de una muñeca inflable, ya floja y desgastada, a la que alguien bautizó “Esperanza”;
se pierde, en un follaje de no-espacios, en una ruta fantasma, repleta de gritos, como bocinazos, de autos que nunca llegaron a destino, en un laberinto de vidrieras espejadas, que nos muestran superpuestos, con todo lo que nos tienta, o que nos roba,
todo
lo 
que 
nos devora,
en una melodía de terror, como si el clímax no dejará de suceder (jamás), como si el final estuviera agazapado, con una sonrisa feliz, esperando el momento adecuado (cercano) de saltar y decir “¡sorpresa!”, con acordes que son pisadas que se traducen en asesinos que marchan en línea y en el rincón más “mal viaje” del cosmos, hacia su primer víctima, porque la tragedia, 
la muerte,
la maldad,
es el dios, eterno, el momento que no dejó de suceder,
que sucede
sin 
poder
no
suceder
pero cuyos extremos no dejan de gravitarse, en el equilibrio más absoluto:
la estúpida 
y 
perfecta
repetición:
se acecha.
se escapa.
se alcanza.
se mata…
defendiéndose,
sin nada
para confesar.

nodejademorir


SURFEANDO BAÑERAS SUICIDAS


Miro, pienso, intuyo, especulo.
Sonrío, confiando en un dogma pasado de moda, carcomido por las aguas de la nueva revolución industrial, que anticipa, con bombos y tambores, la precipitada caída de cualquier sistema cuya columna vertebral sea la industria, porque los ríos se secaron, se evaporaron: sobreviven las nubes cargadas, a punto de reventar, sin ambición, víctimas de la gula ajena, putrefactas sanguijuelas, esperando la hora de estallar; piñatas tardías de una fiesta que dejó varios muertos en la piscina, algunas jodas muy pasadas de mambo y unos cuantos culos brillantes y pálidos, de cara al probable sol. Una fiesta donde hubo un infiltrado, donde TODOS fueron infiltrados: las reglas demasiado estipuladas, el control perfecto, siempre adentro
mucho más adentro
de lo que imaginás;
una fiesta encapsulada, en un barrio que no se inmutó, porque se negoció el boicot y todos los que se burlaron, con desprecio, terminaron tranzando una invitación
con o sin consumición
no importa, da igual,
alguien inventó la palabra aburrimiento
aniquilaron la soledad.
Miro, siento, miento, calculo.
Imagino el silencio que se aproxima, cuando el zumbido de parlantes desconados (desconchados) se diluya y conforme las bases del neo mito-ciudad, que será motivo de desvelo para los marineros del post-apocalipsis, jinetes de bañeras descomunales, donde el suicidio es ley, donde las facciones, hinchadas, forman un único rostro
mutante
sin emoción,
con pupilas de nostalgia, en las que las sirenas se van a enamorar, musas para canciones drogadictas, hipnóticas en su sutil continuidad
sin rimas
escalofríos
temblar
y se erige la profecía en la consecuente era de hielo que va a dejar vírgenes los renglones tantas veces vencidos, de tanto tachar, robando las evidencias, con fauces inmaculadas, filosas y tensas, preámbulo de todo lo que puede nacer,
de todo lo que podés dar.
Miro, lloro, aprieto, susurro.
Transpiro, para volver a fluir,
corro, vivo, por las venas de un mundo
que, vida a vida, no deja de morir.

límite-jugar


HISTORIAS QUE SE SOLÍAN CONTAR
-yo vivo atrás de un tobogán-


Plazas embrujadas, 
que cuentan chistes al viento, entre chirridos oxidados, para fomentar las carcajadas de perros abandonados, que aúllan al eclipse del final,
que sueñan con niños muertos, porque nadie sobrevive a la infancia, al resplandor rojizo de la libertad, porque el accidente ocurre, tarde o temprano, despellejando las rodillas de la incertidumbre, que se pasó de vodka, por pura curiosid
ad, 
cuando el corazón aún era una promesa o una metáfora sin formular, mal vestida, bastante pelotuda
errónea
sin necesidad,
cuando la ambición no era despecho sino ganas de visitar por la noche hamacas que de día precisaban que alguien las quisiera empujar,
que de noche danzaban, vivas, solas, según las historias que se solían contar,
que aún se cuentan
que siempre se contaran:
plazas embrujadas,
en el límite,
jugar.

mágico-cementerio

18 sept. 2012


QUÉ LÁSTIMA SABER
-que lastima saber-


Espero que pregunten a qué se debe el frío repentino, a qué se deben las repentinas ganas de hablar,
de contar,
de mentir,
de dibujar lo que no fue,
volviéndolo real,
perdiendo el hilo,
volviéndose infinidad;
espero que se abracen, se froten los brazos, no quieran parpadear, 
con la sensación, 
única y especial, 
de que podría estar por pasar algo que cambie todo,
que no cambie nada:
una excusa para regresar,
para mirar los ojos de todas esas personas que alguna vez dijeron “chau”,
estudiar las arrugas,
y reconocer el mismo despertar,
las mismas lágrimas:
todo es tan igual,
que lastima saber
que somos diferentes
y
de
verdad;
espero que alguien tenga los suficientes pocos escrúpulos y pueda chamuyarse a una minita, a la luz de la luna, con los truenos cantando detrás, diciendo, sin nada de piedad: 
"una vez te imaginó,
había abierto un portal"
y que luego siga la culpa
el miedo
la tempestad
¿te acordas de vos y yo paronoiquedos?
si no somos nada,
¿por qué no podemos dejar?;
espero que los escépticos detengan su auto, escupan, sientan un huracán,
el mismo que grita
el mismo que nunca se va a callar
el que revuelve la realidad
convirtiéndola en este extraño collage;
espero poder ver mi propia tumba,
poder decirme que me sigo sintiendo mal,
poder acariciar 
(de cerca/de lejos)
toda la posibilidad
los mundos que son imposibles tocar,
cada vez que morís
y te alejás
un 
poco 
mas;
espero recordar alguna de mis vidas
para escribir
en epitafios
la próxima trampa
mapa
territorio
mágico cementerio
ciudad:
espero no volver a perderme
y, cuando me miren,
mirar.

final-mente


Una vez escribí un guión donde el malo se llamaba Gatrachele


Todos corremos, detrás del polvo perfecto, soñando con el momento de la bella traición:
-Avisame cuando estés por acabar…
-Sí, vos chupá…
Y sonreír, con los ojos cerrados, dedicándole cada pulso, cada violento palpitar, cada eco en la cien, a la forra que te enseñó catequesis, con cara de demente, perfumes pasados de época y una fascinación por la palabra “satán”; 
o a la minita que te dijo que no
 quería saber nada con vos, aún antes de que se te ocurriera que podías querer tener algo con ella;
o a esa piba tetona, con la que jugaste el verso de la amistad y el no me calentás;
o a la conchuda que negó, con desaprobación, garabateó una receta y concluyó: “si seguís tomando te vas a matar”;
o a la chica de ojos grandes, piercing perfecto, mochila de Ramones, auriculares del futuro, esa que apenas te miró, 
esa que el bondi se llevó
(sí, también es para vos);
o a la vieja que sale todas las mañanas a cascotear a los gatos que rompen las bolsas de basura, como si no fuera más fácil dejar de madrugar
(¿somos adictos
a
la 
obsesión?); 
o a la señora bien que atiende la almacén, la que seguro ya no garcha, pero tiene cara de haber garchado, 
a lo bestia
un montón;
o a la boluda que dice cosas que sos incapaz de memorizar, porque es como si no dijera nada, porque cada frase combina, a la perfección, con su remera, los zapatos, el pantalón,
y te mareás,
y te preguntás cuántos mundos puede esconder un placard,
y estás seguro que son muchos más que los que esa peli mala te hizo sospechar;
o a la madre de algún conocido, porque es como dedicarle una puteada a mamá,
porque es decirle a la continuidad
que lo que engendra muere,
que lo único vivo
es la vida
y lo que podés dar;
o a la camarera extranjera que te miró sin entender, sin disimular, 
porque de pronto tus palabras fueron esa cosa absurda que nunca tendrían que haber dejado de ser
(perdón… yo no entendió);
o a la mujer inexistente -trampa, ritual-, la del almanaque de la perversión, la del verano con temblores, el abismo, la salvación
(qué lejos puede estar el terror);
o al cartel que te robó el corazón, porque entendiste que siempre fue una cámara, distorsionando todo, 
un trabajo más,
y las ganas de regresar
tan iguales a las tuyas
y tus ganas
de
llorar;
o, ¿por qué no?
(¿por qué no?
¿POR QUÉ NO?)
al presente, tan hipócrita,
tan pasado,
tanto pasar,
tan futuro
sin novedad
.
.
.
vaciarte, como si la consecuencia ya no formara parte del discurso
como si el instante fuera lo único
de 
verdad,
como las ansias del mejor polvo
como el polvo
de 
la 
ansiedad
.
.
.
Finalmente
No
Avisar.

dinosaurios vendrán

8 sept. 2012


FÓSILES DEL ESPACIO INTERIOR


Recuerdo todo el futuro, con los dinosaurios de mordida eficaz, los que llegaron en algún meteorito, aquella vez que el cielo cayó, regalando un bello desequilibrio en la memoria espacio-temporal, regando la imaginación, que pronto ató los cabos y cedió a la lógica de la situación, sin siquiera sospechar, intuir, cuestionar y todo evento opuesto se volvió suceso en una recta histórica-global, ansiosa por descubrir el origen, igual de ansiosa por predecir el final, pero irremediablemente cercada por la linealidad, el único dios activo por siempre y jamás: mientras existan las palabras solo se puede recordar:
y yo recuerdo todo futuro, cuyos restos se amontonan, cuyos cadáveres aún resuenan, se exhiben en museos y no dejan de regresar; del mismo modo puedo predecir el pasado, sin estar seguro, pero sabiendo que es imposible fallar:
la tierra tembló hace tiempo, en un futuro, y aún no deja de temblar:
temblará.
Las pisadas
En cada huella
Encajaran.

noesperolailusión


BUNNY & CLYDE



Apurado, como si ya no fueras un cadáver
en la estación equivocada,
con el boleto a un tren que había dejado de funcionar
o que quizás nunca existió,
quizás hubo ingenuidad en el rostro anciano que te miró desde el otro lado de la ventanilla,
quizás hubo ingenuidad al momento de tomar tus billetes,
quizás hubo ingenuidad al mirarte a los ojos y decirte que había un pequeño retraso,
quizás/
pero no/
incluso es reconfortante imaginar que ni siquiera las arrugas eran reales,
que ni bien giraste desapareció la careta:
espero que haya sido un ladrón joven
(o una pareja si quisiera ponerme romanticón),
y espero que se hayan gastado todo en bardo,
merca
destrucción
un peyote directo al corazón
un desconche astral
un avión
a 
otra
dimensión;
espero que sean la prueba de que lo importante es construir
y construyan el tren que nadie nunca jamás inventará
y regresen,
ya gastados,
por las vías,
echando un humo que llene el paisaje,
que haga desaparecer lo demás,
para que de pronto estemos en el momento en que la luz era una ilusión:
caminar adivinando las trampas
hasta entender que da lo mismo
no caminar
porque en la oscuridad nadie avanza
nada existe
nadie cae
Apurado: 
La prueba de lo errado que estás.

moneda-angustia-universal


¿me olvidé del público
o el público se olvidó de mi?


Sentir que te alejás, que de pronto te das vuelta y me estás mirando, desde adentro, 
Que estás mirando a través de mí, 
Por mí,
Que podés entenderme, 
Y estirás la mano, 
Para que no me aleje,
Y ya se me hace insoportable intentar recordar 
Por qué estoy cerrando la puerta,
Pero el drama precisa de actores que sepan improvisar,
Así que pongo mi peor cara,
Esa que no debería valer nada si me conocieras,
Pero intuyo el desconsuelo,
Como si hubieras estado esperando este momento
Y ya la hubiese cagado, 
Porque debés estar pensando que pienso en algo,
Y no que estoy pensando en qué debes estar pensando,
Y cuando atino a descongelarme,
Cuando tengo la valentía de ignorar al público
(el único modo de dar un buen show),
El telón se cierra
A 
tan
Solo
Un
Centímetro
Y sé que lo importante está a mi espalda:
¿de qué lado quedé?
¿qué voy a estar girando cuando me gire?
¿se hará de noche en algún lugar?
¿empezará a girar una calesita de juguete sobre la mesa de luz de un anciano?
¿va a voltear la última carta la bruja que juega con tu destino?
¿va a destaparse el licor que me va a dejar estúpido y perdido, aplaudiendo desde el asiento de atrás, solo, en la sala equivocada?
¿va a elevarse la moneda, 
Más y más, 
Para luego comenzar el descenso que decida quién baja a apagar la luz?
Alejar lo que sentís, y de pronto te estoy mirando, desde adentro,
A través de vos,
Por vos.

lo-vivido


CUANDO NO ENCONTRÁS EL VASO
la birra te pegó



Los ojos de una fotografía pueden robarte el alma,
Para brillar, una vez más,
Para sentir,
En un segundo de vida
(que es lo que siempre dura)
Todo el sentimiento original:
Lo vivido
Y lo
Representado:
Un niño jugando a los superhéroes,
De pronto cae muerto,
Fingido
Y nunca tan real,
Herido por un láser extraterrestre,
De indudable procedencia:
Tu mente es el arma más eficaz,
y escribieron en su tumba:
“Podes usar tu inteligencia
o dejar que la inteligencia 
te utilice
a
vos”.

todosmis

2 sept. 2012


Y LA DEDICATORIA ES PARA MI
y la firmo yo


Me perdí entre los párrafos que no escribí,
entre las líneas que no exorcicé, 
y hoy largaron garras, con furia,
desgarraron mi ropa, 
mi corazón,
y no puedo dejar de esperar, 
el paisaje soñado,
algo que debería haber cambiado,
algo que jamás va a cambiar,
tanto como no cambian las mayúsculas, 
por mucho que me esfuerce en borrar,
tanto como no cambia el suspenso,
el misterio,
el clímax,
el asesino,
la bonita maldad;
y negué mi responsabilidad,
para entregarme,
ser la víctima,
abrir el portal,
pero sigo atravesando
y el límite se vuelve contradicción,
hoy todos mis dioses
(todos)
se confunden con mi creación
(todos):
es un infinito
con una sola explosión,
entender que mi libro favorito
también lo escribí yo.

horario estelar


SÓLO EN LOS PEORES CINES


Compraron el merchandising oficial de mi vida,
y después la piratearon,
y sacaron las figuritas, 
sin escucharme cuando dije que no llené el álbum;
colgaron el póster en la puerta de una habitación llena de colores,
buenas intenciones,
trampa,
refugio,
eternidad; 
borraron los planos,
le pusieron mi nombre a la avenida principal,
un monumento a quien fue mi mejor amigo,
un museo para la persona que nunca dejó de mirarme a los ojos, 
una plaza para mi asesino,
un maxiquiosco para mamá y papá,
para comprar golosinas,
y luego entender,
con infinita tristeza,
que tarde o temprano dejaran de valer tan poco las monedas,
de pronto,
llorar;
acomodaron las letras con profesionalismo,
para no cambiar la cartelera,
para contar la anécdota del cine que se cae a pedazos,
para que alguien se enamore de la posibilidad
de haber nacido en otra época,
o en otro lugar;
crearon el rumor,
lo esparcieron,
dijeron que quizás yo era real,
que había una foto, 
borrosa,
en la que se me veía,
un video, en el que saludaba,
mirando a cámara,
como si eso fuera lo más común del mundo,
como si no supiera lo que se supone que debería saber;
escribieron esta nota, 
y hablaron de ellos mismos,
en el espiral
de escribirse,
escribiéndome,
que es escribirte,
porque si soy la primer persona,
al leerme,
te transformás,
transformando mis motivaciones,
para que entiendas,
de una vez
y para siempre,
lo que es 
no poder
escapar.

alarmas


MALAS NOCHES PARA VOS TAMBIÉN


¿dónde quedó lo que soñé aquella vez?
¿un pozo?
¿una caja?
¿acaso lo subí a la casa del árbol que nunca tuve?
¿cuándo será presente, otra vez?
¿estoy cavando?
¿estoy rompiendo cerraduras con poco profesionalismo, despertando a los vecinos, haciendo sonar todas las alarmas?
¿estoy escalando?
¿qué conciencia va a imponerse?
¿voy a poder mirar, 
entendiendo al niño,
entendiendo la mirada de haber entendido,
entendiendo al joven,
presintiendo,
en ambos casos,
el cadáver, 
la piel reseca, 
los párpados caídos,
la ausencia de pelo,
los dientes amarillentos,
la espalda doblada,
la camisa desgastada,
la incertidumbre,
plena,
de vida
de muerte,
hamacándose en las pupilas,
sin más ambición
que no bajarse de la hamaca
y quedarse en el parque,
bajo el sol
(la oscuridad),
hasta que alguien diga que se hace tarde,
que nos espera la cama,
una historia,
la soledad
(nunca nada tan bello)
del cuarto
y un beso
de buenas noches?
“y que sean malas,
porque fueron las mejores, mamá”
¿dónde quedó
mi
despertar?

mancha


REAL/LINEAL/MORTAL
-tengo tantas ganas de estar vivo que me voy a matar-


Miró el cielo y vio el ojo que lo miraba, 
supo que se trataba del haz de luz de una linterna,
que buscaba vida,
con temor,
el juego de un curioso
demasiado cagón,
que se siente atraído por las profundidades,
pero que no se cansa de repetir su propia biografía,
para saberse cuerdo,
real,
lineal,
mortal;
el experimento de un niño inescrupuloso,
que con sus temores crea monstruos,
que devoren a otros,
que tomen el control,
de la vida ajena,
de la vida en general,
de su propia vida,
y sus pesadillas hacen un buen trabajo,
porque el sueldo no será bueno,
pero las vacaciones son tentadoras,
ejercicios de lucha,
redención,
entrega,
sacrificio,
suimisión,
devorándose a si mismo,
ramificando en bocas hambrientas, filosas,
viscosas,
ansiosas
por
dañar,
mostrar la fragilidad de la carne, 
y el fluir,
de todo lo demás,
que se derrama y crea una mancha,
una nueva aurora boreal,
la sombra de un ser desconocido,
a punto de asomar,
emerger,
gritar,
corrobar,
decir, por fin:
“esto se terminá acá”,
y arrugar todos los mapas,
prender fuego los libros,
llorar con discos,
desaparecer;
buscar la vida
que quedó
detrás.

retrovisor


ESTAMOS LLEGANDO TARDE


Hay un bus fantasma en la puerta de casa,
tocando bocina, esperando que salga,
y cada bocinazo cuenta una historia,
atraviesa la noche y rebota en mis cuatro paredes,
haciendo que me pregunte dónde compré ese adorno,
o quién es el de esa foto,
¿quién me regaló ese conejo mutilado con el cartel de “TE AMO”?
y quizás sea hora de ir a la escuela, otra vez,
o hacer una excursión al cementerio,
quizás no sea nada tan temerario y se trate de dar una vuelta,
para recorrer los secretos,
lo que se esconde de la luz de la luna,
lo que despierta con la luz de la luna,
lo que muere con la luz de la luna;
quizás viaje solo
y ni siquiera haya un conductor:
un espejo retrovisor, 
que me devuelva la mirada;
quizás debería haber aprendido a manejar,
y no ser tan propenso a los accidentes,
quizás están esperando que salga a buscar pasajeros,
quizás soy un señuelo.
Hay un bus fantasma en la puerta de casa,
y su motor hace que me tiemble la letra,
que no se entiendan mis palabras,
que queden olvidadas mis últimas palabras,
seguro sepultadas,
porque si me voy,
todo va a derrumbarse,
¿soy el único sostén? 
¿o esa es otra de las trampas?
o quizás mi casa quede abandonada,
embrujada,
y los viejos van a reírse de la historia,
para contársela a sus nietos,
para dormirse pensando en que si hay fantasmas, entonces no están tan perdidos,
del mismo modo que los niños tendrán pesadillas,
y una nueva razón para desconfiar
de todos
y de todo:
la paranoia y la libertad.
Hay un bus fantasma en la puerta de casa,
mohoso,
cubierto de niebla,
antiguo,
pero familiar,
quizá, nada más que quizás,
sólo se trate de retomar un viaje que empecé hace tiempo
un viaje que,
por alguna razón,
ya no recuerdo.
Un viaje
Para 
Olvidar.

todo este tiempo


LA PRIMER MUERTE DEL SEÑOR RESURRECCIÓN


Asegurarse de que nada esté prohibido,
prohibir que todo esté asegurado;
y pintamos el slogan de la revolución por venir, 
sin más intenciones que poder reírnos, extasiados, 
un rato más
y de todo
en un abismo donde los malos no son tan malos,
pero siempre son peores,
un villano que valga la pena,
una muerte donde el paisaje sea importante,
donde la mirada esté cargada 
con munición pesada,
donde alguien diga, al momento de disparar:
“te estuve esperando,
todo este tiempo”,
donde el desenlace sea el portal y no la sorpresa,
el chiste que todos se pierden,
la ausencia,
la soledad;
nos entregamos, 
en calles que sólo existieron una noche,
que luego comenzaron a formar parte de un museo,
porque nunca volvieron a ser iguales, 
porque nunca brillaron tanto,
como brillaron los miles de ojos,
que de pronto nos espiaban,
con miedo,
curiosos,
como curiosos fuimos al espiar,
al robar,
al preguntarnos qué hubiera sucedido si el auto hubiera chocado,
esa madrugada,
cuando esquivamos una muerte segura,
cuando murió una parte,
cuando la infección se desató,
tan pura,
como todo el amor,
que nos sostuvo despiertos,
aguantando,
soportando,
con entereza:
¿estábamos resquebrajándonos? 
¿estaba brotando algo del interior?
¿ignoramos las cicatrices?
¿o sólo explotamos,
el día después,
cuando intentamos explicarnos?
¿te lo preguntaste 
alguna 
vez?
Y no puedo recordar más que los discos prendidos fuegos,
las letras que alguien escribió 
al sentirse como me siento,
un paso después,
aunque esa es una trampa,
muy mala leche,
pero perfecta y feliz,
como toda traición que valga la pena:
el paradigma atravesado,
desde lejos,
como si nada fuera nuevo,
pero siempre estuviera visto, 
por 
primera 
vez:
“Asegurarse de que nada esté prohibido,
prohibir que todo esté asegurado”,
por favor,
no te alejes tanto,
dejame encontrarte
y verme
como siempre
me quise ver:
vulnerable
y
valiente;
amar 
y 
destruir.

(limes)


IMAGINÉ LO PEOR


Se cae a pedazos, y cada ladrillo levanta polvo, resuena, grita mi nombre, y el de mis amigos, amenaza, con impotencia, furioso, y asusta, a pesar de todo. Las chapas levantan un eco más agudo, como si hubiera truenos, como si campanas deformes intentaran cantar, como si pájaros mutantes no se pusieran de acuerdo en el himno, como si la electricidad tuviera voz. Las llamas bailan sobre las velas, 
extasiadas, de un lado a otro, con un seductor y epiléptico movimiento de caderas, con una brutalidad sensual, como adolescentes pasados de pastis, en una fiesta con otros adolescentes, brazos al aire, anteojos oscuros, cuerpos pegados, sudor, erección y ausencia de corpiños, hipnosis musical. Las llamas son el espasmo que vas a sentir cuando la muerte entre en tu cuerpo; las llamas son la máxima expresión de vida, porque producen sombras, que, a contraposición, se sincronizan de modo pendular, casi en cámara lenta, convirtiendo la melodía invisible e implícita que llena la situación de una textura más profunda y pronunciada, un desnivel, un túnel de espejos, una casita del terror particularmente buena, una que realmente te haga preguntarte lo único que es importante preguntar: “¿voy a conseguir salir alguna vez?”.
Se cae a pedazos, como se cae una porción de nosotros, y cada segundo desde el primer gran paso de la última gran decisión muta en pantano, arena movediza, una cinta de correr.
-¿Cuándo dejamos de ser lo que éramos? –pregunta alguien a mi derecha. 
Creo conocerlo de otro tiempo. Creo que era mi mejor amigo.
-¿Cuándo va a dejar de ser importante esto? –pregunta alguien a mi izquierda.
Creo que nunca lo conocí. Creo que siento empatía. 
Creo que ya nunca podría conocer a nadie, del mismo modo que estoy seguro de que es imposible no conocer a alguien, y de pronto mis brazos extendidos ya no son dos, 
son miles / miles/ miles/ miles/ miles/ miles/ miles/ miles/ miles/ miles/ miles/ miles/ miles/ 
(limes)
y en mis dedos los dedos de otro, de otros, de todos. Siento como mi gota de sudor se unifica con otra gota de sudor, que no me pertenece, y siento que la comunicación es mucho más compleja de lo que hubiera podido imaginar. 
De pronto siento algo de pudor, porque sé que dije más de lo que había previsto.
Un pensamiento me invade, pero no puedo abrir la boca: 
-Vivir es decir cada vez menos, por mucho que creamos que hay más para decir, vivir es ir callando el discurso definitivo, en pos de las palabras justas, el conjuro, el trabalenguas que desate las carcajadas en el patio del colegio, las primeras palabras de un bebé, que juega solo en la oscuridad de su habitación, con pupilas que lo observan, hambrientas, expectantes, desde los rincones, deseosos de acariciar. 
A pesar de que nadie formula la pregunta el viento trae una respuesta: 
soy un fantasma
soy un accidente
soy vos, pero nunca llegué a tu edad
te moriste antes
estás muerto
hablando con un vivo
y lo que escucho en mi cabeza no es lo que escuchan los demás- pero sí- y empiezo a imaginar esta posibe no-vida, con la culpa puesta en el alcohol (después de todo es la primera vez que nos emborrachamos) o en las drogas (después de todo nunca nos había pegado tanto) o en la inocente ingenuidad (después de todo es la primera vez que nos animamos), con un fractal angustiado, donde la imagen se repite, cada vez con más minuciosidad, donde sólo cambia la lente y el enfoque, donde no cambia la mirada, jamás; donde todo, siempre, será ésta noche, ésta hora (12: 03), éste derrumbe, hasta que la alucinación se consuma a si misma, hasta que una de las pesadas columnas nos devore y agonizantes en una cama de hospital, a los ochenta años, descubramos que nunca salimos de esa fábrica abandonada,
que nunca estuvimos llorando en habitaciones vacías,
que los funerales fueron una pesadilla,
que cruzarnos por la calle y no saludarnos fue una paranoia, 
que sentir que llamarte para tirarnos al piso y hablar era una estupidez sólo fue una mala historia escrita en un momento de susceptibilidad,
que nunca 
(nunca.nunca.nunca)
nos soltaron las manos.
Si logramos salir del trance,
¿me mirarías a los ojos?
¿verías las arrugas de mi interior por mucho que mi rostro siga siendo el de un niño asustado?
¿verías?
caemos
a 
pe-
da-
zos

(desumente)


NO ES DE ELLA
y no es de nadie


Ella hace dibujos en la tierra,
cautiva,
y adivina universos lejanos, 
tejidos con la misma complejidad que el que habita:
el capricho, salpicado,
de alguien muy enfermo
de 
soledad,
alguien que inventa idiomas, para sorprenderse,
con iconogramas que no significan nada,
hasta que florece la trampa
(tentación);
hasta que florece el sentido,
o la tristeza más infinita,
todo símbolo es una letra,
toda vida es una sesión,
(de espiritismo)
y la palabra final siempre queda suspendida,
inconclusa,
con la llegada de la luz,
que mata el trance de la vulnerabilidad,
mientras ella no se detiene, 
y admira su obra,
cada vez más enamorada, 
de su mente,
que la atraviesa,
que sabe que no le pertenece,
que es otro
(u otros),
y focaliza, en cada detalle,
con la certeza de que lo mundano,
lo aceptado,
es la prueba determinante
de que todo lo mundano,
y lo aceptado, 
atenta 
contra 
lo 
natural.