Baño Público

28 nov. 2010

TRES
(o todas esas cosas que es al pedo poner en un papel)



Dedicado a esos textos que nunca supiste terminar.

[Vos sos tres.
Yo soy uno, solo.
A vos te sobran brazos.
Yo tengo frío. Siempre.
Cuando cerré de un portazo fue para despabilarte, fue para que entendieras que TODA decisión es definitiva: no hace falta todo ese drama barato que te comiste mirando novelas mejicanas y leyendo libros de vampiros afeminados. No hace falta esa representación tan falta de todo y tan llena de poesía mediocre; poesía de niño feliz que quiere sentirse triste. No entendías una mierda de la tristeza, espero que hoy ya sepas asumirlo. No entendías una mierda y yo tampoco entendía… Pero yo quería conocer y vos querías seguir mojándote con el protagonista romántico y predecible. No hace falta fundir a negro: cada acto es la violencia pura y aniquiladora del futuro. Cada acción nos separa del momento en que el tiempo no importaba un carajo.
Cerré fuerte para que te temblara la casa, para aturdirte con el golpe, para que te asustaras y pegaras un salto en el lugar.
No tenía ningún plan, de verdad. Cuando la puerta nos separó (“Listo muchachos, es suficiente… no más golpes, alguien podría salir herido…”) me di vuelta y caminé sin rumbo.
Un hotel, dos hoteles, la noche y una estrella que empecé a reconocer de tanto mirar el cielo.
Le puse tu nombre, por las dudas, por si alguna vez te atrevías a olvidarte de mí. Así que te contaba las cosas más pelotudas… Y me tenías que escuchar, casi de prepo, porque eras una estrella… Y no hay nada de tierno en decirte que eras una estrella: las estrellas son una mierda, porque quieren digitar tu destino y bailan, las muy conchudas, haciendo chistes entre ellas, coqueteando y te escriben una historia muy chota donde perdés, siempre perdés, porque esas estrellas tienen un humor muy jodido (quizás buen humor, quizás un humor del carajo). Así que no te ruborices ni se lo cuentes a tus amigas: cuando el escritor idiota te comparó con una estrella no estaba haciendo una declaración de amor. No señor.
Me hice amigo de las cuatro paredes, de la mesa eternamente sucia, del plato grasiento, de las botellas vacías y ruidosas. Hubiera sido fácil, después de todo empezaba a agarrarle el gusto… Pero nada puede ser fácil si vos sos difícil, así que olvidate. OLVIDATE.
Vos sos tres.
Estabas reencarnada, con una sonrisa mejor.
-¿Cómo me encontraste?
-Te llevaste mi nostalgia… La encontré a ella y estabas vos, subido encima, como un pervertido… Siempre andás queriendo estar arriba de algo o de alguien…
Sonreí. Que te digan pervertido es un lindo piropo si lo pensás un rato.
Hablamos de que éramos jóvenes, un poco viejos, de que era un poco imposible pensar en el futuro… Nos preguntamos con sinceridad, al unísono, cómo podía ser que hubiera personas que tuvieran la capacidad de entrar a un cuarto oscuro y confiar en lo que hacían, sin sentirse cobardes o traidores. Sin sentirse cómplices. Nos peguntamos eso y después compramos un licor, que era tu manera de decirme que estaba tomando mucho vino. Sabés cómo decir las cosas. Nadie se enteraría de que te estás preocupando por mí, pero lo hacés. Gracias.
Fuimos a la plaza, vimos a muchos activistas, nos dieron ganas de cambiar el Mundo… Pero ya no esperábamos nada de nadie. La Libertad muta, casi tanto como vos, como yo. Somos la Libertad. Si el individuo no es Libertad entonces la Libertad no existe. La Libertad no es en sí. Los filósofos seguían abstrayéndose. Les escupimos el vaso, porque hacerse el tolerante es de careta.
Nos mudamos juntos. Hicimos eso de la vida, el trabajo, el poder desperdiciar dinero; eso de ir a los bares a gritar, a ladrar, a reírse. Yo me hundía, por las noches, solo. Vos siempre hablabas con alguien, claro. Y tan tres sos que esa vez golpeaste vos la puerta.
Justo en el mejor momento.
Lo hiciste sin maldad, estoy seguro: nuestra idea de revancha nunca fue muy parecida. Seguro se te escapó o una ráfaga de viento te sacó la puerta de las manos. Fue un golpe fuerte y me dejó llenó de confusión, no por la fuerza, sino por el silencio que hubiera querido ser y no fué.
Me lo tomé con calma: ningún vecino sospechó nada, ni siquiera esa vieja chusma que solíamos imaginarnos con su oído contra la pared, mientras nos cogíamos como si fuera la última vez.
(alguna vez es-fue/será- la última vez)
Cargué la mochila (parche despintado de bandas que alguna vez me salvaron el día, la vida, el alma) y me fui de vacaciones. No atendí llamados y me hice el boludo cuando escuché que alguien pedía socorro. Soy una porquería, no hace falta que me lo repitas, ni me repitas lo mucho que me quieren todas esas personas que a pesar de todo me vuelven a llamar. ¿Te pensás que no lo sé? ¿Todo este tiempo para que creas que soy tan pero tan ciego?
Una actriz frustrada que había devenido en tarotista me brindó cierto consuelo, con miradas curiosas y palabras arrebatadas. Me dio una pasti y dijo una palabra rara que nunca más voy a olvidar, pero que jamás podría pronunciar. Después ordenó:
-¡Viajá!
-¡No puedo!
-¡¿Por qué?!
(todo así, en gritos)
-¡Porque me falta un disco de los Beatles!
Y la muy turra en vez de regalarme un reproductor de mp3 o algo así prefirió meterme un DeLorean en la cabeza, para que viajara en el tiempo cuando quisiera, cómo quisiera.
-Y acordate de la gran regla: cuando viajás en el tiempo te tenés que esforzar por tocar todo, por cambiar todo, para que nada sea igual, para hacer bardo, provocar errores…
-Dale…
Y mi conciencia estaba bailando con un conejo enorme. Era un tema de los Doors. Al final los Beatles no vinieron hasta después de las tres de la mañana, mientras tanto Jim Morrison fue buen anfitrión.
Pocas líneas escritas, pero fue furor. Fue creativo a nivel emocional, experimental. Fue crucial… Creo que escribí mi mejor cuento estando borracho, en el baño de un bar. Lo escribí en los azulejos blancos, con mi fibrón negro. Era un cuento sobre una persona que lo único que sabía hacer era meterse en los sueños ajenos, para cagar todo. Y ahí entraste vos.
-¿Qué hacés? Éste es el baño de hombres… -fué mi recibimiento.
Me reconociste y tu rostro se empalideció. Se te borró la alegría, pero te pusiste feliz.
-¿Qué hacés acá? Éste era mi sueño… ¿También querés cagarlo?
Me diste un cabezazo en la nariz. El fibrón cayó al inodoro y mi mejor cuento quedó inconcluso.
-Mierda…
Se ve que me viste desolado o algo porque me abrazaste con mucha fuerza.
-No es el baño de hombres… -susurraste en mi oído- Estás en el baño de mujeres…
Y volvimos a casa, juntos. Recorrimos los kilómetros, las realidades, los destinos truncados… Todo para volver. Llegamos y sacaste un encendedor, yo puse el alcohol.
Quemamos todo, rompimos nuestros documentos.
-Ahora siempre vamos a ser dos desconocidos… Ahora puede durar de verdad.
Las llamas se llevaron mi adolescencia.
Ahora no sé qué soy. O no quiero asumirlo. O soy terco como para darme cuenta.
El fuego fue el final de todo ese lío.
(Por las dudas, por si no se notó, quiero dejar constancia de que fue un lío hermoso.)
Dijiste, cuando ya no volviste a mi vida: “Aquello no era mi sueño… Era de los dos. De algún modo lo lograste… Capaz que lograste ser el cuento y no el protagonista.”
Me guiñaste un ojo, no dijiste adiós.
La vida sigue.
Vos sos tres.
Yo soy uno, solo.
A vos te sobran brazos.
Yo tengo frío. Siempre.]

“…la gente está aplaudiendo,
y aunque te estés muriendo
no conocen tu dolor…”

[Vos+Yo=Findelmundo]

27 nov. 2010

ASI COMO MEZCLAR PASTILLAS Y VINO


Lo más bello fue sentir que era la alucinación de otra persona. Yo no estaba ahí, intentando no desarmarme, intentando desangrarme, gritándole a las paredes, suplicando al vacío, inventando conversaciones con las cucarachas que se aburrían rápido de mi, que me ganaban a la ajedrez (y sin hacer trampa).
Yo no estaba ahí.
Vos estabas, pero te llevé conmigo o eso me pareció, porque me sonreíste cuando miré al costado y lloré:
-Nunca voy a poder darle un abrazo a Stephen King, y es el tipo que más cosas me enseñó en mi vida… Nunca voy a poder decirle que quiero matarme…
-Pero él ya sabe eso… -me explicaste.
Suspiraste feliz, hundiéndome en tu pecho, para que me calmara, porque de otro modo no me calmo y ya sabés qué pasa cuando no me calmo y empiezo a buscar los discos que nunca encuentro y me agarra una paranoia enorme, porque no me acuerdo si saqué a mi mascota (es violeta, mide tres metros y lleva una remera con una foto de tu vieja en bolas, bien entregada, putita… Porque tu vieja era joven y tenía el poder en la concha. Sí, ella también. Mirala a la cara y trata de centrarte en los ojos) para que meara en el jardín del vecino, que es muy hijo de puta (es remisero, casi un taxista) y seguro que algún día me va a denunciar a la yuta porque está convencido de que soy el que pinta esas A en la pared de su casa… Y yo no soy, soy un asco con el aerosol, siempre me pinto los dedos… Pero el bolsa de cuernos no entra en razones. Y me señala y me gruñe.
-Al viejo le falta bocha de droga… ¡AL VIEJO LE FALTA BOCHA DE DROGA! –grito por toda la casa.
Te parece gracioso los primeros dos minutos. Después soy insoportable. Claro, no soy especial, tengo ratos de lucidez y tengo ratos en los que te puedo hacer sentir bien, me di cuenta por tus mejillas, que se hincharon, porque hiciste ese gesto tan raro que significa que te parezco tan idiota que estás enamorada. Pero son ratos chiquitos… Son una porción de mi espíritu rotoso, que la mayoría del tiempo está demasiado deslumbrado. Soy un retrasado mental tratando de armar el rompecabezas que jamás pudo concretar el genio del barrio: aquel borracho empedernido que logró, según se cuenta, resucitar a Einstein y darle un voleo en el orto: “Todos los tiempos son el mismo tiempo”, dicen que le dijo. Y le sacó la lengua, burlón.
No viene al caso. La onda es que es una suerte que me hayas calmado, que estés acá, conmigo, lo que significa que tampoco estás allá. Me gustaría preguntarte si venís porque estás convencida o porque te arrastro conmigo… Pero no me gustan esas preguntas. Preguntar algo así sería la confirmación de una respuesta negativa: si podés preguntar eso en voz alta es porque se pudrió todo, de modo definitivo. Menos mal que yo no puedo exteriorizarlo… menos mal que cada vez que lo intento me estás hablando de alguna pavada y me acuerdo que no me acuerdo que tenía la garganta cerrada, que no podía respirar, que quería pedir auxilio pero que no quería que nadie me escuchara… Quería morirme de rabia, delante de todos, con los ojos saltones y rojos, llenos de vida, irritados, odiosos; el cuerpo convulsionado, las venas estallando, espuma en la boca, retorcido… Quería morirme delante de todos, para que les duela, por haberme dado tantos buenos consejos todo el tiempo, por haberme hecho un tipo bien (“bien pelotudo”, dice alguien desde el público… Que alguien le de un premio a ese bastardo), por haberme enseñado a no matar, por haberme llenado de expectativas forras… Quería morirme.
Pero estás vos y decís:
-¿Sabías que un huevo de codorniz tiene el valor energético de tres huevos de los comunes?
Y me estallo en carcajadas, porque el dato es tan idiota que me gusta. Y no te creo nada, porque seguro estás inventando o entendiste mal cuando te lo explicaron. Y discutimos sobre las codornices y las gallinas y vos no sabés cómo es una codorniz y eso me da risa. Te digo que es un bicho enorme a pesar de poner huevos chiquitos… Te miento porque es lindo mentir y jugar y vos me mandás a la mierda. Y te amo por todo eso.
Y en vez de estar mirando el techo, en vez de ver cómo se aleja una porción más de cordura, me quedo escuchándonos. Tenemos charlas muy buenas, de verdad. Shakespeare puede chuparla, nosotros sabemos como mantener al espectador bien entretenido. Y no nos cuesta nada. Es lindo, porque es raro.
No sé bien dónde estamos. No sé si estamos yendo a otro lado. Lo único que sé (sabemos) es que no estamos allá.
¿Allá? ¿Qué es “allá”? Bueno, eso lo sabés sólo si (condición determinante) estuviste ahí. Si no tenés esa conciencia es al pedo que intente explicarte.
Puedo imaginarme como una historia, como una canción (punk, aunque ya casi no escuche punk), como una anécdota de borracho, como desvarío de algún místico falopero, como pintura borroneada de nene chiquito con problemas familiares, como carta de amor de una pendeja muy sensible a su profesor de Historia (el mismo que va a violarla), como viaje turbio de pepa vencida. Puedo imaginarme como muchas cosas. O puedo no imaginarme y sentirme. Y lo más bello fue sentir que era la alucinación de otra persona.
Yo era ese instante eterno y era la Revelación. Yo decía, por primera vez, unas cuantas verdades. Yo decía cosas lindas (o feas) que te emocionaban, que te hacían pelota… Por fin llorábamos juntos.
(¿empatía?)
Yo hablaba de vos. Creo que siempre hablo de vos.]

"Yo sin vos no hago ésto, ni ninguna otra cosa: 
no se encuentran las palabras ni las letras en la bolsa."]

[Barrilete]

LAS COSAS QUE NO ENCONTRÁS CUANDO ESTÁS NERVIOSO



‎[Dijo: "PARA SIEMPRE", y no se preocupó por la posibilidad de un cáncer, de una muerte absurda, prematura y violenta. No se preocupó por los demás, ni por un futuro incierto. Dijo: “PARA SIEMPRE” y salió corriendo, a remontar su barrilete negro, para estrellarlo contra ese cielo color vómito, en esa ciudad de mierda, donde las plazas envejecían y los árboles ya no morían de pie (porque la dignidad es una mentira). Ignoró los cadáveres. Ignoró a los mutilados, a los suplicantes. Ignoró a todos esos hijos de puta que no se quieren hacer cargo pero levantan carteles. Los ignoró (uno por uno) y llegó hasta ese lugar donde se rumoreaba que la gente estaba infectada.
Se enamoró de una piba de mal carácter, que le gritaba muy ofendida a la Luna que ya apenas se veía. Una piba que de noche se llenaba de preguntas y dudas. El respondió: “PARA SIEMPRE”. Una y otra vez, convencido, sonriente.
Ella lo odió con todo su ser cuando él decidió dejarla. Le dijo que eso no era “Para siempre”, él le dijo que aún le faltaba entender qué era “Para siempre.”
Buscó de todo, nunca un trabajo. Tuvo tres novias, se enamoró demasiadas veces, consiguió tres amigos (uno de ellos un perro) y nunca dejó de hacerle “Fuck You” a dios (o a quien fuera que lo miraba) con su barrilete.
Nunca se sintió del todo comprendido. Nunca logró comprender a nadie.
Murió en esa ciudad de mierda; en esa ciudad muerta. Viejo, de barba, soñador.
En poco tiempo todos lo olvidaron. PARA SIEMPRE.]


[Dice mi mejor amigo que el día que te morís es sólo un día más. Hoy le creo.]

[Silencio Mil]

24 nov. 2010

Moscas Ruidosas para los Diálogos Muertos 
[extracto de INCAPACIDAD INNATA PARA LA COMUNICACIÓN]



‎[Hay un muerto que todas las noches sale de la tumba y se viene a casa, para hablar de pavadas. Me cae bien a pesar de los gusanos y yo le caigo bien a pesar de la barba crecida, el pelo enmarañado. Nunca acepta un vaso de cerveza y yo nunca acepto sus consejos. Repite la palabra: "Emocionado" y yo insisto con mi Teoría del Miedo. Porque el miedo no nos deja salir, nos paraliza, porque el miedo está en todas las pupilas, porque me da miedo el miedo y qué querés que te diga... 
-¿Por qué siempre estás solo cuando llego?
-No sé... Me gusta jugar a ver que le pasa al Mundo si yo no estoy...
-Ah... 
-¿Querés birra?
-No.
-Bueno.
-Estaba pensando... Capaz que deberías...
-No me interesa.
-Está bien.
Después yo me acuesto a dormir y una chica que supo estar enamorada sueña con él. 
A veces pierdo noción de las barreras.]


***

 ‎[Un bicho feo, deforme y malo se comió a mi mascota... Lo supe porque lo vi en sueños... Yo era muy chico, pero no tuve miedo... Me olvidé de los buenos consejos que te dan los Domingos, me olvidé de las enseñanzas de papá... 
"Hay que saber perdonar."
Tu vieja.
Agarré un palo pesado y me fui a la Fabrica Abandonada con la que había soñado. Destrocé al hijo de puta que me había dejado sin mi mejor amigo y después me tiré al suelo a llorar. Calculo que lloré mucho tiempo, porque cuando volví a levantarme mis manos eran grandes, torpes, nudosas. Manos de hombre.
Escuché que alguien se acercaba... Era un niño. Temblaba, estaba lleno de ira.
Comprendí al instante que venía en busca de Venganza.
Venía a matarme.
Respiré hondo.
Bienvenido a la Vida.]


***

La mujer de tus sueños me vendió tu alma por una buena chupada de concha. Tu mejor amigo me contó tus secretos, para que pueda humillarte. Tu vieja me habló de tus traumas, de tus fobias, de tus lágrimas aniñadas, para que pueda destruirte. El rati que cuida tu casa me dio tus horarios, para que pueda ir cuando no estás y pueda masturbarme sobre tu biblioteca, sobre tus discos, sobre tu ropa. El político de turno me regaló un arma, para que te la de a vos y te hablé de la gente que duerme en las calles. El tipo de las noticias, el que se ríe siempre, me ofreció una hora de su programa, para que te cuente que todo es una mierda, que ya no hay esperanzas, porque vos sos buen pibe y deberías saberlo...
Ahora, con mal sabor en la boca y seis balas gratuitas, quiero que sepas que yo, por mi parte, estoy de tu lado. 
NO ESTÁS SOLO. 
[Traicionar es un arte, camarada. Y el que traiciona último traiciona mejor.]

***

[Me desperté sobresaltado, agitado, con una sensación de mierda, abrumado, perdido. Estaba en mi habitación, las sábanas totalmente mojadas. Intenté rescatar algún fragmento onírico. Al pedo, ya se había ido. ¿A dónde? Qué sé yo... Donde van los sueños que no te acordás... Me imagino que debe ser un lugar parecido a un cuadro de Dalí. 
Prendí el velador y me estiré hasta poder mirar abajo de la cama. Cómo siempre, ahí estaba Poe: una vela prendida, una hoja levantada delante de sí, una pluma que volaba de margen a margen.
Me miró.
-¿Qué?
-Tuve una pesadilla... ¿Fuiste vos?
-No.
-¿Posta?
-Sí.
-¿Y qué escribías?
-No te voy a decir...
-Dale...
-No... te vas a reír... Sos muy pelotudo...
-Dale... Necesito una buena historia para poder dormir...
Suspiró, con impaciencia.
-Si te la cuento no voy a poder terminar de escribirla...
-¿Por?
-Las cosas funcionan así...
Lo pensé tres segundos:
-Bueno, ya fué... Dale...
-¿Si no te cuento no me vas a dejar tranquilo, no?
Negué con la cabeza, orgulloso de ser tan terco.
-Ok, ahí va... Pero me debés un vino...
-Hecho.
Me contó la historia. No incluía muertes; no incluía apariciones fantasmales, ni una venganza turbia, ni una relación amorosa enfermiza... No incluía un misterio, ni un crimen, ni un detective. No era una pesadilla.
Terminó de contarla y me sentí sobresaltado, agitado, con una sensación de mierda, abrumado, perdido. En un abrir y cerrar de ojos era yo el que estaba bajo la cama, entre el polvillo, solo.
Supongo que la historia que Poe nunca terminó de escribir está en el mismo sitio donde están los sueños que nunca me acuerdo por las mañanas. Eso nos hace un poquito iguales... Y me gusta. Cuestión de ego, supongo. 
Le debo una botella a un escritor muerto pero lo bueno es que encontré mi lugar en el Mundo. Que no se diga que soy mal negociante.]


La soledad es el precio de la libertad.
CDdeRibera

[VodeVil]

22 nov. 2010

Hay un Borracho en el Teatro


El escenario estaba lleno de escombros.
-¿Hola? –solté temeroso, haciéndome lugar entre el desastre, poniendo especial cuidado por no romperme una pierna.
-¿Cómo se llama la obra?
Se prendió una luz en mitad de la sala y pude ver a un tipo sentado en una de las butacas. Tenía una bolsa grande de pochochos y una botella de vino abierta.
-No tengo idea cómo se llama la obra…
-Andate a la puta que te parió… ¿Cómo no vas a saber cómo se llama la obra?
-No tengo idea –repetí-. Entré porque estoy buscando a una chica que conocí hace unos días… Me dijo que trabajaba acá… Una chica de pelo…
-¡Aburrida!
-¿Eh?
-¡Ésta obra es aburrida! –gritó el tipo, llevándose la botella a la boca- ¡Esto es una estafa! ¡Una estafa enorme!
-Señor… -di un paso adelante-. No sé qué mierda está pensando pero ya le dije que…
Se prendió otra luz. Esta vez sobre mi cabeza. Un pensamiento fugaz: “Fue mala idea venir.”
Otra luz en mitad de la sala: una mujer de avanzada edad me observaba desde otra de las butacas. Estaba inclinada muy hacia el frente, el ceño fruncido, lentes muy gruesos.
-No entiendo bien qué está pasando… ¿Él es el malo o el bueno? –susurró.
-Señora, yo…
Más luces… Las butacas se fueron iluminando, de a una. Todas estaban ocupadas: un chico, un tipo vestido de militar, una mujer semidesnuda, un gordo en cuero, un payaso, un médico, un motoquero de los típicos, con anchos bigotes, pelo largo, campera de cuero…
Me empecé a marear.  A mi cerebro le dio un ataque de pánico.
-¿Está drogado?
-¿No se supone que los actores deberían ser lindos?
-Má, me quiero ir a casa, tengo miedo…
-Debe ser arte moderno…
-¡Basta, la puta madre! ¡BASTA! –estallé.
Se callaron todos. El borracho, el primero que había aparecido, ahogó una sonrisa.
-Va a decir algo importante… -sentí que decía alguno.
-¡NO! ¡No voy a decir nada importante! ¡Nunca tengo nada importante que decir! –los desafié con la vista, aunque las luces ya eran muy fuertes y me costaba centrarme en sus rostros-. Y yo también tengo miedo y me cago en el arte moderno y sí, estoy drogado… Pero eso no tiene nada, pero NADA que ver con ésta mierda… Ah, y los mejores actores son feos, vieja de mierda…
Hubo un silencio largo, algunos “OH”.
De a poco me tranquilicé. Dejé de respirar como un animal enjaulado.
-¿Ejemplo?
-¿Qué?
-Dame un ejemplo de un actor feo…
Me rasqué la cabeza, confundido.
-No sé, soy malo para los nombres…
-¿Buscemi? –preguntó el motoquero, desde el fondo.
-¿Cuál es?
-No podés saber quién es Buscemi…
-¡Soy malo para los nombres, carajo!
-Mr. Pink de Perros de la Calle…
-Ah, sí… Sí, puede ser… Es buen actor y es feo…
-Es horrible…
-Hay más feos…
-Bueno, trato de ayudarte…
-¡No necesito ayuda! Es decir… Sí necesito… Pero no me interesa hablar de actores feos… Estoy buscando a una chica…
-No me gustan las obras de amor… ¿Por qué no me avisaron que era una de amor? –exclamó el payaso.
-¡Shhhh! –interrumpió la vieja-. A mi empieza a gustarme…
-Má… Quiero irme…
De nuevo los múltiples susurros… Los ojos me lloriqueaban por las fuertes luces. Pensé en mi auto, en la tranquilidad de mi auto.
Sin mediar palabra di media vuelta y me propuse salir de allí inmediatamente. Sin embargo, cuando me giré, tropecé con una de las grandes piedras y caí de boca.
-¡Mierda!
Todos se callaron. El payaso lanzó una carcajada bien sonora e irritante. Supe que había sido él porque sólo los malos payasos saben hacer eso.
Me levanté como pude, con un dolor sordo y palpitante en el tobillo. Eché una mirada de recelo al público y seguí mi camino.
-¡Hey, chico!
Me giré y vi que el militar estaba de pie. Apuntaba un arma hacia mi.
-Pagamos por ver una obra… Así que más te vale darnos la obra, hijo de puta…
Me quedé duro. Aquello era demasiado.
-¿Ustedes son los actores, no? Ustedes son los actores y están jugándome una broma… Una broma bastante pelotuda… Pero buena broma, en serio… Lograron ponerme nervioso… Lo hicieron bien… Invirtieron un poco los papeles, ¿eh? A todos nos gusta mirar una buena obra… Debe ser dura la vida del actor, sin poder mirar al público a los ojos, siempre representando… Estuvo bien...
El borracho se levantó, dejó el pochocho y la botella sobre la butaca, y empezó a aplaudir, conmovido.
El militar lo miró, apuntó el arma hacia él y disparó.
Sí, disparó. El sonido fue ensordecedor y la cabeza del borracho estalló en fragmentos oscuros de hueso, masa encefálica  y lo que sea que haya en la cabeza.
Todos se reclinaron en sus asientos. Yo di un paso hacia atrás.
-No se trata de ninguna broma, imbécil. Actuá.
-Pero yo…
-Actuá de una vez o hago mierda a otro de los presentes…
-Má… Ya no quiero irme… ¡Mirá, tiene un arma!
Y así fue como esa noche de verano empecé con la función que todavía hoy sigo representando en estas ruinas… Lo hago por ustedes, para que sigan vivos. Lo hago por mi, porque tengo miedo. No le temo al arma, ya no. Todo se resume a “Actuar o morir”. Y no le temo a la muerte, le temo a dejar de actuar. Quizás le haya agarrado el gusto, quizás sea inercia, quizás se trate de oficio. Quién sabe.
Lo hago porque aún tengo esperanzas de que todo este mal entendido se termine algún día y aparezca esa chica de la que me enamoré de modo espontáneo… Esa chica de la que ni siquiera me acuerdo el nombre. Esa chica que quizás pueda explicarles a todos que yo sólo estaba de paso.

[Meado]

21 nov. 2010

"A vos te queda mal el rojo"



‎[-No sé que hay después del Sol… -admití, sin bajar la vista.


-Después del Sol estás vos… -dijo con la mejor cara de hija de puta. Orgullosa, triunfante, una vez más, riéndose, sin reirse, de mi falta de brújula.

-¿Significa que te vas?

-Puede ser…

-Ojalá supieras mentir… -le escupí. Apuré el vaso y cerré un rato los ojos. ...

“¿Cómo mierda terminé en este bar?”

-El problema de tu Mundo es que no sabés diferenciar entre tu poronga y la poronga que te rompe el culo…

-Tu problema es que pensás que en este Mundo hay culos sanos…

-El discurso pesimista te queda mal…

-A vos te queda mal el rojo…

Me levanté, llevándome la última palabra, para no quedar invicto. Choqué con rostros jugosos, sonrientes, de parpados caídos, tontos y felices. Mi rostro.

Fui hasta el baño. Todos los mingitorios estaban ocupados… Fui hasta la pileta y me lavé la cara, con fuerza.

“¿Cómo mierda terminé en este bar? ¿Ayer no era primavera?”

Una de los tipos que meaba se giró y me miró con fijeza: era joven, los ojos le brillaban. Llevaba campera de cuero, remera de los Ramones. Me hizo acordar a mis épocas en Cemento.

-¿Sabés qué pasa, loco? Algún día, en algún buen reci, el cerebro se te despegó del resto del cuerpo… ¿Entendés?

Lo pensé un rato.

-Pará… ¿Entoncés nunca pasó eso de terminar el secundario? ¿Nunca pasó eso de no saber qué estudiar, de fracasar en todo, de perder a mis amigos, de deprimirme tanto, de perder a Violeta por una discusión pelotuda?

El punky se rió con sinceridad. Se giró de cuerpo completo: su pene era enorme.

-La tenés clara, man… La cagamos feo, ¿no?

Me vinieron unas ganas locas de ponerme a llorar, de despertarme transpirado en la casa de mis viejos, de agarrar la mochila, de ir al secundario, de fumarme un porro en el baño, de reírme de un chiste del flaco José.

-Ché, no hay ningún culo sano, ¿no?

El punky se sacudió, llenándome de orina.

-Que sé yo…

Sin pensarlo dos veces salí del baño y fui hasta la mesa donde estaba Violeta. Se estaba chamuyando a un chabón. La agarré de uno de los brazos y la obligué a levantarse.

-¿Qué te pasa, tara…? Esteban… ¿sos vos?

-Estoy en algún recital, muy inconciente… Voy a despertarme tarde o temprano y voy a mostrarte que acá ninguno se salvó…

Ella me miró con compasión dolorosa. Su vista bajó a mi entrepierna.

-Esteban… Estás todo meado… Estás borracho…

-¡No se salvó NADIE! ¡NADIE!

Sentí un escozor picante en los ojos.

-Esteban…

De pronto empezó a sonar música en el lugar.

Me desplomé.

“Por favor… Que sea primavera…”

Y brilló el Sol.

Hay un tema veloz, que aún no termina… Sé que no dura más de dos minutos, pero llevó una eternidad escuchándolo. Pude terminar en cualquier momento y no sé que va a pasar. Sólo me arrepiento de haber dicho que el rojo le quedaba mal. Era mentira.

“¿Qué hay después del Sol?”]

[Espontaneidades]

18 nov. 2010

[DE (FORMACIONES)] 


DeForMaCiÓn 1

[Deberían dejar de intentarlo. No es tan grave si lo piensan... No está tan mal que no pueda hablar con ustedes del partido de fútbol de ayer, ni del discurso de ese político que dejó a todos indignados, ni de lo que pasó en el programa de noséquien. No está tan mal que haya chistes que no me causen gracia, que no me interesen los titulares del diario, que no tenga ganas de quejarme, con euforia... No es que no pueda hacer nada de eso. En serio, podría. Pero entonces dejaría de parecerles un tipo raro. Empezarían a decir que hablo de más, que soy muy joven y no hay fundamentos en mis palabras. O que estoy loco. Sea como sea, me dejarían solo. Y no es que me agrade todo lo que ven, opinan, dicen... No es que me agraden los chistes que cuentan. Pero a veces yo también necesito que me salven de mi. Al menos por unos segundos.]

DeForMaCiÓn 2

 [Hoy conocí a un tipo muy viejo: muchas canas, muchas arrugas, poca estatura. Ojos claros y húmedos, cara hundida, dientes ficticios. Sonreía. Lo percibí vivo y creo que eso fue lo que me llamó la atención. Uno no suele encontrar viva a las generaciones de antaño.
El tipo no estaba quejándose de cómo había cambiado el Mundo, no estaba dando conferencias de vida, no parecía débil.
El tipo, para dejarlo claro, no estaba rompiendo las pelotas, como suelen hacer los viejos.
Nos pusimos a hablar, no sé bien a base de que puntapié.
Me contó que acababa de jubilarse, que ya no tendría que trabajar, que ya no tendría que soportar horas y horas entregando su alma... Me contó, con orgullo, que era Libre.
Me arrepentí mucho de haberle dirigido la palabra.
De pronto ya no vi al hombre encorvado, sino que al joven que lo precedía... Esa ecuación no es para nada justa. La balanza no está equilibrada. Una persona muere durante demasiados años para empezar a vivir.
Espero que cuando sea viejo los jóvenes se den cuenta de que viví con énfasis cada una de mis muertes...
Estoy dando todo.]

 DeForMaCiÓn 3

[No hay nada de malo en lo que ellos hacen. NADA.
Todo lo hacen por tu bien, de verdad.
¿Sabés qué pasa? Deberías empezar a darte cuenta que quizás no precises que te estén salvando... No necesitás que alguien apague el fuego, no necesitás a un policía evitando tu prematura muerte, no necesitás a un socorrista sacándote del pozo...
Necesitás bailar en llamas, morir alguna noche y hundirte bien profundo.
Necesitás pasar días enteros allá abajo. Necesitás no necesitarlos.
NO NECESITÁS SEGURIDAD NI SENTIRTE BIEN.]

 DeForMaCiÓn 4

[LA NOSTALGIA es la llave.
Las personas sin Nostalgia avanzan, intrépidos; lo logran, pueden ser dueños del futuro. las personas sin Nostalgia pueden dialogar con cualquiera, casi de cualquier cosa. Pueden soportar un Mundo de ruidos, tienen Fe. Hacen las compras seguros, tienen lucidez: pueden cenar y ver el noticiero sin que eso les arruine el estómago. Pueden continuar, suspiran, aguantan de pie.
Sin embargo, las personas sin Nostalgia se pierden la película.
Las personas con Nostalgia viven un presente sin tiempo que no es percibido como un punto aislado, sino como quiebre constante: el abismo de lo que fue y podrá ser; ese segundo en el que se ven los decorados caer, las escenas que se aproximan. Las personas con Nostalgia corren el riesgo de desintegrarse en cualquier instante, en busca del instante. Avanzar en dos direcciones (opuestas) a la vez no es fácil... Siempre dos, siempre dualidad, siempre complemento, siempre contradicción. Siempre una pregunta, el silencio, el cine, una película siempre nueva, extrañamente familiar. El reflejo de un sueño, dejá vù. Sala vacía, sala llena. La historia de un desconocido cuyo único propósito es encontrar ese edificio viejo y hermoso donde a toda hora proyectan la comedia más absurda de todos los tiempos. En el medio el drama, la aventura, el romance... Los disparos, el héroe, la redención, el villano.
Paciencia, vas a llegar tarde o temprano. Que no te de culpa hacer una parada en un bar o descansar un rato en una esquina soleada, disfrutando de un buen tabaco.
Sólo recordá que la Nostalgia es la llave. El resto son aplausos, llantos, abucheos.]

Es Así, No Es Verdad y Nada Es Tan Cierto.

Pequeño y Enorme

10 nov. 2010

 MADRUGADAS DE SOL


Es una habitación pequeña, pequeña, como las esperanzas a las cuatro de la mañana cuando sabés que Morfeo se olvidó de vos y te dejó plantado, otra vez, con los ojos como platos, escuchando los ruidos que hace la casa cuando se piensa que todos duermen.
(O sea que me bajé tres birras al pedo… Y mañana voy a estar sin dormir y con una resaca de colores)
Dentro de la habitación hay un Conejo enorme, enorme, como la satisfacción que causa un sábado de Sol cuando descubrís que no existen las casualidades, que esa acción tonta terminó siendo el escalón para esa revelación tan abrumadora y especial.
(Ya entendí)
El punto es que el Conejo no entra en esa habitación, pero está ahí.
El lector curioso pensará que esto es algún enigma e intentará, mediante ecuaciones insanas, resolver el misterio. El lector despreocupado buscará la metáfora más fácil. El lector sin sangre en las venas dirá que soy un idiota. El lector-amigo buscará encajar algún fragmento de mi vida en lo que aquí se describió… Sin embargo, el lector que entienda de lo que hablo (probablemente la suma de todos los lectores) sabrá de inmediato que esa habitación, de tan pequeña que es, no existe. El Conejo sí.
Pensalo un rato.
A veces hay que dejar de ser lector. A veces hay que agarrar la lapicera, sin importar si es lunes a la madrugada o sábado de Sol. Alguien (vos-yo-el Conejo enorme) necesita libertad.

[NOTA II]

•¿Viste como cuando te sentís triste, convencido y maravillado?• Bueno... Ponele que así. Todo el tiempo.


Lluvia

 CUENTOS DE TERROR


Salí de casa pensando en cuentos de terror que leí alguna vez, encerrado en una caja de cartón. Iba distraído y no me di cuenta de que llovía hasta que fue demasiado tarde como ir a buscar un techo. Caminé, me desorienté y supusé que el Temporal no podía ser otra cosa que El Fin del Mundo. Decidí evitar el camino cotidiano. No fui al trabajo, ni a la facu. No fui a la almacén que siempre me fia las cervezas. No fuí a visitar a mis amigos, ni a mis viejos. No volví a casa. Fui saltando de charco en charco, hasta que de pronto me hundí en uno.
Aparecí en algún lugar extraño... Más extraño que todas esas madrugadas de resaca. Allí me esperaban todos los monstruos, los Dueños del Insomnio.
Supe que todo adquiría sentido, que alguien giraría la página y que sería yo el próximo en salir de debajo de la cama, del ropero, de la oscuridad.

[Hey, patán, dame una seca... Que este Mundo no vale Nada...]

[NOTA]

[TODOS los chicos mienten.... Y los conejos son esas mentiras.]

CINE

FUNCIÓN TRASNOCHE


Fue la mejor película que vi en mi vida... y la miré solo. Al principio me asusté cuando percibí la sala tan inmensa y vacía... Después saqué el licor de la mochila y me relajé... No esperaba nada en especial, sólo necesitaba matar el tiempo y brindar por algún que otro fracaso. No esperaba llorar, pero lloré mucho. Lloré por todo eso que no puedo entender y por todo eso que no puedo expresar... lloré porque todo este Caos me parece fascinante. Y aplaudí de pie cuando en los créditos vi los nombres de todas esas personas que alguna vez se cruzaron en mi vida. Extraño a muchos; me pregunto cuántos me extrañaran... Está mal hacer tratos conmigo, soy difícil de entender... Espero que al menos me recuerden por eso... Quisiera que supieran que estoy convencido, a estas alturas, de que nunca jamás voy a entender nada, pero que no voy a dejar de buscar; que no voy a dejar de hablar, emocionado, conmovido... Quisiera decir tantas cosas... Aunque quizás, lo más importante, ya lo dije hace rato: fue la mejor película que vi en mi vida. Y la miré solo.

[Satánico de amor, caí prendido fuego al piso...]